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Martín Varsavsky (Buenos Aires, 1960) es un reconocido empresario argentino de origen judío, cuya trayectoria ha estado marcada por la innovación, la tecnología y una visión global de los negocios. Formado en Estados Unidos, Varsavsky ha fundado y vendido exitosas empresas en el sector de las telecomunicaciones e Internet, dejando una huella importante en el mundo empresarial español y global.

Primeros años y exilio

Hijo de judíos argentinos educados en Estados Unidos, Varsavsky nació en un barco que llegaba a Argentina, ya que su madre tenía miedo a volar. Creció en el Buenos Aires de los sesenta y setenta, que recuerda como un país “avanzado, próspero y equitativo hasta la llegada de los militares”. En 1977, tras el fin del peronismo y la llegada de la dictadura militar de Videla, la situación en Argentina se volvió insostenible para los Varsavsky.

“Entonces mataron a mi primo hermano David Varsavsky, un año y medio mayor que yo, con 17 años. Fue uno de los episodios más tristes de mi vida, un golpe terrible. Además, no supimos qué hicieron con él, como con muchos otros desaparecidos de la Argentina. Los militares los tiraban de los aviones...”. La desaparición de su primo precipitó el exilio. “Mi padre consiguió visa de refugiado en los Estados Unidos, se la dio el senador Monahan, y nos fuimos los seis chicos, mi padre y su nueva esposa a EEUU. Mi madre se quedó en Argentina”.

En su discurso aparece constantemente la palabra educación como la gran herencia recibida de sus padres, Carlos Varsavsky y Silvia Waisman, un astrofísico graduado en Harvard y una profesora de inglés. “En mi familia, como buenos judíos de la posguerra, después del Holocausto se decía que nos podrían sacar todo, pero mientras no nos matasen no podrían sacarnos el conocimiento”. De hecho, es impulsor de la Fundación Educ.ar, una iniciativa dedicada a promover la alfabetización digital en Argentina, a la que ha donado casi 7 millones de euros.

Formación y primeros emprendimientos

Aunque ex ciudadano estadounidense, país donde residió 19 años y se licenció en Economía y Filosofía, con un MBA por la Universidad de Columbia, Varsavsky se revela genuinamente argentino en eso del dialogar y convencer. Restablecida la democracia, su padre moriría muy joven, a los 49 años, de un ataque al corazón, y la necesidad hizo emerger el ingenio. “Había hecho una solicitud para hacer un doctorado de epistemología en Oxford, pero me encontré a los 22 años teniendo que mantener a mi familia. Como ya había demostrado capacidad para ganar dinero, cambié el foco y me lancé a los negocios”. Es entonces cuando nace el emprendedor. “Cuando murió mi padre mi vida despegó. Él, que era científico e inventor, siempre regalaba sus ideas. Y yo traté de convertir las mías en empresas”.

Lo primerísimo, un servicio de consulta de datos en los archivos de la Universidad, por el que cobraba 50 dólares por búsqueda. Poco después, a mediados de los ochenta, obtendría casi 8 millones de euros con Urban Capital Corporation, una empresa inmobiliaria que gestionaba lofts en Manhattan.

Llegada a España y éxitos empresariales

A un país de costumbres conservadoras, donde el establishment empresarial aún rendía culto al traje y a la caza, llegó en 1995 un judío obligado a errar, de apenas 35 años y lleno de ideas raras. Martín Varsavsky llegó a España en 1995 para desarrollar dos compañías que rompieran el monopolio de Telefónica y la incipiente Terra: Jazztel y Ya.com, su marca de internet. Por no ir bien vestido, en uno de los más distinguidos restaurantes de Madrid le hicieron entrar por la cocina y comer en un reservado. El lo ha demostrado.

Ha hecho fortuna vendiendo cada una de las empresas que fundaba una vez alcanzaban el éxito. O una vez se cansaba de ellas. Así, en 1999 vendió por 1.200 millones de euros el operador de fibra óptica Viatel, del que controlaba gran parte. Después fundó Ya.com, donde invirtió 38 millones de euros y del que terminaría desprendiéndose por 550 millones. 600 millones fue el precio de venta de su siguiente empresa, el operador Jazztel, cuya inversión inicial fue de cinco millones.

