Casimiro Gómez, un nombre que resuena con fuerza en la historia empresarial argentina, es un ejemplo de superación y éxito. Nacido en Viascón (Cerdedo-Cotobade) el 21 de marzo de 1854, en el seno de una familia de labriegos, su vida es un testimonio de cómo la determinación y el espíritu emprendedor pueden transformar un destino.
Emigrantes gallegos marchando hacia América, c. 1920
Primeros Años y Emigración
Su padre, Benedictino Gómez, tenía un hermano emigrado en América, un hecho que despertó gran admiración e inquietud en el joven Casimiro. En torno a 1867, deseoso de seguir los pasos de su tío Fidel, Casimiro Gómez emprende rumbo a la emigración. Según algunas fuentes se dirige primeramente a Brasil, pero otras apuntan a que el joven pretende arribar en la Argentina donde residía su pariente.
Con trece años se instala definitivamente en la ciudad de Buenos Aires, donde tras adquirir experiencia como aprendiz de talabartero, inaugura "La Nacional", negocio por cuenta propia, que se habría de convertir en una de las principales talabarterías del país.
Consolidación Empresarial y Matrimonio
Con apenas 24 años el gallego ya consolidado como un gran comerciante e industrial contrae matrimonio en la capital porteña.
La fortuna conseguida le permitió adquirir grandes haciendas en tierras de San Luis, Santiago del Estero, Río Negro, Neuquén, la Pampa y el Chaco. En la Pampa compra tres grandes estancias: La Nacional, Las Delicias y Chamaico, dedicadas a la cría de reses de las que obtiene la piel para la producción de los curtidos.
La alta calidad de los productos elaborados en "La Nacional" fue reconocida en diferentes exposiciones y certámenes de prestigio internacional, como en la Exposición Rural Argentina de 1882, en la Exposición Continental del mismo año, en la Universal de París en 1889 o Exposición Industrial del Centenario en 1910.
Inmigración en Argentina (1857-1940)
Participación en la Sociedad Argentina
Fue fundador y vicepresidente del Centro Industrial Argentino e integra el Consejo de Administración de la Unión Industrial. Integrado en los círculos más selectos de la sociedad argentina, se vinculó a una amplia nómina de sociedades de tipología bien diversa.
Formó parte de sociedades anónimas como la Sociedad Rural, la Farmaco Argentina, La Importadora y Exportadora de la Patagonia, El Diario Español, la Sociedad Nueva España, La Armonía, la Compañía de Seguros "La Positiva", la Sociedad Ganadera, La Oriental, la Compañía Nacional de Transportes, la Liga Agraria, la Bolsa de Comercio, la Cruz Roja Argentina, la Sociedad de Educación Industrial, el Comité Nacional de Comercio, así como en diferentes instituciones bancarias, entre las las cuales destaca el Banco Español del Río de la Plata, del que fue uno de los fundadores.
Además formó parte, como directivo o socio, de diferentes sociedades de emigrantes como el Centro Gallego, la Sociedad Española de Beneficencia, la Sociedad Española de Socorros Mutuos o el Club Español.
Inversiones y Legado en Pontevedra
El éxito económico conseguido por el gallego en la Argentina no significó el olvido de su querida Pontevedra. Las gestiones del Marqués de Riestra, asesor personal y amigo de Casimiro Gómez, le permitieron la adquisición de una finca de unas setenta hectáreas en el Monte Porreiro.
"Villa Buenos Aires", nombre que le asigna en homenaje a la tierra que lo había acogido, se convierte en una hermosa y rica explotación agropecuaria en la que Casimiro Gómez pasa los períodos vacacionales. En ella cultiva viñedos y frutales, y además reserva para la cría de ganado una importante extensión de terreno.
No menos exitoso fue el proyecto de creación de un Balneario fundado por el gallego con el fin de rentabilizar la riqueza de las aguas de los manantiales minero-medicinales del entorno de "Villa Buenos Aires". En 1904 se le concede la declaración de utilidad pública y en el mismo año Casimiro Gómez remite al Ministerio los planos del Balneario, ubicado en la margen izquierda del Río Lérez.
Antiguo Balneario do Lérez
En seguida el establecimiento habría de constituirse como un destacadísimo centro de reunión de los políticos de la época, donde se llegaron a fraguar importantes medidas políticas. Además del disfrute in situ de las aguas, sus propiedades minero-medicinales las hacían aptas para su venta, por lo que el afamado Casimiro Gómez emprendió un nuevo negocio de gran éxito: su embotellado y comercialización.
Las "Aguas Lérez" consiguieron una exitosa acogida en los mercados, especialmente en el mercado argentino, donde el número de ventas de "La Mejor Agua Mineral natural de mesa, recomendada por la ciencia" -unas de las frases publicitarias con las que se anunciaba en la prensa de la época- desbordó las previsiones iniciales. La campaña de publicidad fue organizada a través de la prensa étnica en Buenos Aires y en muchos de los diarios pontevedreses figuraban los llamativos esloganes de las aguas.
Igualmente, a través de la revista Lérez, que él mismo editaría desde 1908, se ensalzan las cualidades y poder curativo de su producto. Más allá del espíritu emprendedor que manifestó en sus negocios, su carácter altruista dejó honda pegada en la tierra natal.
Filantropía y Compromiso Social
Su cometido filantrópico fue destacadísimo en el proceso de modernización y desarrollo de la ciudad del Lérez en la primeria mitad del siglo XIX. Comprometido con la cultura y la educación gallega llevó a cabo numerosas acciones filantrópicas; una de las más destacables fue el sostenimiento de la escuela pública de Viascón.
En Barcelos (Pontevedra) donó el solar en lo que se habría de construir el colegio y fue protector de las Colonias Escolares en Lalín.
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La historia de Casimiro Gómez es un faro de inspiración, un recordatorio de que la visión, el trabajo arduo y el compromiso con la comunidad pueden dejar una huella imborrable en el mundo.
