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El liderazgo moral es un concepto fundamental que guía la toma de decisiones y las acciones de los líderes. Se refiere a los valores y requiere que se ofrezca a los seguidores suficiente información sobre las acciones que se van a realizar.

A diferencia de los administradores que se limitan a cumplir procedimientos, los líderes morales inspiran, construyen y se preocupan por el bienestar de su comunidad educativa. En este artículo, exploraremos en profundidad la definición del liderazgo moral, su importancia en la educación, los marcos teóricos que lo sustentan y cómo aplicarlo en la resolución de dilemas éticos.

La Necesidad de Liderazgo Moral en la Educación

Constatamos que sigue habiendo una demanda real de líderes porque el sistema público de enseñanza no está consiguiendo educar a todo el alumnado con eficacia. Nuestros sistemas educativos cuentan por desgracia con un exceso de administración y con déficit claro de liderazgo. Si queremos que las respuestas sean mejores tiene que haber verdaderos líderes que sueñen con futuros ilusionantes para todos, que contagien la fuerza de la ilusión y que sean capaces de construirlo con su comunidad educativa.

Aún más importante que hacer las cosas bien (doing the thing right) es hacer las cosas correctas y necesarias (doing the right thing). Esta es la esencia del liderazgo ético, que se sustancia en la toma decisiones y a partir de actuaciones moralmente correctas y en el mejor interés del alumnado, del profesorado y de la comunidad educativa.

El liderazgo ético se rige por valores como la honestidad, la integridad, la justicia y el respeto. Los líderes educativos éticos priorizan el bienestar y el desarrollo de todas las personas implicadas en el proceso educativo, mientras, al mismo tiempo, mantienen estándares exigentes de profesionalidad y de responsabilidad. Al convertirse en modelos de comportamiento ético y crear culturas de confianza y transparencia, estos líderes inspiran a otros para actuar con integridad y para contribuir a un entorno positivo de aprendizaje.

El liderazgo moral se refiere a los valores y requiere que se ofrezca a los seguidores suficiente información sobre las acciones que se van a realizar. El liderazgo ético es, de forma sencilla y clara, un liderazgo basado en valores. Y estos deben verse totalmente reflejados en la visión organizacional.

Para ello, como líder debes preguntarte en primer lugar qué es lo que realmente importa para ti. ¿Continúas atesorando los valores con los que fuiste criado o estos se han modificado a lo largo del tiempo? Toma en consideración los cambios del contexto y, también, el entorno empresarial. Analiza qué valores se alinean totalmente con tus pensamientos y tu forma de actuar. Los principios del liderazgo moral deberían contribuir a alcanzar la misión del negocio.

De hecho, si deseas que realmente impulsen el éxito, tendrías que ser capaz de demostrar cómo adherirse a ellos aportará beneficios para la empresa. Ahora bien, imponer valores resulta una misión imposible. El proceso de captación de personal por parte del Departamento de Recursos Humanos debería centrarse también en este aspecto, más allá de la experiencia y el conocimiento. De este modo, contribuirás a una mayor unión dentro de la organización, además de asegurar un alineamiento total entre los valores y la cultura empresarial.

El liderazgo requiere formación, pero también un directivo en la búsqueda de respuestas en las controversias éticas cotidianas, casi al modo del filósofo.

Modelos de Liderazgo: Más Allá de la Gestión

El liderazgo educativo va mucho más allá del Liderazgo de gestión (managerial leadership). Este liderazgo exige que el líder se ocupe de las funciones, tareas y comportamientos. Una vez establecidos, el trabajo se facilita. Se entiende que los comportamientos de las personas son racionales y la autoridad se establece de modo formal en estructuras jerárquicas (Leithwood et al., 2005).

El rol del docente por el Dr. Facundo Manes. Miralo por SAMTV

Actualmente sobresalen dos modelos de liderazgo sobre todos los demás en el panorama educativo. El liderazgo transformador que engloba la creación de una visión compartida, el ofrecimiento de apoyo y estímulo intelectual y la generación de altas expectativas sobre los demás. Este modelo se centra en las personas y en las interacciones y requiere la intervención para transformar los sentimientos, las actitudes y las creencias. Una implicación compartida de esta naturaleza requiere un liderazgo no basado ni en una única persona ni en el estatus, sino una dirección extendida por toda la organización y a la que muchas personas contribuyen. Este tipo de liderazgo resulta vacío a no ser que se oriente a los aprendizajes del alumnado.

