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La Guardia Civil ha solicitado la colaboración ciudadana para esclarecer la desaparición de José Luis Vázquez Escarpa, un empresario que fue visto por última vez en el polígono industrial San Gil de la localidad toledana de Illescas en mayo de 2014.

Ubicación de Illescas en la provincia de Toledo.

Vázquez, un empresario residente en Madrid de 50 años, trabajaba en el sector de la compraventa de chatarra en localidades al sur de la capital. Su desaparición se produjo en "extrañas circunstancias".

Para facilitar la búsqueda, la Guardia Civil ha habilitado un número de teléfono (062 o 600 029 653) para que cualquier persona pueda aportar "alguna pista, indicio o dato que pudiera ser de interés para la localización".

La guardia civil ha explicado que su desaparición se produjo en "extrañas circunstancias" y ha difundido un vídeo en el que aparece un hombre vestido de traje que, a juicio de los investigadores, podría estar implicado en la desaparición.

Los agentes "procesarán la información recibida de forma anónima y segura, gestionando todas las llamadas recibidas y sus actuaciones con la máxima confidencialidad" y que "protegerán el anonimato y seguridad de los informantes".

El Secuestro y Asesinato de José Luis Vázquez

El 7 de mayo de 2014, el empresario José Luis Vázquez Escarpa llegó a su cita con la muerte en el polígono San Gil de Illescas (Toledo) a las 10:08 de la mañana. Allí lo esperaban Óscar del Pino, un ultrasur, y uno de sus hombres, Óscar López Quintas, vestidos con monos de trabajo y gorras. Nada más llegar, lo golpearon, lo metieron en una furgoneta Ducato y lo trasladaron al norte de Illescas.

Según informa ABC, José Luis Vázquez sobrevivió el tiempo justo para hacer las llamadas en las que consiguió el dinero que le pedían sus secuestradores: 80.000 euros. Su padre los llevó a la empresa RGH, de la que era cliente habitual, en el polígono Los Ángeles de Getafe. La contable, amiga de la banda, les proporcionó los datos necesarios para el secuestro. A las 13:42 minutos, Mario Belvis recogió el dinero del rescate.

«Decidieron poner fin a su vida sin que conste el mecanismo concreto para conseguirlo, haciendo desaparecer su cadáver en un lugar aún desconocido». Son palabras del auto de procesamiento dictado a principios de este año contra Del Pino y siete personas más, al que tuvo acceso ABC.

Desde el 7 de mayo de 2014, antes, durante y después de la detención del grupo, la Sección de Homicidios, Secuestros y Extorsiones de la UCO busca el cuerpo de la víctima. Más de un año y medio de investigación ha costado a los agentes de la Sección de Homicidios, Secuestros y Extorsiones de la Unidad Central Operativa (UCO) del instituto armado acorralar a Óscar y sus compinches, capturados justo antes de que volvieran a actuar.

Para entonces, los cuatro miembros de la banda de matones llevaban casi un año y medio en prisión. Los investigadores creyeron que esta vez sería posible. A finales de agosto, los abogados de la defensa y la acusación llegaron a un acuerdo con la jueza instructora y la Fiscalía, según ha podido saber ABC en fuentes jurídicas.

Sus tres compinches, también ingresados en la prisión de Estremera, aceptaron el secuestro en sede judicial. Se había logrado la confesión de una banda al completo.

Del Pino contó que había arrojado el cadáver al río Tajo a su paso por una zona de Illescas el mismo día del secuestro y que solo él y su hombre de confianza, Alberto del Val, conocían el lugar exacto. «Le dije que allí había tirado unos papeles importantes», contó.

En sede judicial relató una versión que los investigadores no creen. José Luis se abalanzó hacia él e intentó quitarle la pistola; Del Pino le pegó un tiro para defenderse y luego lo llevó solo al Tajo. «Ni siquiera sabe conducir, siempre llamaba a Mario para que lo llevara y trajera», argumentan fuentes de la investigación. El sumario, al que ha tenido acceso ABC, recoge esos traslados con «chófer».

Fuera del juzgado, explicó que tras matar al empresario lo envolvió en una manta, lo ató con una cadena y le colocó una pesa de unos veinte kilos. Esta versión parece la más probable. José Luis pesaba más de ochenta kilos, por lo que esa pesa lastró el cadáver solo momentáneamente.

Las dos últimas semanas, agentes del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil han rastreado la zona del Tajo señalada sin hallar ni rastro. Del Pino y Del Val aportaron un croquis que se ha revelado inútil.

Ambos han sido excarcelados en varias ocasiones para la búsqueda, según pudo confirmar ABC. El viernes se puso fin al rastreo. «Si no hay cuerpo, no hay pacto», concluyen las fuentes consultadas. «Era parte del acuerdo».

La importancia de esta confesión es fundamental, dado que la Guardia Civil no alberga esperanzas ya de encontrar el cadáver. «Es el Tajo y ha pasado demasiado tiempo», recuerdan.

Los investigadores llegaron a grabar varias conversaciones entre Del Pino y Belvis en las que revelan su sadismo. Había pasado año y medio desde que capturaron a Esparza (le llaman el figura con total desprecio) y planeaban matar a otras víctimas y hacerlas desaparecer también. Ya habían elegido a un empresario madrileño, un expiloto, al que vigilaron y siguieron.

Del Pino contaba a su compañero que le darían un golpe, lo meterían en una furgoneta, lo llevarían a una casa aislada y desde allí pedirían un rescate. Después «lo asesinaremos, descuartizaremos y haremos desaparecer los restos disolviéndolos con ácido sulfúrico en una bañera o enterrándolos en sosa cáustica».

El ultrasur Óscar del Pino se encuentra ingresado en prisión por el asesinato de un empresario en 2014. Ha pactado aceptar solo ocho años de condena si aparecía el cadáver que lastró con una pesa.

Se trata de un curtido delincuente y «muy profesional» que nada tiene que envidiar a los más duros sicarios colombianos o del Este y con antecedentes por homicidio, tenencia ilícita de armas, robo con violencia, contra la salud pública, lesiones, amenazas y extorsiones. No hay desperdicio en el historial delictivo del líder. Violenta hasta el extremo , sin escrúpulos y sin aprecio alguno a la vida.

Junto con otros internos, Óscar, entonces en la cárcel de Aranjuez, llegó a propinar una brutal paliza a un interno al que dejaron en coma y en estado vegetativo al confundirle con un violador y aplicarle, como dijo uno de ellos en el juicio, «la ley de la cárcel». Incluso, estuvo implicado en la agresión a una abogada de Madrid a la que arrebataron en su despacho 12.000 euros.

Si era posible, centraban su búsqueda en las zonas de Illescas , situada al norte de Toledo, y de las localidades madrileñas de Fuenlabrada y Parla, al sur de Madrid. Aunque los agentes de la UCO han comprobado que la banda se deshizo del cadáver, el cuerpo aún no ha sido localizado.

Una mujer y otro hombre estaban también en su lista de objetivos próximos, pero Óscar y sus compinches están ya en la cárcel. Caza mayor en el mundo de la delincuencia.

Guardia Civil pide colaboración ciudadana en desaparición