El mes pasado tuvo una ocurrencia: vender el portal en castellano Ya.com a la alemana T-Online por 92.000 millones de pesetas: «El dinero puede llegar a ser una incomodidad. Yo vivo bastante parecido desde hace diez años». Un año antes tuvo otra: comprar la marca Ya.com ¡por apenas 10 millones de pesetas! Esa es la capitalización de las seis empresas que ha fundado desde que, a los 27 años, ganó el primer y mítico millón de dólares en Manhattan.

Como los hilos de fibra óptica que vende, Varsavsky habla a la velocidad del rayo. Cuando nos topamos con la espina que lleva clavada, esta se acrecienta. La pasada primavera salió malparado en el concurso organizado por el Gobierno para otorgar licencias UMTS o de tercera generación: «Si sacan otra, espero que esta vez nos vaya bien. La última vez tuvimos la mejor oferta con DT, pero nos faltaron las conexiones políticas de Florentino Pérez. Creo que el Gobierno se ha profesionalizado y que ganar o perder será ahora cuestión de mérito.

En cuanto al valor, podía haberla vendido a Wanadoo por más dinero y no lo hice porque Ron Summer me prometió que mantendría el nombre y los empleados. Yo diría, además, que desde que llegué a España miles de personas han conseguido trabajo gracias a mis esfuerzos. Lo de Deutsche Telekomm [DT, propietaria de T-online] no es ninguna vergüenza. He traído DT a España. Es la mayor empresa en Europa de telecomunicaciones. He dado la mitad de mis acciones a mis empleados y he distribuido más riqueza que ningún empresario en España, y creo que eso es muy bueno.

Tabla de empresas fundadas por Martín Varsavsky

Empresa Sector Año de venta Precio de venta (aprox.)
Viatel Telecomunicaciones (fibra óptica) 1999 1.200 millones de euros
Ya.com Internet (portal) N/A 550 millones de euros
Jazztel Telecomunicaciones (operador) N/A 600 millones de euros

Fon y otros proyectos

Ahora, en Fon, creada en 2005, su sueño para una red Wifi global y con partners tan relevantes como Skype, eBay o Google, todavía está en fase deficitaria y ha tenido que recortar drásticamente su plantilla española. Pero Varsavsky es optimista. Está convencido de que en 2009 será rentable y de que la vocación de su startup es global. “Con esta empresa quiero ganar dinero, claro está, pero la mueve el corazón. La mayor recompensa es pasear por Tokio y conectarme gratis a un punto Fon. Éso es lo emocionante”.

La idea de Fon se basa en la creación de una comunidad de usuarios que comparten sus redes wifi domésticas para tejer una vasta geografía de red inalámbrica planetaria a la que pueden acceder globalmente. Compartir para un beneficio colectivo, navegar por Internet desde cualquier parte. Una idea un tanto quimérica que, discreta en España, arrasa en Japón o Reino Unido.

También le ha tocado perder, como en Einsteinet, una inciativa visionaria de Office online, similar al actual GoogleDocs, que fracasó en el año 2000. Los 35 millones de euros que había invertido se evaporaron. Aún le duelen. “Si entonces hubiese tenido el blog y hubiera contrastado la idea con otros emprendedores, tal vez me hubiera ahorrado esa plata”, argumenta.

Revolucionó la telefonía con Jazztel y ahora apunta más alto: quiere frenar las manecillas del reloj biológico con Prelude, un 'seguro de maternidad' para tener hijos "cuando quieras". La última aventura del fundador de la telefónica Jazztel y de la empresa de wifi FON se llama Prelude Fertility y su objetivo es sustituir al sexo como método reproductivo. Casi nada. Se plantea como un seguro de maternidad low cost con tres patas: «Tener hijos, tener hijos sanos y tenerlos cuando quieras».

El pack completo incluye la extracción y congelación de ovocitos durante el momento óptimo de fertilidad, su conservación y su implantación, previo análisis genético. Todo por el módico precio de 199 dólares al mes. Su creador resume la oferta con una sencilla comparativa: «Tú tienes un seguro contra incendios, ¿a quién se le incendia la casa? Así que piensa: ¿quieres correr el riesgo de no llegar nunca a ser mamá?

En enero nació Ben.La revolución sexual que ofrece Varsavsky llega de la mano de otra que se promueve desde Silicon Valley. Incluso el Pentágono ha lanzado un programa piloto de congelación de ovocitos para que el Ejército sea más family friendly. Y aquí es donde llega el choque cultural.

