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El Super Rugby, una competición que reúne a franquicias de Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica, Argentina y Japón, ha sido un escenario de grandes emociones y desafíos. En este contexto, la franquicia de los Melbourne Rebels merece un análisis detallado, considerando tanto sus éxitos como sus dificultades.

En Sudáfrica y Australia, suenan tambores de guerra. El sistema de conferencias no engancha a los aficionados, mientras que el aumento de equipos ha dispersado el talento por un lado y, por el otro, ha estirado el chicle del presupuesto. Allí también hay voces discordantes sobre lo que hacer.

La SANZAR pretende una reducción de equipos para elevar el nivel de la competición mientras que los dirigentes locales, aun a sabiendas de que es una recomendación cabal, se resisten a ello. Western Force o Melbourne Rebels en Australia y Sothern Kings y Cheetahs en Sudáfrica, cuentan los días antes de pasar por el cadalso.

Una curiosidad: la filial australiana Ebury del banco Santander patrocinaba la franquicia de los Melbourne Rebels en el Super Rugby. Una lastima se ha caído esta temporada.

El Impacto de Jugadores Clave

El Getxo Rugby, buscando fortalecer su plantilla, llegó a un acuerdo con el jugador de origen sudafricano S’bura Sithole para incorporarse hasta final de temporada. S’bura Sithole juega tanto en la posición de centro como la de ala, y tiene una amplia experiencia en el rugby profesional.

Las últimas tres campañas ha jugado la Liga Celta con Southern Kings donde participó en 18 encuentros. El nuevo jugador getxotarra tiene una amplia experiencia en la Carrie Cup donde jugó 46 partidos con Natal Sharks. Además cuenta con 35 apariciones en el Super Rugby con la franquicia sudafricana de Sharks durante las temporadas 2015-2016 y 2016-2017.

Gavidi, de 30 años, 110 kilogramos y 188 centímetros de estatura, procede del North Brisbane Rugby Club australiano (2009-2012), club en el que ha militado varias temporadas y con el que ha acaparado varios premios a título individual de la Queensland Premier Rugby.

Se encuentra en el mejor momento de su carrera al haber sido seleccionado para formar parte de la WTS "Wider Training Squad" de Melbourne Rebels en la última edición del Super XV. Antes de recalar en Australia, Gavidi actuó entre 2006 y 2008 en los Waimea Old Boys, de Nueva Zelanda, club amateur que guarda una estrecha relación con Tasman, de la ITM Cup (NPC neocelandesa), la competición nacional de Nueva Zelanda. Gavidi consiguió formar parte de un seleccionado de esta región.

Gavidi se caracteriza por su velocidad y su destreza para avanzar metros con el oval, así como por su capacidad de liderazgo y su fortaleza defensiva.

Otro ejemplo de superación es la historia de Christian Lealiifano. Ha sido una de las imágenes más virales del Mundial de rugby que se está celebrando en Japón. Las lágrimas de Christian Lealiifano cayendo por su rostro mientras abrazaba a su hijo al final del encuentro en el que su selección, Australia, quedaba apeada en cuartos al caer frente a Inglaterra (40-16).

El significado del emotivo y sentido abrazo tiene detrás una historia de superación del apertura de los Wallabies difícil de olvidar para cualquier aficionado de este deporte.

Allí, tras una carrera exitosa en las categorías inferiores en el rugby local de Melbourne, en 2007 ficha por la franquicia que representa la región de Canberra (Australia) en el Super Rugby del hemisferio sur, los Brumbies, siendo el club donde desarrollará la mayor parte de su carrera.

No llegó ni a un año después del 'palo' de quedarse fuera del Mundial de 2015, cuando Lealiifano se somete a un análisis de sangre rutinario en verano de 2016 y el diagnóstico cae como un jarro de agua fría en la vida del jugador australiano y de sus personas queridas. Christian tenía leucemia (cáncer de sangre y médula ósea) y debía someterse a una operación de transplante de médula ósea.

Tras superar la leucemia con operación y ciclos de quimioterapia incluidos, la mayoría de sus doctores le dijeron que nunca podría volver a jugar al rugby. Pero el espíritu de sacrificio y de superación de este jugador dio la vuelta a los primeros diagnósticos de los doctores y le hicieron volver a un terreno de juego en 2017 con los Brumbies.

Tras jugar el que posiblemente haya sido su último partido en un Mundial (4 en total, 3 de inicio en los que ha sumado 23 puntos), estuvo durante medio minuto abrazado a su pequeño, para asombro del niño y de los asistentes que no conocían su historia ni la fuerza que le había transmitido el pequeño para alcanzar su sueño.

