El nombre de Arturo Fernández, un nombre sinónimo de emprendimiento y liderazgo en Madrid, aparece en muchos más comedores, restaurantes, clubes deportivos, hoteles y todo tipo de organizaciones repartidas por toda España de los que uno pueda imaginar. Arturo, que se apellida Fernández (Álvarez de segundo), como el actor asturiano y está acostumbrado a que le gasten la bromita de turno.
Tiene un asombroso imperio gastronómico y hostelero, con 3.500 empleados, que crece sin cesar. En este momento, quién sabe si ha añadido alguno más a esa lista en la que figuran restaurantes de lujo, como El Amparo, el espléndido comedor del Teatro Real de Madrid, La Nicolasa, Edelweiss, El Hispano y la compra del legendario Museo Chicote y sus más de 8.300 botellas. Los 500 cocineros que tiene en nómina preparan los almuerzos y las cenas de los trabajadores de algunas de las grandes cadenas de televisión, como Televisión Española, Antena 3 ó Telemadrid. Asimismo, alimenta a los aficionados del Atlético de Madrid y a los universitarios de la Carlos III y San Pablo CEU. Ministros y diputados también comen sus menús en el Congreso.
El día que conocimos de cerca a este singular empresario, contaba que ya era propietario de 180 establecimientos. Un rumor, que por ahora el interesado desmiente, le atribuye la próxima adquisición de Jockey, un clásico de la gastronomía de lujo en España. Sirve 80.000 cafés y 50.000 menús al día para los comensales más diversos. Desde los militantes de la UGT hasta el Rey, habitual en alguno de sus restaurantes y con quien comparte cacerías.
Arturo sirve 50.000 comidas al día, pero no sabe ni freír un huevo. «A lo más que llego es a apretar el botón de una cafetera y a hacerme una tostada. Aunque de cocinar ni idea, sé perfectamente lo que vale un huevo, una naranja o un kilo de café. También soy un buen catador de vinos y un buen probador de comidas».
Y un empresario que en Estados Unidos sería un personaje venerado por la prensa económica y portada de los ecos de sociedad. Sin embargo, en España, es un hombre con aire corriente y sin pretensiones. -Soy únicamente empresario: nunca me ha tentado la política, pero me gustan los políticos. Empresarios, políticos y trabajadores formamos la sociedad. Si no hay empleados, no se crea riqueza. Si no hubiera emprendedores, no habría trabajo. Y si la clase política no hace las leyes y vigila que se cumplan, todo sería un desastre.
Se lleva bien con todos los que mandan porque les da de comer, comparten aficiones y tiene un talento nato para las relaciones públicas, pero confiesa una especial debilidad por algunos, como Esperanza Aguirre, a la que conoció desde que estudiaban en el Colegio Británico.
A diferencia de la presidenta de la Comunidad de Madrid, alumna aplicada y brillante, Arturo fue un estudiante desastroso, que necesitó 12 años para hacer la carrera de Económicas y todavía dejó colgada alguna asignatura sin aprobar. «Porque trabajé desde los 16 años», se justifica, «ser empresario lo llevo en los genes y fui yo quien quiso hacerse cargo del Club de Tiro de mi familia, en una finca que teníamos en Cantoblanco, a las afueras de Madrid. Había 10 ó 12 empleados y aquello no pasaba por sus mejores tiempos. Era un negocio con una proyección limitada. Potencié el comedor del club. Hice un local muy grande y empecé a dar bodas y eventos importantes. Funcionó. Siempre relaciono mis negocios con la restauración, por eso he conseguido estabilidad y crecimiento. Tengo colegios, 12 hoteles, un monasterio, gasolineras. Y también participaciones en hospitales, pero siempre vinculados con la restauración. Si compro un hotel, es porque tiene un restaurante. La universidad perdió un alumno mediocre y su familia presume hoy de empresario de éxito y de hijo modelo.
Se considera madrileño de pura cepa, pero su abuelo fue un comerciante que dejaba Cáceres en 1850 para trasladarse a Madrid, donde abrió la Armería Arturo, en la calle de León y más tarde en la de Hortaleza. Arturo Fernández Iglesias fabricaba y arreglaba escopetas y rifles de caza, un oficio de familia que se remontaba a su propio abuelo, arcabucero real. La historia de su nieto no se entendería sin conocer la del abuelo, que, además de llegar a ser en 1910 armero del Rey Alfonso XIII, fue quien creó el primer club de tiro al plato en España y el fundador, en 1920, de la Federación de Tiro. El negocio de escopetas era el mejor y el más rentable de España. Don Arturo murió a los 82 años (1942) como un empresario respetado y rico.
-Es que yo me considero únicamente un hombre acomodado. Comparte su afición a la caza con las primeras escopetas del país, con empresarios y financieros importantes. Ya se sabe que las monterías son centros de poder donde se fraguan acuerdos y decisiones económicas y políticas de trascendencia. «Pero yo no cazo con mucha gente y me llevo bien con todos, aunque le tengo un cariño especial al Rey y a la institución. Es un hombre clave en nuestra prosperidad de los últimos 30 años. Don Juan Carlos es asiduo de sus restaurantes. «El que más le gusta es La Nicolasa [cuya cocina es de tradición vasca]. El Rey es un gran gastrónomo y un gran gourmet, pero prefiere la comida sencilla, sobre todo, el jamón. Aprecia el buen vino de Rioja y el Ribera del Duero. Creo que acaba pidiendo más carne que pescado.
