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Toda persona que ha tenido colaboradores a su cargo se ha hecho alguna vez esta pregunta: ¿Soy un buen líder? Y la respuesta no es, en absoluto, ni simple ni sencilla. Lo que no debería generar es ni angustia ni frustración. No pasa nada. Dudar es de humanos, igual que equivocarse. Lo malo es cuando no aprendemos.

Para empezar, ¿cómo podemos definir lo que es un buen líder?, ¿qué capacidades ha de tener? ¿qué actitudes debe mostrar? Hay tantas respuestas como teorías. No me voy a meter en explicaciones sobre las diferentes teorías y significados ya que no es el objetivo de este post y además me extendería demasiado.

La idea es enumerar y explicar una serie de actitudes, conductas y comportamientos de la persona que ejerce el liderazgo (hacia él mismo y hacia los demás) y que nos haga entender que el liderazgo va de personas, acciones y emociones.

Personalmente, una definición que me gusta de lo que debe ser un líder es la de “aquella persona que es capaz de guiar e inspirar a los demás con sus palabras pero sobre todo con sus acciones”.

¿Qué hace un buen líder?

Está claro que las palabras se las lleva el viento, pero las acciones están ahí y se quedan para siempre. Actuar es movimiento, implica acción y pasión. Dile a alguien lo que tiene que hacer y probablemente lo olvide, guíale desde el ejemplo, desde el respeto, dale apoyo, reconoce sus méritos, escucha lo que tiene que decir, valora sus ideas, y eso, no lo olvidará jamás.

Haz que cuente, que valga la pena, que sea importante para él y los demás y tendrás a un colaborador implicado y motivado por mucho tiempo. Y eso no tiene precio. No hay nada mejor para retener el talento.

Corrige cuando debas pero desde el respeto y la mentalidad de crecimiento. Y se un ejemplo para los demás. De nada servirá todo ésto si tú no haces lo que predicas. Cuando te ganas la confianza y el reconocimiento de tu gente, tienes más de medio camino recorrido.

Colaboradores del siglo XXI. ¿Qué buscan en un buen líder?

El “ordeno y mando”, el “siempre se ha hecho así”, el “dirección dice que se tiene que hacer así y punto”, el “búscate la vida pero házlo rápido y bien” y un largo etcétera ha pasado a la historia. Debe pasar a la historia. Sólo las organizaciones que sepan adaptarse a lo que buscan los colaboradores del s.XXI sobrevivirán en el tiempo y tendrán mayor capacidad de retención de talento. Las que no lo hagan deberán enfrentarse a la huida de su capital humano. Su verdadero valor.

Bien sabemos que cada vez más, los profesionales buscan otro tipo de cosas y de recompensas en el trabajo. Ya no es sólo dinero y posición en el organigrama. Buscan innovación, creatividad, conocimiento, colaboración, evolución, cambio, flexibilidad, conexiones y pasión en lo que hacen. Las organizaciones que tengan interiorizada este tipo de transformaciones en las formas de entender y relacionarse en el entorno profesional tendrán una gran ventaja respecto a los demás organizaciones.

En el contexto sanitario las relaciones interprofesionales están presentes prácticamente en cualquier actividad que desempeñes. A priori, podemos tener la convicción de que trabajamos en equipo, pero os traslado la pregunta de si realmente esto es así o somos un grupo de personas que acude a trabajar al mismo lugar y en el mismo momento.

Esta pregunta daría lugar a grandes reflexiones y probablemente distintos puntos de vista en función del lugar donde desempeñemos nuestra actividad asistencial y el entorno que nos rodee. En la Escuela de Liderazgo estamos convencidos de que el trabajo en equipo es una pieza angular para la mejora de la calidad asistencial y por tanto para la mejora de los resultados en salud.

¿Cómo podemos hacerlo?

  • Establece sinergias: para conseguirla deben trabajar juntos y sentir que todos y cada uno son necesarios.
  • Crea sentimiento de pertenencia: sentir que se pertenece a “ese equipo” y se definen como tal.
  • Celebra tus resultados: el aprendizaje en positivo es algo cada vez más extendido en el ámbito educativo.
  • Conoce a tu equipo: a veces nos empeñamos en organizar el trabajo de otros sin realmente analizar cuáles son sus actitudes y aptitudes más destacables. Si conocemos a nuestro equipo y pedimos a cada cual que haga aquello que mejor se le dé y/o que más le guste hacer, conseguiremos unos resultados mucho mejores.
  • Motiva: La motivación es un pilar fundamental para sostener el engranaje de un buen equipo, como líder tienes que ser consciente de ello y saber motivar al equipo, para ello, piensa en personas que te inspiren y sigue su ejemplo.

