Seleccionar página

En el ámbito de la reconciliación y el perdón, surgen historias que invitan a la reflexión profunda sobre la capacidad humana de superar el dolor y la ofensa. Para lograrlo, han iniciado una campaña de crowdfunding.

El objetivo está clarísimo: invitar a todo el mundo al perdón, especialmente a quienes crean que lo suyo no tiene perdón. Es muy frecuente que alguien piense «lo que yo hice, no tiene perdón»… o «lo que me hizo esa persona, no tiene perdón». Incluso he conocido a personas que afirman con dureza: «eso no tiene perdón de Dios». Anímate… da el paso que estas personas ya han dado… hazte a ti mismo y a los demás el regalo del perdón… atrévete a experimentar de nuevo aquella paz que hoy crees perdida para siempre.

Un regalo, por definición, es algo que se entrega por puro amor, sin esperar nada a cambio. Los regalos no se merecen, porque entonces serían premios, no regalos. Ningún regalo es tan puro como el perdón, porque se entrega sin condición alguna, e incluso cuando el destinatario ni siquiera desea ser perdonado. Así es el perdón de Dios: nos perdona, incluso si nosotros rechazamos su perdón. Nos perdona, incluso antes de que le ofendamos. Recibir el perdón nos hace humildes y agradecidos.

La Iniciativa Divina y el Perdón Incondicional

En toda iniciativa de Evangelización, la iniciativa siempre es de Dios. Y no me refiero sólo al hecho histórico de aquella petición de Jesús, hace 2.000 años, para todos: «Id por todo el mundo y anunciad la buena noticia», sino que desde entonces, cada día, cada nueva iniciativa, es siempre suya. Lo que pasa es que su iniciativa pasa por nuestra aceptación o rechazo de cada propuesta concreta. Estoy convencido de que cuando nosotros pensamos «podría hacer esto…», una iniciativa concreta para anunciar el Evangelio, es el Espíritu Santo quien ha introducido en nuestro corazón ese proyecto. Al orar, podemos preguntarnos: «Esto… ¿es una idea mía… o es Dios mismo quien me invita a ello, con suavidad y elegancia?». Yo juego con Dios a rechazarlo primero… y examino cómo me quedo al rechazar ese plan. Y después juego a aceptarlo, y de nuevo me examino por dentro. La decisión que me dé más paz, ésa es la opción de Dios. Aunque a veces esa paz vaya unida a la percepción de que ese proyecto va a exigir un gran sacrificio.

Historias de Reconciliación y la Fragilidad Humana

Hoy llevo todo el día dando gracias a Dios por una historia que conocí ayer: un matrimonio aparentemente roto por las infidelidades de ambos, y por muchos problemas económicos que ellos mismos se provocaron con su odio… que cuando ya iban a divorciarse, se pidieron perdón mutuamente, a raíz de unos ejercicios espirituales, en los que aconteció su transformación interior.

Hace falta perdonarnos todo, a todos. Sin límites. Hemos de ser conscientes de nuestra fragilidad. No somos robots que podamos programar con la simple introducción de un código ético en nuestro disco interno. No basta con querer hacer el bien, para hacerlo. Somos frágiles, somos inconstantes, somos pecadores. Saberlo, nos permite vernos unos a otros con ojos de misericordia. Hoy me toca perdonar… hoy me toca pedir perdón. ¿Cuándo y cuánto? Siempre y todo, hasta el último día. Porque soy frágil y, el otro, también lo es. Nuestra esperanza viene de haber recibido una fuerza realmente sobre-humana para superar nuestra fragilidad. Esa fuerza es la ayuda de Dios. Hasta tal punto su encarnación fue necesaria y no sólo conveniente, que dice: «Sin Mí, no podéis hacer nada». Sin Dios, es imposible superar nuestra fragilidad y la fragilidad ajena. Porque de modo natural, todos encontramos nuestro límite, esa barrera que nos supera. Y por eso, decimos: «¡yo por ahí no paso, hasta aquí hemos llegado!». En cambio, con la ayuda de Dios, realmente podemos superar cualquier herida, por imposible que parezca. Por tanto, no es que debamos perdonarnos más, sino que hemos de perdonarnos todo, siempre… y pedir esa fuerza que nos supera, al Cielo.

Tras Footprints anunciasteis que a partir de entonces donaríais parte de la recaudación de vuestras películas a Cáritas. ¿Lo volveréis a hacer con El mayor regalo? A Cáritas o a cualquier otra institución que se dedique a ayudar a los más necesitados. Por mucho que demos, siempre será poco. Pero en la ayuda a los demás, nunca hay poco. A veces nos ponemos esa excusa, para no ayudar: «es que, como es poco… entonces no doy nada, porque es tan poco…». No hemos de pensar así.

¿Cuándo la podremos ver en los cines? ¡No corramos tanto! Lo primero es tener el dinero para hacerla, lo segundo es hacerla… y por último distribuirla. Vamos a recorrer este camino, pasito a pasito, sin confiarnos y sin celebrar nada antes de tiempo. Las previsiones generan ansiedad, al menos a mí. Desde que tengamos el dinero para poder hacerla, lo normal es que necesitemos un año completo para producirla. Después, la campaña de distribución depende de conseguir salas en cada país. A veces es un proceso rápido y otras veces lleva años lograrlo.

El perdón como sanación de los conflictos familiares