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La historia de Casa Chopera se remonta a su miembro fundador, Severino Martínez, quien a principios del Siglo XX inició el vínculo de la familia con la fiesta de los toros en el norte de España y Francia. Fue el hijo de éste, Pablo Martínez Elizondo, quien organizó la primera corrida de toros de la empresa en 1933 en Pamplona, lo que supuso un punto de partida en la expansión de la misma.

El 18 de octubre de 1968, fallece en Pamplona el empresario de varias Plazas de Toros de España y Francia, Don Pablo Martínez Elizondo “Chopera”. Contaba con 73 años de edad.

La incorporación a la sociedad del hijo de Pablo, Manuel Martínez Flamarique, supuso un punto de inflexión clave en el futuro de la empresa.

Plaza de Toros de Pamplona, donde Casa Chopera organizó su primera corrida en 1933.

Manuel Martínez Flamarique "Manolo Chopera": Un Visionario de la Tauromaquia

Manuel Martínez Flamarique, más conocido en los círculos taurinos como Manolo Chopera, nació en San Sebastián el 7 de marzo de 1927. Fue un empresario taurino español, miembro de una de las más rancias familias de empresarios taurinos; nieto del fundador de la estirpe, Severino Martínez e hijo de su sucesor, Pablo.

Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Zaragoza e ingeniero químico por la de Toulousse. Heredó junto a su hermano Jesús la ganadería de Hijos de Pablo Martínez Elizondo. También adquirieron el hierro de Pío Tabernero.

Manolo Chopera, considerado el empresario más importante de la historia del toreo y un verdadero visionario para la tauromaquia, no solo aumentó y engrandeció los activos de MFSL sino que también realizó una expansión en América sin precedentes para una empresa taurina española, convirtiéndose en empresario de un grandísimo número de plazas de toros en México, Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador. En 2017, la Casa Chopera llegó a un acuerdo de asociación con el Grupo BAL, de México. Desde este año, por cierto, esta empresa ha sido la organizadora de los distintos festejos taurinos sobre el coso de Vilches.

Dominio en Las Ventas

Su mandato en Las Ventas (1981-1989) fue el mayor hito de su carrera. Manuel Martínez cogió una Monumental con una afición lánguideciente y la dejó con los tendidos llenos, gracias a su capacidad de gestión.

Durante los años que dirigió los destinos de la plaza de Madrid, aumentó el número de espectadores y espectáculos; la cifra de abonados pasó de cerca de 5.000 en 1981 a casi 18.000 en 1989.

Consiguió la adjudicación de Las Ventas en marzo de 1981 para la empresa Chopera S.A. El «Imperio Chopera» consiguió en febrero de 1986 la adjudicación por segunda vez por un periodo de tres años y dos más de prórroga. En octubre de 1989 renunció a la prórroga por un año más, como consecuencia de las nuevas condiciones para la gestión que le imponía la Comunidad.

Chopera fue acusado de elevar a niveles inadmisibles el tamaño del toro. Manolo Chopera mandó en el toreo de los años 80, porque el empresario de Madrid lo hace siempre, pero más desde que llegó al coso venteño. Este mando trascendió a sus otras actividades taurinas y a las otras plazas.

En 1986 se incorporó en la empresa su hijo, un joven Pablo Martínez Labiano que también comenzaba a aprender y conocer los entresijos de la profesión. Su juventud y amplitud de miras le hizo incorporar cambios en la gestión. Una revolución fue el sistema informático de venta de entradas en una plaza de toros, los primeros seguros de suspensión, la grada joven, un cambio en el modelo de publicidad… Pequeñas decisiones que ayudaron a implementar un sistema moderno en la gestión de los festejos taurinos.

La despedida de Manolo Chopera en Las Ventas fue a lo grande. La Feria de Otoño de 1989, otra de sus grandes obras, fue el colofón perfecto para una década prodigiosa con tres Puertas Grandes en tres festejos. Madrid recuperaba todo su esplendor.

