La Grand Central Terminal, ubicada en el corazón de Manhattan, es mucho más que una simple estación de tren. Es un icono arquitectónico, un punto de referencia cultural y un testimonio de la historia de Nueva York. Con sus impresionantes dimensiones y su rica decoración, la terminal atrae a millones de visitantes cada año, convirtiéndose en una parada obligatoria para quienes exploran la Gran Manzana.
Pero, ¿cómo llegó a ser este majestuoso edificio lo que es hoy? Para entender su historia, debemos remontarnos a mediados del siglo XIX, cuando Nueva York experimentaba un rápido crecimiento impulsado por el desarrollo del ferrocarril.
Orígenes y Evolución
A mediados del siglo XIX, Nueva York contaba con cuatro rutas de tren que conectaban el norte con el este de la isla: Hudson River, New York Central, New York - Harlem, y New York - New Haven, todas ellas con trenes a vapor. Su desarrollo propició la expansión de la ciudad, mejoró las vías comerciales y la circulación de pasajeros. El único problema es que, con el aumento de los servicios, la contaminación comenzaba a preocupar a la población.
La primera medida que se tomó al respecto fue limitar la entrada de las locomotoras al centro de la ciudad, por lo que todas ellas debían de parar en la calle 42. Aquellos pasajeros que quisieran llegar hasta el sur tendrían que hacerlo con el servicio de caballos. El propietario de las tres primeras líneas, Cornelius Vanderbilt - un empresario americano conocido como el Comodoro y que se hizo millonario gracias al ferrocarril - decidió que para coordinar los servicios y ahorrar dinero lo mejor sería construir una parada común para todos los trenes.
En 1871 se inauguraba Grand Central Depot, un edificio compuesto por tres torres que correspondían a cada una de sus vías. Sin embargo, la prohibición del vapor no fue un impedimento para Vanderbilt, quien pronto vería crecer su servicio y se vería obligado a agrandar la estación. La primera reforma se realizaría en 1901 y se haría llamar Grand Central Station, nombre por el que aún la siguen llamando los locales.
El nuevo edificio tendría pocos meses de vida. Un año después, el trágico accidente ocurrido en el túnel de Park Avenue, en el que dos trenes chocaron a causa del humo de las locomotoras, hizo que las autoridades neoyorkinas prohibiesen definitivamente los trenes a vapor dentro de la ciudad. La única solución era crear un sistema eléctrico, aunque para ello había que reconstruir completamente la estación, así como todo su trazado.
La gran obra arquitectónica comenzó en 1903 y finalizó diez años más tarde, momento en el que su nombre fue sustituido por el de Grand Central Terminal, con dos niveles subterráneos. El nuevo edificio sirvió como impulso económico de Midtown Manhattan, sobre todo de la calle 42 y Park Avenue, donde se abrieron nuevas tiendas, restaurantes, oficinas y hoteles.
Su crecimiento hizo que fuera nombrado como Terminal City, un área de negocios que estaba perfectamente conectada gracias al aumento de las líneas de tren. La estación no era solo una parada, sino que se convirtió en el destino.
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Esplendor y Declive
Sus dos pisos de vías, los suelos de mármol, las suntuosas lámparas de araña y su cúpula central donde se pintó el zodiaco, causaron sensación entre la población, quienes la consideraron como un símbolo de modernidad y elegancia. Su fachada se decoró con un reloj Tiffany rodeado de las esculturas de Minerva, Mercurio y Hércules. Es el único de toda la estación que marca la hora exacta. Los que se encuentran en su interior están adelantados un minuto para que los pasajeros lleguen a tiempo a su tren.
En las diferentes salas se abrieron restaurantes, se organizaron exposiciones de arte, espectáculos, eventos deportivos - gracias a su pista de tenis - y hasta hubo celebraciones de Año Nuevo. Muchas fueron las empresas que se disputaron sus locales. Una de ellas fue la CBS, el canal de televisión estadounidense cuyos estudios estaban en el edificio y quienes emitían en directo desde allí. Fueron los mejores años para el sector del ferrocarril y de Grand Central, que a mediados del siglo XX llegó a registrar más de 65 millones de pasajeros.
