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Arturo Fernández Álvarez es un empresario español con una larga trayectoria en el mundo empresarial y una figura destacada en la política madrileña. A lo largo de su carrera, ha ocupado importantes cargos en diversas organizaciones, pero también se ha visto envuelto en controversias judiciales que han marcado su trayectoria.

Inicios y Expansión Empresarial

La historia empresarial de Arturo Fernández comienza con su abuelo, quien fundó una armería en Madrid y posteriormente abrió un campo de tiro. Para atender a los clientes, instaló un pequeño restaurante, sentando las bases de lo que sería una destacada trayectoria en la restauración.

Tras la Guerra Civil, su padre continuó con el negocio familiar, pero fue Arturo quien le dio una nueva dimensión. Estudió un máster en EE.UU. y, con apenas 18 años, tomó las riendas del restaurante del club de tiro Cantoblanco. En los años 80 y 90, expandió su actividad hasta alcanzar más de 180 establecimientos.

Su empresa, Grupo Arturo Cantoblanco, llegó a servir más de 50.000 comidas al día, incluyendo servicios en la Asamblea de Madrid, Televisión Española, Telemadrid y hasta la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa, donde sirvieron a dos millones de personas en apenas 48 horas. Preguntado por el secreto para alcanzar tales dimensiones empresariales es sencillo: calidad y servicio antes que beneficio.

Esa cultura familiar del esfuerzo, sumada a una capacidad de trabajo incansable, le valió la confianza de empresas como Telefónica, instituciones como el Congreso de los Diputados o entidades como la UGT. Y es que por mucho que los tiempos hayan cambiado desde entonces y las redes sociales sean el altavoz de referencia, «el boca a boca es lo que funciona en este negocio», señala.

Cargos Institucionales

Arturo también tuvo una vertiente institucional de gran peso: fue presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, de CEIM, de IFEMA, de Eurodefens y hasta representante de empresarios europeos en París. Durante su presidencia, impulsó medidas clave como los horarios comerciales libres junto a Esperanza Aguirre, hoy defendidos por Isabel Díaz Ayuso.

Durante su tiempo en la Cámara de Comercio de Madrid y la CEIM, Fernández fue un defensor de los intereses empresariales en la región, promoviendo políticas que favorecieran el crecimiento económico y la creación de empleo.

Controversias Judiciales

Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. Su nombre saltó a los titulares al ser imputado por el caso Bankia, tras su participación en el consejo de administración y la salida a Bolsa. Aunque fue finalmente absuelto y exonerado de toda culpa, el daño reputacional fue profundo.

Además, Fernández fue condenado a seis meses de prisión por el caso de las tarjetas 'black' de Caja Madrid. En el caso Púnica también está siendo investigado por la donación que su grupo empresarial hizo al PP en el año 2007. El juez Eloy Velasco tomó declaración a Fernández a principios de marzo, ya que ha conectado las donaciones al Partido Popular con las adjudicaciones que recibió su grupo de restauración, Arturo Cantoblanco.

Otro frente judicial surgió cuando se investigó si CEIM y la Cámara de Comercio utilizaron los fondos públicos de los cursos de formación para financiarse ilegalmente. Fernández declaró este martes en calidad de investigado (la nueva figura jurídica de la imputación) en el juzgado de instrucción número 6 de Madrid, en una pieza separada de otra causa ya abierta en el juzgado número 46 que investiga si CEIM y la Cámara de Comercio utilizaron los fondos públicos de los cursos de formación para financiarse ilegalmente.

Fernández ha declarado que todo se hizo "correctamente", según fuentes jurídicas, pero ha pasado la pelota al tejado de cinco directivos de la CEIM y de la Cámara responsables de los cursos de formación, ya que él no firmó ni contrató nada.

En su declaración, según fuentes jurídicas, Fernández señaló que cree que todo se hizo correctamente, ya que los cursos de formación pasaron auditorías "exhaustivas" y el tutelaje de la Comunidad de Madrid, aunque matizó que quizá se pudieron cometer "errores administrativos pero nunca fraude".

Investigación por Fraude de Subvenciones

En este caso, el juzgado 6 investiga los cursos de formación impartidos en 2011 y 2012. El Tribunal de Cuentas ya alertó de que había irregularidades en algunas de las facturas relacionadas con los cursos. Fernández, no obstante, cree que no debe ser el único responsable de estos "errores".

