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Hoy vamos a hablar de Íñigo Afán de Ribera Ybarra, un personaje que ha ocupado un relevante cargo en la vida pública de Dos Hermanas, perteneciente a dos destacadas familias de la nobleza española, avecindada en nuestra ciudad.

Nace nuestro personaje en la bella ciudad de Granada, hijo de Luis Gerardo Afán de Ribera Nestares y Cristina Ybarra Ybarra. Su padre ostentaba los títulos de marqués de Diezma, bello pueblo granadino, y marqués de Monterrico. Era hijo de Juan Pedro Afán de Ribera Rodríguez y de María de Gracia Nestares Pedrinaci.

En cuanto a su madre era hija de José María Ybarra Gómez-Rull y María del Carmen Ybarra Menchacatorre. Los abuelos de Íñigo eran primos hermanos, como hijos el primero de Luis Ybarra González y la segunda de José María Ybarra González, segundo conde de Ybarra. Por último, hay que añadir que ambos eran hijos del primer conde de Ybarra, José María Ybarra Gutiérrez de Caviedes y de Dolores González Álvarez.

Él, por su parte está casado con María de los Ángeles Olaso Pablo-Romero, de vieja familia por su segundo apellido recibidos como hidalgos en Bollullos de la Mitación.

Ya hemos dicho que nació en Granada, al igual que su hermano Pedro. Pero, antes de seguir con su vida, me gustaría decir algunas palabras sobre su primer apellido, Afán de Ribera. Es sabido que Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa, instituye en 1521 el viacrucis desde la capilla de las Flagelaciones desde su palacio conocido como la Casa de Pilatos hasta una cruz de madera que se relaciona con la hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles de los Negritos.

Como sabemos, en Dos Hermanas también existía un viacrucis, algunas de cuyas cruces se encontraban en el almacén de las Cruces de los Ybarra. Además, también hay que añadir que Dos Hermanas había sido vendida por Felipe IV a Fernando Afán de Ribera y Enríquez, III Duque de Alcalá de los Gazules, el 16 de junio de 1631 pero, por impago, tuvo que devolverla. Curiosamente, las vueltas que da la historia, es oriundo de Alcalá de los Gazules nuestro hoy Alcalde don Francisco Toscano Sánchez. En resumen, el apellido Afán de Ribera, tiene una gran importancia en nuestra historia local.

Todo parece que se une. Pero, volvamos a la vida de Íñigo. Hizo la Primera Comunión, como yo, en el Sagrario de Santa María Magdalena a los pies del Santísimo, del Padre Eterno y de la Virgen de Valme. Se casó, tomó estado - como dirían los clásicos tanto si matrimoniaba como si entraba en religión- en la Dehesa de Doña María, finca propiedad de su tía, mi querida amiga, a la que tanto recuerdo, Concha Ybarra Ybarra. Presidía una imagen de San José. Arregló el altar el tío de la novia, Ignacio de Pablo-Romero y Cámara.

Pero es adelantar acontecimientos. También, nos interesa la vida estudiantil de Íñigo. Primeramente de pequeño le enseñó don Francisco Pino. Luego estudió, como el autor de estas líneas, en el Colegio San Antonio María Claret, de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, vulgo Claretianos. Allí hizo ingreso, 1º, 2º y 3º. Muchos son los recuerdos de nuestro querido colegio.

Rememora, por ejemplo, los bocadillos de caballa que se vendían cerca del colegio y al famoso Padre Miguélez y a su equipo de hockey el Patín Claret que tanta gloria trajo al centro y al deporte sevillano. Hoy, por cierto, nuestro colegio está de luto por la muerte de nuestro compañero Joaquín Alegre Herrera, persona bondadosa y buena donde las haya al que quiero dedicar este artículo. Desde aquí doy el pésame a su familia. María en su Inmaculado Corazón lo tenga en su seno, junto a tantos compañeros desaparecidos como Miguel Ángel Jiménez Rodríguez, esposo que fue de Raquel Revuelta Armengou, también hace poco pasado a mejor vida.

Mas, siguiendo con nuestra historia, hay que decir que después se fue al Colegio Alfonso X el Sabio donde estudió 4º,5º,6º y C.O.U. Luego, Íñigo empezó su etapa universitaria. Empezó Empresariales y lo dejó en tercero. A continuación, hizo un curso de Alta Dirección en el Instituto San Telmo y obtuvo la Diplomatura en Alta Dirección de Empresas.

