Entendemos por «Liderazgo ignaciano» a los principios y valores que configuraron a san Ignacio de Loyola como un hombre capaz de liderar, gobernar y dirigir una organización como la Compañía de Jesús. Que ha prosperado y cumplido con su misión durante cerca de 500 años, implicando a sus miembros de manera personal e inspirando transformaciones duraderas.
San Ignacio de Loyola
Los Cuatro Pilares del Liderazgo Ignaciano
El perdurable éxito de los jesuitas descansa sobre cuatro pilares esenciales de su forma de liderar: autoconocimiento, creatividad, amor y heroísmo. Específicamente se articulan cuatro pilares para lograr un gran liderazgo: los líderes son la auto-conciencia, son heroicos, son ingenioso, y también amorosos. Se conocen a sí mismos profundamente, viven para adaptarse con seguridad a un mundo que cambia rápidamente, y respetar la dignidad y el potencial de los que les rodean.
Chris Lowney ilustra estos cuatro pilares a través de fascinantes viñetas de la historia de una compañía de 450 años que cambió el mundo: los jesuitas.
1. Autoconocimiento
Pero lo ignaciano, ese adjetivo que hoy añadimos a este liderazgo le añade una insistencia en el autoconocimiento, con honestidad, sinceridad y lealtad, con verdad y sin autoengaños. Plantea una adecuada gestión de sentimientos y emociones, lo cual quiere decir que se han de saber identificar y comprender. Con ánimo de ser dueño de uno mismo, sin miedo a reconocer debilidades, cultivando lo positivo de uno, viviendo desde las emociones positivas, examinándose y centrándose con libertad interior en las cosas buenas.
El primer rasgo que el líder ignaciano desarrolla es un alto nivel de autoconciencia. Gracias a que ha vivido la experiencia de interioridad y está habituado a ella, ha desarrollado su capacidad de hacer silencio interior, de tomar distancia de sí mismo y de sus afectos para orientarse positivamente. Se libera de su propia imagen para no ser manejado por ella; no reprime sus afectos, sino que logra sintonizarlos y ordenarlos.
La formación jesuita pone énfasis en la autorreflexión. Durante su entrenamiento con los jesuitas, Joge Bergoglio pasó un mes entero lejos del trabajo, los diarios, la televisión, analizando en profundidad su vida y sus objetivos, sus debilidades, fortalezas y valores.
Finalmente, el conocimiento de uno mismo, clave en los Ejercicios Espirituales, el arma secreta de los jesuitas, arraiga y nutre las demás virtudes del liderazgo. Porque el que descubre realmente quién es, qué quiere, qué defiende y hacia dónde va ya ha dado el primer paso hacia el liderazgo. Pero lo más importante es que el conocimiento de sí mismo no es un proyecto de una sola vez, es permanente. Además de la evaluación inicial que uno debe hacer de sus fortalezas y debilidades, valores y defectos, está el examen de conciencia, el hábito diario de la reflexión.
"Es una oportunidad de medir la vida, aspecto por aspecto, a la luz de los principios y las metas", escribe Chris Lowney. Y añade que "aunque el concepto de íntima reflexión pueda sugerir la idea de aislamiento del mundo, quienes la practican debidamente encuentran que los capacita mejor para actuar en él con energía". Eso que los primeros jesuitas llamaron "simul in actione contemplativus".
Créase o no, la que debería ser la más simple. El fundador de los jesuitas decía que cada día debemos tomar unos minutos para dar un paso atrás, analizar lo que estamos haciendo y evaluar si estamos en el camino correcto.
2. Creatividad
Asimismo, en un buen líder ignaciano debe prevalecer la indiferencia, que es una invitación continua a ser libre de los apegos del corazón y de las amenazas exteriores, para servir sólo a Dios y a su causa.
Otro principio del liderazgo al estilo jesuita, es el ingenio, porque predispone a las personas no sólo a pensar de una manera original sino a vivir de una manera original. El ingenio lleva a las personas que quieren ser líderes a arrancar de raíz todo temor a lo desconocido. el apego a su posición y a sus posesiones, materiales y sobre todo ideológicas, los prejuicios, la aversión al riesgo.