El juez ya tiene en su poder un organigrama de los cargos directivos de CEIM y de la Cámara en esos años, ya que el expresidente de la patronal aseguró en su declaración que él no firmó nada ni contrató nada.

Según fuentes jurídicas consultadas por El Confidencial, todos serán llamados a declarar también por el juez. Se trata de Fernando Garzo, exdirector del IFE; Sol Olabarri y Alejandro Couceiro, ex secretarios generales de CEIM; Carlos Prieto, actual director gerente de la Cámara, y Miguel Garrido, actual secretario general de CEIM.

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Relación con la Casa Real

Las excelentes relaciones que el Rey mantiene con Arturo Fernández, dueño del grupo empresarial Arturo Cantoblanco, y los favores prestados por éste a Don Juan Carlos, han acabado abriendo las puertas de La Zarzuela al también presidente de la patronal madrileña (CEIM) y vicepresidente de la CEOE.

El monarca pidió incluso a Fernández que colocara en su empresa al antiguo jefe de su Cuarto Militar, el almirante Antonio González-Aller, y que diese trabajo en la CEIM a su ex subdirector de Comunicación, el periodista Jordi Gutiérrez. Ambos trabajan ahora a las órdenes de Fernández.

Además del almirante González-Aller y el periodista Jordi Gutiérrez, el Rey también avaló el fichaje del diplomático Juan González Cebrián, director de Comunicación de La Zarzuela y jefe directo de Gutiérrez, por el empresario Juan Miguel Villar Mir, propietario del Grupo OHL y buen amigo del monarca.

Reapertura de La Nicolasa

A sus 80 años, Arturo Fernández, histórico empresario madrileño, abre una nueva etapa con la reapertura del mítico restaurante La Nicolasa. «Es parte de mi historia, de la historia de Madrid.

Arturo Fernández está muy cerca de perder su casa en Madrid y uno de sus hoteles a raíz del impago de tres préstamos que Avalmadrid hizo a sus empresas en 2013.

Avalmadrid es una empresa de capital mixto de la que la Comunidad de Madrid tiene una participación del 28%, mientras que la patronal madrileña CEIM tiene otro 37% y la Cámara de Comercio de Madrid un 5% más.

Teniendo en cuenta que tanto CEIM como la Cámara de Comercio estaban presididas por Arturo Fernández en 2013, se puede decir que se autoconcedió esos préstamos por más de 1.600.000 euros.

Para garantizarlos, Fernández puso su casa y un hotel en Andalucía, y ahora la Comunidad de Madrid ha iniciado el proceso para intentar recuperar el dinero. "Vamos a ejecutar la garantía para recuperar el dinero", explica Cristina Cifuentes, que añade que "ya está en vía judicial".

Un lío más para Arturo Fernández, que debe más de 20 millones a la Seguridad Social y que recientemente fue condenado en el juicio de las tarjetas black. Sánchez-Barcoj, Fernández y López Madrid tienen condenas firmes de cárcel por su implicación en el escándalo de las tarjetas black, pero pudieron sortear el ingreso en prisión al amparo del artículo 80 del Código Penal, pues sus penas no superaban los dos años. En la misma situación se encuentran el exsecretario de Estado de Comercio en la primera legislatura de Aznar, José Manuel Fernández Norniella, y los exconsejeros de Bankia y BFA, Pedro Bedia, Jesús Pedroche, Mercedes Rojo y Ricardo Romero. La posición de Jose Luis Olivas, que tiene múltiples frentes judiciales abiertos, es parecida.

Otros cuatro exconsejeros de Bankia y BFA implicados en la salida a bolsa también lo están en el caso Grand Coral.

Oficialmente el juicio empezará el lunes 26 de noviembre, pero al principio se tratarán cuestiones previas a las que no tendrían que acudir los acusados, solo sus representantes legales.

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena a cuatro años y medio de prisión del expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, y las de 63 exdirectivos de la entidad financiera, cuyas penas oscilan entre cuatro meses y cuatro años y medio de cárcel, por un delito continuado de apropiación indebida por el uso fraudulento de las conocidas como tarjetas 'black'.

El Tribunal señala que Rato "fue informado" del funcionamiento de las tarjetas opacas, "y su decisión fue no solo mantener el sistema sino extenderlo a su favor y, posteriormente, ya en Bankia, a Jose Manuel Fernández Norniella, Ildefonso Sánchez Barcoj con la finalidad de que todos continuaran disponiendo de la misma forma del patrimonio de la entidad".