Dado los intereses agrícolas de su familia, propietaria de numerosas fincas empezó a trabajar en el campo. Primeramente comenzó en el Cestero, en el término de Coria del Río en la margen izquierda del Guadalquivir. Se trataba de una dehesa que se transformó en una finca arrocera.

Pero, es hora de centrarnos en otro campo como es su vida política que ha desarrollado en Dos Hermanas. Íñigo, fue teniente de alcalde en el primer mandato. En esa época los miembros de la comisión permanente se elegían por número de votos. Luego cambia la ley y eran elegidos directamente por el alcalde. Él sigue, ya no es teniente de alcalde pero sí es miembro de la comisión de gobierno. No es teniente de alcalde pues éstos están en dedicación exclusiva. Eran 13 concejales del P.S.O.E., 8 del P.C.E.

En 1987 entró otra vez en el Ayuntamiento pero estuvo un año y pico y luego se incorporó a Hijos de Ybarra y dimitió. Pero pasado este paréntesis de la política, vuelve su vida laboral en la empresa familiar Hijos de Ybarra. Primero entró en un puesto que yo considero muy importante como es Jefe de Ventas. En él estuvo año y medio. Después fue jefe de productos. Después fue jefe de cuentas nacionales. Negociaba con las cadenas como El Corte Inglés, Pryca, Continente, Alcampo, Ifa, etc. a nivel nacional. Estuvo varios años.

La semana próxima seguiré con la vida laboral de Íñigo Afán de Ribera Ybarra y hablaremos de personajes tan importantes para la historia de Dos Hermanas como su tía Concha Ybarra Ybarra, gran benefactora de este pueblo, que goza ya de la gloria eterna.

Casa Palacio de los Marqueses de Dos Hermanas

Benito Villamarín: Un Empresario Aceitunero al Mando del Real Betis

El domingo 22 de mayo de 1955 una breve reseña en los periódicos informaba que la noche anterior se había reunido la Asamblea de compromisarios del Real Betis y que tras votación unánime había elegido como presidente a Benito Villamarín, el único candidato que optaba a dicho puesto.

Nada más se decía del nuevo mandatario. Ni una línea trazando su trayectoria. Ni un recordatorio de sus vínculos con el club. Algo seguramente lógico en aquel momento histórico, ya que Benito Villamarín era un hombre sin pasado en el Betis, un "novus civis" o "ciudadano nuevo", como llamaban en Roma a quienes entraban en la vida pública sin raíces profundas en el Senado o en las grandes familias patricias.

Benito Villamarín entonces contaba 38 años de edad y ya se había erigido en un poderoso empresario del sector aceitunero. Un gallego que había llegado a Sevilla después de la Guerra Civil con el propósito de saludar a unos familiares que ya estaban instalados en la ciudad antes de partir hacia Argentina, que era el destino que pretendía.

En Lora del Río, sin embargo, donde dirigía un almacén de aceituna su tío Andrés, conoció a Ángeles Guillén y este encuentro cambió su destino y el del Betis. Se quedó en Lora por amor y a partir de ahí su ascenso empresarial fue imparable. Se convirtió en un personaje preferente en el negocio aceitunero y sus amigos y socios en ese mundo lo llevaron al Betis y a sus misterios.

Principalmente, el ex presidente Francisco de la Cerda Carmona, un hombre influyente en el entorno bético, que había dirigido la entidad en 1951. Otros nombres decisivos en su descubrimiento del Real Betis fueron Ricardo de la Serna Luque, uno de los empresarios pioneros, junto con el propio Villamarín, en la exportación de aceituna de mesa a Estados Unidos, y el Teniente Coronel Diego Vigueras Murube, un íntimo amigo del gallego desde los primeros años en Lora del Río.

Ellos, y algunos otros, lo iniciaron en los rituales béticos y en la pasión por los colores verdiblancos. Y supieron enseguida que Villamarín era un hombre de futuro que podía encajar perfectamente en la aspiración de darle al club una nueva dimensión, otro rumbo hacia la modernidad y la definitiva consolidación después de la travesía del desierto.

