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A lo largo de la historia, figuras prominentes han reconocido la importancia de los empresarios en el desarrollo económico y social. Winston Churchill, con su aguda visión, ofreció reflexiones que siguen siendo relevantes en la actualidad. Sus palabras destacan el papel crucial de los empresarios como impulsores del progreso y generadores de valor para la sociedad.

En la actualidad, circula por las redes una frase atribuida a Winston Churchill: “Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir, otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”. Esta cita resume las diferentes perspectivas sobre los empresarios y su contribución a la sociedad.

Winston Churchill

El Empresario como Lobo, Vaca o Caballo: Una Metáfora Reveladora

El lobo que hay que abatir hace referencia a los incansables esfuerzos del gobierno, quien no pierde la oportunidad para satanizar a los empresarios, haciendo ver con sus populistas comentarios, que quienes hacemos empresa, somos unos opresores y una especie de esclavistas modernos.

La vaca que hay que ordeñar se refiere al Estado, aquel socio mayoritario que tenemos los empresarios, que con su excesiva carga impositiva desestimula el desarrollo económico, el crecimiento del tejido empresarial y la formalización de los negocios.

Y el caballo que tira de la carreta hace alusión a ese invaluable motor que permite que los mercados operen bajo una economía de libre empresa, brindando una retribución justa a los empleados que colocan su mano de obra o conocimientos al servicio de una estructura privada que debe satisfacer a sus propietarios todos los riesgos que esto conlleva.

Esta dialéctica donde pintan a la empresa como el enemigo no es nueva y por ello hace muchos años ya Sir Winston Churchill decía: “Algunas personas miran a la empresa privada como un lobo que hay que abatir; otros la miran como la vaca lechera que hay que ordeñar. Pero muy pocos la ven como el caballo sano que tira del carro”.

En una Argentina ideologizada, el ser empresario no tiene ni ha tenido buena fama. Desde la época de combatir el capital hasta los cuadernos de las coimas, han primado visiones que no valoran al real empresario.

El empresario y su rol en la economía - parte 2

La Empresa: Un Punto de Encuentro y Generador de Progreso

Lo cierto es que la empresa no divide, la empresa une y genera progreso. La empresa debe ser entendida más bien como ese lugar común donde confluimos y convivimos todos: trabajadores y sus familias, los proveedores, el Estado que recibe los impuestos, la comunidad, el medio ambiente y los accionistas, entre otros. Es la casa de todos. El rol de la empresa no es otro que lograr que a todos los agentes o actores de esta ‘casa común’ les vaya bien.

Así a algunos les cueste creer y entender, la empresa es esa institución social que busca que se maximicen los beneficios para todos sus agentes. Sí, señores, la idea es simple: que a todos los que conviven en esta ‘casa común’ les vaya bien. No solo a los accionistas, como lo quieren hacer ver por ahí. Si se destruye o se ataca a la empresa -punto de encuentro donde se generan beneficios comunes-, créanlo, no se va a poder generar desarrollo.

Cada vez observo con mayor preocupación el nacimiento y expansión de un discurso populista, con evidentes rasgos antiempresa, en el que se ha caracterizado al empresario como una especie de enemigo que recibe todos los beneficios del Estado, quitándoles posibilidades a las clases más vulnerables.

Liderazgo Empresarial

El Valor de la Empresa en Tiempos de Crisis

Muchas son las empresas y quienes las dirigen, que están proporcionando trabajo, pagando sueldos, manteniendo proveedores y haciendo los sacrificios necesarios para mantenerse a flote, al igual que a su fuerza laboral. En otros casos, están por obligación con las puertas cerradas o trabajando al mínimo, mostrando por el impacto de su ausencia y silencio, el valor que generan.

El valor económico que las empresas están generando permite pagar impuestos para que el estado cumpla su rol. La pandemia ha demostrado distintos aportes que las organizaciones privadas efectúan diariamente y que pasan desapercibidos. Es claro que las empresas tienen una misión que cumplir, relevante y única para el bien común de la sociedad. Uno de los principios de la vocación empresarial es suministrar bienes y servicios para cubrir necesidades sociales, básicas y no tan básicas. El estado no puede hacerlo mejor, tiene grandes limitaciones y debe cumplir sus objetivos básicos, por lo que el rostro humano de la empresa es mucho más amplio que la ayuda social directa.

La Necesidad de una Visión Virtuosa de la Empresa

Lamentablemente, la visión del empresario lobo o vaca es la imperante en numerosos actores sociales del país. Es necesario que los dirigentes políticos, sindicales, eclesiales, académicos y los mismos empresarios, tomen conciencia del rol fundamental de las empresas virtuosas en la sociedad.

Es momento de que más dirigentes nacionales acepten a la empresa privada como un actor social importante. Esperemos que esta pandemia fortalezca el rostro humano de las empresas y que nos deje la enseñanza de que la pobreza estructural sólo va a poder ser derrotada impulsando empresas que generen valor para toda la sociedad. Desafío imprescindible a la salida de la pandemia.

Las empresas deben ser como “el caballo que tira del carro” que logre sacarnos del pantano en que se encuentra el país desde hace muchos años.

Ejemplo de Distribución de Ingresos en una Empresa

Para ilustrar cómo se distribuyen los ingresos en una empresa, consideremos el siguiente ejemplo:

Imagina que de cada $1,000 pesos que entran a mi empresa, en promedio:

  • $340 pesos se van en el impuesto sobre la renta
  • $100 en reparto de utilidades
  • $100 en prediales, tenencias
  • $400 en costos y gastos

Al final después de haber puesto en peligro mi patrimonio me quedan $60 pesos parar mi. La mayor parte se repartió entre el Gobierno, proveedores, empleados, impuestos sobre impuestos, etc. Y si se pierde sólo yo pago.

Y esto es así porque como empresario soy el motor que mueve la economía. Por ello emprendedores, desde el que pone un abarrotes, una carpintería, un taller, hasta los grandes emprendedores los felicito, los admiro, los aplaudo, los respaldo, los acompaño, los escucho y sobre todo están en mis oraciones.

En contraste con esta realidad, los empresarios en su narrativa no han sabido mostrar el aporte que hacen a la sociedad y se han enfocado en defender, con razón, aspectos relativos a la competitividad. Ya es hora de que las empresas se enfoquen en apoyar y en exigir avances en los temas que afectan su entorno, para lograr la transformación social que el país necesita.