Como empresario que mantiene encuentros con los líderes políticos y como restaurador del palacio de la Moncloa, Arturo se encuentra a menudo con José Luis Rodríguez Zapatero, «que ha comido mis menús en los 15 años que ha sido diputado en el Congreso. A veces come con la gente de personal en el comedor, pero él tiene sus propios cocineros. Un menú típico de diario en la Moncloa puede ser una ensalada, arroz, lentejas y cocido en invierno o patatas con bacalao. Y de postre, fruta y flan.
La gente de su entorno habla de un trabajador incansable y omnipresente de jornadas interminables, aunque siempre intenta hacerle hueco a sus aficiones. Colecciona coches, tiene más de 100. El primero fue un Jaguar que compró siendo muy joven por 300.000 pesetas que pagó con letras de cambio, pues su economía no daba para más. Y el más antiguo es un Volvo de 1945, mientras que el más valioso un Mercedes 600 de hace 40 años.
El abuelo, que era un lince también para las cosas de valor, llegó a tener la mejor colección de armas del mundo y encontró en los años 20 paseando por el Rastro uno de los dos autorretratos de Tiziano que existen en el mundo. Y como además de tener olfato era buen negociante, se lo vendió por un buen dinero al Museo de Berlín. Arturo es piloto, un título que viene de cuando hizo el servicio militar en aviación. También tiene un barco y le gustaría navegar con amigos, pero no encuentra tiempo. Tanta ocupación no le crea conflictos familiares. Elena Rute, su mujer, entiende que se ha casado con un hombre sin horarios ni jefes. El matrimonio no tiene hijos, sólo sobrinos que se dedican a otros negocios. Sin embargo, Arturo ya tiene preparada la sucesión. Hace cinco años creó la fundación que se encargará de gestionar sus empresas, además de contribuir a proyectos humanitarios de algunas ONG.
Pero le queda todavía algún propósito que cumplir. Se ha empeñado en que Hostelería y Alimentación sean un día una carrera universitaria. -No, porque lo que ganamos nosotros es tacita a tacita. Y céntimo a céntimo, que es lo que sumamos.
J.R. Arturo Fernández está de actualidad. No el actor, sino el Presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, de la patronal madrileña y vicepresidente 1º de la CEOE. Arturo Fernández tiene 2.200 empleados, 180 establecimientos y 92 empresas de catering y hostelería. Posee un centenar de coches de lujo, entre ellos, un Maserati comprado al rey, más de 2.000 armas y 25.000 botellas de vino. De un hombre tan rico y tan emprendedor se ha dicho que parece un mercader persa y que debe de tener sangre fenicia. Pero ni persa ni fenicio.
El Legado Familiar y sus Comienzos
La historia empresarial de Arturo Fernández comienza mucho antes de su nacimiento. En 1898, su abuelo, mismo nombre y apellido, había fundado en Madrid un pequeño comercio de arreglo y fabricación de escopetas y rifles de caza que aún conserva en el museo de su actual Club de Tiro en Cantoblanco, situado en un paradisíaco paraje del inicio de la sierra madrileña, convertido en su cuartel general. Fue el armero real del rey Alfonso XIII.
Tras la Guerra Civil, su padre continuó con el negocio familiar. Pero fue Arturo quien le dio una nueva dimensión: estudió un máster en EE.UU. y, con apenas 18 años, tomó las riendas del restaurante del club de tiro Cantoblanco. En los años 80 y 90, expandió su actividad hasta alcanzar más de 180 establecimientos.
Su empresa, Grupo Arturo Cantoblanco, llegó a servir más de 50.000 comidas al día, incluyendo servicios en la Asamblea de Madrid, Televisión Española, Telemadrid y hasta la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa, donde sirvieron a dos millones de personas en apenas 48 horas.
Preguntado por el secreto para alcanzar tales dimensiones empresariales es sencillo: calidad y servicio antes que beneficio. «Las multinacionales miran las cuentas; nosotros mirábamos a los clientes», explica. Esa cultura familiar del esfuerzo, sumada a una capacidad de trabajo incansable, le valió la confianza de empresas como Telefónica, instituciones como el Congreso de los Diputados o entidades como la UGT.
Arturo también tuvo una vertiente institucional de gran peso: fue presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, de CEIM, de IFEMA, de Eurodefens y hasta representante de empresarios europeos en París. Durante su presidencia, impulsó medidas clave como los horarios comerciales libres junto a Esperanza Aguirre, hoy defendidos por Isabel Díaz Ayuso. «Madrid es una especie de isla que funciona», opina. Y en esta línea, Fernández manifiesta con orgullo que «Almeida y Ayuso están haciendo una gran labor».