Cómo Construir un EQUIPO de Alto Rendimiento

18 “tips” que pueden ayudar en la búsqueda de un liderazgo consciente e inspirador

Intentaré enumerar una serie de tips, consejos, sugerencias que a mi parecer ayudan y consiguen que un líder sea visto como tal. Por méritos y no por imposición. La jerarquía se da, el liderazgo se gana. (No están enumeradas por orden de importancia).

  1. Sentido común: Aplícalo en tu vida (personal y profesional). La mayoría de respuestas las puedes encontrar ahí. No estoy muy de acuerdo con algunas teorías que ven el sentido común como algo carente de valor científico, que sólo está basado en conjeturas y creencias erróneas. Pero, seamos serios, estamos hablando de personas y aquí influyen enormemente las emocione: cómo me siento y cómo hago sentir. Por eso creo firmemente que el sentido común asentado en unas características propias de un liderazgo enfocado a las personas y su bienestar, es una herramienta valiosísima.
  2. Honestidad: Es una de los comportamiento que más valoran los colaboradores. Mantener las promesas, ser un ejemplo y un modelo de comportamiento para los demás. Ser capaz de enfrentarse a la verdad sin miedos y con actitud positiva. Cuando el equipo falla el primero en fallar es el líder. No hay nada peor que un jefe deshonesto y que se esconde detrás de su equipo y señala con el dedo.
  3. Visión: Claridad de hacia dónde va la organización, el departamento, el área, eso es vital. Objetivos claros y compartidos hace que el equipo trabaje y colabore de manera eficaz y de sentido a su trabajo.
  4. Sencillez: Debes ser una persona cercana, de trato amable. Tener una política de puertas abiertas y que sepan que pueden contar contigo en cualquier momento y lugar.
  5. Flexibilidad: Ser capaz de ver con antelación cuando tomar un rumbo diferente es necesario. Y más cuando hoy en día los cambios en el mercado, tecnología, etc., son constantes y rapidísimos.
  6. Resiliencia: A veces suceden cosas negativas e inesperadas. Cuanto más demuestres que puedes hacer frente y recuperarte de estas situaciones, más inclinado estará tu equipo a hacer lo mismo. Admitir que hay un problema y que no tienes todas las respuestas ayudará a que tu equipo proponga soluciones en lugar de retraerse y esconderse detrás de excusas.
  7. Empatía: Si no eres capaz de verles como personas que sienten y piensan, no te sorprenda que no sean colaboradores comprometidos. Tratar de entender lo que se sienten estando en su sitio (“ponerse en sus zapatos”) puede tomar un poco más de tiempo y esfuerzo que simplemente decirles qué hacer, pero esto dará sus frutos en términos de esfuerzo, compromiso y calidad. Un buen líder debe comprenderlos y también sus problemas y dudas.
  8. Feedback: Da siempre feedback. Siempre. Explica lo que hacen bien y lo que deben mejorar. Siempre desde el respeto y tendiendo puentes. Permite que el feedback sea bidireccional. Escucha, toma nota y aprende también de los tuyos.
  9. Planificación: Un buen líder debe planificar y saber transmitir sus planes, y objetivos. Un líder que no planifica, al final es como un barco sin timón. A la deriva.
  10. Decisión: Escucha, ten en cuenta las ideas de los demás, cambia si crees necesario hacerlo. Pero también debes ser decidido. Si dudas constantemente te verán como a la persona que no puede “dirigir” a sus equipos. Como ya dije, dudar no es malo. Dudar constantemente si lo es.
  11. Respeto: Creo que no debo explicarlo demasiado. Lidera siempre desde el respeto. Un líder que no respeta a sus colaboradores jamás se ganará su compromiso ni lealtad.
  12. Delegación: Aprende a delegar. Delegar no significa repartir tareas. Hay muchas cosas que uno sólo no puede hacer ni debe hacer. Aprende las fortalezas de tus colaboradores y dáles libertad para conseguir resultados. Tu estás para guiarlos e inspirarlos.
  13. Colaboración/Trabajo en equipo: Colabora con tu equipo y haz que colaboren entre ellos. Crea sinergias y apoyos. El trabajo en equipo es mucho más gratificante y crea pertenencia y objetivo común.
  14. Pasión: Pon pasión en lo que haces y trasmítelo a tu equipo. Si ellos ven que tu te apasionas, ellos se contagiarán de ese espíritu. De ahí crecerá la creatividad y la innovación. Pónle pasión y amor a lo que haces y obtendrás sentido a tu vida.
  15. Autocrítica: Los líderes se pasan demasiado tiempo haciendo cosas, y muchas veces piensan poco. Saca tiempo para reflexionar y autoevaluarte. Sé crítico y rectifica cuando debas. Cuando tus colaboradores vean que eres exigente contigo mismo, también lo serán con ellos.
  16. Comunicación: Trasmite tus ideas de forma clara. Repite el proceso si es necesario. Se claro con las expectativas. Si necesitas ayuda, busca quién te aconseje o te guíe (coaching o mentoring). Es fantástico tener muy buenas ideas pero luego no saber comunicarlas es nefasto. Comunicar no es hablar ni explicar. Va mucho más allá. Y recuerda que una gran parte de tu comunicación es no verbal. Si no encaja con tu comunicación verbal, tu mensaje jamás será interiorizado por tus colaboradores.
  17. Recompensar/Reconocer: Reconoce y recompensa el esfuerzo, el trabajo duro, los logros. No me refiero con dinero ni con “palmaditas” en la espalda. Agradece, haz sentir importante a la persona en el grupo y en la empresa. En privado y públicamente.
  18. Predicar: Con el ejemplo, está claro. Haz siempre lo que dices que vas a hacer. No hay mayor estafa que intentar engañar a tu equipo con palabras que contradicen tus acciones. Se coherente y consecuente. Y responsable de tus acciones. Siempre.