De aquí la segunda orientación al liderazgo pedagógico o instructivo, que dirige su actuación a los comportamientos del profesorado y alumnado en las actividades de enseñanza y aprendizaje.

  • Liderazgo instructivo (instructional leadership). El modelo más reconocido es el desarrollado por Hallinger and Murphy (1985). Cuenta con tres componentes básicos: la definición de la misión de la escuela, enmarcando y comunicando los objetivos; la gestión del programa de instrucción, con las tareas de coordinar el currículo y de supervisar y evaluar la enseñanza; y la promoción de un clima positivo de aprendizaje, protegiendo el tiempo real de aprendizaje, promoviendo el desarrollo profesional y exigiendo altos estándares académicos. Las revisiones posteriores de esta modelo con avances sustanciales de la teoría, que insisten tanto en la enseñanza como en el aprendizaje, toman nombres como liderazgo pedagógico (pedagogic leadership) o liderazgo centrado en el aprendizaje (learning-centred leadership).
  • Liderazgo curricular (curriculum leadership). Esta etiqueta se ha utilizado de modo intercambiable con la anterior. Suponía que la planificación y la fijación de los objetivos, el seguimiento y la capacitación del personal y la construcción de una cultura para el aprendizaje eran tareas prioritarias y exclusivas de la dirección del centro.
  • Liderazgo del profesorado (teacher leadership). Se nutre de la idea de que todos los miembros de una organización están comprometidos en la dirección y que el liderazgo es una función que está distribuida a lo largo y ancho de la institución escolar (Harris, 2004). Este liderazgo se ejerce cuando el profesorado analiza y comparte su saber profesional y cuando generan ideas para la mejora global de sus centros.
  • Liderazgo transformador (transformational leadership). Se considera una reacción a los modelos jerárquicos y es descrito en oposición al liderazgo transaccional. Los directivos son vistos como los primeros responsables de la coordinación de los flujos de actividad. Bass (1998) propuso los principales componentes del liderazgo transformador, a veces también llamado liderazgo carismático: Influencia en los ideales, motivación inspiradora, estímulo intelectual y consideración personal.
  • Liderazgo ético (moral or ethical leadership). Como algunos líderes carismáticos se han guiado por fines inaceptables, el liderazgo ético viene a reforzar los valores morales que tienen que guiar las conductas de los directivos. Trevino et al. (2000) identificaron los dos pilares del liderazgo moral: una persona moral y un directivo moral. Entienden que no es suficiente con ser una persona moral. Un líder ético debe también orientar su organización hacia los valores aceptables y aceptados por la sociedad y crear la suficiente sensibilidad ética. Equivalente a liderazgo ético se utiliza también la etiqueta de liderazgo auténtico (authentic leadership).
  • Liderazgo en los sistemas y en las redes (systemic and network leadership). Los líderes del sistema reconocen la importancia de las conexiones entre los distintos asuntos y perspectivas, entre las diferentes personas y entre las distintas instituciones. Entienden que son estas conexiones las que hacen “los sistemas” que a su vez son más que la suma de sus partes.
  • Liderazgo situado (contingent leadership, situational leadership). Se basa en la idea de que los estilos de liderazgo varían de acuerdo a las situaciones y en que las destrezas necesarias se pueden desarrollar con el tiempo.

Marcos Teóricos del Liderazgo Ético

Muchas de las decisiones que afrontan los directivos escolares plantean dilemas éticos y los valores de los líderes influyen en casi todas las decisiones de un modo u otro (Leithwood, 2021). En sus palabras, “la administración y el liderazgo implican una gran cantidad de toma de decisiones y de resolución de problemas. En estos procesos se aplican valores, dado el hecho que se eligen determinadas alternativas y otras son relegadas”.

