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En España, la historia empresarial del valle del Nalón está íntimamente ligada a la minería del carbón y a los desafíos de su transporte. Desde el siglo XVIII, la región ha sido cuna de proyectos innovadores y de figuras clave que han impulsado su desarrollo económico.

Durante el reinado de Carlos III comenzó el interés del Estado por el aprovechamiento de la riqueza carbonífera de Asturias, de manera que en 1773 se encargó el estudio geológico del terreno a un experto facultativo, quien afirmó que los yacimientos de Langreo tenían una calidad asimilable a los de Inglaterra.

Sin embargo, el transporte del carbón desde Langreo hasta el puerto de Gijón presentaba grandes dificultades. Originalmente, el transporte se realizaba por Siero, siguiendo un camino largo y en mal estado, a menudo intransitable en invierno. A esto se sumaba la falta de organización en la carga, lo que generaba retrasos y hacía que los medios de transporte fueran insuficientes.

La necesidad de una vía de transporte más eficiente se hizo evidente. En 1791, se expuso "la necesidad de construir un camino firme, breve y accesible a toda especie de carruajes para conducir el carbón de piedra desde las minas al puerto de extracción más próximo", que reduciría el precio de los portes y cuyo coste quedaría compensado por su utilidad.

Forjando historia. Donde se sienten las olas: Muros de Nalón, Gijón, Gozón, Castrillón

Canalización del Nalón: Un Proyecto Ambicioso

Tras intensas discusiones, frente a la tesis de Jovellanos, aunque sin descartar su proyecto, se concedió prioridad a la propuesta del ingeniero de la Armada Fernando Casado de Torres e Irala, escogido por la Marina de Guerra para el desarrollo de las explotaciones de carbón de piedra que debían sustituir a la leña y la madera, quien promovió la solución alternativa de canalizar el río Nalón hasta San Esteban de Pravia, para el transporte del carbón por medio de chalanas.

Su proyecto consistía en uniformizar el cauce fluvial estrechándolo por medio de estacas y limpiando la franja encauzada, que tendría una anchura de 40 pies para permitir el cruce de dos chalanas, embarcaciones sin quilla fabricadas en el Real Astillero de Ribota (Laviana), ubicado en un entorno abundante en maderas de roble y haya.

Aunque estaba previsto el inicio de las obras de canalización del Nalón en primavera de 1793, éstas se retrasaron hasta los meses estivales debido al abundante caudal del río y la frialdad de las aguas. La dirección técnica tanto de las obras y explotaciones del carbón como de la navegación del río Nalón estaba encabezada por el propio Casado de Torres, quien contaba con el teniente de navío D. Jerónimo Tavern como segundo.

Una de las mayores dificultades a las que se enfrentaba el proyecto era resolver el paso por los tres peligrosos rabiones, en los que la corriente del río Nalón se volvía violenta e impetuosa a causa de la estrechez o inclinación del cauce. Se trataba del rabión de Barripiés, entre Frieres y Tudela, la catarata de Entrecuevas, aguas abajo de Ollonigo, y el rabión del Palomar, en el concejo de Ribera de Arriba.

Cuando en noviembre de 1793 se suspendieron las obras a causa de la llegada de la temporada invernal, ya era posible la navegación del Nalón en las cinco leguas que separaban Sama de Langreo y Cazes en Ribera de Abajo. Esto despertó enorme asombro y entusiasmo, de manera que el propio Sr. Obispo recorrió el tramo en una chalana de la que se emplearían para transportar el carbón, atravesando los tres puntos conflictivos anteriormente citados, aunque la verdadera admiración por la empresa llegó de los hombres que con anterioridad se habían aventurado a bajar por el río maderas para el arsenal del Ferrol y que habían visto ahogarse a algunos compañeros en los peligrosos rabiones.

Las dimensiones de las primeras chalanas que transportaron carbón de piedra por el Nalón fueron fijadas por Casado de Torres a partir de las embarcaciones utilizadas en el Danubio. Tenían 46 pies de eslora, 13 pies de manga y 3 pies de puntal, con una capacidad de 250 quintales de carbón con un calado de 18 pulgadas, compatible con el cauce del Nalón en sus aguas medias.

Ya en el verano de 1794 se había detectado que, en ausencia de un comandante con autoridad que dirigiera la navegación del Nalón, los abusos y desórdenes de los chalaneros se traducían en atrasos importantes en los viajes, que encarecían el transporte en dos reales de vellón por quintal.

San Esteban de Pravia (Muros de Nalón, Asturias) Antiguos cargaderos de carbón

Tornillería del Nalón: Un Ejemplo de Industrialización

A finales del siglo XIX, la industrialización del valle del Nalón dio un paso importante con la fundación de Tornillería del Nalón en 1893. La puesta en marcha de la empresa Tornillería del Nalón se debió a la iniciativa de un capitalista descendiente de Pedro Duro: su sobrino Antonio Velázquez Duro, quien también fue el alma económica de otras importantes industrias del valle como la Fábrica de Ladrillos Refractarios o la ampliación de Duro-Felguera, primero como principal accionista, con una inversión de más de 3.000.000 pesetas, y luego siendo presidente en el periodo 1909-1910.