Cómo Liderar un Equipo de Trabajo con Éxito: 10 Consejos Efectivos

Para saber cómo liderar un equipo de trabajo de forma exitosa lo primero que hay que tener presente es que se debe construir un equipo que trabaje con la vista puesta en unos objetivos comunes. Los miembros deben tener una actitud positiva y participativa y se debe respirar un buen ambiente laboral. Este es, sin duda, el contexto idóneo para fomentar una empresa exitosa. Esto permite consolidar una organización con capacidad para crecer, hacer frente a los problemas y, en definitiva, hacerse un hueco en un mercado cada vez más globalizado y competitivo.

El líder del equipo desempeña un rol clave que puede marcar la diferencia, extrayendo lo mejor de su equipo de trabajo. Aunque sepamos cuál es la teoría para saber cómo dirigir un equipo de trabajo, hay que ser consciente de que dirigir con acierto un grupo profesional no es fácil.

Aunque no existe una fórmula mágica, el seguimiento de estas 10 claves puede resultar de inestimable ayuda.

  1. Reconocer y recompensar el desempeño sobresaliente

    Además de la importancia de saber cómo liderar un equipo de trabajo, si algo distingue a un gran líder es su capacidad para detectar y recompensar adecuadamente los logros de los miembros de su equipo, tanto de un modo individual como colectivo. Es la mejor forma de garantizar la motivación del grupo.

    El líder debe tener la suficiente habilidad para saber cómo liderar un equipo de trabajo, y premiar el desempeño de los empleados de la forma más adecuada: felicitaciones verbales, premios o algún plus adicional (que no tiene por qué ser necesariamente económico), son algunas de las formas de hacer saber a nuestros profesionales que la empresa valora su esfuerzo y compromiso.

  2. Abordar y resolver conflictos dentro del equipo

    Un simple malentendido, aparentemente banal y sin importancia, entre dos o más miembros del equipo puede ser el detonante que convierta una relación buena y cordial en un ambiente laboral negativo y hasta tóxico.

    Para evitar estas situaciones, que pueden llegar a afectar gravemente a la comunicación y productividad del equipo, una de las funciones del líder es abordar los problemas personales en su fase inicial, antes que se descontrolen.