Martín Varsavsky nació a bordo de un barco que arribaba a Argentina porque a su madre le daba miedo volar. Llegó al mundo en movimiento y no ha parado desde entonces. Hijo de judíos argentinos educados en EEUU, desde su infancia tuvo que mirar hacia el futuro para no dejarse arrastrar por el pasado. Cuando tenía 18 años, los militares desaparecieron a su primo, un año menor que él, y toda la familia se exilió a Nueva York como refugiados políticos. A los 22, la muerte precoz de su padre lo puso en la picota: abandonó sus planes de estudiar Filosofía y empezó a buscar dinero debajo de las piedras para mantener a su familia. Y lo encontró. En las piedras, precisamente.

Cuando le preguntaban cómo se veía en cinco años, el joven Varsavsky respondía: «Mínimo, como tu jefe». Ese arrojo le hizo conseguir su primer millón a los 24, cuando convenció a inversores de todo el país para revitalizar los decrépitos edificios industriales del barrio neoyorquino de Tribeca, que entonces era «una porquería». Y desde entonces este emprendedor en serie ha fundado siete startups, todas basadas en una misma fórmula: «El futuro de X será Y». Incluso con la que falló, Einsteinet, una especie de Excel online que le hizo perder 50 millones de euros, no se equivocó. «El futuro de la computación fue la computación en la nube, solo que no fue conmigo», nos contará más tarde.

«Es muy puntual», confirmará más tarde su asistenta. Y no es para menos. Alguien que ha fundado siete empresas y ha tenido siete hijos no tiene tiempo que perder.El argentino abre la puerta dispuesto a posar para una larga sesión de fotos. Viste jeans, camiseta blanca y zapatillas deportivas. «¿Me cambio?», pregunta. Hace unos meses le pidieron que se pusiera traje y corbata para aparecer la portada de la edición estadounidense de Forbes. «Pero es que yo nunca voy así», se queja hoy. «Está perfecto como está», le respondemos.

Varsavsky forma parte de una nueva generación de empresarios nacida en Silicon Valley que por la pinta pasa casi desapercibida entre el resto de los mortales, pero está llamada a revolucionar nuestra manera de vivir desde el momento mismo de la concepción.

Enrique Dans, reconocido blogger y compañero de Varsavsky en el Instituto de Empresa, donde ambos imparten clases, reconoce que Varsavsky “genera riqueza con sus ideas, pero no es bueno en continuarlas, es un puro emprendedor. Es como los niños cuando crean algo y se lo pasan fenomenal y una vez creado pierden la ilusión”. Reconoce que Fon, a pesar de los escollos, “no es económicamente brillante, pero sí brillante en la práctica”. Y sitúa la aventura de Varsavsky “a caballo entre la rentabilidad y sus fundaciones sin profit”. Varsavsky, por su parte, está convencido del éxito y reconoce que “tal vez a finales de 2009 venda Fon a algún operador, Google o así, pero por ahora es mi actividad, además de mis fundaciones y mis inversiones. Me dedico a Fon plenamente”, concluye este animal de la web 2.0.

Le acusaron de oportunista, de dar pelotazos. En su cuenta de YouTube se le puede ver pedir a la gente, en tono frío y desde un vídeo doméstico: “Dejen de hincharme las pelotas con este asunto de si yo creo mis empresas para venderlas dando pelotazos. Lo que hago es trabajar duro y no engaño a nadie”.

A sus 48 años, es todo un hijo de su tiempo. No tiene reparos en compartir online gran parte de su vida privada. Además de las llaves o el móvil, se mueve con un maletín de cacharros, cámaras, cargadores, ordenador portátil... Su casa en Madrid, un chalé de aristas de hormigón cerrado por amplios ventanales, con patio interior y cubierta-terraza, parece salida de Mi tío, de Jacques Tati. Un hogar digital preñado de lienzos del xvi y el xvii y de autores contemporáneos como Degas, Picasso, Botero, Rivera o Grosz. Donde se entrecruzan varias redes wifi (a las que paradójicamente no pudimos acceder desde un iPhone) , donde hay un ordenador en cada esquina, la música se reparte autónoma en streaming por cada estancia y el salón, epicentro digital, es una voluminosa sala de cine con un sofá de diseño (“y cuero argentino”) , pantallas de plasma, proyectores de vídeo y la impenitente Wii, la consola que ha transformado el videojuego en pura gimnasia. Solo faltarían una fuente interior, un elefante y Peter Sellers para rodar un convincente remake de El Guateque.

