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El tema del liderazgo en los centros educativos ha cobrado gran relevancia en los últimos años. Su investigación y su importancia radican en que el liderazgo es una de las principales variables que inciden en un mejor desempeño en los centros de enseñanza y del sistema de educación en general (OCDE, 2008). La mejora escolar es un tema que preocupa e interesa a las instituciones educativas y a toda la sociedad en general, como destacan los autores Rincón-Gallardo (2019) y Shirley (2016). Es necesario conocer qué es el liderazgo y cuáles son los diferentes estilos de liderazgo empleados en el mundo educativo.

El liderazgo educativo es la capacidad de guiar y acompañar a una comunidad educativa hacia objetivos compartidos, mejorando los procesos de enseñanza, aprendizaje y convivencia. El liderazgo educativo es la capacidad de guiar a una comunidad educativa hacia objetivos comunes, mejorando la calidad del aprendizaje, la convivencia y la organización del centro. Implica tomar decisiones pedagógicas, cuidar a los equipos humanos y generar coherencia entre el proyecto educativo y la práctica diaria.

Hablar de liderazgo educativo no es hablar solo de cargos, organigramas o toma de decisiones. Hoy más que nunca, los centros educativos necesitan referentes claros, coherentes y humanos. Cuando hay liderazgo educativo, el centro avanza. No existe un único modelo válido.

El liderazgo educativo no aparece de forma espontánea. Se construye cuando el centro crea espacios, tiempos y dinámicas que permiten a los profesionales asumir responsabilidades, reflexionar y crecer. Ofrecer formación continua es una de las bases para desarrollar competencias de liderazgo educativo. El liderazgo educativo se aprende mucho mejor cuando se acompaña. El liderazgo educativo crece cuando se comparte. El liderazgo también se desarrolla cuando se revisa y se ajusta. El liderazgo educativo no se impone, se cultiva. El liderazgo educativo no es una moda, es una necesidad. El liderazgo educativo no es innato.

En esta era de la información y del conocimiento, los sistemas educativos están siendo desafiados, por lo que a las instituciones educativas les corresponde asumir un liderazgo para construir y lograr el desarrollo integral, proponiendo alternativas y estrategias para la transformación de la educación. Bernal en Rojas (1993, p. 01) dijo que ésta es: “producto de la sociedad en su conjunto, y al mismo tiempo, un factor que correctamente orientado pretende la transformación social, la paz, la convivencia democrática y el desarrollo humano”.

Por lo tanto, en este contexto, donde los capitales no son más importantes que los conocimientos y las nuevas tecnologías toman fuerza y presencia educativo-pedagógica, el liderazgo se convierte en un elemento necesario en la dirección de toda institución educativa capaz de satisfacer las necesidades básicas y altas expectativas de la educación. Un proceso educativo que no posea vetas de innovación está destinado a ser obsoleto. Sencillamente lo que era bueno o adecuado hace tiempo ya no es útil cuando surgen nuevas necesidades.

“Los líderes son la expresión de la ética del trabajo y sirven como ejemplo de los valores más apreciados en nuestra sociedad, desempeñando un papel importante en la creación de estados positivos de ánimo, a la vez que sirven como símbolo de la cohesión moral de la sociedad” (Cantón y Arias, 2008, p.231). Dichos líderes aportan innovación y son quienes deben de maximizar las oportunidades de crecimiento y prever problemas en una época en donde las transformaciones aceleradas exigen renovar la concepción y estilos de liderazgo por uno más visionario, audaz, innovador e imaginativo, capaz de correr riesgos para cumplir la misión organizacional.

Es por ello, que una de las respuestas útiles para establecer el perfil de liderazgo directivo, se relaciona con la realización de las tareas o la implementación de algún cambio en el ambiente laboral cotidiano. Entre los mayores logros de nuestros entrevistados es que como líderes y directores han podido hacer que sus subordinados realicen las cosas por convicción y no por obligación; no cuestionan las acciones o estrategias sugeridas debido a que existe congruencia entre las metas institucionales y las del área o departamento al que pertenecen.

