Como unos padres atónitos ante el fulgurante crecimiento de sus retoños, Viqui Sanglas y Santi Garcia no dan crédito a lo rápido que ha pasado la última década. Son los fundadores de All Those Food Market, el festival de artesanos y emprendedores gastronómicos, una cita marcada en rojo en el calendario de los gurmets que cumple 10 años de existencia. Así pasa el tiempo y, en su caso, así de bien. Porque se ha convertido en una marca reconocida que no ha parado de crecer.
Lo suyo es una historia de emprendeduría moderna. La de dos jóvenes que se conocieron en la universidad, estudiando Administración y Dirección de Empresas. Se hicieron amigos, novios y se fueron a ver mundo aprovechando las oportunidades de sus inicios profesionales.
Tras una temporada en Montreal, se instalaron cuatro años en Nueva York. “Teníamos trabajos grises de oficina”, explica Santi. “Fue una época maravillosa por la gente que conocimos pero el precio a pagar era trabajar a la estadounidense -añade Viqui-. Yo me dedicaba a la importación de piñas tropicales, comprándolas a un precio bajo para revenderlas a corporaciones que hacían jugos. Pese a que fue una gran experiencia, descubrí que quería crear un proyecto con un propósito".
Un negocio muy alejado del que ha montado este dúo, ahora amigos y socios. “Del gran consumo pasamos al kilómetro cero, literalmente”. All Those Food Market es un evento-marca que presume de haber servido de escaparate de más de 1.000 proyectos locales del sector gastronómico. Pero, sobre todo, ha creado un tejido construyendo la que es seguramente la red más grande y consolidada de emprendedores artesanos gastronómicos de Catalunya, que también llegará en breve a Madrid. Muchos de ellos eran desconocidos en los inicios y ahora son exitosas marcas como Nomad Coffe o Rooftop Smokehouse.
¿Cómo idearon All Those Food Market? “En Nueva York descubrimos las cocinas del mundo, también los ‘farmers markets’ (mercados de agricultores locales) y los inicios del café de especialidad. Con la intención de montar un negocio alrededor de eso en Barcelona, fuimos primero a Hong Kong y a Londres, y después a Berlín, donde había un 'boom' de estas cafeterías y una comunidad muy potente. Estando allí, descubrimos un mercado de barrio en el que se montaban festivales de 'street food', mercados de proveedores locales… Nos dimos cuenta de que lo que nos gustaba era el concepto de comunidad en torno a la artesanía. Son gente apasionada, que vive y consume como a nosotros nos gusta. Fue nuestra inspiración”.
La primera edición se celebró en el patio de la Universitat de Barcelona. “Todos los astros se alinearon. Nos concedieron este lugar mágico, una amiga nos ayudó a comunicar el evento, que se llenó, y otros colegas se prestaron para la logística”. Desde entonces, la marca se ha profesionalizado. Santi y Viqui se dedican a ello al 100% junto a un equipo consolidado. “Es mucho riesgo: te juegas todo en una fecha, y tiene que salir perfecto porque más de 20.000 personas acuden en cada edición. Pero llena pensar que hemos creado esta red contribuyendo a difundir proyectos, y ayudando a consumir de esta forma”.
Actualmente, hay dos eventos anuales (otoño y primavera), y tras haber tenido sede en el Teatre Nacional de Catalunya y el Moll de la Fusta, este fin de semana celebrarán su primera edición en el Fòrum, un lugar emblemático, más grande y con más posibilidades. Habrá talleres, música, 'street food' y mercado de artesanos. Pero, sobre todo, muy buen rollo. “Cuando es el día y ves a la multitud, a la gente bailando a última hora o a los participantes pasarlo bien, la satisfacción es enorme”, confiesan. Lejos, muy lejos, queda la época de las piñas tropicales.
¿Es un festival? ¿Una tienda? ¿Un brunch con DJ y cosmética natural? Los eventos tipo market están por todas partes, y no es casualidad. Pop-ups como La Santa Market, Palo Alto Barcelona o La Juanita Club han elevado el concepto de mercadillo urbano a una experiencia total. Ya no basta con montar un evento, hay que generar un universo. Y el modelo del “market experience” -esa mezcla cuidada de food trucks, diseño independiente, sesiones de DJ y talleres creativos- está demostrando ser la fórmula mágica para conectar marcas, cultura y comunidad. Es ocio, pero también es retail; es entretenimiento, pero también storytelling de marca.
El Mercado como Lugar de Experiencia
Desde el revival de los mercadillos urbanos cool -con Palo Alto como pionero en Barcelona- hasta nuevos formatos que mezclan estética, gastronomía y música, el público ha abrazado esta fusión entre consumo y ocio.
¿La clave? El “market” se convierte en una excusa para vivir algo. Comer bien, descubrir talento local, ver y dejarse ver, participar de una comunidad estética y emocional. Todo en un solo espacio, todo muy “instagrameable”.
Ubicada en el Santa Cristina Horse Club (Girona), La Santa Market celebra su novena edición y suma este año más de 20.000 metros cuadrados, incorporando nuevas zonas como unas antiguas caballerizas reconvertidas en un rancho con estética americana.
