Aniceto Marinas fue un destacado escultor español del último tercio del siglo XIX, cuya obra se caracteriza por la maestría en la realización de grupos escultóricos y la capacidad de transmitir emociones y contar historias a través de sus creaciones. Junto a Mariano Benlliure, fue un genial intérprete de la escultura del último tercio del siglo XIX. Es preciso reconocer su gran maestría en la realización de grupos escultóricos, en los que se convirtió en todo un referente del momento.
Los personajes históricos que esculpe parecen cobrar vida a través de la perfección de sus rasgos y la extraordinaria expresividad de sus cuerpos. Sus obras cuentan una historia, muestran la personalidad de un héroe o transmiten un sentimiento religioso. Logra superar la rigidez del estilo academicista de la época, transmitiendo un mensaje al espectador.
Todo en ellas tiene un significado, por eso es preciso detenerse ante cada uno de sus personajes y observar cada detalle, leer en sus pliegues, en sus gestos, en su ambientación. Cada una de sus esculturas se convierte en una obra de arte. Importa recordar siempre varias de las obras representativas y características del gran escultor.
Marinas decía: “A mí lo que más tiempo me lleva es la paciencia de la silla”. Él mismo decía que este trabajo le llevó más tiempo en la silla concibiéndolo, que ejecutándolo. Se pasó semanas enteras frente al Museo del Prado observando dónde y cómo colocar finalmente la obra. Se impuso la misión de que la misma no estorbase en nada al conjunto arquitectónico del edificio.
ANICETO MARINAS Y CRISTOBAL RUÍZ, UN PASEO POR EL MUSEO
Formación y Primeros Años
En 1882 se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de Segovia.
Obras Destacadas
Entre sus obras más representativas, destacan:
- Monumento al filósofo Moreno Nieto, 1896, Badajoz.
- Monumento a Miguel López de Legazpi, 1897, Zumárraga, Guipúzcoa.
- Monumento a Velázquez, 1899, Madrid.
- Monumento a Concepción Arenal, 1899, Orense.
- Monumento a Eloy Gonzalo, 1902, Madrid.
- Hermanitos de Leche, Biblioteca Nacional, Madrid.
- Grupo La Libertad (en el Monumento a Alfonso XII) 1905, Madrid.
- Monumento a Fray Enrique Flórez de Setién, 1906, Villadiego, Burgos.
- Monumento conmemorativo del atentado a los Reyes de España, 1908, Madrid.
- Monumento a los Héroes del Dos de Mayo, 1908, Madrid.
- Monumento a Daoiz y Velarde, 1910, Alcázar de Segovia, Segovia.
- Monumento a Fray Tomás Cámara, 1910, Salamanca.
- Monumento a las Cortes de Cádiz, 1913, Cádiz.
- Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, 1919, Cerro de los Ángeles, Getafe, Madrid.
- Altorrelieve de los Amantes de Teruel, 1921, Teruel.
- Monumento a Juan Bravo, 1922, Segovia.
- Monumento a Ramón Fernández Asenjo, 1927, Luarca, Asturias.
- Monumento a José Rodao, 1927, Segovia.
- Monumento a Guzmán el Bueno, 1929, León.
- La Soledad al pie de la Cruz, 1930, Segovia.
- Santo Cristo en su última palabra, 1947, Segovia.
- Stmo. Cristo de Gracia, 1948, Las Navas del Marqués, Ávila.
- Stmo. Cristo de la Salud, 1948, Las Navas del Marqués, Ávila.
- Monumento ecuestre del general José Enrique Varela, 1948, San Fernando, Cádiz.
En 1913 entrega a Cádiz el Monumento a las Cortes de Cádiz de 1812. Es su monumento más ambicioso y un gran conjunto escultórico de primer orden. El propio autor consideraba que esta obra era “mi mejor obra”.
En 1947 inauguró una exposición de 33 obras, que incluían 14 esculturas, 8 pinturas y 11 dibujos en el Museo de Arte Moderno de Madrid.
Comentaba que “se puede ser pintor y se puede ser escultor. Pero ser artista, es otra cosa. Esa cualidad no se aprende en los tratados, hay que llevarla muy dentro del alma. Tiene el artista a su alcance, siempre que quiera, un magnífico libro abierto, cantera inagotable de los más variados y hermosos temas: la naturaleza.
El Monumento al Sagrado Corazón de Jesús
La imagen del Sagrado Corazón de Jesús y su pedestal fueron de nuevo obra de Aniceto Marinas, y los grupos escultóricos de la base de Fernando Cruz Solís. El nuevo monumento muestra a Cristo con los brazos abiertos y mide 11,50 metros. Los grupos escultórico están situados a los laterales del pedestal. Los grupos delanteros representan a la España misionera y a la España defensora de la fe. Los dos grupos posteriores representan a la Iglesia militante y a la Iglesia triunfante. El primer grupo está representado por: Isabel la Católica, Cristóbal Colón, Hernán Cortés y Fray Junípero Serra.
El monumento, que se edificó con las aportaciones voluntarias de miles de españoles, era todo de piedra caliza en tonos ligeramente amarillentos. La altura del monumento era de 28 metros, incluida la figura, a la que correspondían 9 metros desde el plinto. El ancho era de 31,5 metros, y de fondo tenía 16 metros.
En el segundo grupo, que estaba situado a la izquierda del monumento, se representaba el camino para llegar al cielo mediante la práctica de la caridad, del amor, de la humildad y del arrepentimiento. La caridad estaba representada por una hija de San Vicente de Paúl y cinco niños guiados por ella.
Tras ello, procedieron a la destrucción de las esculturas, primeramente a mano, mutilando las obras con picos y mazas y por último, dada la dureza de su material, recurrieron a la dinamita hasta lograr reducirlo a ruinas.
El 25 de junio de 1965 fue inaugurado el nuevo monumento, conservándose las ruinas de lo que quedó del anterior monumento (la base y el arranque del pedestal) en un nuevo emplazamiento en frente de la explanada. El acceso al templo se encuentra debajo del monumento al Sagrado Corazón. El santuario se encuentra en la base del monumento. Es de 12 metros de altura, con una superficie de 42,40 metros de largo y ancho, formando un cuadrado. El complejo está compuesto por cinco bóvedas de cañón.
Según Aniceto Marinas confesó, hizo esta obra trabajando con fe y entusiasmo, “me persiguieron, me buscaron con verdadero ahínco, y mi salvación fue no encontrarme en Madrid. Saquearon mi casa totalmente, destrozaron todas las esculturas que guardaba como reliquias y que eran tantas que con ellas podía llenar por tres veces la sala de Exposiciones del Museo.