A pesar de su crecimiento y popularidad, después de la guerra hubo un descenso de los viajeros que hizo que algunos empresarios pensaran en demoler Grand Central Terminal para convertirlo en un edificio de oficinas. Años duros para el sector ferroviario cuyo tesoro se pudo conservar gracias al apoyo de la Comisión para la Preservación de Monumentos Históricos de Nueva York quienes, tras 10 años de lucha, lograron que en 1998 se realizase su última reforma con el que el complejo volvió adquirir su esplendor de 1913.
Para ello, se amplió la zona de compras y de restaurantes, se restauraron las pinturas del techo, se incorporaron más taquillas, ascensores, escaleras mecánicas y rampas para hacerla más accesible.
Curiosidades Ocultas
Hoy, el vestíbulo de Grand Central Terminal es una de las paradas imprescindibles de los viajeros que visitan Nueva York, quienes acuden a admirar la belleza de la estación y a recorrer lo que un día fue el escenario de multitud de películas como Con la muerte en los talones, de Hitchcock; ¡Olvídate de mi! de Michel Gondry; o Armageddon, de Michael Bay, entre otras.
Grand Central es una “terminal” y no una “station”, porque aquí, a excepción del metro, los trenes no están de paso, sino que comienzan o terminan su recorrido. Antes incluso de entrar, tres Dioses griegos representando las virtudes del ferrocarril van a daros la bienvenida ( ¡y también la hora!). Se encuentra más o menos aquí, en la calle 42, una enorme escultura de piedra caliza de Indiana de 15m de alto y 18 de ancho, muestra a Mercurio como símbolo de la velocidad, a Hércules por la fuerza y a Minerva por el intelecto.
Como no podía ser de otra manera, un inmenso reloj de Tiffany se encarga de informar a los newyorkinos y turistas, de qué hora es. Dicen que es el más grande del mundo que haya hecho Tiffany, con casi 4m de diámetro. Una vez dentro del edificio, digamos que en Grand Central Terminal suelen visitarse habitualmente 3 niveles.
- La planta a pie de calle, por la que se accede a los balcones que dan visibilidad de todo el patio y el increíble techo de la estación.
- La planta baja, desde la que se compran los billetes o se accede a los andenes. También dispone de varias tiendas y del mítico puesto de información central, “coronado” por un imponente reloj del que hablaremos luego.
- Una planta en un nivel inferior en el que hay un montón de restaurantes en los que hacer más amena la espera a los viajeros hasta que sale su tren.
Cuando entréis en Grand Central, estamos convencidos de que vais a practicar una rotación de cabeza suelo-paredes-techo que va a dejaros con la boca abierta. Inevitablemente, apostamos que los ojos se os irán al techo de la estación… Y es que es uno de los detalles más fotografiados, ya que representa una obra llamada “El cielo por techo”. Veréis 12 constelaciones, con 2500 estrellas pintadas con pan de oro de las cuales, 59 son iluminadas con luces led. Y todo sobre un color turquesa-aguamarina precioso.
Es una obra preciosa a la que en su momento se le criticó una cosa, y es que lo que está pintado en el techo es una imagen especular de la que debía haber ido proyectada en un principio… ¿Os imagináis? Bueno, pues la respuesta de los artistas ante tal pregunta fue que en el techo de Grand Central Terminal, estaba representado el punto de vista de Dios mirando al cielo desde la tierra en vez de desde encima del mismo… ¿Qué opináis? ¿Aceptamos la excusa?
Tras admirar y sacar mil fotos del techo, tendréis que bajar las escaleras. Veréis que hay dos ramales principales, uno al este y otro al oeste. Quizá os parezcan iguales, pero no lo son del todo. Están inspiradas en las escalinatas de la ópera de Paris y… ¿Sabéis que estáis pisando mármol rosa de una cantera de Tennessee? Aunque pueda parecer que se construyeron a la vez, hay varios años de diferencia entre una y otra, y a pesar de que no nos vamos a poner a medirlas, Grand Central Terminal asegura que la escalera este es 2,5 cm menos alta que la oeste y lo cierto es que sus adornos son un poco más apagados.
