En los últimos años, el término "startup" ha ganado popularidad en el mundo de los negocios. Una startup es simplemente una empresa emergente, un negocio de reciente creación, ligado a la innovación, el mundo tecnológico y un potencial de crecimiento rápido.
Hoy vamos a hablar de lo que es una startup y un poco de toda la fantasía que vuela en torno a ellas. Jóvenes millonarios, grandes inversores, vida de ensueño y esas cosas. Lo que la diferencia de una empresa tradicional es principalmente la dependencia de terceros para obtener capital y lograr el crecimiento, en lugar de necesitar utilizar tu propio dinero para arrancar una empresa de forma más o menos rápida, que es lo que sucedía antiguamente.
Esto ha permitido que jóvenes emprendedores con ideas innovadoras y comprensión de la tecnología puedan tener la oportunidad de desarrollar proyectos millonarios a una edad relativamente temprana. Pero, ¿es oro todo lo que reluce en el mundo de las startups?
La Burbuja de las Startups
Parece que hoy en día, el modelo startup es la única manera de crear una empresa tecnológica de éxito. La cantidad de dinero que se puede manejar en ese ecosistema en un periodo relativamente corto es bastante alta y por eso, en los últimos años, también se ha utilizado mucho la expresión “la burbuja de las startups”.
Tuvimos la burbuja de las punto com a finales de los 90 y principios de los 2000, como comentábamos en esta serie de podcasts sobre la revolución digital. La burbuja inmobiliaria 10 años después aproximadamente. Y, una década más tarde, parece que nos encontramos con otra burbuja económica más. Esto ya parece una tendencia, aunque el tiempo dirá si es cierto que existe esa burbuja.
¿Es el mundo de las startups un sector volátil más en el que los inversores ven una oportunidad de negocio fácil y rápido? No lo sé. Yo sólo soy un simple fotógrafo. Pero aquí abajo tienes algunas cosas que he podido aprender gracias al libro “La farsa de las startups” de Javier López Menacho, especialista en comunicación y reputación digital.
El Informe State of AI 2019: Una Farsa en la Inteligencia Artificial
En marzo de 2019, en pleno apogeo de la inteligencia artificial como herramienta de cada vez más empresas, aparece una investigación demoledora: según el informe State of AI 2019: Divergence, elaborado por MMC Ventures, el 40% de la supuesta inteligencia artificial es una farsa. La compañía analizó la actividad de más de 2.000 startups europeas que decían emplear inteligencia artificial y descubrió que el 40% no la utilizaba en absoluto.
Por otro lado, analizando las cifras, también descubrió que, a la hora de buscar financiación, las startups que dicen usar inteligencia artificial reciben un 15% más de fondos que las que no la usan. Y es que «mucha gente pone la palabra inteligencia artificial para vender más productos, pero en realidad ahí no hay nada. No hay inteligencia y tampoco es artificial, es todo cartón piedra.
Más allá de la posible venta de humo, lo cierto es que la inteligencia artificial cada vez es más recurrente en todo tipo de sectores. Y en la ciberseguridad, tres cuartos de lo mismo. No hay más que echarles un ojo para comprender la relevancia de la IA en cualquier tipo de empresa. ¿Y qué pasa con la inteligencia artificial aplicada a la ciberseguridad? Que también está creciendo a un ritmo vertiginoso.
Tal y como revela un informe de Pillsbury, este mercado, que en 2020 era de 10.500 millones de dólares, pasará a ser de 38.200 millones en 2026 y de 46.300 millones en 2027.
Pero, ¿de qué manera se usa la IA en ciberseguridad? Aquí hay un estudio que nos puede resultar muy útil: el Reinventing Cybersecurity with Artificial Intelligence, elaborado por Capgemini. ¿Y en qué entornos recurren a la inteligencia artificial los equipos de ciberseguridad? En cualquier caso, la forma de usar esta IA puede ser verdaderamente interesante… o no.
«Escucho muchas veces que se utiliza inteligencia artificial… cuando, como mucho, es machine learning», nos cuenta Borja Pérez, country manager de Stormshield en España. El debate, como vemos, está servido. Puede que a veces la IA implique un poco de humo, pero lo cierto es que el sector de la ciberseguridad la está adoptando de manera intensiva y cada vez invierte más dinero en ello.
La Farsa de la Nueva Economía
¿Recuerdas cuando hablábamos de la nueva economía e incluso de la economía colaborativa? ¿Cuando contábamos todas sus maravillas? ¿Cuándo resaltábamos el avance y la innovación que suponía? ¿Cuando enumerábamos las ventajas para todos los usuarios? ¿Cuando alabábamos que suponía un cambio de filosofía social y un ahorro para todos los ciudadanos? Pues era un completa y absoluta estafa. Nos la han colado, pero bien, y ahora nos va a costar quitárnosla de encima.
