Seguramente se te venga alguien a la cabeza cuando pienses en una persona que nunca deja que su temperamento se le vaya de las manos, sin importar los problemas que tenga, o en alguien que cuenta con la confianza de su personal, que escucha a su equipo, con quien es fácil hablar y que siempre toma las decisiones tras analizar bien las situaciones. La persona en la que estés pensando tiene inteligencia emocional.
La relación entre liderazgo e inteligencia emocional ha generado máximo interés en la gestión empresarial de la última década. En el ámbito del liderazgo, la inteligencia emocional se convierte en una herramienta indispensable para navegar por el complejo mundo de las relaciones humanas, la toma de decisiones y la gestión de conflictos dentro de cualquier organización. La inteligencia emocional, definida como la capacidad de reconocer, entender y manejar nuestras emociones y las de los demás, es fundamental para un liderazgo positivo.
Pero, ¿qué implica realmente el liderazgo con inteligencia emocional? ¿Quién es Daniel Goleman y por qué es una referencia en este campo? A continuación, exploraremos estos conceptos y su importancia en el entorno laboral.
Inteligencia emocional para liderar | Liderazgo | César Piqueras
¿Qué es la Inteligencia Emocional según Daniel Goleman?
La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer las emociones - tanto propias como ajenas - y de gestionar nuestra respuesta ante ellas. La podemos definir como el conjunto de habilidades que permiten una mayor adaptabilidad de la persona ante los cambios. También tiene que ver con la confianza y seguridad en uno mismo, el control emocional y la automotivación para alcanzar objetivos.
Si hablamos de inteligencia emocional, el autor de referencia del que debemos hablar es Daniel Goleman. El liderazgo emocional está basado en usar “inteligencia emocional”, un concepto que Daniel Goleman popularizó y actualmente está aceptado como fundamental en un líder de una organización moderna.
Una emoción se produce como respuesta ante algo que nos sucede. No podemos elegir tener o no una emoción, ya que es algo que pasa al margen de nuestra voluntad. Lo que sí podemos decidir es lo que queremos hacer con ella. Las emociones tienen una carga energética considerable, lo cual nos impulsa hacia la acción. Podemos decir que las emociones son el puente entre el pensamiento y la acción. Y nuestras acciones determinan nuestros resultados, configurando estos nuestra vida.
La inteligencia emocional también resulta útil para mejorar nuestras relaciones con los demás. Y a mejores relaciones, mejor vida.
Cabe señalar que Goleman, propone una definición de liderazgo como el arte de la persuasión hacia los demás, para motivarlos hacia el logro de un objetivo común, y que es un requisito básico para ser un buen líder, el conocimiento de uno mismo, en tres aspectos: ser consientes de las propias emociones, la autoconfianza y la valoración adecuada de uno mismo.
¿Quién es Daniel Goleman?
Daniel Goleman es un reconocido psicólogo y conferenciante. En 1995 publicó «Emocional Intelligence», que estuvo en la lista de bestsellers del New York Times durante un año y medio, vendiendo más de cinco millones de copias en todo el mundo.
Nacido y criado en California, estudió antropología en la Universidad de Massachusetts para obtener posteriormente el doctorado en la Universidad de Harvard. Estuvo trabajando como redactor de la sección de ciencias de la conducta y del cerebro en el famoso diario New York Times y fue profesor de psicología durante muchos años. Además, fue cofundador de la Sociedad para el Aprendizaje Académico, Social y Emocional en el Centro de Estudios Infantiles en la Universidad de Yale.
¿Para qué sirve la Inteligencia Emocional?
La inteligencia emocional es una habilidad que se puede desarrollar y mejorar con la práctica y el aprendizaje. La IE es una condición necesaria para un liderazgo efectivo. Según el psicólogo Daniel Goleman, autor del libro “La inteligencia emocional”, existen cuatro dimensiones de la IE que se aplican al liderazgo: la autoconciencia, la autorregulación, la conciencia social y la gestión de las relaciones.
En muchas empresas también se emplea la motivación externa. En este contexto, la complejidad del ser humano en un entorno globalizado y tecnológico ha desestabilizado este sistema lineal de estímulo-respuesta. Esto ha provocado que disciplinas como la psicología o la neurociencia hayan dirigido su interés hacia lo que nos provoca conflicto (el cambio) y su catalizador: las emociones.
Unas personas tienen mucho más desarrollada la faceta emocional que otras. Como hemos comentado anteriormente, las personas con un alto grado de inteligencia emocional saben lo que sienten, lo que significan sus emociones y cómo pueden afectar a otras personas. Por eso, tener inteligencia emocional es fundamental para todo líder.
A fin de cuentas, las personas somos seres emocionales, y son estas emociones las que rigen nuestras conductas. Lo que decimos y lo que hacemos es fruto de lo que pensamos, y lo que pensamos es consecuencia de cómo nos sentimos. Conocer cómo se generan esas emociones y cómo gestionarlas es la clave para lograr objetivos y metas.
¿Por qué es importante la Inteligencia Emocional en el trabajo?