Estas historias de jugadores no solo enriquecen el deporte, sino que también inspiran a futuras generaciones de rugbiers.

Christian Lealiifano

Desafíos Financieros y Estructurales

En los últimos años Grenoble, Montauban y Burgoin fueron obligados a descender por motivos económicos. El tope salarial en Francia es de 10 millones de euros -similar al de la Premiership inglesa, que son 7 millones pero en lo suyo- pero tales cantidades están reservadas para fichar talentos del Sur y no para promover jugadores franceses.

Más. Hace apenas dos semanas, la Unión de Rugby de País de Gales tomó el control total de la franquicia Newport Gwent Dragons -de la que ya era accionista- para poder operar en la reforma de su estadio. Ellos solos no podían asumir el coste de un equipo profesional.

Cardiff Blues se puso a la cola y ya ha comenzado las negociaciones con el ente federativo para cederle, bien temporal, bien permanentemente, la propiedad de la franquicia a la propia federación con la reforma de Arms Park en el horizonte.

Las otras dos franquicias, Ospreys y Scarlets, también quieren parte del pastel porque el ritmo de fichajes de sus rivales en las competiciones continentales es insostenible.

En Escocia, pese a que incomprensiblemente sólo uno de sus jugadores de élite, Stuart Hogg, está convocado para la gira de los British and Irish Lions por Nueva Zelanda del próximo mes, también pasan cosas, pero al revés.

La SRU se muestra reluctante a vender los derechos de los Test Matches de noviembre a BT, a la sazón su principal sponsor, a costa de perder dinero. La BBC retransmite los encuentros en abierto y, dicen, eso es una manera de ir ganando terreno al fútbol. Con todo, corren riesgo de quedarse sin TV que programe sus partidos.

Si se une la línea de puntos, aparecen tres asuntos fundamentales a resolver y una World Rugby como parachoques de todos los problemas. Primero, un calendario demencial entre competiciones de clubes y selecciones que acaba por repercutir en el segundo ítem: la seguridad de los jugadores y el aumento de las lesiones. En tercer lugar, el éxodo de talento de países sin el potencial económico de Francia e Inglaterra.

Asimismo, no se puede frenar la progresión de los países del Tier 2 y 3 (Tonga, Samoa, Fiji, EE.UU., Canadá, Uruguay, Japón, Georgia, Rumanía…España) porque como se ha visto en el caso de Italia la línea que separa la mediocridad con la élite es muy fina y se dibuja de fracaso en fracaso.

Antes de la asamblea anual la World Rugby aprobó un calendario armonizado que entrará en vigor en 2020 y llegará hasta 2032 para prever ventanas de amistosos en verano y otoño donde no se corten competiciones como el Super Rugby y tanto el Rugby Championship como el Seis Naciones encuentren acomodo con las ligas locales. También el Mundial y las giras de los Lions.

Además, se garantizan Test Matches de países del Tier 1 a las Islas del Pacífico, Japón, Canadá, Estados Unidos, Georgia y Rumania.

En la asamblea de la semana pasada, asimismo, se puso cerco a la norma 8 del reglamento. Aquella que determina la elegibilidad de jugadores foráneos por motivos de residencia. De 36 meses se ha pasado a 60 y las federaciones ya no podrán nombrar al equipo sub 20 como representativo.

Así, los jugadores que, por ejemplo, jugaban el mundial juvenil con Inglaterra y acababan representando a Gales en categoría senior, se acabarán. La reforma de la norma entrará en vigor en 2021 pero los mimbres para proteger, sobre todo, a las naciones del Pacífico, están puestos.

Si bien esto no afecta directamente a los clubes de chequera alegre, sí que supone un freno a la hora de dar transfers y permite a las federaciones margen de maniobra a la hora de contratar a los jugadores. Algo que ya hace Gales con sus piezas clave para que permanezcan en sus franquicias o la propia Nueva Zelanda con sus proyectos de Mundial a Mundial.

Estos desafíos financieros y estructurales no son exclusivos de los Melbourne Rebels, sino que afectan a muchas franquicias en el Super Rugby y otras competiciones a nivel global. La gestión económica y la adaptación a los cambios en el panorama del rugby son cruciales para la supervivencia y el éxito de estos equipos.

En el mundo del rugby, el término "franquicia" ha ganado relevancia debido a la eficacia de varios equipos alrededor del mundo que sirven como base para sus selecciones nacionales. Esto ha llevado a la necesidad de reflexionar sobre este concepto, especialmente en países donde se buscan modelos exitosos.

La definición de franquicia deportiva aglutina los conceptos de marca, de explotación comercial y de vinculación a una superestructura institucional o mercantil.