De la escalera este quizá os llame la atención una cosa: y es que hay una tienda Apple, que invita a entrar. No es de las que está abierta las 24 horas del día, como su hermana mayor de la 5th avenida, pero cada día recibe un montón de visitantes: turistas y clientes.
Uno de los puntos clave de la estación, es el punto de información situado en el centro de la misma. En él se responden una media de 1000 preguntas al día y si os fijáis en su interior, podréis intuir algo similar a un ¿armario? Pues no es lo que parece, sino que son unas escaleras que conectan este puesto de información con el que se encuentra en el nivel inferior. Lástima que no se puedan visitar.
Si el puesto de información no os llama la atención, quizá sí lo haga el reloj que se encuentra sobre el. Lugar de quedada para muchos newyorkinos, está valorado en 20 millones de dólares. Con una puntualidad más que británica, está controlado por el reloj atómico del observatorio naval de Bethesda, Maryland y dicen que para que se atrase un solo segundo, tendrían que pasar 20.000 millones de años.
Sobre él podréis ver representada una bellota y hojas de roble (igual que en muchos otros puntos de la estación). Esto, por si solo, no significaría nada, ¿no? Pero resulta que estos eran los símbolos que representaban a la familia Vanderbilt, los cuales se hicieron no solo con el control del sistema ferroviario, sino que también financiaron la creación de Grand Central. Así que ahora cobra sentido, ¿verdad?
Otro de los puntos que más nos gustan de Grand Central Terminal, son sus característicos ventanales. Os animamos a que los admiréis durante un rato. Cuando menos lo esperéis, saltará la sorpresa, y es que quizá veáis a gente caminando en el interior de las ventanas. Esto se debe a que estas ventanas se componen de dos paredes de cristal y entre una y otra, hay pasarelas por las que transitan en ocasiones los propios trabajadores de la estación. La pena es que no están abiertas al público, o ¡¡sería una auténtica locura!!
Otro detalle curioso de las mismas, es que se cuenta que durante la segunda guerra mundial, las ventanas de Grand Central Terminal se pintaron de negro, para evitar que se viera la luz del edificio desde el exterior para no ser un blanco fácil de bombardeos.
Y ya que estáis mirando al techo, fijaos, más o menos sobre la vía 30, en el mismo. Veréis un rectángulo en el techo mucho más negro que el resto. ¿De donde viene este color? Dicen que proviene del hollín, así como del humo de tabaco cuando se permitía fumar en el interior, y del resto de polución, y es que parece que este bonito techo llegó a verse bastante oscuro antaño… Tanto, que tuvieron que limpiarlo para poder apreciarlo como lo vemos ahora, pero quisieron dejar esa pequeña porción sin limpiar, para recordarnos cómo estaría de no haber sido por la reforma. Y de paso, si fumáis, puede ser una buena motivación para dejar de hacerlo.
Además de la sala principal, Grand Central Terminal tiene otras, y cada una esconde un secreto. Por ejemplo, está la Biltmore Room, o galería de los besos. ¿por qué recibía este apodo? Porque era testigo de numerosas muestras de afecto de gente, que se despedían o reencontraban tras sus viajes. Pero en un lugar así, no podía faltar la sala Vanderbilt. Fue la sala de espera principal durante muchos años, pero ahora se utiliza principalmente para hacer eventos especiales (en navidad recibe el mercadillo navideño de Grand Central). Fijaos en sus lámparas… Son las originales de la estación, miden 3 m de ancho y pesan algo más de una tonelada.
Cuando en un momento dado decidieron limpiarlas, descubrieron que no eran de bronce como pensaban, sino que eran de níquel bañado en oro. Cada una de ellas tiene 132 bombillas acompañadas, como no, de sus correspondientes hojas de roble.
