Margaret Thatcher, fallecida a los 87 años, fue probablemente la figura política británica más importante desde la posguerra. Cambió el discurso político y su legado se prolongó después de ser sacrificada por sus compañeros de partido. La influencia de sus ideas ha hecho que tanto sus partidarios como sus enemigos hayan desarrollado un mito de Thatcher. Como es habitual, la realidad admite varias interpretaciones.
Margaret Thatcher, la "Dama de Hierro" de la política británica.
1. ¿Fue Thatcher una feminista?
No estaba a favor de la discriminación positiva, pero eso no quiere decir que no se beneficiara de ella. La derrota tory en 1964 le abrió puertas, cuando una vieja generación tenía que dejar paso a nuevos políticos. Ella apoyó a Edward Heath. El nuevo líder no la apreciaba mucho, lo que no impidió que la incluyera en el Gabinete en la sombra y después en el Gobierno, como ministra de Educación, tras volver al poder.
Como ministra de Educación, Thatcher acumuló frustraciones y polémicas. Provocó una furiosa reacción al abolir la leche gratis en los colegios, lo que ayudó a que sus enemigos comenzaran a destacar su aparente dureza inhumana. Sin embargo, la polémica era un tanto exagerada. La leche gratis era un legado del racionamiento de la guerra. En realidad, Thatcher fue una ministra ‘gastadora’. Luchó por su presupuesto y ganó casi siempre. Según dijo The Guardian entonces, era más igualitaria que su predecesor laborista.
2. ¿Fue una revolucionaria?
Sí. Desafió lo que allí se llamó el consenso de la posguerra. El origen del Estado de bienestar británico está en el informe Beveridge, presentado en el Parlamento en 1942. Tras la guerra, los laboristas pusieron en práctica las conclusiones del informe, por ejemplo con la creación del sistema público de salud. Los conservadores continuaron esa política al regresar al poder. MacMillan y Heath fueron los primeros ministros tories característicos de esa época.
La primera revolución de Thatcher fue la liberalización de la economía y la reducción cueste lo que cueste del déficit público como prioridad. En un plano político, el reforzamiento de la figura del individuo. “There is no such thing as society” (no existe eso que llaman la sociedad), dijo en una célebre frase. Otro cambio radical en la política británica que vino de su mano fue la centralización del Gobierno, el predominio absoluto del Gobierno central sobre todas las demás instituciones y centros de poder, empezando por los ayuntamientos, que conservaban amplias competencias en educación y vivienda. Y también por el alto funcionariado, el poderoso Civil Service, el baluarte del establishment británico. “Ninguno de ustedes son tan buenos.
3. ¿Cómo se convierte en la líder de los tories?
No. Son la tremenda crisis de los 70 y los errores de otros líderes conservadores los factores que la aupan al poder. Las primeras medidas del Gobierno de Heath en 1971 son claramente liberales. La presión de la crisis de la energía y la contestación social provocan un repentino giro de 180 grados.
El ala más conservadora de los tories estaba dirigida por un grupo de lunáticos aún nostálgicos de los tiempos del imperio. La crisis de los 70 desata un interés por la economía que termina por dar sentido y coherencia a este sector. El líder natural de ese grupo es Keith Joseph, el gran mentor de Thatcher. Thatcher es su mejor alumna.
La doble derrota de Heath en las dos elecciones de 1974 sella su futuro. Los tories no tienen piedad con los líderes que no están en condiciones de ganar en las urnas. Joseph es el líder natural del sector liberal, pero se autodestruye. Pronuncia un discurso en el que abraza las tesis eugenésicas. Después, a causa del escándalo originado y el acoso de la prensa, se encierra en su casa y decide que no está dispuesto a pasar por eso. Renuncia a disputarle el liderazgo a Heath y Thatcher le sustituye.
Nadie cree que vaya a ganar pero sí que puede debilitar a Heath para que surja un tercer candidato. Sorprendentemente para todos, Thatcher gana en primera vuelta con 130 votos, por 119 de Heath. Aprovecha ese impulso con habilidad, demuestra una convicción ausente en sus rivales de la segunda vuelta y vence con mayoría absoluta.
Los conservadores le dan el puesto, pero no la lealtad. Muchos creen que ha ganado sólo por efecto del desastre de la era de Heath. Ella se mueve con cautela y ofrece puestos en el Gabinete en la sombra a los partidarios de Heath. Aún no puede imponer sus puntos de vista en el partido. Incluso así, Thatcher sabe cómo rentabilizar su condición de cara nueva en un país de políticos avejentados.
Como líder de la oposición, no quiere asustar. Se mueve con cautela y no busca impresionar al electorado con grandes expectativas. Describe las privatizaciones como revolucionarias, casi impensables. Suena tan moderada que algunos temen que el sector más derechista intente desbancarla. Es una cuestión táctica. Está esperando su momento. “Hay gente en mi partido que aún cree en el consenso.
4. ¿Tenía un plan para salvar al Reino Unido?