Benito Villamarín era brillante y enérgico, audaz y ambicioso, y contaba ya con un notable patrimonio. Reunía todos los condicionantes para erigirse en el líder de una nueva era en la que el relieve social y las relaciones públicas estaban llamadas a convertirse en factores determinantes.

En aquellos años, mediados los 50, el Betis ya había dejado atrás las enormes penalidades de la Tercera División. "Ese tiempo en que éramos menos que nada", como recordó tantas el admirado directivo y combatiente del beticismo, Juan Petralanda.

Del marasmo de los campos de polvareda lo había sacado el empeño obsesivo de muchos béticos y la tenacidad invencible del venerable Manuel Ruiz Rodríguez, un héroe que en 1952 tuvo el valor de ponerse al frente de una sociedad moral y materialmente deshecha y que tres años más tarde dejó al Betis en Segunda y con una masa social que ya superaba los 4.500 socios.

Pero era sabido que Manuel Ruiz estaba enfermo, posiblemente extenuado por sus titánicos trabajos al servicio del Betis. Por ello, urgía buscar un nuevo líder y lo encontraron en Villamarín, a quien, una vez introducido en los círculos verdiblancos, tuteló con cariño el patriarca Pascual Aparicio. "Don Pascual", como siempre lo llamaron los hijos de Villamarín en aquellas interminables reuniones mantenidas en el domicilio familiar de la calle Tomas de Ybarra.

Pascual Aparicio fue otro héroe, cuyo papel resultó decisivo durante los años malditos. Su tremenda generosidad y su inasequible ilusión en los colores verdiblancos lo llevaron a financiar las necesidades de la institución, a soportar todos los sacrificios y a mostrarse en una permanente actitud de servicio al Real Betis Balompié. El gran mecenas sobre el que se asentó la vida de la entidad.

Presidente de 1949 a 1951, aunque referencia expresa del beticismo desde mucho antes y hasta mucho después, Pascual Aparicio reconoció años más tarde que: "No tuve grandes éxitos, pero evité grandes males, como pudieron ser la desaparición del club o la pérdida de la categoría nacional. Pero no fui yo solo, sino todos los compañeros de Junta".

Y, además de todo esto, fue el primero de los propagandistas de Benito Villamarín, a quien le intuyó desde muy pronto todas esas capacidades que después alumbrarían el Betis más grande que se había conocido desde el título de Liga de 1935.

Esta suma de factores, unida al respaldo institucional del primer cargo público que le prestó su apoyo al Real Betis en aquellos años, el Capitán General de la Segunda Región Militar, Teniente General Eduardo Sáenz de Buruaga, acabaron por determinar que Benito Villamarín Prieto, un gallego nacido en 1916 en la pedanía orensana de Puga, aceptara le encomienda de ser presidente del Real Betis Balompié.

Como indicábamos al principio, fue elegido para el cargo el sábado 21 de mayo de 1955 y sus primeras declaraciones conocidas, datadas por el investigador Alfonso del Castillo, se pudieron leer en el diario Marca el domingo 26 de junio de ese año. En dicha entrevista, se definía al nuevo presidente como "hombre habilidoso en el menester y que, contrario a lo usual en aquellos que rigen los destinos de los clubes de fútbol españoles, no rehúye el abordaje periodístico".

Y en ella, Benito Villamarín expresaba que: "Haremos el esfuerzo máximo, con nuestra mayor voluntad, para que la incomparable afición sevillana que nos sigue quede plenamente satisfecha de nuestras gestiones en todo el amplio plan que hemos trazado".

Villamarín tomó posesión de la presidencia el 28 de mayo y reunió por primera a su Junta Directiva el jueves 2 de junio. Una directiva en la que figuraba su apreciado Francisco de la Cerda como vicepresidente segundo y en la que ya estaban presentes algunos béticos que navegarían durante décadas por los mares verdiblancos, entre ellos, Antonio Picchi Castro. quien después fuera gerente de la entidad.

El entrenador con el que se estrenó Villamarín fue con Pepe Valera, a quien llamó de nuevo a filas apenas comenzar a ejercer. Y quiso hacer cosas ambiciosas, aunque aún no pudo. Entre ellas, conseguir los fichajes de dos celebridades del fútbol español: el mítico delantero vasco Telmo Zarra y el legendario goleador barcelonista César Rodríguez. Dos veteranísimos que apuraban sus carreras y a los que el Betis todavía no podía pagar. Lo explicó muy bien Pepe Valera cuando el periodista Vicente Bru le preguntó en el diario Sevilla porqué no se había hecho lo de César: "Porque pedía la luna", respondió.