Porque bajo el falso paraguas de la nueva economía, el ahorro económico y el empoderamiento ciudadano se escondía otra realidad: la de la precariedad, la pseudoexplotación de trabajadores (alguno incluso duerme en plena calle) y el enriquecimiento de una serie de empresas tecnológicas que, básicamente, pretenden hacer lo que les dé la gana sin que nadie les ponga una sola traba. Y el que se atreva a hacerlo será tachado de carca, de enemigo de la innovación, de burócrata y de ponerle puertas al campo.
El término 'economía colaborativa' tiene sus orígenes en 2010, pero en nuestro país empezó a llegar en 2012. El contexto era perfecto: en lo más hondo de la crisis económica, el término se abría camino a pasos agigantados con unos ingredientes que a todo el mundo podrían encantarles:
- El usuario accede a productos o servicios de manera económica
- El prestador de ese servicio, fíjate tú por dónde, se gana un dinerín dando uso a un bien infrautilizado
- Tras ello había una filosofía inspiradora: la de la colaboración y el empoderamiento de los ciudadanos
- Desaparecían los intermediarios: todo el mundo sabe que, en las revoluciones sociales, Hacienda sobra
Con estos ingredientes, el plato no podía ser más apetecible y empezaron a popularizarse las 'startups' de este tipo: la que te ofrece buscar a un fontanero rápido, la que te encuentra un alojamiento para el puente, la que te hace hueco en un coche... todas ellas, además, corrieron a autoincluirse dentro del sector de la economía colaborativa. No tardaron mucho en llegar las grandes, como Uber o airbnb, que tuvieron reservas a la hora de autodenominarse economía colaborativa, pero estaban encantadas de que se les incluyese en ese grupo de empresas innovadoras que iban a cambiar el mundo. En España, de hecho, incluso se creó una asociación de empresas de economía colaborativa. Con el tiempo, el término, quizá un poco gastado, acabó quedándose en 'nueva economía'.
El paso a paso para crear una startup
No diga innovación, diga explotación
Sin embargo, con el paso del tiempo, a la autodenominada nueva economía se le ha ido cayendo la máscara. Sus ingredientes ya no componen un plato de cinco estrellas, sino el trozo de pizza grasiento que te comes a las 6 de la mañana cuando sales de una discoteca para llevarte cualquier cosa a la boca:
- Los prestadores de servicios se encuentran con dos opciones, a cual peor. Si trabajan para una empresa que no les obliga a cotizar, hacen un trabajo en negro y ganan cuatro duros de espaldas a la ley. Y si trabajan para una empresa que les hace cotizar, la inmensa mayoría son falsos autónomos que se pegan vergonzosas jornadas laborales a cambio de sueldos irrisorios. En caso de tener cualquier problema, se quedan totalmente desprotegidos
- Que sean falsos autónomos, por desgracia, es casi un avance, ya que muchas de estas apps pretendían que sus 'colaboradores' ejerciesen como particulares sin ánimo de lucro y no cotizasen
- Estos falsos autónomos se enfrentan por su propia cuenta y riesgo a situaciones más que criticables: los conductores de Uber tienen que esquivar multas, los de Cabify reciben consejos para engañar a la Policía, los propietarios de pisos de airbnb huyen de Hacienda, los repartidores de Amazon Flex llevan los paquetes en sus propios coches, los 'riders' de Deliveroo, Glovo o Uber Eats se exponen a condiciones vergonzosas, a repartir de cualquier manera o a sufrir accidentes...
Si los prestadores de servicios están precarizados y los competidores honestos pierden ingresos, ¿realmente quién gana dinero fácil en toda esta ecuación? Exacto: las empresas. Frente al discurso de la innovación y la disrupción de sectores, lo cierto es que estas empresas no han eliminado intermediarios; en realidad lo que han hecho es eliminar a los intemediarios que había... para ponerse ellos
Las Administraciones Públicas intervienen y deciden que la mayoría de estas prácticas son ilegales, precarizadoras o se aprovechan de un vacío legal para salirse con la suya. Los mejores ejemplos los encontramos en Uber (su servicio UberPool fue anulado judicialmente), airbnb (muchas CCAA han restringido o prohibido su uso sin licencia y sin pago de impuestos) o Deliveroo (evitó su primera condena tirando de chequera, pero finalmente se le puso la ley en contra), por hacer un muestreo rápido.