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Vida personal

Como el de sus padres, el primer matrimonio de Martín Varsavsky fue entre judíos, no concertado pero sí recomendado. Lo cuenta todo de un tirón. “En 1990 me casé con Patricia Aisemberg, psicóloga argentina con la que me llevo estupendamente. Nos conocimos en el 89, cuando fui de visita a Argentina, y estuve con ella 12 años. Tuvimos a Alexa, Isa y Tom. Nos separamos en 2001 y empecé mi relación con Waya Quiviger, una francesa filipina que conocí en el World Economic Forum y que es la mamá de Leo”, dice con el niño en brazos. “Nos separamos hace un año y ahora estoy con Nina, mi ayudante. Esas son mis tres relaciones. Mis dos ex esposas viven en Madrid y mi trato con ellas es muy bueno. Tengo a los niños mucho a mi lado, que es lo que más me importa en la vida. Y bueno, ésa es la situación. Yo no la escondo”.

Para Nina, su actual pareja, casi 20 años más joven que él, los talentos de Martín Varsavsky son los de “una buena persona”. Y lo describe como “un gran padre, un gran cocinero y amigo, un hombre con decisión y alguien que cuida de la gente a quien ama”. Aunque esta alemana formada en Londres y París, que ha vivido en media geografía africana, no oculta que Varsavsky “es muy impaciente, y él lo sabe” y que es capaz de embeberse durante horas “cuando descubre un nuevo gadget”. Su relación es muy intensa, ambos viajan juntos a todas partes. Parecen conocerse bien y se respetan sin fisuras.

“Martín es una persona muy interesante”, cuenta Álvaro Ibáñez, socio cofundador de Ya.com, donde era director general del área web. “Trabajar con él es muy intenso porque es un tío muy brillante, aunque muy caótico. Tiene muchas ideas y las lanza constantemente. Y esto, digamos, es enriquecedor, pero su cabeza siempre está activa, uno dice ‘madre mía, no se acaba nunca, es un sinvivir’. Pero él es así y la verdad es que le van funcionando las cosas”.

El músico argentino Raúl Chevalier, amigo íntimo de Varsavsky desde los ocho años, retrata al emprendedor en su infancia y juventud: “Martín siempre fue un chico con mucha energía, muy líder. Como su padre viajaba a EE UU, nos traía información que no conocíamos, música, discos... Él fue el que nos dijo que existía una revista que se llamaba Playboy y un libro que se llamaba How to pick up girls’”. Cuando mira atrás ve “al mismo Martín, con más gajos, pero reconozco a la misma persona, con sus mismas inquietudes, dirigidas a cuestiones intelectuales. Siempre tuvo mucha energía, no para el deporte, en el fútbol era pésimo, lo poníamos parado como un poste para que no entrasen goles. Después se metió de lleno con la bici, juntos cruzamos los Andes un par de veces. Aunque el juego que mejor se le daba era el Monopoly”, recuerda Chevalier con una sonrisa. “Era un joven muy idealista, en algún punto muy utópico, como todos nosotros, en una época en la que no sabíamos que podía morir gente por sus ideas. Nos dimos cuenta de eso después”.

Y cierto es. En su portal están recopilados todos los recovecos confesables de su vida reciente y pasada. Varsavsky se debe a su blog. Interviene en él a diario. En todo momento postea dónde está y qué hace. Navegando en su barco, en su casa de Punta del Este, en Nueva York, pilotando su avión... Incluso, tras la sesión de fotos para esta entrevista, no pudo resistir la tentación de subir a su bitácora algunas fotografías de backstage que tomó Nina, mientras nuestra fotógrafa lo retrataba en bicicleta sobre el tejado de su casa... Una travesura a lo Varsavsky. Pero, dice, su blog le supera: “A veces estoy en una reunión donde se discuten estrategias empresariales secretas y siento unos deseos enormes de bloggear, de contarle al mundo las ideas que allí se escuchan”.

Además, la identidad de Varsavsky a caballo entre tres países le proporciona la distancia (o la coartada) perfecta para lanzar opiniones punzantes desde la barrera. Así, habla de Estados Unidos como español, de España como argentino y de Argentina como norteamericano. Tampoco miente. Su bagaje es triple. La primera impresión que da es la de un porteño afable con la distancia prudente de un estadounidense. O la de un nuevo español con ...

El argentino Marin Varsavsky recibe a PAPEL en su casa para presentarnos al primer bebé de su empresa: su hijo Ben.