Así lo reconoció el propio empresario el primer día después de ser nombrado en el cargo: «En cuanto al toreo, nos centramos muy especialmente en la ayuda a la Escuela de Tauromaquia y a los novilleros, y nos esforzaremos en mejorar la calidad de las sucesivas temporadas. En cuanto a planes de difusión, información y servicio al público, vamos a ser innovadores. Entendernos que hay mucho por hacer en este capítulo y probaremos las fórmulas que sean necesarias, hasta encontrar la más adecuada. Facilitaremos al máximo la adquisición de boletos, con utilización del pago fraccionado, implantación de abonos por temporada, apertura de una cuenta para la venta anticipada de abonos, en distintos bancos, donde los espectadores podrán ingresar las cantidades que estimen convenientes en las fechas que les sean más cómodas. Tendremos un servicio telefónico permanente de información al público. Medidas que hoy en día siguen estando vigentes y de una modernidad para la época que ayudó a poner al toreo al mismo nivel que otros espectáculos.

También hubo encima de la mesa otras ideas innovadoras que, si no se llevaron a cabo, no fue precisamente por las ganas del empresario vasco: «Estudiamos la instalación en la plaza de dos pantallas gigantes de televisión, para información inmediata al público, repetición de las secuencias más interesantes de la lidia a la muerte de cada toro, exhibición de las reses que se lidiarán en festejos sucesivos, etcétera. El único problema de esta innovación es adecuarla convenientemente al entorno arquitectónico del edificio, pero creo que lo resolveremos bien. También tenemos pendiente negociar con los directivos del Ente Público RTVE el intercambio de información.

Si importantes fueron los cambios fuera del ruedo, también volvió la normalidad a la Feria de San Isidro. La de 1981 contó con 21 festejos y dos reapariciones de postín, la de Antoñete y Manolo Vázquez. En 1982 llegó la Corrida del Siglo con Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar con los toros de Victorino Martín. 1983 lo marcó Paco Ojeda o la cumbre del Niño de la Capea en 1985.

El éxito en el ruedo se transformó en una reivindicación para los aficionados que habían huido de la plaza. La cifra de abonados con la que llegó Manolo Chopera a Las Ventas era de apenas 5.000 y la dejó en 1989 con más de 18.000.

En octubre de 1989 renunció al año que le quedaba como consecuencia de las nuevas condiciones abusivas para la gestión del coso que imponía la Comunidad de Madrid. «El poder que da ser empresario de Las Ventas tiene su esclavitud.

Las Ventas, y por ende la primera plaza del mundo, ya no tenía margen de error. Después de dos años protagonizados por los escándalos y las pérdidas económicas, había que dar un golpe de efecto para revertir una situación que se comprendía insostenible. Por fin, la Diputación de Madrid optó por sacar un pliego acorde a las necesidades críticas que estaba viviendo la plaza y no una mera subasta como fue ese de infausto recuerdo de 1978.

Francisco Montes Reina "Paquiro"

Expansión y Diversificación

Después de dejar Madrid, la plaza de Bilbao se convirtió en la más importante de las regentadas por los Chopera, encargándose de la organización de las Corridas Generales. A comienzos de la década de los noventa se encarga, entre otras, de las plazas de Logroño, Soria, Salamanca -donde alterna con los Choperitas-, Almería, Talavera de la Reina, Tudela y Palencia.

Igualmente gestionó en América, El Toreo y la Monumental de México, San Cristóbal, Maracaibo, Caracas y Valencia en Venezuela; Manizales, Medellín, Cali y Bogotá en Colombia; Quito en Ecuador, y Lima en Perú. En Francia fue dueño y señor, uno de sus más importantes feudos.

Entre otras plazas gestiona el 70% de la plaza de Málaga hasta el año 2016 con posibilidad de prórroga por tres años más. También gestionan la plaza de Salamanca entre otras, y es propietaria de la plaza de San Sebastián.

Plaza de Toros de Bilbao, un bastión importante para Casa Chopera después de Madrid.

El Toro: Una Prioridad

En Zaragoza se han producido dos hechos importantes que no ayudan a que los aficionados reserven su abono de temporada. Uno, que hasta ahora ha habido una cierta desorganización empresarial, por que últimamente han pasado por aquí varias empresas, sin que ninguna haya tenido tiempo de programar las cosas con tiempo suficiente, y otro la gran cantidad de festejos programados en el primer ciclo, así como la duración del mismo que transcurre desde el 23 de Abril al 18 de Julio. Este hecho consiguió que la respuesta inicial fuera de 1.800 abonados y en estos momentos estemos en los 2.500.

El toro que a nosotros nos gusta es el toro con trapío, el que está bien hecho en función a su encaste y procedencia. Por tanto, queremos que el toro de Zaragoza sea un toro serio y que envista, pero no tiene por qué parecerse al toro de Bilbao, Pamplona o Logroño. Tiene que tener hechuras y bravura.

