Tommy Hilfiger es mucho más que un nombre y un apellido. Es, desde luego, una de las marcas de moda que ha vivido mayor crecimiento en el mercado global del ‘retail’. Es también el nombre de guerra de Thomas Jacob Hilfiger, que un día soñó con vivir del lado del rock and roll vendiendo ‘jeans’, y hoy ya no es dueño de su empresa, pero sí el guardián de las esencias. Ésta es su apasionante historia.
Tommy Hilfiger en Düsseldorf, 2018.
Inicios y Ascenso al Éxito
Nacido como Thomas Jacob, neoyorquino de 64 años y de origen irlandés, fue el segundo de nueve hermanos, hijo de un relojero y una enfermera. Menciona su bancarrota con absoluta naturalidad. Es seguro que desde la cima del éxito que se divisa cuando se pronuncia su apellido, Hilfiger, el fracaso es simplemente una curva en el camino, pero también es cierto que Tommy siempre peleó por ello y que la portada de Forbes le sienta igual de bien que la del Womens Wear Daily.
La biografía de este hombre, mitad empresario, mitad diseñador comenzó, al menos desde un punto de vista mediático, el día que George Lois, el maestro de la comunicación, le convenció para poner un anuncio en Times Square. Lois, cuyas portadas para Esquire expone de manera permanente el MoMA, que aún acepta trabajos en su estudio Good Karma Creative, cree firmemente que «la publicidad es un gas venenoso que intoxica al que se acerca … y si no lo hace, es mala publicidad».
Sobre esta premisa Lois se puso como misión dar a conocer el nombre de Hilfiger, poco identificable ante la popularidad de Calvin Klein o Ralph Lauren. «Me pusieron a parir. Les cayó como un tiro el anuncio. A mí me entró mucho miedo, pero realmente es lo que estábamos buscando que la gente conociese mi nombre, que supiese quién era». George Lois lo clavó.
Anuncio de Tommy Hilfiger en Times Square.
No se puede comprender el explosivo desarrollo de su marca sin estudiar cada uno de los aciertos de su política de marketing. Más preciso sería acuñar el término preppy marketing, que no es otra cosa que la agitación del mercado de masas de manera agresiva, recreando una y otra vez el estilo de los chicos ricos de las universidades americanas, depurado y repetido hasta la extenuación, bajo la batuta del buen gusto de Hilfiger.
Las ventas globales de Tommy como marca fueron de 6.700 millones de dólares en 2014. El holding, con raíces en 1881 y que en 2014 facturó 8.000 millones de dólares, es uno de los grandes del retail mundial. Mr. Hilfiger es un empleado más pero a diferencia de aquel viejo amigo Calvin Klein con el que compartió la lona de Times Square y que hoy, retirado con sus millones a buen recaudo a cambio de usar su nombre, no planta batalla, al menos en la esfera mediática, Tommy defiende la marca de manera muy activa.
La Visión y el Equipo Creativo
Conviene señalar que Tommy Hilfiger ya no es el dueño de su empresa. Su biografía oficial dice literalmente «bajo su dirección, visión y liderazgo como diseñador principal, The Tommy Hilfiger Group se ha convertido en una de las pocas marcas con reconocimiento global que ofrece un rango más amplio inspirado en el estilo americano». Entre líneas, lo que explica es que Tommy Hilfiger encabeza un equipo de diseñadores -su línea para hombres la supervisa Simon Spurr y la de mujer, Peter Som-, que siguen su visión original, pero desde la distancia, aunque esto es cosecha del periodista. Y cuando se refiere al rango más amplio está dando una visión de que la marca ‘combate’ comercialmente en los complementos, la perfumería, la moda mujer, la moda hombre…
¿Alguna vez fabrican prendas que saben que no se venderán? «Sí, desde luego, para defender el ADN de la marca. Son prendas que usamos para las colecciones que luego no se van a fabricar realmente. Se diseñan y se cosen para las fotografías y las campañas de publicidad. No para el retail».
Compromiso Filantrópico y la Fundación Tommy Hilfiger
Pero no contento con la moda, Tommy Hilfiger creó hace décadas su propia fundación destinada a labores de carácter humanitario, algo que según el propio diseñador siempre estuvo entre sus prioridades: “Desde joven, mi sueño fue ganar el dinero suficiente como para cambiar las cosas, así que iniciarme en ese campo fue bastante lógico para mí”.
Comprometido filántropo y defensor de la diversidad en todos sus ámbitos, el empresario encontró en su propio hogar una causa por la que luchar y a la que dar visibilidad. Junto a su segunda mujer, la ex modelo Dee Ocleppo, formaron una familia súper numerosa de siete hijos y tres de ellos presentan transtornos del espectro autista.
Desde el 2012, Tommy y Dee pertenecen a la junta directiva de Autism Speaks, una organización en defensa del autismo en los Estados Unidos, que patrocina su investigación y lleva a cabo actividades de sensibilización y difusión dirigidas a las familias, los gobiernos y el público. Los Hilfiger han colaborado estrechamente con los fundadores de Autism Speaks, Bob y Suzanne Wright, cuyo nieto también padece autismo.
Tommy Hilfiger y Dee Ocleppo.
Tommy Hilfiger Adaptive: Moda Inclusiva
La experiencia diaria de Dee y Tommy como padres de hijos con necesidades especiales llevó al diseñador a lanzar en 2017 su línea Adaptive, para que las personas con discapacidades puedan vestirse como los otros. “Tengo experiencia de primera mano con niños con autismo y vestirse por la mañana ha sido un gran problema en nuestro hogar desde siempre”, aseguró Hilfiger cuando creó esta colección.
“A través de mis tres hijos autistas yo tenía muy presente sus deseos de verse y vestirse como sus hermanos, porque su atuendo los hacía sentirse excluidos e inseguros, con baja autoestima”, desveló Tommy el año pasado en declaraciones a Vanity Fair, donde hablaba con ternura de los tres.
Todos tienen talentos especiales y gustos muy específicos. Kathleen quiere llevar la misma ropa que sus hermanas. Por fin puede vestirse con prendas de Tommy porque es fácil de poner y quitar.
Reconocimientos y Legado
Con casi cuarenta años de carrera, el diseñador no deja de recibir reconocimientos y galardones. Uno de los últimos y más relevantes fue el Premio a la Trayectoria Sobresaliente, con el que fue distinguido el pasado otoño en el Royal Albert Hall de Londres por el Consejo Británico de la Moda.
Tommy Hilfiger lo ha logrado todo en la vida. El diseñador es la viva encarnación del sueño americano: un nativo de Nueva York que comenzó sin nada pero que se abrió camino hacia la cima a través de pura determinación y determinación. Hoy, el creador, de 71 años, ha extendido sus icónicos diseños por todo el mundo y posee un auténtico imperio textil.
«Lo visto cien por cien. No se trata de promoción. Es que me gusta mucho verlo por la casa, con sus seis años, vestido todo de preppy». A Tommy se le encienden los ojos. No es Hilfiger el que habla, es el hombre que hay detrás de la marca. Detrás del dinero.