Paradigmas Éticos Múltiples

Cuatro perspectivas suelen ser de aplicación generalizada:

  • La ética de la justicia: Cuando hay una ley, una norma o un principio que pueden usarse en un caso particular. Si es así, en qué condiciones debe aplicarse. Este paradigma subraya los conceptos justicia, igualdad y libertad individual (Shapiro y Stefkovich; 2021).
  • La ética de la crítica: Que pone en cuestión el abordaje analítico y racional de la ética de la justicia. Habrá que contestar preguntas difíciles vinculadas a factores como la clase social, la etnia, el género, y la justicia social. ¿Quiénes se benefician de esas leyes, normas y principios? ¿Quiénes tienen el poder de dictar las leyes y qué voces son sistemáticamente silenciadas?
  • La ética del cuidado: Que prima conceptos como la lealtad, la confianza y el empoderamiento, insistiendo en que la gente considere las consecuencias de sus decisiones y de sus acciones. Este tipo de ética se basa en la importancia de incluir voces distintas y variadas y en un estilo de liderazgo que acentúe las relaciones y la conexión. Se cuestiona quién se beneficiará o a quien perjudicará la decisión y qué efectos a medio y largo plazo se derivarán de la misma.
  • La ética profesional: Que cuestiona aspectos morales específicos, insistiendo en ser conscientes de los propios valores personales y de los estándares consensuados por la profesión, en este caso, actuar en el mejor interés del alumnado. Este paradigma ético pone de relieve las expectativas de la acción profesional.

Teoría de la Turbulencia

En los actuales tiempos revueltos de la sociedad (crisis económicas, guerras, políticas extremas, incertidumbre sanitaria, falta de expectativas…) y del mundo educativo (nuevas leyes educativas, escasez de profesorado, desafección y fracaso escolar…), la teoría de la turbulencia aparece como marco teórico para analizar los datos disponibles. La teoría organiza las fuerzas dinámicas que actúan sobre las organizaciones en cuatro niveles: ligero (el asunto provoca una mínima alteración), moderado (conciencia y preocupación extendida sobre la cuestión), severo (miedo a la desaparición o al cambio drástico), y extremo (daños estructurales en el funcionamiento normal de la institución), (Shapiro & Gross, 2013).

La teoría también incluye tres fuerzas impulsoras que, actuando por separado y/o juntas, aumentan o disminuyen la turbulencia.

  • El posicionamiento: o la posición en relación con la turbulencia. Para determinar el posicionamiento, se consideran los grupos de la organización y cómo se percibe la turbulencia desde varias posiciones de acuerdo con los siguientes criterios: leve (la mayoría de la gente parece ver este tema de la misma manera), moderado (parecen estar formándose dos o tres facciones), severo (múltiples subgrupos se disponen a acción) o extremo (diferencias críticas entre grupos están redefiniendo la escuela y la comunidad; parecen probables nuevos patrones de alianza).
  • La aparición en cascada (cascading): o la tendencia de las condiciones turbulentas a acumularse unas sobre otras, intensificando así su impacto. Gross describe los siguientes estados en cascada: leve (calma, con pocos signos de nuevas condiciones que compliquen la situación), moderado (dos o tres condiciones interactúan para acelerar la situación), severo (múltiples fuerzas impulsan la situación a medida que gana impulso) y extremo (un torrente de fuerzas arrasa con casi todas las demás cuestiones, mientras el orden actual parece destinado a transformarse).
  • La estabilidad: o la solidez o fragilidad de los cimientos de la organización. Los criterios para el análisis incluyen los mismos niveles que los anteriores: ligero (la evidencia concreta respalda una sólida reputación de efectividad), moderado (las grietas en la imagen de la organización están comenzando a mostrarse; los grupos clave están expresando dudas), severo (la confianza de múltiples direcciones ha disminuido). erosionadas; las estructuras clave que sustentan la estructura organizacional actual están debilitadas) y extremo (la mayoría de las partes interesadas esperan una volatilidad continua, se están produciendo cambios de personal, los desafíos a los cimientos de la organización son constantes y el cambio dinámico está a la vista).

No se debe confundir estabilidad con rigidez. Por el contrario, en casos de tensión dinámica, la estabilidad podría encontrarse mejor en organizaciones que respondan de manera flexible y asertiva a la turbulencia o incluso la utilicen para cambiar la cultura de la escuela de modo que se adapte mejor a un nuevo conjunto de condiciones. Es fundamental para la teoría de la turbulencia la importancia de la flexibilidad y adaptabilidad en el liderazgo.

Liderazgo Moral en la Práctica

El liderazgo requiere formación, pero también un directivo en la búsqueda de respuestas en las controversias éticas cotidianas, casi al modo del filósofo.