Lo que empezó como un mercadillo creativo es hoy un evento de gran formato donde conviven gastronomía (con propuestas como The Horse Club Library, liderada por los chefs con estrella Michelin Javier Sanz y Juan Sahuquillo), market de autor, espectáculos ecuestres, conciertos en pequeño formato, monólogos, talleres infantiles y fiestas temáticas como la Feria de Abril o la nueva Ranch Party.
Todo organizado para que puedas pasar horas descubriendo rincones, comiendo bien, escuchando música o simplemente disfrutando del ambiente bajo las luces de verbena. Este tipo de eventos no solo generan tráfico y visibilidad para marcas locales, también fidelizan a un público que busca consumir de forma más consciente, disfrutar del momento y llevarse algo más que una bolsa de tela: una emoción.
El Festival como Nueva Flagship Store
Cada vez más marcas adoptan este lenguaje de experiencia inmersiva. ¿Por qué montar una tienda temporal cuando puedes montar tu propio festival? Algunas se suman a estos markets ya consolidados; otras los crean desde cero, mezclando diseño, performance, coctelería, música y contenido digital. Una flagship store en versión pop-up, sin escaparates, pero con alma.
Lo efímero se convierte en memorable. Y eso, en términos de branding, lo es todo.
¿Por Qué Funciona?
Funciona porque no se trata solo de comprar, sino de formar parte de algo. Porque en estos entornos la venta ocurre sin presión, envuelta en una atmósfera relajada, emocional y estética. El dónde y el cómo se consume ha dejado de ser anecdótico: forma parte del valor del producto.
Unos pendientes no se ven igual si los descubres en un pasillo de centro comercial que si los pruebas en una carpa rodeada de flores secas, música soul y la diseñadora contándote la historia detrás de cada pieza.
Funciona también porque responde a una necesidad real de comunidad. En un mundo hiperconectado pero muchas veces individualista, estos eventos permiten encontrarse -de verdad- con gente afín, compartir espacio, intereses y estilo de vida. Todo es más humano, más cercano, más orgánico. Aquí no hay algoritmos, hay miradas, conversaciones, descubrimiento.
Y, por último, porque es un formato libre. Puede mutar, adaptarse, crecer o hacerse íntimo. Puede ocupar una plaza, una playa o una nave industrial. Puede reunir a grandes marcas y a pequeños artesanos, sin jerarquías. Esa flexibilidad lo convierte en un formato con alma propia, capaz de emocionar sin importar la escala.
¿Tendencia o Nuevo Estándar?
Lo que empezó como una alternativa indie se está consolidando como una de las fórmulas más potentes para activar marca, vender sin presión y construir comunidad. No es solo que cada vez más eventos parezcan mercados.
El Mercado como Lugar de Experiencia: Desde el revival de los mercadillos urbanos cool -con Palo Alto como pionero en Barcelona- hasta nuevos formatos que mezclan estética, gastronomía y música, el público ha abrazado esta fusión entre consumo y ocio.
Para ilustrar mejor la evolución y las características de estos mercados, aquí tienes una tabla comparativa:
| Característica | Mercados Tradicionales | Mercados Modernos (Market Experience) |
|---|---|---|
| Enfoque Principal | Abastecimiento de productos frescos y de primera necesidad. | Experiencia integral que combina compras, gastronomía, ocio y cultura. |
| Comunidad | Basada en la proximidad geográfica y la necesidad. | Construida en torno a intereses comunes, estilo de vida y valores de marca. |
| Propuesta de Valor | Calidad de los productos y precios competitivos. | Experiencia única, descubrimiento de productos artesanales y conexión con la comunidad. |
| Marcas y Productos | Principalmente productos locales y de pequeños productores. | Mezcla de marcas locales, diseñadores independientes, productos artesanales y propuestas gastronómicas innovadoras. |
| Ambiente | Funcional y práctico. | Estético, cuidado, con música, talleres y actividades culturales. |
Mercado de Antón Martín: Un Ejemplo de Resiliencia
Producto fresco, de calidad en los puestos de toda la vida; gastronomía que supera la simple idea de cañear o tapear; el taconeo de una de las míticas escuelas de flamenco de Madrid. ¿Todo eso en un mercado? Sí, y más, en el de Antón Martín que mañana celebra sus ochenta años con una fiesta abierta a todos, a sus fieles compradores y a quienes aún no lo han descubierto.
Flores naranjas, en clara alusión al color de la fachada; tapas especiales y un recorrido fotográfico por el ayer y hoy te esperan. Ubicado en la calle de Santa Isabel, junto al Cine Doré, el edificio data de 1941, pero hace más de tres siglos que este céntrico rincón lleva mostrando su vocación de mercado.
Ya a mediados del siglo XVIII, la plaza de Antón Martín era conocida como la plazuela del Mercado porque, de allí hasta Santa Isabel, se apiñaban los puestos ambulantes de alimentación y el voceo de los vendedores formaba parte de los sonidos del barrio.