    Una buena mediación a tiempo y el fomento de la comunicación es la mejor receta para poner fin a la mayor parte de conflictos, de un modo amistoso y satisfactorio para todos.

  3. Mejorar como líder y mantener un enfoque de aprendizaje continuo

    No es posible lograr un liderazgo de equipos exitoso sin compromiso, por parte tanto de los profesionales como de la dirección de la empresa, afán de superación y, sobre todo, formación continua.

    Existen métodos y técnicas de liderazgo de gran eficacia, que pueden aprenderse, asimilarse y ponerse en práctica. La clave está en recibir formación práctica y de calidad en gestión de equipos, liderazgo y habilidades directiva, que no se quede en mera teoría, sino que esté enfocada en el día a día laboral.

  4. Desarrollar habilidades de liderazgo emocionalmente inteligentes

    La capacidad de liderazgo no se mide, únicamente, por las competencias técnicas del líder o sus conocimientos para realizar determinadas tareas. Tampoco por su destreza a la hora de repartir funciones. Un líder debe tener también una gran inteligencia emocional y ser capaz de enfocarla en beneficio del grupo que dirige.

    Por lo tanto, un líder tiene que destacar por su empatía, capacidad de motivar al grupo, dotes comunicativas y habilidades sociales. Es decir, por poseer unas competencias transversales o blandas (soft skills) que, aunque puedan tener un cierto componente innato, también pueden mejorarse y desarrollarse con formación específica.

  5. Establecer objetivos claros

    La definición de metas y objetivos claros y detallados, tanto individuales como de grupo, y su correcta comunicación a todo los miembros del equipo es una de las funciones más importantes de un buen líder.

    Gran parte del éxito de un equipo radica en que el líder explique qué espera la empresa de ellos, es decir sus tareas y objetivos, y les explique qué tienen que hacer para lograrlo.

  6. Potenciar las sinergias positivas y la retroalimentación

    Con el objeto de aumentar la productividad del grupo de trabajo, es importante que se creen sinergias positivas y que sus miembros se apoyen y animen unos a otros. Se trata de lograr una retroalimentación de la motivación y la positividad.

    Evidentemente, para lograr estas sinergias se requiere la colaboración de todo el equipo. Sin embargo, el líder puede ayudar en gran medida a lograrlo de diversos modos: potenciando el diálogo multidireccional, generando conversaciones positivas y directas y fomentando la crítica constructiva.

  7. Establecer un seguimiento de tareas sin que el equipo se sienta controlado

    Obviamente, para lograr un buen trabajo es necesario que, entre todos los miembros del grupo, se realicen las tareas y actividades necesarias. En este aspecto, un buen líder debe ser capaz de realizar un correcto seguimiento y tomar las medidas oportunas para mejorar, en la medida de lo posible, la calidad del trabajo y la productividad.

    Es recomendable que la supervisión del trabajo no sea percibida por el equipo de un modo negativo, como un control excesivo o una crítica negativa a su trabajo. Para ello, la comunicación y la confianza entre todo el grupo vuelve a ser fundamental.

  8. Aprovechar y desarrollar las habilidades y fortalezas de cada miembro del equipo

    Un buen líder se caracteriza por su capacidad para reconocer las habilidades y capacidades de cada miembro del equipo y encontrar la forma de potenciarlas, mejorarlas y desarrollarlas .

    De esta forma, es posible conseguir una eficaz asignación de tareas y responsabilidades entre los empleados, en función de sus competencias y capacidades.

  9. Practicar el liderazgo consciente

    Un líder debe saber cómo liderar un equipo de trabajo. Tiene una gran influencia sobre las personas que forman el grupo, no solo a nivel profesional sino también personal. Practicar el liderazgo consciente significa tener muy en cuenta dicha influencia y actuar en consecuencia, tratando de generar confianza, inspirar y también lograr que los empleados estén satisfechos y felices.

  10. Establecer contacto directo y personal con cada miembro del equipo

    Todo líder debería tener un trato cercano no solo con el grupo de trabajo en su conjunto, sino también con cada uno de sus colaboradores. Una buena forma de hacerlo es combinando reuniones de trabajos periódicos y formales, con conversaciones y diálogos más personales y menos previsibles.