Para lograr la motivación suficiente en sus colaboradores los líderes directivos deben definir y comunicar “una razón convincente” (Boyett, 2003, p. 85) para efectuar la tarea o implementar el cambio. Tal vez esto sea el resultado obtenido del cambio que ellos mismos han desencadenado en sus actitudes, en el conocimiento que tienen de lo que se espera de ellos dentro de la organización, la información que comparten con sus respectivos equipos de trabajo y principalmente en el concepto que tienen de liderazgo y dirección.

Esto les permite hacer más eficiente el proceso de delegación de actividades a sus seguidores, que “requiere ejercer correctamente la autoridad y delinear la responsabilidad, comprender sus alcances y el comportamiento de los colaboradores” (Manes, 2008, p.66); asumiendo una vez más, un claro rol de liderazgo directivo que busca apoyar, facilitar, animar e implicar a sus seguidores (Álvarez, 2003, p.6), ya que el trabajo del líder es precisamente “el de facilitador, para estimular la participación, promover el cambio, crear el ambiente de colaboración y promover la participación activa y continua de todos los constituyentes de la comunidad” (Castillo, 2005, p.4).

“La tarea principal de todos los líderes es construir y mantener una sólida relación con los demás” (Boyett, 2003, p. 53), pues son ellos los que ponen el ejemplo motivándose a si mismos, para después lograr que sus seguidores lo hagan. Por lo mismo, se sostiene que los líderes son el puente entre el presente y las posibilidades del futuro, entre la realidad de hoy y un mañana mejor, entre los avances humanos alcanzados por la sociedad y el mundo que deseamos construir, entre el ser y el deber ser.

Otra característica interesante para definir su perfil, consiste en que nuestros líderes consideran que en los tropiezos han encontrado una manera distinta de ver los problemas y los identifican como oportunidades de logro; ya que en lugar de ver sólo la crisis, ven una posibilidad de cambio y progreso tal como lo menciona Manes (2008): “ las crisis generan cambios que cada institución educativa puede interpretar como una oportunidad o como una amenaza y desarrollar diferentes actitudes frente a las transformaciones”. Lo anterior refleja también la postura de Boyett cuando menciona que el fracaso es una “experiencia absolutamente necesaria para llegar ser un líder” (Boyett, 2003, p. 52).

Finalmente, Schmelkes (1992, p.74) indica que “el director de una escuela es el elemento clave en un proceso de búsqueda de la calidad”. Para que la escuela mejore es necesario que la dirección se involucre y comprometa con los propósitos encaminados a este fin y que todas sus acciones estén enfocadas de manera primordial a lograrlo. En consecuencia, otro de los aspectos importantes que se relacionan con el perfil de liderazgo directivo, sostiene que la calidad es una disciplina que “requiere constancia en las prácticas y actividades del personal que conforma la organización que la desea alcanzar” (Yzaguirre, 2005, p. 7) y nuestros entrevistados coinciden en que una descripción adecuada de los procedimientos que deben aplicarse para implementar y mantener la calidad, es necesaria para lograr una mejora significativa en la educación, ya que todo proceso innovador debe incidir en “la calidad de aprendizaje de los alumnos” (Bolívar, 2004, p. 5).

Tal como señala Schmelkes (1992), en las instituciones escolares del sector educativo primario, en el ámbito de la administración, el rol de los directivos constituye un aspecto fundamental para el éxito de la organización y para la efectiva concretización de sus metas. El éxito de las metas institucionales depende primordialmente del trabajo y organización que realiza el director, de ahí la importancia de que éste conozca ampliamente el papel que le corresponde desempeñar y que esté capacitado en todas las áreas que competen a su labor.

En conclusión, el liderazgo educativo juega un papel crucial en el desarrollo de la sociedad, pues en la educación se basa el progreso de la misma, ya que es en la formación docente donde se siembra, germina y desarrolla la educación de calidad, donde la cuestión principal no es la información, sino el conocimiento. Donde la gestión del conocimiento y la gestión del capital intelectual son las verdaderas variables estratégicas capaz de diferenciar organizaciones de éxito de aquellas que no lo son, por lo que en el campo de la Educación una de las principales tareas de cualquier líder directivo, en concordancia con Boyett (2003, p. 27), debe ser construir y mantener relaciones sólidas en beneficio del sistema educativo que impactarán significativamente en el progreso de la sociedad en su conjunto.