La Trayectoria Empresarial Marcada por el Éxito y los Desafíos
Su grupo de restauración, con 3.500 empleados en más de 180 establecimientos como restaurantes, hoteles y servicios de catering, alcanzó una facturación anual que llegó a los 250 millones de euros, hasta que entró en concurso de acreedores tras la crisis reputacional y económica de Fernández derivada del caso de las tarjetas 'black'.
Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. Su nombre saltó a los titulares al ser imputado por el caso Bankia, tras su participación en el consejo de administración y la salida a Bolsa. Aunque fue finalmente absuelto y exonerado de toda culpa, el daño reputacional fue profundo.
Así lo recuerda: «Tuve que dimitir de todos mis cargos y mi grupo, que facturaba 350 millones, entró en concurso. Pero no despedí a nadie, los reubiqué a todos. Al banquillo fue un elenco de nombres conocidos de todos los partidos; además de Rodrigo Rato, Acebes, Virgilio Zapatero, Rafael Spottorno, los sindicalistas Ricardo Martínez (UGT) y Rodolfo Benito (CCOO)... Arturo dimitió de todo y su conglomerado con más de 80 empresas entró en concurso de acreedores. Al final, los 31.000 euros que gastó de la black en dos años (devueltos al estallar el escándalo), resultaron judicialmente en cuatro meses de cárcel y 5.000 euros de multa... "Cuando, tras el lío, perdí docenas y docenas de millones en mis negocios particulares..."».
De 3.000 trabajadores, indemnizó a 2.600 -con la ayuda de Emilio Botín-; de los 187 establecimientos, salvó a 30 que funcionan actualmente... "El golpe fue durísimo... Ahora me concentro en ellos, gasolineras, supermercados y algún hotel (...) La experiencia sufrida, durísima, me ha enseñado algo: es más importante tener amigos leales que el dinero...".
El resto de las causas judiciales abiertas, financiación legal del PP, archivada; cafetería de la Asamblea de Madrid, archivada; salida a Bolsa de Bankia, archivada.
Pese a los desafíos, Arturo Fernández se mantiene activo y optimista. En su caso, afirma que trabaja entre 12 y 13 horas diarias y que, a sus 80 años, no se plantea jubilarse: "Con la jubilación no me da para vivir y tengo que hacer horas extras", comenta.Además, Fernández desvela que de vez en cuando ve El Intermedio: "Lo pongo porque Wyoming se mete conmigo y me gusta. Para él, ser empresario es una vocación, no una profesión: «Esto no va de trabajar 37 horas. Se debe trabajar lo que haga falta. Hay que ser honrado, tenaz, tener ilusión y rodearse de buena gente. Yo me rodeo de muchos amigos, y eso es lo que más vale en esta vida, no me cabe la menor duda». Arturo Fernandez, fundador del grupo Arturo Cantoblanco. He llegado a hipotecar mi casa para pagar nóminas, y no me arrepiento».
Afirma que todavía palpitan las ganas del joven que un día decidió que su lugar no estaba en los despachos, sino al frente, donde se lidera con el ejemplo.Hoy, encarando la parte final de su existencia, otea España, junto a los Montes del Pardo, con mitad optimismo, mitad preocupación. Da de comer, distribuye gasolina, vende escopetas, se aplica en los supermercados y examina sus errores. Un empresario no se rinde jamás. Se muere bajo esa condición.
Arturo Fernández contó a Diario AS en 2014 su etapa como boxeador y futbolista
Arturo Fernández en 2018.
Reapertura de La Nicolasa: Un Regreso a los Orígenes
Está previsto que La Nicolasa abra sus puertas el 1 de septiembre, según informan a EL ESPAÑOL. Este restaurante, que en su momento fue el "restaurante más emblemático" del grupo de restauración de Fernández, promete traer de vuelta la esencia de la cocina tradicional con un toque contemporáneo. La Nicolasa renacerá con una carta centrada en el producto fresco y de temporada, especialmente pescados y mariscos, con elaboraciones que combinan tradición y técnica contemporánea. El precio medio por comensal se estima entre los 80 y 90 euros.
El local elegido para esta ambiciosa reapertura es el que hasta ahora albergaba el restaurante oficial del programa MasterChef, situado en la calle Velázquez, 150. Será entonces, a partir del mes de agosto, cuando comiencen las obras de reforma para dar paso al nuevo proyecto de Fernández, que planea inaugurar el renovado espacio en septiembre de 2025.
La elección del nombre no es casual: La Nicolasa es un guiño a la mítica cocinera vasca Nicolasa Pradera, que a mediados del siglo XX ya daba nombre a un restaurante en esa misma dirección de Velázquez, así como a su célebre recetario La cocina de Nicolasa, referencia obligada de la gastronomía española tradicional.
Tabla resumen de la trayectoria de Arturo Fernández
| Aspecto | Detalles |
|---|---|
| Nombre Completo | Arturo Fernández Álvarez |
| Imperio | Gastronómico y hostelero |
| Número de Empleados | 3.500 |
| Establecimientos | Más de 180 (restaurantes, hoteles, catering) |
| Comidas Servidas por Día | 50.000 |
| Cargos | Presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, CEIM, IFEMA, Eurodefens |