Equipos de Alto Rendimiento

Los equipos de bajo rendimiento pueden perjudicar a la empresa, ya que no cumplir los objetivos puede tener un impacto negativo en la compañía. Sin embargo, con un buen liderazgo, es posible construir equipos de alto rendimiento que impulsen los resultados.

Claves para trabajar los retos con tu equipo:

  • Permitir la desviación: Cuando trabajes los retos con tu equipo, permite que las cosas se desvíen o vayan en una dirección diferente a la que tienes en mente, al menos un poco. Tu equipo necesita entender y afrontar el problema. Los problemas no siempre se resuelven de una manera ordenada y lineal.
  • Comunicación Asertiva: Seguro que has escuchado que «todo depende de cómo lo digas». Esto es muy relevante cuando se trata de capacitar a tu equipo para trabajar un problema en un entorno seguro. Si entras a una reunión con una idea ya determinada, puedes crear un entorno poco abierto al debate y la innovación. Si, además, estás enfadado/a o tienes un tono demasiado contundente, generarás miedo, y el miedo siempre afecta negativamente a la resolución creativa de un problema. En su lugar, en un tono calmado, pero asertivo, puedes exponer el problema (tal como lo ves) y hacer algunas preguntas al equipo, como por ejemplo, ¿Estoy enmarcando el problema correctamente? ¿Qué me estoy perdiendo?
  • Entorno de Seguridad: Resolver un problema con tu equipo requiere que todo el mundo tenga un entorno de seguridad. ¿Cómo deben lidiar con el problema? ¿Qué pasará después? ¿Deben idear diferentes caminos posibles? ¿Deben calificar las ideas? ¿A quién deben presentar sus reflexiones? ¿Cuál es el alcance de la corrección?
  • Aceptar diferentes enfoques: Es posible que a tu equipo se le ocurra un enfoque muy diferente al que tenías en mente. Está bien. De hecho, es algo bueno. Siempre y cuando esté dentro de los requisitos establecidos y orientado a los objetivos, ¿importa? Antes de imponer una opinión, asegúrate de sopesar el compromiso del equipo y sus ideas.
  • Flexibilidad ante las ideas: Nos encantan nuestras ideas. Se convierten en nuestras mejores amigas. Lo entendemos. Sin embargo, tu posición inflexible corre el riesgo de interferir con el genio creativo de tu equipo. Si las personas nunca pueden cuestionar una suposición o indagar en un área prohibida, se sentirán cohibidas. Permitirles hacerlo en realidad abre una oportunidad para educar y priorizar iniciativas.
  • Responsabilidad compartida: Permitir que tu equipo sea responsable de los resultados comienza desde el principio. Es decir, no es algo que agregues al final de la discusión de manera poco comprometida o amenazante, diciendo, por ejemplo, «Bueno, pero tú eres el responsable de esto». Una mejor manera de aprovechar los superpoderes de tu equipo es hacerles saber sus responsabilidades desde el principio. Podrías decirlo así: «Quiero que hagáis esto juntos. Todos vosotros deberéis estar de acuerdo.
  • Confianza y Autenticidad: Las personas necesitan confiar en el liderazgo. Buscan autenticidad y transparencia y cualquier ruptura en la ética o la confianza de la relación puede dañar el compromiso. Invertir en la autoconciencia de tus líderes es vital.

En conclusión, las personas que lideran equipos tienen la oportunidad de optimizar el rendimiento de sus equipos. Los modelos de gestión tradicionales, caracterizados por una organización que dotaba de todo el poder de decisión a unas pocas personas, sin apenas dejar espacio para las opiniones de los subordinados, ha dado paso a unos estilos de liderazgo muy distintos.

Actualmente, las empresas con más éxito suelen ser aquellas donde se ejerce un liderazgo de tipo transformacional y democrático. En este tipo de organizaciones la comunicación entre todos los empleados, independientemente de su rango o posición, es constante y fluida. Se respeta la opinión de todos y se fomenta la participación y el intercambio de ideas.

El valor más importante con el que cuentan las empresas es su capital humano. Por ello, en la adecuada gestión del talento se encuentra una de las principales claves del éxito de un proyecto empresarial.

Una empresa no puede avanzar con paso firme y lograr ventaja frente a sus competidores si no logra un trabajo en equipo eficaz, donde todos los profesionales sumen esfuerzos individuales para alcanzar los objetivos comunes marcados por la organización.