Según Daniel Goleman, la importancia de la inteligencia emocional en el liderazgo implica que las personas puedan llevar a cabo su trabajo de modo eficaz. La creatividad, la empatía y el pensamiento sistémico es fundamental para adaptarse a un mundo cada vez más cambiante donde la innovación, los negocios y las humanidades van de la mano.
Los líderes con alta inteligencia emocional son capaces de crear conexiones más profundas con su equipo, fomentando un ambiente de trabajo positivo que mejora la moral y la productividad. Además, estos líderes son más adeptos a la resolución de conflictos, pueden manejar el estrés de manera efectiva y tomar decisiones más informadas y equilibradas.
La administración de empresas moderna reconoce que la gestión efectiva no solo depende de habilidades técnicas o conocimientos especializados, sino también de la capacidad de los líderes para gestionar sus emociones y comprender las de su equipo. Integrar la inteligencia emocional en la administración de empresas no solo mejora la dinámica interna y el bienestar de los empleados, sino que también se traduce en beneficios tangibles como mayor productividad, eficiencia y competitividad en el mercado.
Componentes de la Inteligencia Emocional
Goleman sostiene que las competencias emocionales se dividen en dos categorías: intrapersonales e interpersonales. Las primeras se refieren a la relación que establecemos con nosotros mismos y la segunda a las relaciones que tenemos con los demás. Todo empieza por uno mismo. Es difícil de creer que alguien que se lleva mal consigo mismo pueda tener buenas relaciones con los demás.
Para llegar a ser un buen líder hay que dominar diversos aspectos relacionados con el desarrollo de la inteligencia emocional. El autoconocimiento y el autocontrol son dos de los principales, y pasan por un trabajo previo de introspección por parte del líder. Estos se completan con la motivación, la empatía y las habilidades sociales.
A continuación, se detallan los componentes clave de la inteligencia emocional:
1. Autoconocimiento
Uno de los elementos clave de la inteligencia emocional según Daniel Goleman es el autoconocimiento. Es muy importante y necesario conocerse primero a uno mismo. Además, el autoconocimiento ayuda a explotar al máximo las demás cualidades en cualquier situación que se presente y estar motivado para poder animar al resto de trabajadores. Implica conocer las propias emociones, fortalezas, debilidades, valores y motivaciones, y cómo afectan al comportamiento y al rendimiento.
2. Autorregulación
En segundo lugar, tenemos que aprender a deshacer los automatismos de la respuesta emocional. Lo que decíamos antes de responder en vez de reaccionar. Las emociones se rigen por impulsos biológicos, por lo que se debe aprender a manejarlas y gestionarlas. Este autocontrol ayuda a las personas a no ser prisioneras de sus sentimientos. Implica controlar o redirigir las emociones negativas o disruptivas, y adaptarse a los cambios y a las situaciones difíciles.
3. Automotivación
La inteligencia emocional también tiene en cuenta la motivación. Si quiero cambiar algo, tengo que saber qué es lo que me impulsa a ese cambio. ¿Qué es lo realmente importante para mí? Quienes poseen potencial para ser líderes tienen la capacidad de motivarse por un objetivo: tener logros. El hecho de alcanzar logros les motiva y los impulsa por una razón: la pasión por su trabajo. Normalmente, estas personas buscan los desafíos creativos, la constante formación y el orgullo de un trabajo bien realizado. Estar motivado es la clave para poder animar a los demás trabajadores.
4. Empatía
Para los líderes, tener empatía es fundamental a la hora de administrar un equipo u organización. O, lo que es lo mismo, contar con la capacidad de entender las emociones del resto y ponernos en su lugar. De todas las cualidades que se integran en la inteligencia emocional esta es la más reconocible. Para el liderazgo, esta cualidad no significa adueñarse de las emociones ajenas y complacer a los demás, sino considerar las emociones y sentimientos de sus empleados para tomar decisiones correctas. Implica percibir y comprender las emociones, las necesidades y las preocupaciones de los demás, y reconocer las dinámicas sociales y organizacionales.
5. Habilidades Sociales
Los líderes que desempeñan bien las habilidades sociales de la inteligencia emocional son excelentes comunicadores. Están tan abiertos a escuchar malas noticias como buenas. Son expertos en lograr que su equipo les apoye y se entusiasme con una nueva misión o proyecto. Cuando se habla de habilidades sociales, no solo hay que referirse a ser amistoso. Se trata de conducir a las personas hacia un objetivo común y hacia la dirección que se desee. Normalmente, quienes poseen esta característica, suelen despertar simpatía en los demás y tienen un amplio círculo de conocidos. Implica establecer y mantener relaciones positivas y productivas con los demás, basadas en la confianza, el respeto y la colaboración.
En resumen, que un líder sea emocionalmente inteligente implica que puede mantener el control de las situaciones de estrés, por lo que no se deja llevar por él, sino que puede analizar esas situaciones estresantes con calma para resolverlas de una manera más eficiente y rápida. Además, debe estar motivado para así motivar a sus trabajadores, y debe contar con habilidades sociales.
