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A menudo malinterpretado y subestimado, el papel de la mujer en la religión católica ha sido históricamente de gran trascendencia. Lejos de ocupar un segundo plano, las mujeres han sido pilares en el desarrollo y la formación de la fe católica, desempeñando roles desde figuras bíblicas clave hasta líderes y teólogas que han moldeado el pensamiento y la práctica eclesiástica.

Estas mujeres no solo acompañaron a Jesús en su ministerio, sino que también jugaron roles cruciales en los albores del cristianismo, demostrando que la fe y la propagación del evangelio no entendían de géneros. De hecho, grandes pasajes de la Biblia están protagonizados por mujeres que ayudaron a difundir y extender la palabra de Jesús durante siglos.

En la tradición de los santos, la Iglesia reconoce a mujeres cuya vida y obras han tenido un impacto inmenso. Santa Teresa de Ávila y Santa Catalina de Siena, ambas Doctoras de la Iglesia, revolucionaron no solo la vida monástica sino también la teología con sus escritos y reformas. Si nos acercamos algo más hacia el presente, encontramos a figuras como Santa Teresa de Calcuta, que han personificado el amor y servicio cristiano, mostrando que la santidad se manifiesta a través del compromiso activo con los más desfavorecidos.

Santa Teresa de Ávila, una de las Doctoras de la Iglesia.

El Rol Actual de la Mujer en la Religión Católica

Hoy en día, la mujer en la religión católica ostenta numerosos roles dentro de la Iglesia Católica. Aunque no participan en el sacerdocio, las mujeres dirigen departamentos educativos, lideran organizaciones de caridad, enseñan teología y filosofía, y desempeñan roles críticos en la administración diocesana y en el Vaticano mismo.

Las mujeres católicas están cada vez más presentes en los consejos que asesoran a los obispos y al Papa, influyendo en decisiones que afectan a la vida de la Iglesia global. Con el paso de los años, las barreras que impedían acceder a las mujeres a ciertos puestos dentro de la Iglesia han ido desapareciendo y, aunque es cierto que el sacerdocio sigue reservado a los hombres, se continúa trabajando para dotar a ambos géneros de los mismos derechos dentro de la organización.

El Papel de las Monjas Dentro de la Iglesia

Las monjas, o religiosas, han desempeñado roles cruciales en la Iglesia Católica desde los primeros días del monacato cristiano. A través de los siglos, estas mujeres consagradas han dedicado sus vidas a la oración, el servicio y la educación, desempeñando un papel fundamental en la expansión de la misión de la Iglesia y en la atención a las necesidades de la sociedad.

Vida Contemplativa y Activa

Las monjas participan en una amplia gama de actividades que se dividen principalmente en dos categorías: la vida contemplativa y la vida activa. Las monjas contemplativas se centran en la oración, la meditación y la vida en comunidad dentro de un convento. Su vida es una de silencio y retiro, dedicada a la intercesión por la Iglesia y el mundo.

Por otro lado, las religiosas activas participan directamente en obras de caridad, enseñanza, cuidado de enfermos y otros servicios comunitarios, llevando el amor y la enseñanza de Cristo a la práctica cotidiana.

Educación y Caridad

Históricamente, las monjas han sido pioneras en la educación, estableciendo y administrando escuelas en todo el mundo. Muchas de estas escuelas han servido como los principales medios de educación para niñas y jóvenes mujeres, muchas veces en áreas donde el acceso a la educación era limitado. Además, las órdenes religiosas femeninas han estado en la vanguardia de la creación y gestión de hospitales, orfanatos y asilos, proveyendo cuidado y soporte a los más vulnerables.

Los desafíos de la mujer, hoy, y la visión de la Iglesia sobre ella

La Igualdad de la Mujer en la Doctrina Católica

La enseñanza católica sobre la igualdad de género es clara: todos los seres humanos, sin distinción de género, son creados a imagen y semejanza de Dios y merecen respeto y amor. El Papa Juan Pablo II, en «Mulieris Dignitatem,» subrayó la importancia de la mujer en la vida de Jesús y en la Iglesia primitiva, y este reconocimiento sigue expandiéndose con iniciativas actuales que buscan aumentar el liderazgo femenino en la Iglesia. Además, también trabajan en la creación de objetos religiosos para monasterios.

Mujeres trabajando en el Vaticano, un ejemplo de la creciente integración femenina.

La Revuelta de las Mujeres en la Iglesia

A finales de 2018 y comienzos del 2019 nacen la Revuelta de las mujeres en la Iglesia Madrid y la plataforma Alcem la veu en Barcelona. Movimientos confluyentes, aunque con nombres distintos desde la singularidad cultural de cada uno de ellos.

Breve Historia de un Alumbramiento

La Revuelta se empieza a gestar entre los años 2018 y 2019 en el contexto de las huelgas feministas convoca[1]das el 8 M y en las que muchas de nosotras y nuestros grupos participamos activamente, así como en diferentes convocatorias en las que nos íbamos encontrando activistas cristianas feministas.

En los diálogos mantenidos aparece siempre un malestar que se torna pregunta incómoda: estamos movilizadas en la sociedad civil ante la situación de las mujeres, pero ¿para cuándo la reivindicación y la propuesta al interior de nuestra iglesia? ¿Cómo empujar una reforma desde las perspectivas de las mujeres y desde una profunda inspiración evangélica? ¿Cómo hacerlo con la mirada puesta en Jesús y su práctica liberadora y transgresora con las mujeres de su tiempo y su contexto? ¿Cómo hacerlo desde el potencial y el bagaje que la cultura de los feminismos ha aportado a nuestra condición de mujeres cristianas?