Otros dos puntos principales de esta planta, lo componen el Grand Central Market y el Great Northern Food Hall. En ambos encontraréis puestos de comida, siendo el primero más tipo “mercado de barrio” pero impresionante, tanto por el género como por la increíble lámpara que adorna su entrada por Lexington Avenue, y el segundo más estilo comida preparada.
Si además os gusta el tema transporte, o queréis comprar merchandising muy newyorkino, pasaos por la pequeña sucursal que tiene el museo del transporte de Nueva York en Grand Central Terminal. Allí podréis ver alguna de sus exposiciones de manera gratuita, o incluso ver la maqueta que montan en fechas navideñas, en la que Nueva York y los trenes, son los máximos protagonistas.
A través de ellas podréis llegar a la “galería de los susurros”, junto al restaurante Oyster bar, uno de los más antiguos de Nueva York. Pues bien, tanto este restaurante como su entrada, disponen de una configuración del techo abovedada, que termina en unas columnas. Esto es obra de Rafael Guastavino, un arquitecto valenciano.
Más curioso es el efecto que tienen, y es que permiten que si una persona se pone junto a una columna y otra se pone en la opuesta, puedan contarse cualquier tipo de secreto perfectamente hablando a la esquina y sin necesidad de gritar.
Si os fijáis a través de las ventanas del restaurante, su techo es similar al de la galería, pero el Oyster bar es tan elegante que no invita a ir haciendo pruebas de sonido por sus salones, mejor dejarlas para la salida… Ah! Y el plato estrella… son las ostras, claro.
Si pasar por un restaurante os ha dado hambre pero el presupuesto no da para comer ostras, continuad bajando hasta la planta -1. Ahí, Grand Central Terminal tiene un food hall bastante grande en el que no os van a faltar opciones para comer: burritos, ensaladas, Shake Shack (una de nuestras hamburguesas de Nueva York preferidas) y otras hamburguesas… Se dice que más de 10.000 personas comen aquí cada día!
Para llegar a ellas, tendréis que acudir a un ascensor que se sitúa junto a la rampa que va al nivel inferior, hacia el oeste, hacia la calle 43.
La primera es echar un partido de dobles en una de las imponentes pistas de tenis que hay escondidas en Grand Central Terminal. Se encuentran en la planta 4ª y no sabemos qué será más difícil, si encontrar pareja para el partido, o pagar la friolera de los ¡315$ que cuesta la hora en hora punta! Hay otras franjas más económicas, pero no mucho… 80$ es lo mínimo a pagar por el alquiler de una hora de pista.
Tras el partido, podéis entrar al apartamento Campbell, se encuentra en la planta B. Esto que ahora veis transformado en un elegante bar, antaño fue el apartamento de John Campbell, uno de los directores de Grand Central, que disponía del mismo para poder relajarse o disfrutar con sus amigos de un rato distendido. Suerte que ahora es público y todos podemos verlo. Eso sí, las bebidas tienen precio newyorkino.
Aunque muchos no lo saben, la Grand Central Terminal es la estación de tren más grande del mundo en cuanto a quilómetros de vías y metros cuadrados de construcción. Transitado por más de medio millón de personas: cada día transitan por sus galerías y pasillos más de 500.000 personas.
¿Qué tal si te digo que la Grand Central Terminal alardea de tener la mayor cantidad de andenes en todo el planeta? Ni más ni menos que 44 que conectan trenes que circulan por 67 vías distintas. ¡Por sus vías pasan 660 trenes diarios, sí señor!
Se dice que el reloj central de la Main Concourse (vestíbulo principal) está adelantado un minuto. ¡Es tan grande que también alberga una pista de tenis!
Igual que la galería de los susurros, también existía el andén de los besos, por ser el lugar de despedida y encuentro de los trenes de larga distancia.