Ejemplos de Liderazgo Moral en Acción:

  • El CEO que Rechazó un Negocio Lucrativo por Principios Éticos: Una historia cuenta sobre un CEO que rechazó un acuerdo muy lucrativo porque implicaba trabajar con una empresa conocida por sus prácticas poco éticas.
  • El Gerente que Priorizó a los Empleados sobre las Ganancias: En medio de una crisis económica, un gerente de una pequeña empresa enfrentó la difícil decisión de reducir personal. Sin embargo, optó por reducir los salarios de la alta dirección, incluido el suyo, para evitar despidos.
  • El Líder que Cambió una Industria: Un líder en la industria de la moda promovió activamente prácticas comerciales éticas, incluyendo la producción sostenible y el comercio justo.
  • El Director que Implementó Políticas de Transparencia: Tras un escándalo financiero en su empresa, un nuevo director ejecutivo implementó políticas estrictas de transparencia y responsabilidad.
  • La Empresa que Puso la Ética antes que la Expansión: Una empresa tecnológica decidió no expandirse a ciertos mercados donde no podía garantizar el cumplimiento de sus altos estándares éticos.
  • El Ejecutivo que Dijo «No» a la Corrupción: En un entorno donde la corrupción era la norma, un ejecutivo se negó a participar en prácticas deshonestas.
  • La Decisión de Priorizar la Seguridad sobre las Ganancias: Un líder de una empresa de manufactura decidió retirar un producto popular del mercado debido a preocupaciones de seguridad, a pesar del costo financiero significativo.

Componentes del Liderazgo

En primer término, el liderazgo incluye a otras personas; a los empleados o seguidores. Los miembros del grupo; dada su voluntad para aceptar las órdenes del líder, ayudan a definir la posición del líder y permiten que transcurra el proceso del liderazgo; sino hubiera a quien mandar, las cualidades del liderazgo serían irrelevantes.

En segundo, el liderazgo entraña una distribución desigual del poder entre los líderes y los miembros del grupo. Los mismos no carecen de poder; pueden dar forma, y de hecho lo hacen, a las actividades del grupo de distintas maneras. Sin embargo, por regla general, el líder tendrá más poder.

El tercer aspecto del liderazgo, es la capacidad para usar las diferentes formas del poder para influir en la conducta de los seguidores, de diferentes maneras. De hecho algunos líderes han influido en los soldados para que mataran y algunos líderes han influido en los empleados para que hicieran sacrificios personales para provecho de la compañía.

El poder para influir nos lleva al cuarto aspecto del liderazgo. El cuarto aspecto, es una combinación de los tres primeros, pero reconoce que el liderazgo es cuestión de valores. El líder que pasa por alto los componentes morales del liderazgo pasará a la historia como un bandido o algo peor. El liderazgo moral se refiere a los valores y requiere que se ofrezca a los seguidores suficiente información sobre las acciones que se van a realizar.

Ser gerente o presidente de una compañía no es lo mismo que ser un verdadero líder. Mientras el primero dirige, el segundo, además, inspira. ¿Cuál de estos roles deseas asumir?

El liderazgo ético es la práctica de demostrar un comportamiento adecuado e intachable, tanto en el ámbito empresarial como personal. Los líderes que asumen esta forma de actuar tienen como lema "hacer lo correcto, incluso cuando se presentan dificultades para ello". Básicamente, la ética en el liderazgo se evidencia en palabras, pero sobre todo en acciones.

Como líder, deberías preocuparte de crear valor para la empresa y, a su vez, cuidar tus responsabilidades hacia los clientes, los empleados y los inversores. Se trata de un constante desafío en la búsqueda del estatus quo. De cara a los clientes y empleados, deberías considerar variables como derechos, deberes, mejores prácticas y bienestar; sin olvidar los deberes fiduciarios hacia los inversores que incluyen la información, la lealtad, el cuidado y la obediencia. Por supuesto, la empresa también debería contribuir positivamente a la sociedad y el medioambiente bajo tu liderazgo.

En el marco del liderazgo basado en valores, la integración de la ética en los negocios va más allá de un acto puntual: es un compromiso constante, una manera de ver el mundo y de interactuar con él. No se trata de plantear en un documento los principios del liderazgo moral y olvidarse de ellos, sino de trabajar día a día, de manera ardua, para que los valores se vivan dentro de la organización.