El Supremo constata que durante la etapa de Rato "se construyó un sistema nuevo, consistente en utilizar el concepto permitido de indemnizaciones pero suprimiendo la exigencia legal de justificación documental del gasto, con lo cual, en realidad, se facultaba a los titulares de las tarjetas que se expedían a utilizarlas en su beneficio sin necesidad de justificar que se habían empleado en gastos indemnizables, lo cual, en aquella época estaba fuera de la ley".

En el caso del exdirectivo de Caja Madrid Ildefonso Sánchez Barcoj, la Sala estima parcialmente su recurso y rebaja de 2 años y 6 meses a un año menos un día de prisión su condena, al considerarle responsable de un delito de apropiación indebida. El tribunal entiende que debe ser condenado por un único delito continuado de apropiación indebida y no por dos delitos (uno como cooperador necesario y otro como cómplice) por los que le condenó la Audiencia Nacional.

En febrero de 2017, la Audiencia Nacional condenó a Rato, a cuatro años y medio, por apropiarse indebidamente del patrimonio de la extinta entidad a través del sistema de las tarjetas "black".

El empresario Arturo Fernández (81 años) ha tenido muchas vidas y, por lo tanto, muchas resurrecciones. Estuvo con Esperanza Aguirre durante el atentado de Bombay, que en 2008 segó la vida de 173 personas.

Escaparon de los ametrallamientos en el hotel Taj Mahal y se reencontraron en el aeropuerto antes de conseguir un billete a Zúrich. Fue entonces cuando se fotografió a la presidenta de Madrid en tacones y calcetines. "Esperanza salió por un lado y yo salí por otro. Yo me tiré por unas escaleras que salían al bar y ella se metió en las cocinas. Somos unos survivals" (sic.).

El presidente del Grupo Arturo lo ha sido también todo: consejero de Bankia, presidente de CEIM, de Ifema...

En su momento álgido llegó a tener 187 establecimientos, hasta que la anterior crisis, unida a la foto inoportuna de una siesta en la casa que tenía alquilada Francisco Nicolás Gómez Iglesias, 'el pequeño Nicolás', lo exilió del relumbrón institucional.

Paradójicamente, acaba de reabrir La Nicolasa (Velázquez, 150) un clásico madrileño que cerró hace 11 años y al que ha invitado a comer un magnífico arroz con bogavante a la que suscribe estas líneas. De beber, claro, un tinto clásico de los que no fallan. Empezamos con una ración de jamón del bueno y unos tomates de su campo. El restaurante está bastante lleno. También traen a la mesa gildas de las que se pueden meter enteras en la boca (las buenas) y anchoas. La carta es muy clásica; la típica del juancarlismo: croquetas de jamón y gambas, foie, kokotchas, pimientos rellenos y rabo de toro.

El Caso Bankia

Parece una casualidad que el restaurante se llame La Nicolasa después de su episodio con aquel mindund... El hostelero encaja la puya con cintura y se ríe. "Era una cocinera magnífica. Trabajó para los Vega de Seoane y montó su pequeño restaurante en San Sebastián. Después se vino a Madrid, a la calle Sevilla, frente a Sol". Y en Madrid logró su fama.

Respecto al pequeño Nicolás, condenado a dos años de prisión por falsificar documentos reconoce que no le supo calar, algo que no pega a un tipo como Arturo: "Me tomó el pelo. Lo coloqué de becario porque me lo pidió una persona muy conocida. Luego descubrimos que era un chorizo. Se inventaba todo: que conocía a Corinna... La gente es muy mal pensada y pensó lo peor de mí".

Lo cierto es que el surrealista episodio fue el aldabonazo final a su año en el consejo de Bankia, en el que coincidió con Pedro Sánchez. "Cada vez que le veo le monto un pollo", dice. Sin embargo, no especifica lo que le reprocha al presidente del Gobierno. Se nota que le conoce.

En 2014 , el Grupo Arturo facturaba 340 millones y tenía 2.800 empleados. "Daba 50.000 comidas al día, tres veces más que Sandro", el fundador del Grupo Paraguas. Arturo tiene ahora 466 empleados. ¿Sigue siendo rico? "No. Soy un currante. Mi familia sí lo era. Yo vivo como rico, pero trabajo como un cabrón. A mí lo que me gusta son las relaciones públicas. En un restaurante son fundamentales". Vendió parte de su holding por casi 50 millones.