Siguiendo una tradición bastante extendida entre la burguesía asturiana, Antonio se casó con su prima Dolores Fernández Duro, quien sería la primera marquesa de la Felguera y ambos costearon varias obras para mejorar esta villa, por lo que él también fue reconocido por el Ayuntamiento de Langreo con el nombramiento de hijo adoptivo.

Tornillería se fundó en 1893 por la Sociedad Comanditaria Rodríguez Prendes y Compañía que adquirió 8.500 metros cuadrados para levantar unas instalaciones en las que desde el principio se pensó en aprovechar la producción de hierros y acero de Duro Felguera para fabricar tornillos, tuercas, remaches y escarpias. En 1906, la Sociedad se transformó en anónima y dos años más tarde ya producía 2.500 kilos diarios de materiales, destinados en su mayor parte al imparable negocio de las vías férreas, lo que permitió duplicar pronto esta cantidad y diversificar su oferta.

En julio de 1931, la revista "Norte", que editaba en México Alfonso Camín, publicó un reportaje publicitario sobre Tornillería del Nalón señalando que ya llevaba tres años siendo propiedad de Eloy Antuña de Goicoechea, un vasco-asturiano, cuyo abuelo había sido uno de los primeros laminadores en esta región y que, gracias a su gestión, la empresa se estaba situando a la cabeza del mercado.

La Felguera, un centro clave en la industrialización del Valle del Nalón.

A finales de 1961, los Antuña de Goicoechea, constituidos en Sociedad Limitada, solicitaron al Ministerio de Industria autorización para renovar y ampliar su maquinaria por un importe de 8.730.000 pesetas, asegurando que podían llevar su producción anual que entonces era de 990.000 kilogramos hasta los 1.690.000 kilogramos.

Sin embargo, en marzo de 1977, Ramón Antuña decidió tramitar ante la Delegación de Trabajo un expediente de crisis argumentando la falta de pedidos de sus principales clientes en Argelia y Estados Unidos, al tiempo que presentaba ante el juzgado de Pola de Laviana la suspensión de pagos por carecer de liquidez para hacer frente a un pasivo que ascendía a 47 millones de pesetas.

El 7 de julio de 1977 los obreros tomaron la fábrica iniciando un encierro que se mantuvo durante 103 días acompañado por otras acciones de todo tipo y con el apoyo de las plantillas de otras empresas como la Fábrica de Tubos o Explosivos Riotinto, que pensaban acertadamente en que el desmantelamiento de Tornillería podía ser el primer paso de una crisis general para el valle del Nalón.

Después de varios meses de lucha, se abrió una ventana a la esperanza con la oferta presentada por el capitalista José María Galarraga, quien tenía otra empresa de menor tamaño en Soraluze-Placencia de las Armas, un lugar de Guipúzcoa con gran tradición en este tipo de instalaciones.

En enero de 1982, José María Galarraga, en el que las familias dependientes de Tornillería y las autoridades langreanas habían depositado sus ilusiones, también visitó el juzgado de Pola de Laviana para presentar expediente de suspensión de pagos.

Aún hubo un último intento de los trabajadores para salvar su fábrica, constituyéndose en cooperativa e intentando recuperar la antigua cartera de pedidos; sin embargo, la falta de experiencia para desenvolverse entre la competencia y los elevados gastos de mantenimiento, entre los que estaba la renta que debían pagar al dueño de los terrenos -un emprendedor del valle que había hecho su fortuna con la chatarra-, arruinaron muy pronto este proyecto.

Forjando historia. Donde se sienten las olas: Muros de Nalón, Gijón, Gozón, Castrillón

Valnalón: Un Impulso al Emprendimiento Moderno

Valnalón es desde hace tres décadas el corazón del emprendimiento, no sólo de la comarca del Nalón, sino de Asturias; es el espacio con «latido constante» que fomenta, estimula e impulsa la cultura emprendedora en una región cuyo horizonte se ha tornado gris por las sucesivas crisis.

Dependiente de la Consejería de Industria, Empleo y Turismo, este Centro nació en 1987 de la mano del Gobierno del Principado con el objetivo de regenerar, promocionar y dinamizar la industria de la zona, aprovechando el suelo y los edificios que ocupaba la antigua fábrica siderúrgica de Duro Felguera, cerrada en 1984.

Desde entonces, un hito de Valnalón es «que fuimos ganando confianza con el trabajo bien hecho y la constancia», señala la gerente, para quien ha sido toda una satisfacción en los 29 años que lleva trabajando ahí «ver cómo ha ido cambiando la imagen y cómo se han ido transformando los espacios en entornos emprendedores» en los que, según sus propias palabras, el emprendimiento genera «un latido constante».

Ciudad Tecnológica de Valnalón: Un centro de emprendimiento en Asturias.

Para esto se creó en 1992 el Semillero de Proyectos, en el que ahora cuatro trabajadores atienden a todas las personas que quieren analizar la viabilidad de su idea empresarial. Para ello han desarrollado una metodología propia basada en el desarrollo de competencias emprendedoras y análisis del modelo de negocio.

La estimación que tienen es que entre un 30 y un 40% de esos potenciales emprendedores pasan por el Semillero de Proyectos años después «porque hicimos mella y no nos han olvidado», comenta Marta Pérez.