En 1941, cuando se levanta el nuevo mercado respondiendo a la necesidad de introducir medidas sanitarias e higiénicas en el abastecimiento de la ciudad, el vocerío cesó en la calle y se trasladó al interior, donde los puestos techados y con sus cierres, mantenían las bancadas anejas para exhibir sus productos y tentar a los posibles compradores.
Desde entonces este mercado, como el resto de la red municipal, ha cambiado mucho y ha demostrado una capacidad de resiliencia, desafiando los negros augurios que hace tiempo se cernían sobre los mercados de barrio. Nuevos métodos de pago, reparto a domicilio, comida para llevar, apertura a nuestros formatos impensables hace dos o tres décadas, y una dinamización continúa para seguir siendo elemento habitual e imprescindible en la vida del barrio.
Hoy tiene algo más de 70 puestos, incluidos los espacios gastronómicos, en muchos de los cuales, aproximadamente el 50%, continúan las ‘sagas’ familiares, comercios que han pasado de abuelos a padres e hijos que siguen levantando el cierre cada día. Otros acogen nuevas caras, nuevos productos. Y, para ampliar la oferta, desde una inmobiliaria o una tintorería hasta una clínica veterinaria y un afilador.
Mercedes Moyano lleva más de 30 años al frente de la gerencia de Antón Martín y es un testigo de excepción de ese cambio. Aún recuerda que, al levantar la mirada cuando aterrizó, en plena decadencia del mercado, pensó: “Dios mío, cuánto trabajo hay que hacer aquí”.
Cultura y Arte, Mejor que Cadenas de Alimentación
Tocaba remangarse y lo primero fue racionalizar el espacio. En la tercera y última planta muchos de los puestos, todos exclusivamente de fruta y verdura, estaban vacíos. “Decidimos reubicarlos en las dos plantas inferiores, donde existían puestos de todo tipo. Y en esa tercera planta, vimos un espacio diáfano al que teníamos que dar uso”.
¿Una cadena de alimentación o mediana superficie siguiendo una tendencia que empezaba a abrirse paso? No, eso podía alimentar la competencia. Mejor “arte y cultura española combinados con un mercado a la antigua”, recuerda Mercedes. Y allí se instaló Amor de Dios, la academia de flamenco, creada en 1953 como estudio y ensayo de la compañía de Antonio ‘el Bailarín’ y en cuyas aulas se han formado nombres como Gades, Joaquín Cortés, Sara Baras, Merche Esmeralda o Cristina Hoyos.
La tormenta de ideas trajo luego la primera barra de degustación en un mercado. “Pensamos en una de frutas cortadas y zumos, era lo más fácil”. Superadas las trabas que ponía Sanidad, al final fue una vendedora nueva la que se atrevió a instalarla con productos de charcutería y quesos. Hoy sigue ofreciendo sus delicatessen.
Pedagogía de la Compra
Más tarde llegaron los espacios gastronómicos, donde no falta uno con una estrella Michelín. “Queríamos que fuera algo más que tomarte una tapa o una caña. Apostábamos por la calidad del mercado de siempre unido a la alta gastronomía, todo claro a unos precios mucho mejores, a precios de mercado”, explica Moyano, convencida de que “funcionamos por imitación. Si pones algo bonito, bueno, de calidad, rápidamente otros te siguen”.
Una de las consecuencias de ese espacio gastronómico ha sido la edad de la clientela y el cambio de las horas punta. “Ahora son los sábados cuando más gente hay, y gente más joven. Antes la edad media de los clientes era de 75-80 años, pero el mercado gastronómico ha rebajado mucho la edad”, constata Mercedes. Y eso ha desvelado otra necesidad: hacer pedagogía de la compra.
“Muchas veces cuando preguntas a un joven por qué no compra en el mercado, la respuesta es ‘no sé’. Desconocen, por ejemplo, lo que es la tapilla, la contra, la cadera… Están acostumbrados a ir a un lineal, coger un envasado y ya”.
De nuevo a remangarse. Y así surgieron los talleres. Desde cómo plantar aromáticas, cómo hacer un guiso o descubrir las diferentes variedades de los productos hasta nutrición y alimentación saludable. Y, sobre todo, infantiles para aprender a comprar desde pequeños. “Les damos dinero falso y no sabes lo que les cuesta soltarlo, siempre te piden rebaja”, explica entre risas la gerente, quien avanza que el reto es continuo.
Este año por ejemplo han introducido las taquillas frigoríficas para recoger la compra en perfecto estado de conservación, están diseñando su propia web y siguen ajustándose a las nuevas demandas y a esos cambios del perfil del comprador.
Una Piña Durante la Pandemia
Salvo un puesto, el resto de los situados están ocupados. La pandemia no ha podido con ellos, reiterando una vez más su capacidad de resistencia y el papel que juegan los mercados en la vida de la ciudad. “Cuando todo fallaba, los mercados de abastos han estado ahí luchando y garantizando el suministro de la población. Hemos tirado como jabatos”, afirma Moyano, al tiempo que pregunta: “¿Sabes por qué hemos sobrevivido? Porque hemos sido una piña”.
Esa unión los llevó a abrir un banco de alimentos que tenía cola; o a gestionar desde la gerencia el reparto de las cestas de la compra con todos los pedidos de una persona en un solo envío.