Los líderes se acomodan y hacen que los demás se acomoden también a un mundo cambiante. No les dan miedo las sorpresas que puedan esperarlos a la vuelta de la esquina, sino que prefieren explorar con entusiasmo nuevas ideas, enfoques y culturas.
3. Amor
Elemento importante del liderazgo ignaciano es el amor, que se va colando en las historias, en los acontecimientos y en las personas, que busca huecos donde seguir creando, engendrando vida. Un buen líder ignaciano genera espacios diversos en los que surge la esperanza y donde el sufrimiento no derrota; lugares en los que las personas se mantienen con dignidad, aún en situaciones de injusticia.
Un elemento importante del liderazgo ignaciano es el amor. Ese amor se va colando en las historias, en los acontecimientos y en las personas. Busca huecos donde seguir creando y engendrando vida.
El amor comunica propósito y pasión al ingenio y al heroísmo, dos de los principios ya mencionados del liderazgo al estilo jesuita.
Debemos tratar a los demás de manera que respete su dignidad y libere su potencial humano.
4. Heroísmo
Loyola exhortaba a sus seguidores a "concebir grandes resoluciones y provocar deseos igualmente grandes".
El heroísmo, medido no por la escala de oportunidades que se les presentaban a los jesuitas, sino por la calidad de su respuesta a ellas.
El liderazgo al estilo jesuita, o "heroico" como ellos prefieren calificarlo, invita a cada uno a evaluar su impacto diario, a rectificar si es necesario y a definir qué es lo que se quiere dejar como impronta. Invita también a transformar un liderazgo casual por un liderazgo deliberado de cada uno y de los demás. Ningún instrumento de liderazgo es tan eficaz como el ejemplo de la propia vida del líder. Lo que él es. Lo que él hace. Qué principios se reflejan en sus actos. Quien quiera que su equipo actúe "heroicamente", ha de ser él mismo un héroe. Si quiere que sus empleados se apoyen unos a otros, apóyelos con el estímulo, con la lealtad. Y todos juntos, "correr a toda velocidad hacia la perfección".
Hay que motivarnos con la pasión para ser sobresalientes, y con objetivos que sean mayores que el propio ego.
Aplicación del Liderazgo Ignaciano
Al incorporar estos principios a su vida diaria, los jesuitas construyeron una organización que maneja una red internacional sumamente eficaz de comercio, educación, trabajo misionero y erudición. Acompañar a las personas en su capacidad de dirigir y liderar es una importante y difícil tarea.
Finalmente, el liderazgo al estilo jesuita exige dejar de actuar como si estuviera dirigiendo a seguidores y empezar a actuar como líderes de líderes, hacer lo que ayuda a otros a liderar. Y para ello, "quamplurimi et quam aptissimi". Buscar "tantos como sea posible y los más aptos de todos".
Hoy los jesuitas aportan una de las mejores tradiciones con casi quinientos años de historia, con un excelente presente y mejor futuro: un liderazgo entendido desde el servicio, que contempla a la persona desde todas sus dimensiones (cognitiva, relacional, espiritual...) y que aporta visión, motivación y valores.
Son cinco, que cualquiera puede aplicar, sea papa, presidente de una multinacional o madre en el hogar. Autoconocimiento: hay que conocer las propias debilidades, fortalezas, valores y cosmovisión. Creatividad: el mundo cambia todo el tiempo y los líderes efectivos saben adaptarse. Heroísmo: hay que motivarnos con la pasión para ser sobresalientes, y con objetivos que sean mayores que el propio ego. Amor: debemos tratar a los demás de manera que respete su dignidad y libere su potencial humano.
La verdadera orientación a Dios influye en toda acción y decisión. Al igual que en el caso de la aguja de una brújula, el Norte (la presencia de Dios, la moción del Espíritu Santo en nuestra vida) es inmanente y ejerce siempre atracción magnética.