No, a pesar de que la situación económica del país es pavorosa a finales de los 70. En 1976, la humillación se completa cuando el Gobierno tiene que pedir un crédito al FMI. A cambio, y en una época de alto desempleo, se ve obligado a recortar el gasto público y controlar el ascenso de los precios. La inflación está desbocada y las protestas laborales son constantes.
Ocho meses antes de las elecciones, algunos sondeos todavía dan ventaja a los laboristas. Gran Bretaña es el enfermo de Europa. Y en mitad de todo ese panorama, la popularidad personal del primer ministro laborista James Callaghan resulta ser superior a la de Thatcher.
5. ¿Fue radical desde el principio?
No. Incluye en su Gobierno a varios tories del sector moderado e incluso da a uno de ellos, James Prior, la cartera de Empleo. Encargar a uno de los suyos la responsabilidad de hacer frente a los sindicatos “supondría un desafío que aún no estamos listos para afrontar”, diría años después. De hecho, al poco de llegar al poder tiene la oportunidad de enfrentarse a los sindicatos mineros y prefiere no hacerlo. Acepta sus reivindicaciones salariales, porque esperará algún tiempo antes de la ofensiva definitiva.
En el Ministerio de Hacienda, sí coloca a sus partidarios, dirigidos por Geoffrey Howe. La lucha contra la inflación es la prioridad y el coste económico, muy alto. La retórica, eso sí, no tiene límites. “The lady is not for turning”, dice en el congreso tory de 1980. La señora no se da la vuelta, es decir, no cambia de opinión. Es muy probable que algunos de los presentes apreciaran una divertida connotación sexual en la frase. No en el caso de Thatcher, que no tenía mucho sentido del humor.
Para encontrar un cambio radical, hay que esperar a 1981, cuando Howe presenta lo que él mismo llama el “presupuesto más impopular de la historia”. Los tories caen al tercer puesto en los sondeos. Las divisiones en el Gabinete enfrentan a radicales y moderados, e incluso algunos partidarios de Thatcher creen que se está yendo demasiado lejos. El país ha salido de la recesión pero sigue en crisis. El crecimiento es sólo del 1,7% en 1981 y del 2,2% un año después, insuficiente para recuperar lo perdido. El paro llega a los tres millones, los tipos de interés están en el 16%. Los conservadores se hunden hasta el 23% en las encuestas.
Manifestaciones y protestas marcaron la era de Margaret Thatcher.
La recuperación económica de 1982 ayuda a los conservadores a recuperar posiciones. El nuevo partido socialdemócrata, escisión de los laboristas, sigue ganando elecciones parciales, lo que hace pensar que en los siguientes comicios ningún partido tendrá la mayoría absoluta.
6. ¿Ganó la guerra de las Malvinas por suerte?
Ahora nos parece que Londres no tenía otra opción que hacer frente a la agresión de la dictadura argentina. Entonces, no estaba tan claro. La fuerza naval británica no era la del pasado. La distancia con el Atlántico Sur, un obstáculo logístico impresionante. Thatcher no dudó en ningún momento. Y tuvo esa experiencia de guerra que permitió a los británicos recuperar cierta mística nacional que fue tan habitual en los años de la Segunda Guerra Mundial.
La decisión más polémica de la guerra fue el hundimiento del General Belgrano, el buque de guerra argentino que se estaba alejando de la zona de exclusión en torno a las Malvinas impuesta por Londres. El almirante Woodward, jefe de la operación militar, envió a uno de sus hombres a la residencia de la primera ministra en Chequers, y en la misma entrada recibió rápidamente el visto bueno al ataque.
7. ¿Se convirtió en una líder incontestable tras la guerra de las Malvinas?
La victoria de las Malvinas y la mejora de la situación económica -el PIB creció un 4,3% en 1983- hacen que los tories entren en mucho mejor estado en 1984. Es en su segundo mandato cuando se ocupa de la misión que tiene pendiente. Coloca a un duro al frente del Consejo Nacional del Carbón. Aprovisiona de carbón las centrales para que una posible huelga tarde muchos meses en causar problemas de suministro.
El sindicato de los mineros, dirigido por Arthur Scargill, está dispuesto a librar la guerra hasta el final. No hay margen para las negociaciones. Ningún bando quiere ceder. Los 66.000 mineros de Yorkshire habían votado tres años antes a favor de la huelga si se cerraba un solo pozo mientras quedara carbón que sacar. El 5 de mayo de 1984, los mineros de Yorkshire se declaran en huelga ante el inicio de los cierres. Abandonan los pozos a los que no volverán hasta un año después.
En algunas zonas del país, los piquetes no pueden impedir que algunos mineros no secunden la huelga. El momento más dramático es la batalla de Orgreave, en junio de 1984. 5.000 mineros se dirigen a bloquear la planta, pero la policía ha tomado posiciones antes con un número similar de agentes. Durante todo un día mineros y policías intercambian cargas y golpes.
