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Emprender un negocio o poner en marcha una idea no es tarea fácil. Por lo general, el emprendedor debe atravesar un camino lleno de obstáculos, con falta de financiación inicial, sacando tiempo de donde no lo tiene y escuchando a quienes le dicen que para qué complicarse la vida. Algo muy común en los emprendedores es que en algún momento encontraron el plus de motivación que les hacía falta. Este "chute" de ganas de cambiar el paradigma puede llegar de múltiples maneras, pero en muchas ocasiones se busca la inspiración en otros que ya lo lograron. Y aquí estamos, en pleno 2022 y en un mundo convulso que cambia de un día para otro.

Sin embargo, hay más ejemplos e historias que nunca para encontrar esa inspiración que estamos buscando. El relato de otros emprendedores puede ayudarte, la historia de otros profesionales puede inspirarte. Si estás pensando iniciar un proyecto, quizás te ayude a pensar que tú también puedes.

Las empresas empiezan como pueden. Nacen de una intuición o de una convicción y del coraje. Mucho coraje. La mayoría de las nuevas empresas perecen en el intento. Pero a veces van bien. Y se produce el milagro. Crecen y con su crecimiento las cosas cambian. Se busca mejorar los procesos. Lo que antes se hacia a salto de mata, se regulariza. Al principio y durante mucho tiempo se anteponían los recursos a las capacidades. Se vendía lo que uno imaginaba podría armar para cumplir el compromiso adquirido. Es el estrés del crecimiento, que puede ser tan intenso como el estrés del cierre, pero que es mucho más agradecido.

Crecer, o a veces simplemente sobrevivir, supone esfuerzo. Contar más las deudas que las horas que uno empeña. Explorar mercados con viajes imposibles y tentando puertas frías. Muchos crecieron o sobrevivieron sin saber que a lo que hacían un día le llamarían resiliencia. Esta es la historia de muchos fundadores. Una historia que cuando la empresa ha crecido y algún directivo se expresa con excesiva arrogancia es bueno recordar. Cuántas veces he pensado cuando he visto a altivos jefes de compras maltratar a proveedores que seguramente no saben que sus fundadores debían haberse sentido muchas veces así, aplacados, sin saber si se negocia el precio o simplemente la dignidad.

Las historias de los fundadores se olvidan. El éxito entierra el recuerdo de los esfuerzos iniciales, de las faltas de liquidez, de la dudosa calidad de los inicios. Y a veces también se pierde la memoria de las primeras ayudas, de aquellas oportunidades que tenían el origen en generosidades ajenas. Y una vez las empresas se han consolidado. ¿a qué aspiran? Pues a repetir el éxito. A industrializarlo. A automatizarlo. A proyectarlo a todos los mercados que pueden. Y así nacen las inercias. Es algo natural. Se agradece un poco de pausa.

Vender, producir y cobrar sin tener sobresaltos cada día. Y esta lógica que descansa en la aceptación de los clientes y en nada más, un día se percibe como ineluctable. Ya nadie se acuerda del modo en qué empezó todo. Vender es casi un derecho adquirido. Crecer es la expectativa repetida. Y la empresa engorda su coraza administrativa. Se normativiza. Algunos otean los clientes desde la lejanía. Muchos fundadores se preocupan porque comprueban cómo se diluye el sentido de urgencia. Las inercias relajan. Jeffrey Pfeffer define la inercia como la incapacidad de una empresa de cambiar tan rápido como su entorno. En el reinado de la inercia se prioriza la proyección del pasado a la atención a los cambios del entorno.

La inercia lleva a repetir presupuestos o a incrementarlos un poco y sobretodo lleva a que cada unidad vele por los espacios que ha conquistado. Y es aquí dónde la empresa, que todavía puede mantener tendencias positivas, empieza a dar síntomas alarmantes de torpeza. Me ha resultado de gran inspiración la lectura del libro del profesor de la Universidad de Cornell, Samuel B. Bacharach, que lleva por título: Transforming the Clunky Organization (Transformando la organización torpe). Conozco empresas que, sobre el papel, lo hacen todo bien.

Tienen una misión, una visión y unos valores colgados en cada pared oportuna. Hacen formación y conferencias sobre innovación y emprendimiento. Flirtean con la agilidad. Se gastan dinero en sesiones de team building de lo más exótico. Tienen plan estratégico y seguro que se aprestan a tener uno de transformación digital. Pero les cuesta horrores cambiar y adaptarse a un mundo de disrupción con poco respeto a las inercias y a las historias de éxito. Y es que cambiar no es escenificar el cambio. La torpeza consiste en imaginar que el cambio es algo desapegado de las personas. No. La adicción a la inercia es lo natural. Pero la inercia, pensar que el futuro es una prórroga del pasado, no es el paradigma que facilita las adaptaciones ágiles. Y para eso están los líderes, los directivos y la comunidad profesional.

