Amores Perros, la ópera prima del galardonado cineasta Alejandro González Iñárritu, estrenada en el año 2000, nos sumerge en los márgenes más turbios de la sociedad mexicana. Es un reflejo crítico y áspero de una realidad a la que muchas personas le damos la espalda.
A través de tres historias independientes que coinciden en el mismo universo diegético, se muestra la faz más turbia de las relaciones y en concreto de la población de México D.F. El director no requiere del ritmo acelerado de las películas de acción o de cine negro para retratar las historias de los personajes, y ahí reside una de sus mayores virtudes, fórmula exitosa que volvería a repetir en su siguiente filme 21 gramos (2003).
El hecho de escenificar de forma fiel la realidad en Amores perros, sin tapujos ni ornamentaciones, es lo que hace la película más valiosa, dado que muestra la gran capacidad del cineasta para explotar el potencial del séptimo arte pero sin atisbos de intervención artificiosa. Autenticidad que se puede ver posteriormente en las realizaciones de la mano de Olivia Sotomayor desde Chile o en ejemplos como la película Las elegidas (David Pablos, 2015), desde México y sobre el drama de la prostitución.
Un cruce cualquiera en México D.F., al que van a parar los tres hilos argumentales, dan dos vueltas, se anudan y siguen cada uno por su lado. Una estructura compleja, quebrada y atractiva que recuerda al «Pulp fiction» de Tarantino; como recuerdan a «Reservoir dogs» las primeras imágenes en un coche a toda velocidad, entre gritos y carne herida.
El cineasta, junto al guionista Guillermo Arriaga, construye una serie de relatos genuinos que mantienen la curiosidad del/la espectador/a durante todo el metraje.
No hay por parte de su director, Alejandro González Iñárritu, ni la más leve gana de «imitar», entre otras cosas porque maneja mejores materiales que cualquier «original»: sus personajes tienen en su cara los sirlazos de la vida, especialmente esos fulanos que se juegan el presente (de subjuntivo, por supuesto, y nada del futuro, pues es para troncharse) a los caninos de un perro..., especialmente la mujercita preñada y vacía, atenazada entre el miedo al marido y los empellones torpes del hermano pequeño (en unos amores enchilados de tensión brutal, casi Hitchcock, pero de otro modo)... Y todo ello, doblemente tremendo por la peste a cotidiano que exhala la imagen, la filosofía, el ambiente, las palabras que apenas se dejan colocar en una fila con sentido...
A continuación, se analizan algunos de los temas clave presentes en la cinta:
- El Chivo (Emilio Echevarría) representa la decadencia de las clases sociales y la posibilidad de redención en el ser humano.
- El papel de los perros cobra relevancia como detonante de la humanidad más compasiva o más agresiva.
- La crudeza, las luces y las sombras del sentimiento de soledad en la sociedad.
- La violencia de género no solo tiene una cara, la violencia simbólica es igual de dañina que la física.
- Susana (Vanessa Bauche) es el reflejo de un gran sufrimiento a través de la figura de la mujer maltratada.
- En la cinematografía, el suspense y el amor suelen estar muy relacionados, no obstante, esta película no refleja finales felices, ni puntos de giro donde las relaciones se solucionan y los seres humanos se dan cuenta de sus errores y los corrigen.
En esta cinta por el contrario, los personajes se mueven por su instinto de supervivencia, por el impulso de la marea de la sociedad que los empuja a actuar de forma violenta, agresiva o incluso en algunos casos desde la conmiseración, lanzando la pregunta retórica al aire que muchas veces la gente se ha podido cuestionar: ¿qué es realmente el amor?, ¿y qué es lo que nos mueve a actuar de un modo u otro?
Otro aspecto original a la hora de reflexionar sobre ello es la existencia de los perros como uno de los ejes transversales de la película. Las relaciones que aparecen en la película se desarrollan desde el lado más oscuro, ruin y violento de los individuos, porque los atisbos de amor hacia otras personas están rodeados de maltrato o posesión egoísta. Algo que está muy vinculado con la violencia de género que atraviesa todo el filme.
Violencia de género tanto física y psicológica como simbólica, no solo en los propios argumentos sino en cómo el cineasta enfoca a las mujeres. El director decide situar a los personajes masculinos como activos en la trama, haciendo y deshaciendo a su antojo, mientras las mujeres que le rodean los siguen a todas partes.
Mujeres esbozadas como totalmente dependientes e incapaces de valerse por sí mismas, algo que irónicamente demuestra cómo también detrás de la cámara hay matices de la realidad que aún quedan por pulir, porque sí, la realidad desgraciadamente está repleta de maltratos, opresiones y violencia de género, pero también en la cinematografía y sus enfoques está el decidir cómo mostrarlo y así poder trabajar para cambiarlo.
Es cierto que en dos de las historias que se narran se pueden encontrar piedras sin moler: en la del amante y la modelo y en la del viejo guerrillero al servicio del crimen.
En resumen, Amores perros es un film impactante, original y duro, que a veces resulta angustioso. Muestra las calles tumultuosas de la ciudad de México, los que viven en ella, la desolación y leve esperanza, y el sentido y vivido que el ser humano puede dar al amor.
El Perro Sadismo de Iñárritu// La Psicología de "Amores Perros"
Simbolismo y Temas Subyacentes
La película explora temas profundos como la violencia, el desamor y las complejas relaciones humanas. A través de historias interconectadas, Iñárritu nos muestra la crudeza de la vida en la Ciudad de México y cómo las decisiones impulsivas pueden tener consecuencias devastadoras.
Amores Perros no solo es una película sobre violencia y desesperación, sino también sobre la búsqueda de redención y la posibilidad de encontrar humanidad en los lugares más inesperados. Los personajes, a pesar de sus errores y limitaciones, buscan conexión y significado en un mundo caótico y despiadado.
