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Los mercados de Ámsterdam son un punto ineludible en cualquier visita a la capital de Holanda.

Con más de 100 años a sus espaldas, el de Waterlooplein es el mercado más antiguo de la ciudad y quizá el más visitado por los turistas. Souvenirs, recuerdos, artesanías, ropa de ayer y de hoy, discos y libros vintage...

Waterlooplein se creó en 1882 y se denominó así en honor a la Batalla de Waterloo celebrada en 1815.

Este mercado tiene una larga historia: su comienzo se remonta a la década de 1880, cuando la plaza se había creado en el lugar de la Leprozengracht y la Houtgracht, dos canales.

Se convirtió en sede de un mercado una década después de su creación, cuando el gobierno de ciudad decidió que los mercaderes judíos de las cercanas calles de Jodenbreestraat y Sint Antoniebreestraat trasladaran sus puestos a esta plaza. Y es que la actual Waterlooplein fue una vez el centro del antiguo barrio judío de Ámsterdam.

Así, desde 1893 hasta 1941 fue conocido como un mercado judío y fue el mercado más grande y más importante de toda la urbe holandesa.

Sin embargo, en la Segunda Guerra Mundial el mercado se cerró ante el desalojo que sufrió toda esa zona por la invasión nazi.

Después de la Segunda Guerra Mundial el mercado abre de nuevo y vuelve a ser uno de los mayores mercados de pulgas de la ciudad.

Más de 300 stands que ofrecen sus mercancías aquí de lunes a sábado y de atraer a gente de todo el mundo, sino también a los lugareños les encanta el mercado.

Está compuesto por más de 300 puestos y destaca especialmente por sus centenares de objetos, utensilios, etc. antiguos y de segunda mano.

Casi todo se puede encontrar allí, desde ropa nueva, de segunda mano y vintage, libros, música y antigüedades, los antiguos artículos militares como uniformes y objetos étnicos de todo el mundo.

Libros antiguos, muebles, baratijas, souvenirs, gafas de sol, discos usados… La lista es infinita y siempre nos acaba sorprendiendo.

Es toda una incitación a rebuscar y rebuscar, con precios para todos los bolsillos, de ahí que este mercadillo de pulgas sea especialmente célebre entre los más jóvenes.

Tocará buscar bien, porque suele esconder gangas.

En este lugar tan histórico como ‘trendy’ en nuestros días también podemos disfrutar de comida y productos locales, pues hay desde camiones de patatas fritas hasta puestos griegos, italianos o libaneses.

Y, eso sí, una advertencia: al ser tan concurrido, pon tus cosas personales a salvo y siempre con un ojo encima.

Parada: Mr.

Pero cuando los nazis comenzaron la persecución de los Judios en 1941, se cierra el mercado.

Mercado Waterlooplein en Ámsterdam