Liderar es luchar y dar ejemplo contra las inercias de futuros pretenciosos y contra las arrogancias impostadas. Los líderes están para regresar a la humildad. Para henchirse en vanaglorias sirve cualquiera. Para transformar se requieren liderazgos que sepan vincular capacidades y oportunidades. Liderar es explorar. Liderar es buscar la combinación de eficiencias para el negocio actual y innovación para los negocios futuros. Liderar es evitar el sobrediagnóstico que impide tomar decisiones no inerciales. Cuando uno no quiere cambiar lo primero que hace es pedir un informe más. Me impresionan esos líderes que saben quebrar las inercias por qué lo hacen a costa de su propio confort. Lo hacen pensando en los clientes y en el futuro de la empresa. El camino más cómodo siempre conduce a la mediocridad.

Las inercias nos agotan la inspiración y corrompen la autenticidad. Las inercias se esconden en nuestras linealidades, en las reuniones de nuestros equipos y en las costuras de nuestras burocracias. Desafiar las inercias es recordar lo que se hizo en origen, cuando las partes y el todo eran lo mismo. Cuando las sedes no eran doradas pero los clientes se servían con urgencia. Retar las inercias es volver a poner el cliente en el centro y repensar estructuras, como cuando empezamos.

Rompe La Inercia | Rafael Ayala | Transformación personal

Libros que Inspiran a Emprender

Por ese motivo, repasamos los mejores libros que te motivarán para dar el salto y emprender ese negocio que tienes en mente.

  1. El libro negro del emprendedor: Fernando Trías de Bes, coautor de La buena suerte, analiza los factores clave del fracaso y define los rasgos que debe reunir un verdadero emprendedor: motivación y talento para ver algo especial en una idea que puede que otros ya conozcan. Pero, por encima de todo, es necesario disponer de un espíritu luchador: no fracasan las ideas, sino las ilusiones que se dejan vencer por falta de imaginación y flexibilidad para afrontar imprevistos.
  2. Cuando éramos emprendedores: Con grandes historias de empresas como Nike, IKEA o Netflix, este libro está repleto de curiosidades, estrategias y relatos que nos acercan a los inicios de las marcas que hoy ocupan una posición líder en el mercado.
  3. Steve Jobs: Una de las historias de emprendimiento más impresionantes es la de Steve Jobs. El fundador de Apple que comenzó en un garaje y construyó uno de los imperios tecnológicos más importantes de la historia. Walter Isaacson es el autor de la única biografía escrita con la colaboración de Jobs, el retrato definitivo de uno de los iconos indiscutibles de nuestro tiempo.
  4. Console Wars: Ha habido grandes batallas en la historia de la tecnología y una de las más impresionantes es la que protagonizaron Sega y Nintendo a comienzos de los 90. Al igual que la rivalidad entre Coca-Cola y Pepsi o Apple y Microsoft cambiaron la industria y escribieron la historia, la encarnizada contienda entre Sega y Nintendo sacó lo mejor (y lo peor) de ambas empresas y transformó para siempre el mundo del entretenimiento.
  5. Padre rico Padre pobre: Robert T. Kiyosaki es un inversionista multimillonario, emprendedor, educador, conferencista y autor bestseller de la serie Padre rico Padre pobre. Después de retirarse, a los 47 años, fundó CHASFLOW Technologies y creó Rich Dad, compañía que hoy en día ofrece a millones de personas en el mundo consejos para ser económicamente independientes. Robert ha escrito 16 libros que han vendido más de 27 millones de ejemplares en todo el planeta.

El libro ofrece una variedad de relatos que revelan los inicios de algunas de las marcas más reconocidas globalmente. El enfoque principal del libro es inspirar a los lectores mediante la narración de historias reales de emprendedores que lograron transformar sus ideas en marcas exitosas. El libro puede servir como fuente de inspiración y aprendizaje para nuevos emprendedores, ya que ofrece lecciones valiosas sobre cómo superar obstáculos y aprovechar oportunidades. Las historias se destacan por su autenticidad y detalle, mostrando no solo los éxitos, sino también los fracasos y aprendizajes que enfrentaron los emprendedores.

Emprendedores comparten sus historias y consejos para el éxito.

Consejos de Emprendedores Exitosos

A emprendedores y empresarios le separan grandes diferencias, aunque, también tienen rasgos en común. En ambos casos el esfuerzo orientado a una meta de negocio une a emprendedores y empresarios. Esto no quiere decir que se trate de mentes privilegiadas. Por el contrario, varios de ellos han abandonado las líneas habituales de educación y formación para dedicarse de lleno a la gestión de sus empresas. Si han generado tal impacto en sus respectivos campos de producción es, sobre todo, porque han sabido proyectar sus ideas de negocio más que el resto de emprendedores.

¿Cómo hacer, entonces, para aplicar estos aspectos a un negocio que está a punto de ponerse en marcha?