En el corazón del vestíbulo principal, sobre famoso mostrador de información, se encuentra un reloj muy conocido: con cuatro esferas de ópalo que, según los expertos de las casas de subastas Sotheby’s y Christie’s, está valorado en más de 10 millones de dólares. Y si te fijas en este mostrador central, verás que no tiene puerta, pero hay empleados dentro. ¿Cuál es el truco? Los empleados entran por una trampilla que hay en el suelo.
La oficina de objetos perdidos alberga cada año 19.000 objetos, de los cuales más de 2.000 son abrigos. Consiguen devolver el 60% de todos los objetos. A esta oficina llegan objetos perdidos de otras estaciones de tren o dentro de los trenes.
Por toda la estación encontrarás majestuosas lámparas de araña, con más de cuatro mil bombillas en total. ¡Son una pasada de bonitas! Se decidió poner este tipo de lámpara para demostrar que la estación estaba a la última, pues la luz eléctrica era lo más nuevo de la época en la que se construyó la estación.
La simbología de la familia Vanderbilt está representada por bellotas y hojas de roble.
La estación tiene una plataforma secreta por debajo de la estación, la número 61, que permite acceder directamente al hotel Waldorf Astoria, situado en las cercanías, y que sólo se ha usado una vez para dar acceso al presidente Franklin D.
Una de las cosas más desconocidas de Grand Central es que tiene un mercado, Grand Central Market, que es posiblemente uno de los mejores sitios a donde ir en Nueva York para comprar productos gourmet, aunque también es de los más caros.
El famoso y lujoso Hotel Waldorf Astoria tiene su propio andén en esta estación, usado en su momento por Franklin D. Roosevelt, Adlai Ewing Stevenson y Douglas MacArthur.
El fresco del techo de la estación tiene un defecto. Esta pintado en espejo, ya que el artista que lo realizo lo copio de una foto y no se dio cuenta de que estaba al revés.
Por ella pasan 660 trenes diarios. 19.000 artículos y objetos perdidos recuperados, de ellos 2.000 abrigos. El porcentaje de devolución de estos objetos está en el 60%, 98% si hablamos solo de ordenadores y aparatos electrónicos.
El vestíbulo principal de la Gran Estación Central, que se asemeja al de una catedral, será lo primero que te llame la atención cuando entres. Pues sí, los signos del zodíaco se pintaron en orden inverso. Nadie sabe exactamente el porqué, pero incluso el propio fundador de la Gran Central Station, Cornelius Vanderbilt, afirmó que esa era la intención desde un principio.
El reloj de oro de cuatro caras es sin lugar a dudas la joya de la corona de la Gran Estación Central. También hay un reloj en el exterior que merece muchísimo la pena. Con más de 4 metros de diámetro, ¡este reloj es la pieza de cristal de Tiffany más grande del mundo!
Uno de nuestros lugares favoritos en la Grand Central Station es la Whispering Gallery (Galería de losSusurros), también denominada Whispering Wall, o Muro de los Susurros. El caso es que se crea un fenómeno acústico muy especial gracias a los arcos de cerámica con azulejos de Guastavino. Si dices algo en voz baja en una esquina bajo los arcos, ¡se puede escuchar en la otra! Ya te puedes imagina la cantidad de veces que se han susurrado «Te quieros» en este lugar.
Si miras muy detenidamente el impresionante techo del vestíbulo principal, puedes ver un ladrillo negro de pequeño tamaño justo al lado del signo del zodiaco Cáncer. Lo que el ladrillo muestra es el estado de la sala principal antes de la restauración que tuvo lugar en los años 90. Resulta que la hermosa pintura del techo estaba «manchada» de color negro oscuro. ¿Culpable? En un principio se sospechaba que era por el hollín de los trenes, pero luego se dieron cuenta de que el 70% de la suciedad consistía en nicotina y alquitrán de los cigarrillos.
Guía para el Viajero
La Grand Central Terminal se encuentra en la 90. E oder auch Grand Central Terminal befindet sich in der 89 E. A la Grand Central Station de Nueva York se puede llegar fácilmente en metro, bus e incluso con un traslado desde el aeropuerto.