El Mito del Emprendimiento y la Realidad del Fracaso
Emprender es, desde 2014, un verbo que parece estar de moda en España. Entre 2008 y 2012, durante la crisis económica, se sufrieron drásticos descensos en la tasa de emprendimiento (TEA), que pasó del 7 % al 5,7 % en solo cuatro años, según el último informe del Global Entrepreneurship Monitor (GEM). A partir de 2014, coincidiendo con la época poscrisi, crecieron los emprendedores. Hoy, emprender tiene connotaciones relacionadas con el éxito social y económico, pero lo cierto es que la realidad es bastante más dura de lo que se cree. Se calcula, que solo el 5% de las startups españolas alcanza los 5 años de vida y que un 15% no supera el año, según el Mapa del Emprendimiento 2018, publicado por Spain Startup-South Summit que analiza 1252 startups españolas.
«Después del batacazo del ladrillo hacía falta una nueva narrativa que hiciera perdurar el discurso neoliberal basado en la meritocracia y la autoayuda empresarial, y fue el de la innovación tecnológica», considera Javier López Menacho, autor de Editorial UOC y del libro La farsa de las startups. De ahí que muchos españoles se animaran a emprender. «El autoempleo fue para muchos la única solución para poder incorporarse al mercado laboral ante un entorno de crisis económica, elevadas tasas de paro y muchos problemas para encontrar una ocupación de calidad», afirma Enric Serradell-López, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC.
Según el barómetro de emprendimiento de diciembre de 2019 del Ministerio de Economía y Empresa, casi un tercio de las iniciativas de emprendimiento entre los españoles tiene la necesidad como motivación para emprender (22,6 %), aunque la mayoría responde a la motivación de aprovechar una oportunidad de negocio detectado (70,7 %).
Para Serradell ha habido una evolución en la mentalidad de los españoles hacia la autoocupación. Desde 2013 hay una tendencia positiva a detectar oportunidades de negocio. Hoy, un 6,4 % de la población adulta española es emprendedora. Esta tendencia se ve reforzada por el hecho de que casi la mitad de la población de entre 18 y 64 años considera que tiene los conocimientos, las habilidades y la experiencia para emprender, y llega al 84 % en todos aquellos que están involucrados en las actividades emprendedoras, según el GEM de 2018-2019.
«En general, acuden personas en busca de un pelotazo. Algunos han hecho de esta fórmula su manera de vivir, aunque la vía start-up es bastante precaria, pero si consigues éxito, todo ese esfuerzo ha merecido la pena», advierte Javier López Menacho.
¿Por qué no se habla del emprendimiento que no funciona?
Lo cierto es que la realidad emprendedora no se parece para nada a la historia del asalariado que tiene una idea innovadora y que en poco tiempo logra millones y una vida de lujo, aunque el discurso se mantiene. Según el barómetro de 2019, la vida media de las empresas emergentes es más bien corta: en España ronda los 2,3 años y en Europa, los 2,4 años. Además, la dinámica de creación y destrucción de empresas es de las más altas entre las grandes economías europeas, solo superada por el Reino Unido.
«Silicon Valley ha impactado en la creación de imaginarios sociales de emprendedores de éxito, y también los lobbies y los medios de comunicación afines, la industria de Hollywood… En el mundo de las start-ups se ha creado un sucedáneo de sueño americano», afirma López Menacho. «A la élite económica no le interesa hablar de las empresas que no funcionan replicando este modelo especulativo, pues hablar de crecimiento sostenido y sostenible o trabajo bien remunerado repercute en su beneficio», considera el experto.
La bahía de San Francisco se ha convertido en el destino soñado para muchos emprendedores y se considera la mina de las empresas emergentes tecnológicas en todo el mundo. «Todos los países están intentando copiar el modelo de Silicon Valley y es inevitable que se busquen referencias en las empresas que han tenido éxito», explica Serradell.
«Atraen talento global, que combinado con una óptima capacidad de inversión hace que los emprendedores tecnológicos se planteen ir o tener algún tipo de presencia», añade el profesor e investigador del grupo GO2SIM de la UOC.
En España, emprender y fracasar es solo fracasar
Copiar a Silicon Valley cuando no se comparte la misma cultura empresarial tiene peligros. «Los aspectos culturales son muy importantes. Una de las principales características de la cultura emprendedora en Estados Unidos es la cultura del reconocimiento al fracaso», explica Serradell. El fracaso es visto como un punto más en el recorrido del emprendedor y se valora positivamente. «En España iniciar y cerrar proyectos fracasados es una señal de debilidad. En cambio, en Estados Unidos demuestra que se tiene un perfil dinámico e innovador que suma positivamente en el currículum», afirma Serradell.
En esta línea, López Menacho afirma que «en España se habla de meritocracia empresarial, de éxito y de hubs tecnológicos de referencia…de un mundo idílico, cuando en el mundo de las start-ups los pocos casos de éxito tapan todo lo que hay detrás«.