En el mundo oval, se acerca mucho a esa definición cuando uno mira al Super Rugby, pero siempre subyace un concepto importante: la vinculación, además de con una superestructura, la tiene con una institución regional o nacional.

En pocas palabras, no es lo mismo Iberians que Diables, ni mucho menos Iberians y Diables que Olympus. Por no hablar de que ni Iberians, ni Diables ni Olympus tienen nada o algo que ver con Gatos, Korsarioak, Almogàvers, Mariners, Vacceos Cavaliers o, fíjense, Sevilla FC Andalucía Rugby. Todo este elenco ha sido asociado, de manera más o menos fortuita, al concepto de franquicias, pero su extensión debe ser vista más como el fracaso de cualquier modelo más allá del de club en nuestro país.

Cuando en 2010 Michael Robinson puso sobre el césped la primera y última competición profesional de rugby en España, la Super Ibérica de Rugby, lo hizo bajo el modelo de "franquicias". Seis nombres, los arriba citados, representando a regiones españolas y con clubes como fuentes, aglutinando a jugadores de equipos de dichas áreas.

Aquella competición, como saben, murió. Murió por el desapego de los clubes al proyecto y murió por el enorme esfuerzo económico que se requería para obtener un mínimo de rédito.

My Story Christian Lealiifano

A veces utilizamos términos en deporte con asiduidad pero no sabemos con exactitud su origen o su significado total. Algunos de ellos relacionados con el mundo del baloncesto. Principalmente, porque funcionan en base a los modelos de franquicias existente. Para entender el concepto de franquicia en el rugby, es útil analizar cómo se aplica en otros deportes, como el baloncesto, donde el término está más extendido.

¿Qué son las Franquicias y cómo funcionan?

Si bien la tradición de equipos europeos tiene su germen en el deporte amateur -una asociación de amigos que acaba creciendo-, los estadounidenses siempre han concebido sus ligas como modelos empresariales.

Al igual que cualquier proyecto, un grupo de inversores de una ciudad -en muchos casos presionados desde las respectivas alcaldías- se hacen con una marca de la NBA, eso sí, siempre y cuando la central de luz verde a todo y crea que la idea cumple con las condiciones necesarias.

Pago de canon de entrada mediante, la ciudad adquiere una franquicia de la NBA y las consecuentes ventajas que esta le reporta.

Los contratos de los jugadores, desde su selección en el Draft anual, pasan a formar parte de las franquicias, en un método de reparto que pretende ser equitativo.

Por su parte, no todos los traspasos se efectúan por cantidades de dinero, algunos se realizan por otros jugadores o por posiciones de privilegio en el Draft venidero.

En cualquier caso, según la cantidad que los inversores estén dispuestos a pagar, mayor capacidad salarial tendrán las plantillas.

Los cambios de ciudad son frecuentes en ocasiones en la NBA, pero requieren de un tiempo mínimo para ser llevados a cabo.

La NBA está compuesta por 30 equipos, repartidos por todo el territorio de los Estados Unidos y Canadá, cuyo valor total supera los 11.000 millones de dólares, con unos ingresos anuales de más de 3.900 millones y unos ingresos por ventas de entradas de 1.154 millones.

De Auckland a Melburne hay cuatro horas de avión. De Johannesburgo a Buenos Aires, trece. De Tokio de vuelta a Auckland otras diez… y así durante cinco meses.

Eso es el Super Rugby, una competición que pone en liza a cinco franquicias neozelandesas, cinco australianas, seis sudafricanas, los Jaguares argentinos y los Sunwolves japoneses. La mejor liga de clubs del mundo -y más espectacular que el VI Naciones- que excede ya los límites geográficos del hemisferio sur para alegrarnos la vista a los amantes del rugby.

Al Super Rugby se le ha comparado a veces con la NBA desde la admiración pero también con malicia. Existe una leyenda urbana sobre el deporte de la canasta que dice que en Estados Unidos no se defiende. Ya, por eso Michael Jordan, Kevin Garnett, Gary Payton, Tim Duncan y Kobe Bryant son los jugadores que más veces han estado en el mejor quinteto defensivo de la liga.

Algo parecido ocurre con el rugby del hemisferio sur: como anotan tal cantidad de ensayos debe ser porque defienden poco. Y nada más lejos de la realidad. Suele ser al revés, en el Hemisferio Norte se juega peor o a otra cosa y más despacio.