Sí, hay servicios públicos en la planta baja de la estación.
En pleno corazón de Manhattan nos trasladamos hasta la calle 42 y Park Avenue. Allí se encuentra Grand Central Terminal, la estación de tren más grande del mundo si tenemos en cuenta que tiene casi medio centenar de andenes y 75 vías. Por este lugar pasan diariamente más de 750.000 personas, entre viajeros y curiosos; de hecho, es uno de los lugares turísticos más visitados de toda la Gran Manzana.
La fachada que da a Park Avenue está coronada por las efigies de Mercurio, Hércules y Minerva, que representan la velocidad, la fuerza y la sabiduría, respectivamente. Se eligieron para ensalzar las virtudes del ferrocarril y están realizadas con piedra caliza de Indiana. Justo debajo de las estatuas se encuentra un inmenso reloj de Tiffany de casi 4 metros de diámetro; de hecho, es el más grande que la mítica firma ha hecho hasta la fecha.
Si quieres obtener una buena panorámica del vestíbulo, deberás situarte en la Grand Staircase, escalinata que se inspiró en la situada en la Ópera de París.
Nos hemos fijado en el techo y ahora llega el turno de los ventanales, que alcanzan los 23 metros de altura. Una de las cosas que más sorprende a los viajeros es descubrir gente paseando por ellas. ¿Cómo es esto posible? Existe una pasarela entre la doble cristalera que conecta las diferentes partes de la estación y la suelen utilizar los trabajadores para llegar a sus puestos de trabajo. Es una pena, pero el público general no puede acceder a ella.
Otro punto neurálgico de Grand Central es su Whispering Gallery o galería de los susurros. Si ves a numerosos turistas de cara a la pared, no es que estén castigados ni meditando, sino que están probando como el sonido viaja de esquina a esquina a través de la galería. El sistema de arcos de baldosas de la galería se lo debemos al arquitecto y constructor español Rafael Guastavino Moreno, que patentó este sistema de construcción de bóvedas bajo el nombre de Guastavino System.
Al lado de la galería de los susurros se encuentra el restaurante más antiguo de toda la estación: el Oyster Bar, abierto en 1913. Su especialidad es el marisco y en su carta se ofrecen más de 30 variedades de ostras diferentes.
Otro rincón mítico de la estación es el conocido como apartamento Campbell, elegante y curioso bar ubicado donde en su día estaba la residencia ocasional del director de la estación, John Campbell. Una joya arquitectónica en la que se combinan madera, vidrieras y piedra con una gran chimenea como elemento central.
En la planta 4ª se pueden alquilar estas pistas para darle a la raqueta, pero no son nada baratas. El precio del alquiler por una hora varía en función del horario y el día, pero las tarifas arrancan en torno a los 80 euros y pueden llegar hasta los 330 euros.
Cipriani-Dolci - La Grand Central Terminal es demasiado magnífica para simplemente pasear por ella. Siéntate, quédate un rato y disfruta de una gran comida italiana en este lugar básico de la GCT.
Como hemos dicho antes, la Grand Station Terminal es muchísimo más que una gran estación de ferrocarril. Hay muchos eventos especiales durante todo el año que tienen lugar aquí, y que siempre merece la pena ver.
Un evento que podemos recomendar sin duda en invierno es la Grand Central Holiday Fair., que es básicamente uno de los mercados navideños -de interior- más bonitos de la ciudad de Nueva York.
Library Hotel - A sólo tres minutos a pie de la Grand Central Terminal y uno de los mejores hoteles de Nueva York, el Library Hotel es una excelente elección por su calidad y comodidad.
El Pod 39 Hotel es exactamente eso: un hotel acogedor a un precio aún más acogedor.
Dado que la Grand Central Station está situada en el centro de Manhattan, puedes planear tu visita junto a otros muchos lugares de interés que hay por la zona. Por ejemplo, justo al lado de la terminal, tienes el Chrysler Building.