Al hostelero, como a su amiga Esperanza Aguirre, se le acabó la baraka -ninguna es eterna- cuando estallaron los escándalos relativos al caso Bankia, del que fue consejero entre 2011 y 2012. Le señalaron por los 37.000 euros gastados (que devolvió) con la tarjeta black y por la salida a bolsa de la entidad por la que el juez Andreu lo imputó por conducta omisiva. "Salió lo de Bankia y se acabó todo. Ahora reclamo al Estado 50 millones. No me van a dar nada". No hubo otra condena que la mediática.

Es interesante la visión que Arturo tiene de la burbuja gastronómica que atraviesa Madrid. "Madrid ahora está desatada, llena de empresarios con mucho dinero pero sin oficio. Algunos mexicanos compran locales pagando a tocateja porque vienen con mucho billete. El español, en cambio, va al banco. Las rentas son prohibitivas. Todos mis negocios se han hecho con crédito y trabajo. Aun así, no debo nada a nadie. Ni a Hacienda ni a la Seguridad Social". Fernández tiene razón: las estadísticas dicen que cierran ocho restaurantes de cada diez que se abren.

En España, explica, incluso los que tienen dinero se quedan cortos con las propinas. "Han bajado mucho. Somos muy rácanos. En una comida de 400 euros dejan diez o veinte. Deberían dejar 40 u 80, como en otros países".

La formación es otros de los aspectos del negocio, que conoce bien el empresario. La hostelería es una carrera que se ha puesto de moda. Arturo fundó su propia escuela hace 40 años años. "Teníamos un acuerdo con la Universidad Autónoma. Cantoblanco, el club de tiro cercano a Madrid del que es dueño, está dentro del campus y esos terrenos eran de mi abuelo. Nos los expropiaron, pero mantuvimos acuerdos. Creamos una carrera universitaria de tres años, patrocinada por la Fundación, mis proveedores y la Autónoma. Luego esos años se podían convalidad con la carrera de Turismo. Tuvimos unos 150 alumnos. Parte la pagaban ellos y el resto nosotros".

Relación con el rey

Respecto a jubilarse, sus palabras recuerdan a las de esos reyes que mueren en la cama: "Me retiraré cuando me metan en la cajita. No tengo hijos y mi diversión es trabajar. Lo que sí tengo son sobrinos y una fundación, mi legado".

Otra de sus grandes pasiones es el coleccionismo. Tiene una colección de 164 coches (18 Rolls Royce) y es dueño de los fondos del Museo Chicote, que también conserva en Cantoblanco. Atesora 30.000 botellas. Hay Marqués de Riscal desde 1862.

La relación del restaurador con la Corona se remonta a su abuelo, que fue armero de Alfonso XIII. Fue él quien montó el Grupo Arturo, hoy dirigido por su nieto. Como a muchos amigos de don Juan Carlos, le irrita que se le llame "el emérito". Es consciente de los errores que cometió el anterior jefe de Estado, pero se los perdona porque "ha sido uno de los mejores reyes de este país. El trato que se le ha dado es injusto".

Arturo Fernández, presidente de la patronal de Madrid, rebajó injustificadamente el sueldo a los empleados del grupo Cantoblanco que trabajaban en los bares y cafeterías de complejo ferial de IFEMA, según ha desvelado esta tarde la Cadena Ser.

El fallo del juzgado de los social número 33 de Madrid responde a una demanda presentada por Comisiones Obreras el pasado mes de mayo y que afecta tanto a los contratados fijos y a los fijos discontinuos, que ahora tendrán que ser indemnizados por la empresa. El grupo Cantoblanco se encargó de las contratas de IFEMA en enero de 2011.

En junio de ese mismo año, Fernández, tras no haber podido poner en marcha un ERE, decidió modificar las condiciones de sus empleados haciéndoles trabajar a los fijos dos meses menos y a los que hacían diez meses pasarles a nueve. Para justificar este cambio, el empresario presentó las cuentas de 2008, es decir, de dos años antes de obtener la explotación de IFEMA, en las que aparecían unas pérdidas de 186.000 euros.

Ahora, la sentencia del juez dictamina que la empresa no cumplió con los requisitos formales obligatorios ni acreditó la causa para llevar a cabo el cambio de las condiciones laborales.

Tabla Resumen de Cargos y Controversias

Cargo Organización Controversia
Presidente Cámara de Comercio de Madrid Investigación por uso de fondos públicos
Presidente CEIM Investigación por uso de fondos públicos
Consejero Bankia Caso Bankia, tarjetas 'black'
Presidente IFEMA Rebaja de sueldos a empleados