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Ignacio Hernando de Larramendi y Montiano, nacido en Madrid el 18 de junio de 1921, fue un destacado empresario español cuya trayectoria se caracterizó por la aplicación de principios cristianos en la gestión empresarial.

En el seno de una familia de ascendencia vasca y con una fuerte vocación política por parte de su padre, Larramendi participó como voluntario en el requeté de Fuenterrabía. Según Mario Crespo, autor de su biografía, "el carlismo fue para él el marco de su pensamiento social, en el sentido de concebir la empresa como una institución intermedia entre el Estado y la sociedad, que tiene como objeto contribuir al bien común".

Transformación de Mapfre

En 1955, con cuatro hijos, Larramendi asumió la gerencia de la mutualidad Mapfre, que se encontraba al borde de la desaparición. Logró transformar la compañía, que pasó de tener 72 empleados en quiebra técnica a convertirse en una gran aseguradora con 34.000 empleados y presencia en 41 países.

Según su biógrafo, "lo consiguió a base de exigencia y sabiendo rodearse de buenos colaboradores". Larramendi conocía de primera mano el funcionamiento de las principales aseguradoras inglesas e incluso dedicó su primer libro a este sector. Sus principios, como la gestión ética, la transparencia, la dependencia y la austeridad, así como la valentía para asumir riesgos, fueron clave para su éxito.

De hecho, aunque Larramendi afirmaba de sí mismo que tenía «la fe del carbonero», en realidad escondía un alma inquieta «que buscaba la manera de justificar doctrinalmente su responsabilidad como empresario», afirma su biógrafo, una intuición a la que dio luz la encíclica social de Juan Pablo II Laborem exercens, que le impactó y que mencionó en numerosas ocasiones en diversos foros.

Principios y Valores

Larramendi tenía principios éticos innegociables, muy ligados a su fe religiosa. Para él, era esencial que el empresario fuera una persona honrada. Su hijo menciona principios «como gestión ética, transparencia, dependencia y austeridad», así como «la necesaria valentía que todo empresario debe tener para ser capaz de asumir riesgos, sin los cuales la empresa no tiene sentido».

En el año 2000, Ignacio Larramendi afirmaba: «En mis casi 35 años en Mapfre he tratado de hacer una empresa inspirada en principios cristianos, lo que no tiene nada que ver con hacer política ideológica ni con discriminar a quienes piensan de otro modo. Como director de empresa, siempre he actuado como he creído que debían actuar los que se denominan cristianos, y he demostrado con los hechos que solo con esos principios se puede tener un éxito permanente».

Vida Familiar

La columna vertebral del hogar de Ignacio Larramendi fue su esposa, Lourdes Martínez, con quien se casó en 1950 y tuvo nueve hijos. Lourdes renunció a una prometedora carrera en la Administración para dedicarse por entero a sus hijos. En Lourdes, Ignacio Larramendi encontró una compañera excelente con la que sintonizaba en todos los principios vitales, familiares y religiosos.

Lector voraz de libros y de prensa diaria, Larramendi prestaba poca atención a los detalles de la vida cotidiana. En su familia se recuerda con cariño sus despistes, como cuando no se daba cuenta de que llevaba la corbata torcida a los calcetines de distinto color. «Mi único hobby es trabajar», solía decir.

Pero esta escasa atención a los detalles se compensaba en su labor empresarial «con una singular capacidad de adaptación a los cambios. Fue capaz de ver la importancia que iban a tener los seguros de vida y los seguros de automóvil, así como las innovaciones tecnológicas que ahora nos parecen esenciales pero que en su época conllevaban una apuesta y un riesgo. Esa actitud le llevaba en el día a día «a escuchar con atención las razones de sus colaboradores, especialmente de los más jóvenes. No tomaba ninguna decisión de relevancia sin haber consultado antes a los más cercanos. No fue para nada un ejecutivo aislado en su torre de marfil».

Legado

El pasado 10 de noviembre tuvo lugar en la sede de ASE en Madrid un homenaje a la actividad que realizó Ignacio Larramendi en las asociaciones de empresarios cristianos, tanto en España (ASE) como en el mundo (UNIAPAC). Este evento forma parte de los actos que se están celebrando este año con motivo del centenario de su nacimiento, entre los que está la publicación de la Biografía definitiva, del escritor Mario Crespo, y su semblanza como arquitecto del seguro moderno a cargo de diversos especialistas. Asimismo, la Fundación Universitaria San Pablo CEU organizó recientemente un seminario internacional sobre su figura y está prevista la difusión de un documental sobre su vida y su obra.

¿Cómo habría actuado Ignacio Larramendi en medio de una crisis económica como la actual? «De varias maneras -aventura su biógrafo-: austeridad, recorte de los gastos más superfluos y una política de inversiones muy ajustada. Y todo ello sin dejar de dar un buen servicio, para todo lo cual se valdría de dos palabras que hoy parecen muy endesuso: autoridad y exigencia».

Con estos principios «fue coherente toda su vida, y llama la atención la fidelidad con la que los llevó a la práctica.

En resumen, Ignacio Larramendi fue un empresario ejemplar que demostró que es posible alcanzar el éxito empresarial sin renunciar a los principios éticos y valores cristianos.