Financiación de Startups en Europa y España
En lo que se refiere a la financiación, en Europa la mayor parte de las empresas emergentes se financia a partir de los ahorros de los fundadores (78 %), amigos y familia (30 %), los ángeles financieros (business angels) (29 %) y capital riesgo (26 %). En el caso de España, la mayor parte de capital riesgo proviene de empresas internacionales (51 %), seguido del capital riesgo nacional (45 %) y de las entidades de capital riesgo públicas (3,5 %).
«Hay una evidente necesidad de una posición económica holgada, contactos, formación y suerte, y el gobierno debe apoyar a modelos alternativos y apostar por ellos, y evitar el discurso del pelotazo», afirma López Menacho.
Fases de Crecimiento de una Startup
- Fase inicial o seed stage: Se suele recurrir al capital semilla, es decir, a las aportaciones de los fundadores, familiares, amigos o algún pequeño inversor que apueste por el proyecto. No existe todavía un plan de negocio, sino que toca alimentarse de ideas e ir puliendo las características de la empresa.
- Fase temprana o early stage: Ya hay un producto o servicio en el mercado y toca testearlo con el objetivo de ir creciendo poco a poco.
- Fase de crecimiento o growth stage: Toca demostrar que se es competitivo, tratar de acaparar la mayor parte del mercado y tener cuidado con los sobrecostes. Aunque la financiación sigue teniendo un peso importante, los ingresos deberían haber alcanzado un nivel suficiente como para solventar los pagos del día a día.
- Fase de expansión o expansion stage: Llega el momento de expandirse, ya sea internacionalizándose o tratando de acaparar grandes cuotas de mercado. La estrategia es clave y de nuevo cobra importancia la financiación. Aquí es donde suele entrar en juego el capital riesgo o venture capital, donde una entidad financiera o fondo de inversión aporta capital a cambio de un porcentaje de participación.
- Fase de venta, de salida o exit: Por supuesto, no siempre se llega a esta fase, donde la empresa alcanza los objetivos necesarios para que una empresa más grande o la bolsa quieran hacerse con la empresa.
Quién es quién en el mundo de las startups
Además del papel que juegan los medios de comunicación, el gobierno o las entidades financieras en el ecosistema startup, hay ciertas partes que asociamos especialmente a este mundo.
- CEO: Del inglés chief executive officer, es lo mismo que decir directora ejecutiva o director ejecutivo. Normalmente es la persona creadora de la idea y máxima responsable de la organización. Su pretensión inicial suele ser la de conseguir mucho dinero gracias al liderazgo, la agilidad y la capacidad de tomar decisiones, habilidades que no siempre se encuentran en su máxima expresión. Pero lo que afecta al ego de una persona el hecho de ser CEO a veces le ciega para ver que necesita formación, consejo o cambiar la estrategia de crecimiento.
- Incubadoras: Centros formados por especialistas que se encargan de evaluar la viabilidad de la empresa y el plan de negocio. Cuentan con los recursos y conocimientos necesarios para ayudar a sacar una empresa al mercado con mayores posibilidades de éxito.
- Aceleradoras: Cuando el modelo de la startup ya se ha testado en el mercado, las aceleradoras ayudan a busca un crecimiento rápido detectando puntos que se pueden mejorar, ayudando a traccionar y escalar el negocio, aportando si hace falta un espacio físico y ayudando a conseguir financiación externa.
- Business Angels: Personas físicas o jurídicas que aportan financiación, experiencia y/o contactos con el objetivo de conseguir ganancias en el futuro. Suelen ser profesionales con experiencia y prestigio, líderes en un determinado sector y con capacidades demostradas. Además de participar en el capital de la empresa, aportan toda una carrera de conocimiento. Pueden aparecer en cualquier fase de la vida de la startup aunque suelen participar más en las fases iniciales.
- Mentores: Asesores profesionales que se involucran en varios proyectos a la vez, aportando experiencia y ayudando a situar la startup en el mercado. Es una figura aportada habitualmente por las aceleradoras o los bancos. De ellos obtiene su remuneración, no suele obtener una participación en la empresa a la que asesora.
- Advisors: En este caso son especialistas en el sector en el que trabaja la startup y la ayudan a desarrollar el negocio, la imagen y la reputación en ese sector, relacionando la empresa con actores influyentes. Ejercen de consejeros en la empresa, obteniendo remuneración directamente de ésta, muchas veces sujeta al cumplimiento de objetivos.
Siete buenos consejos para emprender
Serradell y Menacho ofrecen algunos consejos para emprender.
- Ambos expertos coinciden en formación, formación y formación: «Tener estudios superiores se ha demostrado como un elemento que favorece las iniciativas de éxito», afirma Serradell.
- Capacidad para crear habilidades complementarias del equipo emprendedor. Según Serradell, estos equipos de alto potencial no tienen la necesidad de autoemplearse como una de sus prioridades, sino que se basan en la detección de una oportunidad de negocio adecuada.
- «Generar un tejido de contactos de calidad«, resume López Menacho.