Durante meses, las familias de los mineros no reciben salarios y viven de la ayuda del sindicato y donaciones caritativas. Scargill mantiene una postura férrea en los negociaciones, pero el apoyo a la huelga se va diluyendo. Thatcher ha vencido. El plan de cierre de los pozos no rentables se acelera. Es el comienzo de los años de poder incontestable para la primera ministra.
No es que la economía haya despegado por completo. El crecimiento cae al 2,1% en 1984. Muchos analistas creen que el periodo que va de 1985 a 1989 (inicio de la revuelta del ‘poll tax’) es cuando Thatcher impone su voluntad al partido y al Gobierno sin ningún tipo de contrapeso.
8. ¿Fue su arrogancia la causa de su caída?
La arrogancia suele ser una consecuencia del poder absoluto. “Nadie recordaría al buen samaritano si sólo hubiera tenido buenas intenciones. También tenía dinero”, había dicho en 1980. Con esa extraña filosofía, impone a los ayuntamientos el ’poll tax’. Si quieren ofrecer servicios, deberán pagarlos con sus fondos.
El impuesto es completamente regresivo. Obliga a los ciudadanos a contribuir por igual, independientemente de su nivel de renta o de la ciudad o barrio en que residen. La injusticia de la medida es manifiesta. Esta vez, son la clase media y los jóvenes los que se lanzan a la calle.
Los conservadores son conscientes de que Thatcher no cederá y que eso les llevará a la derrota. Además, las relaciones con Europa provocan una confrontación total dentro del partido, que se prolongará también en los años de John Major. Thatcher alimenta el alma euroescéptica de los tories. Varios ministros creen que su obstinación va contra los intereses del país.
Es la división sobre Europa, la que origina la dimisión del viceprimer ministro, Geoffrey Howe, y su discurso en la Cámara de los Comunes, que revela que Thatcher no dirige ya a un partido unido. El exministro Heseltine se ve obligado a adelantar el desafío por el liderazgo. Derrota a Heseltine en la votación, pero sin llegar a la mayoría absoluta. Si bien es casi una humillación, está dispuesta a continuar luchando.
Los pesos pesados del partido le convencen de que obtendrá aún menos votos en la segunda ronda. Nadie se atreve a decirle que no le va a votar.
9. ¿Fue su caída una traición o una jugada inteligente?
Sí, por extraño que parezca. El electorado conservador y muchos medios de comunicación vieron la retirada de Thatcher como un ejemplo nefando de traición a la altura del asesinato de Julio César. En realidad, fue un cálculo frío y hasta obvio.
La victoria de 1992 fue decisiva. Si Thatcher hubiera seguido y perdido esas elecciones, un partido laborista no reformado habría llegado al poder y descompuesto todo el edificio thatcheriano. En el libro ‘Thatcher & Sons’, el periodista Simon Jenkins lo explica muy bien. Major, Blair y Brown convirtieron el thatcherismo en irreversible. La liberalización de la economía, la máxima flexibilidad laboral, la apuesta por el sector financiero, la negativa a desarrollar una política industrial a través de la intervención del Estado y la desconfianza en las instituciones europeas se convirtieron en el discurso oficial.
Blair llevo la privatización a cada rincón de la economía y fue el primer ministro más autoritario de los tiempos modernos, en expresión de Jenkins.
El Legado y las Lecciones de Liderazgo de Margaret Thatcher
Margaret Thatcher, denominada por muchos la Mujer de Hierro, fue la primera mujer primer ministro de Gran Bretaña. Era rápida y eficiente en su toma de decisiones. La crítica situación de recesión de Gran Bretaña cuando ella llegó al poder, la obligó a actuar drásticamente.
¿Qué podemos aprender de Thatcher en nuestro puesto de trabajo?
- No demuestres nada a nadie, solo actúa: Una de sus frases célebres es la de “Si tienes que decirle a alguien lo poderoso que eres, es que en realidad no lo eres”.
- Aprender a manejar la opinión popular: Sus actos fueron criticados y alabados por los medios de comunicación.
- Mira hacia el futuro: Ella miró a días venideros sin miedo, y lo hizo de forma consecuente.
- No digas lo que quieren oír, nunca es útil a largo plazo: Otra de sus conocidas frases fue la de “No soy una política de consenso, sino de convicción”. Así, vino a transmitir que nunca diría frases populistas que agradasen al máximo número de personas, sino que reflejaría su ideal sin miedo.
- Lima tus debilidades hasta hacerlas tus puntos fuertes: Su voz no era la más agradable a causa de su lugar de procedencia. Criticada y mofada por ella, se puso en manos de profesionales y acabó trabajando también como una oradora profesional.
| Característica | Descripción |
|---|---|
| Determinación | Fuerte compromiso con sus ideales y políticas. |
| Conviction | No era una política de consenso, sino de convicción. |
| Pragmatismo | Enfocada en resultados y soluciones prácticas. |
| Centralización | Concentración del poder en el gobierno central. |
| Individualismo | Énfasis en la responsabilidad individual y la libertad. |
Por todo ello, podemos concluir afirmando que el estilo de liderazgo de Margaret Thatcher era el autocrático o autoritario.