Las movilizaciones de las mujeres alemanas del movimiento María 2.0 con la boca sellada con un trozo de esparadrapo, así como la indignación experimentada ante la negación del voto de las mujeres en el Sínodo de la Amazonia y el lanzamiento del video de varias religiosas españolas, que se hizo viral, apoyando la huelga feminista, fue la chispa que encendió el germen de la Revuelta.

Las primeras en hacer una propuesta de organización fueron las compañeras de Barcelona que lanzaron una convocatoria abierta de mujeres para movilizarnos ante la discriminación en la iglesia. De este modo nace Alcem la veu, que rápidamente se pone en contacto con compañeras de Madrid que secundan la respuesta y además la difunden y se movilizan por más lugares de la geografía española. Así estalla la Revuelta de mujeres en la iglesia, hasta que a igualdad se haga costumbre.

Desde su origen la Revuelta se coordina con grupos internacionales, como Voices of faith y el colectivo latinoamericano Tras las huellas de Sophia. Nos aglutina un comunicado en el que planteamos demandas urgentes de reforma en la iglesia que pongan fin a nuestra discriminación y la acción mundial, propuesta por Voices of faith, de llevar a cabo una concentración creativa el 1 de marzo del 2020 en las puertas de las catedrales de nuestras ciudades.

Somos muchas las que en todo el mundo alzamos la voz hasta que la igualdad sea costumbre. Somos mayoría en las tareas de voluntariado, las celebraciones religiosas, la catequesis, la pastoral, la liturgia, los consejos parroquiales y la acción social y solidaria. Somos muchas en los movimientos eclesiales y en las tareas educativas. Son incontables las congregaciones de religiosas que trabajan día a día por los derechos de las personas más vulnerables.

Se nos niega la palabra, el pensamiento y el liderazgo en los espacios de toma de decisiones y se pretende contentarnos con nombramientos que resultan insignificantes. Es verdad que el papa Francisco ha sido el pontífice que más nombramientos de mujeres ha hecho en la historia de la Iglesia, pero apenas supone un 7% de representación femenina.

Actualmente, en España la Revuelta está presente en más de 20 ciudades. Ya hemos empezando a prepararlo con la participación de las mujeres de numerosas parroquias y organizaciones eclesiales de base.

Reivindicaciones y Propuestas

Ciertamente, podemos decir que nuestras reivindicaciones y propuestas vienen de lejos. Tan lejos como… De la Buena Noticia de un Jesús que transgrede las normas de una sociedad profundamente patriarcal, que constituye una nueva masculinidad en su contexto y en su época, y que aprende a serlo en su relación y amistad con las mujeres, mutua y recíprocamente liberadora. Mujeres con nombre, como María Magdalena, Marta, María y Juana de Cusa.

Una Iglesia que reconozca la plena ministerialidad de las mujeres. Que no nos niegue ni el don, ni la gracia, ni la vocación, ni el derecho, en virtud de nuestra consagración como bautizadas y en la que desaparezca todo tipo de discriminación por razón de sexo.

Una Iglesia que se nutra y reeduque desde las aportaciones de la teología feminista, para hacer una lectura crítica y una reflexión de la propia experiencia y del evangelio, que deconstruya imágenes de Dios, lenguajes, ri[1]tos, mitos que se construyen sobre el sufrimiento de las mujeres, especialmente de las más pobres.

Una Iglesia que elimine el lenguaje patriarcal y sexista de homilías, textos y documentos y se atreva a interpretarlos, no sólo para leer la Biblia y vivir el evangelio de otro modo, sino para que sean liberadores para la humanidad entera.

Una iglesia que se abra al diálogo y la cultura de los feminismos y los movimientos de liberación de las mujeres, subrayando que la igualdad que buscamos no consiste en repetir el modelo masculino ni su comporta[1]miento, sino la igualdad de derechos en una sociedad y en una Iglesia con palabra también de mujer y fundada en relaciones de ecojusticia.

Una Iglesia que acompaña sin juzgar toda la diversidad de las familias, de identidades y orientaciones sexuales. Que acoja en su seno a las mujeres lesbianas y trans que forman parte también de nuestro movimiento.

Una iglesia con tolerancia cero frente a toda forma de abuso de conciencia, abuso sexual, explotación económica, con una apuesta decidida por la eliminación de la pederastia, y la reparación a las víctimas. Que ponga fin de manera efectiva, sin lavarse las manos a la violencia contra las mujeres y la feminización de la pobreza dentro y fuera de ella misma.

Una iglesia que conciba la sexualidad como un don de Dios que acerca a su misterio de plenitud y vida des[1]bordante y que repiensa la moral sexual desde la perspectiva de las mujeres, una moral preñada de ternura y misericordia, liberándola de tabúes y culpas.

Una Iglesia paritaria, que sea de hecho comunidad de iguales, donde las mujeres seamos reconocidas como sujetos de pleno derecho, con voz y voto en todas par[1]tes, valoradas por los propios talentos, carismas y aportaciones a las comunidades.

Una Iglesia sinodal y plural, donde ninguna persona sea excluida en el acceso a los ministerios, ni en los órganos decisorios de la iglesia por razones de su sexo. Una Iglesia que no solo reconozca la auctoritas de las mujeres (autoridad), sino también la potestas (el poder).

Jornadas de Teología de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.