Con estos mimbres de juego en continuidad, velocidad, variantes de estilo -no es lo mismo el agreste juego del altiplano sudafricano rayano en la violencia, que el rugby de los suburbios middle class de Sídney- y con el aliciente de rivalidad vecinal entre países y entre regiones: cada país juega su conferencia y, año sí, año no, rota con las otras dos para completar el calendario, el Super Rugby se ha convertido, además, en el vivero de las estrellas que acaban engrosando las nóminas de los equipos más pudientes de Europa.

Para acercar la lupa al torneo que recién empieza, Joaquín Galán, jefe de prensa de la UAR, habló con El Confidencial sobre la actualidad que rodea a los Jaguares, la franquicia argentina que arranca su segunda temporada entre los mejores. Un equipo en el que en 2016 se habían puesto muchas esperanzas pero que sólo alcanzó a ganar cuatro partidos de los 15.

“Del año pasado a éste se aprendió mucho. Se había puesto el listón muy alto después del cuarto puesto en el Mundial y, con un plantel casi idéntico, las esperanzas eran muy altas. Pero cuando los resultados no se fueron dando se empezaron a perder la motivación y el rumbo. Este año, con los pies en la tierra, el objetivo de staff y jugadores es ganar partidos y afianzarse en la competición”, explica Galán.

Este año la franquicia repetirá como local en Liniers, en el estadio de Vélez Sarsfield y tendrá un calendario un poco más benévolo, lo que se traducirá en menos viajes.

“En el Super Rugby nadie regala nada y en Argentina se respeta el rugby australiano. Sabemos por experiencias anteriores como la semifinal del Mundial que si tomas riesgos y les regalas la pelota, ellos tienen mucha más experiencia y te acaban haciendo daño. Eso no quita que los Jaguares nunca van a renunciar a su estilo de juego ofensivo e intentar crecer contra cualquier equipo”.

El debut de la franquicia argentina será con los sudafricanos de Southern Kings el próximo sábado en el Nelson Mandela Bay Stadium de Port Elisabeth. Otros de los platos principales de la primera jornada serán el derbi springbok por excelencia, el Stormers vs Bulls o el duelo de dos históricos de la competición como Crusaders y Brumbies.

Como nota de color, el vigente campeón viaja a Japón a enfrentarse a Sunwolves con la baja del que parecía iba retornar después de una larga lesión: el zaguero internacional Nehe Milner-Skudder. Apunten este nombre.

Quade Cooper, nacido en Nueva Zelanda y nacionalizado australiano, debutó con los Wallabies en 2008 y se convirtió en un jugador clave para el rugby australiano. Con más de 70 test matches, participaciones en mundiales y una carrera profesional con pasos por los Queensland Reds, los Melbourne Rebels, Toulon y equipos japoneses, Cooper dejó una huella imborrable gracias a su estilo creativo y audaz.

Quade Cooper con los Melbourne Rebels / Foto: CNN

Nacido en Auckland, Nueva Zelanda, el 5 de abril de 1988, Cooper se trasladó a Australia a los 13 años, donde rápidamente destacó por su talento en las categorías juveniles.

Rápidamente se convirtió en un jugador clave para los Queensland Reds en el Super Rugby, siendo protagonista en la conquista del único titulo de la franquicia, siendo además el mayor anotador del torneo con 228 puntos.

A lo largo de su carrera con Australia, jugó más de 70 test matches, incluyendo además el Mundial de 2015, done los Wallabies alcanzaron la final. Cooper es recordado por su capacidad nata de improvisación y por su audacia, pases imposibles, patadas fuera de serie y movimientos que desmantelaban defensas enteras.

Esta creatividad lo convirtió rápidamente en un jugador capaz de cambiar el rumbo de los partidos en cuestion de segundos.

Parte de la historia de Quade Cooper se relaciona con la mala fortuna: lesiones en momentos críticos, cambios de entrenadores que no apoyaban su estilo y decisiones disciplinarias que lo alejaron de la selección en temporadas varias.

Además, su relación con la prensa y la afición, a veces conflictiva, contribuyó a que su carrera fuera percibida con altibajos.

Su regreso a los Wallabies y a los Queensland Reds en sus últimos años mostró una versión más madura y precisa de Cooper.

Con 33 años, su juego aún combinaba su característica creatividad pero con un punto extra en el control, dejando entrever lo que pudo haber sido durante la mayor parte de su carrera.

Hoy, su legado va más allá de las estadísticas y las victorias: Cooper simboliza el talento puro, la audacia y, sobre todo, la eterna pregunta de los grandes "What if" del deporte.

Los Leones británicos e irlandeses se enfrentarán a una selección conjunta de Australia y Nueva Zelanda en una "cuarta prueba" no oficial en su gira de 2025, que incluirá partidos contra los Wallabies en Brisbane, Sydney y Melbourne, según se anunció el miércoles.