Los líderes éticos cuidan que cada acción se alinee con los valores organizacionales. Así, es fácil comprender que la toma de decisiones éticas en el liderazgo puede ser exigente. Por ejemplo, supón que tus empleados señalan que el producto que estás a punto de lanzar no respeta al 100 % el valor de “sustentabilidad”. Para que el modelo triunfe, es imprescindible la revisión y la evaluación del impacto de cada decisión, por pequeña que sea, no solo a nivel del éxito del negocio, sino, y principalmente, de cara a la construcción de una cultura empresarial ética de la cual tanto tú como líder, como tu plantilla, podáis enorgulleceros.

Muchas de las estrategias de liderazgo ético están interrelacionadas entre sí. Este es el caso de la transparencia y la comunicación con la integración de la ética en los negocios. Los líderes éticos no solo promueven la toma de decisiones éticas a lo largo de la organización, sino que también reconocen la importancia de compartir información clara y accesible con todos los niveles de la empresa. Esta transparencia fortalece la confianza y el compromiso del equipo.

Una de las claves de la implementación del liderazgo ético en la empresa es empoderar a los trabajadores para que asuman la responsabilidad de sus acciones y, de esta manera, contribuyan a la construcción de una cultura empresarial ética. Para ello, deberías fomentar la autonomía diaria. Olvida la microgestión y confía en el criterio de tus empleados. Bríndales la confianza que necesitan para desarrollarse y sentirse parte activa de la toma de decisiones éticas en el liderazgo.

El mercado cambia con voraz rapidez y, en este entorno, tomar decisiones ágiles se vuelve una capacidad vital para los líderes. Sin embargo, dicha necesidad de respuesta inmediata puede hacer que los valores organizacionales se tambaleen. Un liderazgo ético debería ser capaz de mantenerse firme, sin importar los desafíos a los que se enfrentase. Para ello, la respuesta es simple: capacitación regular que no se limite a la teoría; por el contrario, debería centrarse en la práctica.

En todo ámbito, se aconseja que el líder sea un verdadero modelo a seguir. Dar el ejemplo es la máxima que se comparte una y otra vez en cada libro de gurús sobre liderazgo ético, pero, ¿cómo se aplica en la vida real? En primer lugar, debes mantener los ojos abiertos y atentos al entorno para, así, reconocer de manera proactiva los desafíos éticos que el propio mercado te planteará. Tómate un minuto antes de decidir y analiza en profundidad si la conclusión a la que has llegado no se desvía de los valores empresariales. Enfréntate con valentía y sinceridad a todo aquello que el día te presente.

En la búsqueda del equilibrio entre los valores y los objetivos empresariales, la responsabilidad social corporativa (RSC) se presenta como un pilar fundamental del liderazgo ético. Lejos de las antiguas prácticas filantrópicas que se ejecutaban de manera esporádica en el pasado, esta tendencia tiene como finalidad contribuir de manera positiva y constante a la sociedad y al medio ambiente.

La honestidad establece la base para la confianza, esencial para la satisfacción y la retención del personal. El respeto fortalece las relaciones laborales y cohesiona al equipo, y la integridad garantiza la alineación de los valores y las decisiones.

Como ves, equilibrar los valores con los objetivos empresariales y tenerlos constantemente presentes en el proceso de toma de decisiones de liderazgo es vital. Esta armonización no solo consolida un ambiente ético, sino que también genera ventajas invaluables, como la retención del talento o el fortalecimiento de las relaciones internas. En última instancia, este enfoque no es únicamente una elección ética, sino una estrategia inteligente para el éxito a largo plazo de cualquier organización.

El liderazgo ético impacta en la cultura de la empresa y el desempeño de los empleados de manera positiva porque crea un entorno donde los empleados se sienten valorados y comprometidos. Esto se traduce en un buen clima laboral, cimentado en el respeto mutuo, así como en mayor lealtad, motivación y productividad.

Por lo tanto, un líder es alguien que se conoce mucho a sí mismo, conoce sus fortalezas y debilidades, sabe motivar a las personas y tiene la habilidad de alentar a los demás para la obtención de un objetivo común.

La dificultad de esta pregunta radica en la subjetividad del concepto. No existe una definición correcta de lo que es integridad moral, pues variará según cada la propia percepción de cada individuo.

La integridad moral es un rasgo de carácter que abarca las virtudes cardinales, como el altruismo, la tolerancia, la confianza, el respeto, la justicia, la fortaleza y la empatía.