  • Bill Gates (Microsoft): Para el magnate de los sistemas informáticos, en la puesta en marcha de un negocio es imprescindible una alta dosis de sacrificio. Sin embargo, eso no puede impedir que se lleve a cabo la idea: «Sabíamos del sacrificio que debíamos hacer cuando creamos Microsoft, pero también nos dábamos cuenta de que teníamos que hacerlo o perderíamos para siempre la oportunidad de hacer algo».
  • Niklas Zennström (Skype): El arranque de un proyecto empresarial también debe tener muy en cuenta el momento. El posicionamiento no depende sólo de la mera fortuna. Niklas Zennström lo vivió en carne propia: «Cuando creamos Skype, en 2001, era demasiado pronto. Los dueños de los contenidos no estaban preparados, así que decidimos vender. Y sólo pudimos retomar la idea seis años más tarde, cuando ya estaba Youtube, con un modelo de negocio parecido al nuestro».
  • Jeff Bezos (Amazon): El director de una de las compañías de comercio electrónico más grandes del mundo concede mayor importancia a la visión del emprendedor. «No te pongas límites. Para estar seguro de tus decisiones, debes ser capaz de decir: sí, podemos conseguir que esto funcione. Puede haber varias razones para el ‘no’. Pero si alguien te pregunta si esto o aquello es posible y no tienes respuesta, estás cometiendo un grave error al no arriesgarte».
  • Larry Page (Google): La cabeza de una de las marcas más conocidas en el mundo entero cree que la cuestión de emprender debe definirse desde el inicio. «¿Por qué emprendes? No debes crear una empresa simplemente porque es el momento adecuado. No es una razón suficiente. Es mejor una persona que tiene una idea única, que otra que va adaptándose a lo que hay fuera».
  • Jorge Herralde (Editorial Anagrama): Sin embargo, uno de los editores más importantes de España considera que no todo puede ser disciplina y tenacidad en el momento de constituir un nuevo proyecto. Así habla de su experiencia en los primeros años de Anagrama: «Éramos partidarios de la felicidad y del hedonismo, de pasarlo bien y no tomarnos en serio; trabajar muy en serio sin tomárnoslo en serio. Algo fundamental y realista. En las oficinas había una clara división de espacios: arriba, donde se hablaba; abajo, donde se bailaba».
  • Ana Maiques (Starlab): Algo similar señala Ana Maiques, fundadora de una de las empresas de tecnología más punteras en España. De acuerdo a su experiencia, las ganancias no lo definen todo.

Historias Inspiradoras de Emprendedores

Mary Kay Ash. La fundadora de Mary Kay Cosmetics tenía cierta experiencia laboral, pero no educación formal o capacitación empresarial, antes de comenzar su compañía en 1963. Anteriormente había trabajado para Stanley Home Products. Y fue en ese trabajo, después de haber sido rechazada por un ascenso a favor de un hombre, al que ella había preparado y capacitado, cuando se inspiró para escribir un libro destinado a ayudar a las mujeres a tener éxito en los negocios. Ese libro eventualmente se convirtió en el plan de negocios que usó para lanzar Mary Kay Cosmetics.

Jack Ma. Después de graduarse en 1988, tras cuatro intentos, tuvo dificultades para encontrar trabajo y fue rechazado por más de 30 compañías (incluida KFC). Intentó entrar en Harvard para especializarse hasta en diez ocasiones, sin éxito. Sin embargo, en un viaje de 1995 para visitar a unos amigos en los Estados Unidos, la suerte de Ma finalmente cambió. Gracias a Internet, logró recaudar 20.000 dólares para construir un directorio en línea para empresas chinas, y asumió varios proyectos de desarrollo web adicionales para compañías chinas y organizaciones gubernamentales. Aprovechando estas experiencias, regresó a China en 1999 y creó el mercado en línea Alibaba, que posteriormente recaudó 25 mil millones de dólares en la bolsa de valores en 2014. Ma es en la actualidad una de las personas más ricas del mundo, con un patrimonio neto estimado de casi 43 mil millones de dólares, mientras que el grupo Alibaba es responsable de nueve subsidiarias principales (entre ellas, la popular Aliexpress).

Amancio Ortega. De joven en A Coruña, se incorporó al negocio de la confección trabajando como repartidor para una tienda de camisas para hombres y como asistente en una sastrería. Estos trabajos le permitieron conocer más a fondo la industria. Más tarde dirigió una tienda de ropa donde atendía a una clientela acaudalada. Allí, Ortega vio la oportunidad de ampliar su base de clientes mediante el uso de materiales menos costosos y sistemas de fabricación más eficientes. También propuso la fijación de precios competitivos para las prendas. Primero aplicó el enfoque a un negocio de albornoces, Confecciones Goa, que fundó en 1963. Años después, en 1975, Amancio Ortega fundó la primera tienda de Zara.