Legado Personal

Chopera, casado con Cecilia Babiano y padre de dos hijos -Óscar y Pablo, que hoy siguen sus pasos-, falleció a las cinco de la tarde en el Hospital Donostia. El 3 de septiembre de 2002, el mundo del toro se vistió de luto tras el fallecimiento de Manolo Chopera en San Sebastián. Su muerte marcó el fin de una era, pero su legado perdura en la historia de la tauromaquia.

Ligado desde niño al mundo del toro, fue el sucesor en los negocios de su padre, Pablo Martínez Elizondo, tras su muerte en 1968.

Otra faceta dentro del mundo de los toros fue la de apoderado, aunque no la más relevante.

Reconocimientos Póstumos

Tras su muerte, numerosas personalidades del mundo taurino destacaron su legado:

  • Ignacio Álvarez Vara “Barquerito” (El Correo Vasco): «En Manolo Chopera coincidieron de muy peculiar manera tres singulares facetas: una personalidad muy marcada, fuerte y positiva, bien envuelta en su generosa estatura de casi metro noventa; un espíritu de emprendedor y trabajador realmente fuera de lo común; y, en fin, un aficionado taurino de exquisita sensibilidad. Estas dos últimas notas de carácter, las de empresario taurino y aficionado de fondo a la vez, le vinieron dadas de cuna».
  • Carlos Crivell (El Mundo): «El trabajo y un espíritu ambicioso lograron llevarle a la cabeza de los empresarios. Fue el más grande. Antes de morir, cuando ya una enfermedad degenerativa le había retirado del circuito taurino, pudo ver sus dos grandes obras ya rematadas».
  • José Luis Merino (El País): «Con la muerte ayer en San Sebastián, a los 75 años, del empresario donostiarra Manuel Martínez Flamarique -más conocido como Manolo Chopera-, se va una de las personas más influyentes en el planeta de los toros en los últimos 50 años. En su labor profesional recorrió todos los eslabones de la fiesta brava. Fue empresario, apoderado de un sinfín de toreros, gestor y asesor de plazas de primera categoría. Los muchos años que estuvo de empresario de la plaza de Las Ventas de Madrid marcan probablemente una de las épocas más esplendorosas del ciclo isidril”.
  • Vicente Zabala de la Serna (Abc): «El tiempo, que todo lo vence, ha arrastrado toda la corpulenta humanidad de Manolo Chopera, capítulo imprescindible en la historia de la Tauromaquia del siglo XX, empresario sabio y universal. Chopera dominó la Fiesta, mandó y creó a este y al otro lado del Atlántico. No hubo rincón que se resistiera a su poder ni plaza donde la afición no creciese bajo su mano de hombre del Norte. Desde Hispanoamérica a Francia extendió sus dominios; el gobierno de Madrid en los ochenta fue su cenit. Desde 1981 a finales de la década multiplicó, como los panes y los peces del milagro evangélico, el número de abonados, desde los cuatro mil, números inexactos, a los dieciocho mil.
  • Juan Posada (La Razón): «Manolo Chopera, al que conocí cuando yo era un crío y él un adolescente, fue el prototipo de empresario, en este caso, taurino. Diligente, serio y, sobre todo, cumplidor, creó la escuela moderna del empresariado torero. Su palabra, mejor que un contrato, basamiento del gran prestigio que gozó, Hasta muerto, disfruta; la mejor herencia para sus hijos. Se fue Manolo, «El Vasco Grande», el hombre serio, sincero y afable. Los auténticos taurinos lo recordarán siempre.

Transición en Almería

Corría el año 1955 cuando Casa Chopera decidió gestionar la Plaza de Toros de Almería, recordemos propiedad de la familia Cuesta. Ahora, 66 años después, la familia Chopera dice adiós al centenario feudo almeriense. El relevo, para la próxima Feria Taurina de 2022, lo coge el empresario sevillano José María Garzón a través de su sociedad ‘Lances de Futuro’, quien ya firmó con la familia Cuesta. El acuerdo vinculará a ambas partes las próximas temporadas. En sus manos se encuentra en la actualidad la gestión de las plazas de Córdoba y Santander, -también ha organizado la feria de agosto de Málaga- además de otros cosos menores como el de Morón de la Frontera.