El nuevo presidente tardó un par años en anclarse. Dos temporadas de aprendizaje en las que el club remó hacía la Primera, pero acabó ahogándose en la orilla. Muy principalmente en la primera campaña, en la que llegó a jugar la promoción de ascenso cuando más ilusiones había. Pero no pudo ser.

Por fin, en 1958 el Real Betis Balompié volvió al lugar que le correspondía y del que faltaba desde hacía tres lustros. Corrió la felicidad por Heliópolis y empezó a nacer la leyenda del presidente de los presidentes. Después, vino todo lo demás.

Hasta su muerte prematura en 1966, pasaron miles de cosas que ya hemos contado y que seguiremos contando. Como una evocación permanente de aquel tiempo que cambió el sino bético.

Benito Villamarín es felicitado en el palco de Heliópolis por el alcalde Marqués del Contadero tras el ascenso de 1958.

Juan Antonio Hans Checa: Trágica Muerte de un Empresario de Lora del Río

Desde que el pasado 23 de enero el cuerpo del empresario sevillano de Lora del Río Juan Antonio Hans Checa apareciera sin vida en un hotel de Estepona son muchas las cuestiones que aún no tienen respuestas. Este lunes, tanto la familia del fallecido como el abogado penalista y doctor en Derecho Penal Luis Romero han ofrecido una rueda de prensa en la que han narrado todos los cabos sueltos que ellos consideran que existen en la muerte de este constructor.

Su esposa avisa de que en el marco en el que este empresario estaba sufriendo "un brote psicótico", su familia considera que "no habría sufrido un infarto porque sí", extremo que a su entender "verifican" las imágenes de vídeo ahora incorporadas. Una de las principales denuncias de la familia es que, a pesar de que han transcurrido ya 18 días desde que se localizara el cuerpo sin vida, ningún familiar ha podido ver e identificar el cadáver a pesar de haber ido seis veces al Instituto de Medicina Legal, donde han solicitado una segunda autopsia.

"El domingo 26 de enero la juez nos informó de que no nos tenía que autorizar a su familia a ver a Juan Antonio en la clínica forense. Ellos tienen derecho porque lo dice la ley, per se les ha denegado", ha afirmado el abogado. Según el letrado, es la primera vez que se encuentra una situación así. De hecho, en Sevilla es "obligatorio como mínimo un familiar vea e identifique el cadáver".

Según los hechos relatados por el abogado de la familia, Hans estaba a las 21:40 en el hotel Ona Valle Romano de Estepona, donde se alojaba por motivos de su actividad empresarial. La situación era recurrente, ya que "sobre las 18:00 horas ya había intervenido la Policía en el Bar Peña de la misma ciudad por ocurrir lo mismo, siendo acompañado por los agentes al hotel sin ningún problema".

Entre las exigencias de la familia están que se llame cuanto antes a los ocho policías implicados para que declaren. "Cada uno hizo algo distinto y tuvo una participación diferente. Queremos saberlo para determinar la responsabilidad de cada uno de ellos y del grupo de policías".

Además de esto, el abogado pide que declaren los sanitarios y todos los testigos del hotel y no sólo los tres elegidos hasta el momento, que han declarado que se utilizó la fuerza mínima imprescindible. Además, Luis Romero ha contado que existe una grabación de una trabajadora del hotel donde hay imágenes y sonido donde "se ve a la Policía encima de Juan Antonio en ese cuarto con paredes de cristal y vinilos de un metro de altura. Ahí se le oye diciendo 'no me matéis' que es lo que escuchó su hermano cuando lo llamó por teléfono.

Por su parte, la viuda ha dicho que desde el primer momento "sabíamos que nada de lo que estaba pasando era normal". También ha añadido que a su parecer "estaba sufriendo un brote psicótico porque me dice que están quitando las cámaras y que lo van a matar".

Familia pide aclarar la muerte de un empresario de Lora del Río

EL SENTIDO DE LA VIDA (Antonio Gala, "Trece Noches", Canal Sur, 1991)