En el mundo actual, los empresarios son figuras clave en el panorama económico global. Su papel en el crecimiento económico, la creación de empleo y la generación de riqueza es innegable. Sin embargo, al revisar los manuales de economía, es sorprendente la falta de información detallada sobre la actividad empresarial, la naturaleza de las decisiones empresariales y la retribución de los empresarios. Esta omisión ha sido señalada por varios autores relevantes y ha generado diversos intentos de explicación.
A pesar de esta indiferencia generalizada, la historia de las ideas económicas revela que reconocidos economistas han considerado la función empresarial como un tema de análisis relevante. Entre ellos destacan Jean-Baptiste Say, Alfred Marshall, Frank H. Knight y Joseph A. Schumpeter. Sus contribuciones han sido organizadas en tradiciones o escuelas, cada una con su enfoque particular. La tradición francesa (Cantillon-Say) distingue la remuneración de la actividad empresarial de la retribución del capital; la tradición de Chicago (Knight-Schultz) enfatiza la habilidad del empresario para tratar con el desequilibrio y la incertidumbre; la tradición alemana (Thünen-Schumpeter) convierte al empresario en el motor del desarrollo económico a través de la innovación; y la tradición austríaca (Mises-Kirzner) vincula la actividad empresarial con el descubrimiento de oportunidades de beneficio.
Muchas de estas propuestas han considerado la función empresarial como un factor de producción más, sujeto a las mismas leyes de oferta y demanda que cualquier otro factor. Esta idea del mercado de empresarios, aunque no ha sido ampliamente recogida en los trabajos de referencia sobre el pensamiento histórico de las teorías del empresario, ha sido abordada por autores como Say, Marshall y Knight.
Este artículo tiene como objetivo analizar el intento de introducir al empresario en la actividad económica a partir de la idea de que es un factor de producción cuya retribución y asignación se determinan en el mercado de empresarios. A través de un análisis comparativo de las contribuciones de Say, Marshall y Knight, se busca comprender cómo el mercado influye en la actividad empresarial y cuáles son las dificultades para determinar la demanda de empresarios.
Richard Cantillon: La Empresa y los Empresarios
El Essai sur la nature du commerce (1755) de Richard Cantillon sienta las bases para una teoría de la función empresarial que ha servido de referencia en estudios posteriores. Cantillon, un banquero que desarrolló su actividad profesional en la Europa continental previa a la Revolución Industrial, observó principalmente una actividad económica agrícola y comercial. En su estructura teórica, considera que la tierra es la fuente de la riqueza y el trabajo es la forma de producirla. De esta visión, extrae tres agentes que obtienen ingresos del proceso productivo: los propietarios, los contratados y los empresarios.
Así, el empresario aparece como un criterio de clasificación de la actividad económica individual y como una función necesaria para la producción. El capital, en la obra de Cantillon, está relacionado con los recursos monetarios necesarios para desarrollar la actividad empresarial. El residuo de esta actividad toma forma de beneficio si el empresario dispone de sus propios recursos financieros o de interés si estos recursos deben ser pedidos a préstamo. Por lo tanto, la figura del entrepreneur en Cantillon aúna la propia función empresarial y la propiedad del negocio.
El capítulo decimotercero de la primera parte del Essai, titulado «La circulación y el trueque de bienes y mercaderías, lo mismo que su producción, se realiza en Europa por empresarios a riesgo suyo», es de gran importancia. Aquí, la producción viene determinada por la toma de decisión de los empresarios, quienes establecen los niveles de producción persiguiendo un beneficio residual, definido como la diferencia entre los costes conocidos y los ingresos inciertos. La incertidumbre estructural impide conocer tanto la demanda total como la particular de cada productor. El empresario desempeña un papel esencial en el desequilibrio entre el valor y el precio, actuando como el motor del comercio al buscar beneficios en el mercado a través de las diferencias de precios, la estimación de la demanda y la exploración del entorno.
El mercado es un mecanismo de reparto que delimita la cantidad de empresarios y su remuneración en cada lugar. El ajuste se realiza de acuerdo con la captación de oportunidades de beneficio por parte del empresario y a la aparición de pérdidas por el descenso del precio de los bienes. Estas oportunidades dependen del nivel de gasto total de la economía, que es la condición de la cantidad de empresarios existentes. En la descripción de este proceso dinámico, se aprecia la confusión entre empresa y empresario. En todo caso, Cantillon pone de manifiesto la existencia de un límite a la cantidad de recursos necesarios para la economía, también en el caso del empresario.
En definitiva, la obra de Cantillon presenta una actividad económica orientada hacia el mercado, siendo el primer paso de un proceso intelectual más extenso. Para que una economía de mercado abarque todos los elementos de la producción, aplicando el concepto de mercancía a los recursos necesarios para la producción, habrá que esperar al inicio del siglo XIX para que Say presente un mercado que abarque toda la esfera de la producción, desde los productos hasta los recursos.
Jean-Baptiste Say: El Mercado de Servicios Empresariales
Gala de Entrega Premios Jean Baptiste Say a la Excelencia Empresarial
Jean-Baptiste Say, además de economista, fue empresario. Tras su expulsión del Tribunat por sus ideas contrarias al intervencionismo napoleónico, adquirió maquinaria inglesa y desarrolló en Auchy un establecimiento algodonero del que dependían casi quinientas familias. Su obra refleja una incipiente revolución industrial que ha introducido mayoritariamente la maquinaria en el proceso de producción y que ha convertido al capitalista en el grupo social de referencia en las sociedades avanzadas.
La obra de Say supone una ruptura con el concepto tradicional de producción. Para este autor francés, todos los recursos productivos son objetos de un derecho de propiedad que otorga a su titular la libertad total de su uso y la garantía de sus frutos. Esta utilidad que los fondos generan para la producción pasa a ser una mercancía que, bajo el término servicio productivo, puede ser objeto de intercambio. Sus propietarios son respectivamente el capitalista, el terrateniente y el hombre industrioso, aunque este último puede diferenciarse en sabio, empresario y obrero porque la actividad humana en la producción siempre implica tres operaciones: la generación del conocimiento, su aplicación y la ejecución de tareas. Por lo tanto, el servicio empresarial consiste en la gestión del conocimiento para la creación de mercancías.
Tanto los bienes y servicios finales como los recursos necesarios para la producción tienen utilidad y, por lo tanto, un valor determinado por el mercado. En las páginas dedicadas al beneficio, Say siempre describe cinco mercados de servicios productivos para explicar la determinación de los precios de los recursos. Los propietarios de fondos rehúsan asumir la incertidumbre de su uso a cambio de un ingreso seguro, y el empresario requiere factores para la producción. La diferencia residual entre el pago de los recursos y el ingreso obtenido por el empleo de cada uno, denominado beneficio, conforma la retribución del empresario. El incierto salario del empresario es también el precio del servicio empresarial y está regulado, como el de todas las mercancías, por la relación entre la oferta y la demanda.