Por lo anterior, se hace especial énfasis en las palabras de Boyett, donde “el fracaso es una “experiencia absolutamente necesaria para llegar ser un líder” (2003, p. 52) pues las Instituciones Educativas están hechas de errores y experiencias que poco a poco van enriqueciendo a ésta, formando de la misma una estructura sólida gracias a los líderes que han tomado sus fracasos como experiencias.

Taller sobre la Importancia del Liderazgo en la Educación

Considerando que “el sistema educativo es un sistema funcional de la sociedad” (Pereda, 2003, p. 14), se hace notar que esta función es un reto que las instituciones educativas no pueden enfrentar de manera aislada, ya que la tarea de educar de manera integral y adecuada debe, forzosamente, involucrar a los padres (Alvariño, et al, 2000, p. 28).

Estilos de Liderazgo Educativo

Existen muchos tipos variables de estilos de liderazgo que pueden emplear los docentes que varía según la etapa escolar y tipo de centro. El primer concepto es el de “liderazgo” que se puede definir según Leithwood et al. (2006) como la influencia que ejercen las personas sobre otras.

En segundo lugar, se destaca el liderazgo transformacional, donde el docente a través de su pasión por la enseñanza intenta crear el mismo entusiasmo para el aprendizaje en sus estudiantes, lo cual requiere un alto nivel de sacrificio y esfuerzo por parte del profesorado. Autores como García-Martínez y Cerdas-Montano (2020) afirman que este estilo debe tomarse como un eje dinamizador dentro de la dimensión pedagógica. Otros como Pérez-Torralba et al.

El docente intenta a través de su pasión por la enseñanza crear el mismo entusiasmo en sus estudiantes para el aprendizaje. Este estilo se centra en generar un clima positivo de aprendizaje, mejorando así la cultura del rendimiento escolar.

Además de los anteriores estilos, otros autores han planteado el estilo adaptativo que permite al profesor adaptarse a las diferentes situaciones con el objetivo de ofrecer una respuesta educativa lo más adaptado a las necesidades del alumno (Gutiérrez, 2019). Por último, en el trabajo de Cifuentes Medina et al. El ejercicio del liderazgo por parte del profesorado contribuye al rendimiento escolar, y, por ende, a mejorar el rendimiento global del personal y su bienestar.

A continuación, se presenta una tabla que resume los diferentes estilos de liderazgo educativo:

Estilo de Liderazgo Características Beneficios
Transformacional Pasión por la enseñanza, entusiasmo para el aprendizaje Mejora el clima de aprendizaje, incrementa el rendimiento escolar
Adaptativo Adaptación a diferentes situaciones, respuesta educativa personalizada Atención a las necesidades individuales del alumno

La educación se encuentra en constante evolución, impulsada por un mundo en cambio acelerado y por las crecientes expectativas sobre su rol en la formación de ciudadanos preparados para los desafíos del siglo XXI. Sin embargo, la innovación educativa no se reduce a la simple implementación de nuevas tecnologías o metodologías.

En mi experiencia como director de innovación en Mirasur School y consultor externo de Google for Education, he observado que uno de los principales obstáculos para la innovación educativa es la tendencia al individualismo y la urgencia. Muchos docentes se centran en su propio trabajo, en sus alumnos y en sus aulas, sin considerar el impacto de su labor en el contexto general del centro.

Alex Honnold, escalador que conquistó El Capitán sin cuerdas, ejemplifica el liderazgo audaz y visionario. Su meticulosa planificación, preparación y autoconfianza le permitieron desafiar los límites y alcanzar un objetivo aparentemente imposible.

Sandra Piñeiro, remera que, tras romper su remo en plena competición, adaptó su movimiento al del resto del equipo para seguir remando, nos muestra el poder del liderazgo adaptativo y colaborativo. Su resiliencia, compromiso y capacidad para trabajar en equipo transformaron una situación adversa en un ejemplo de superación.

La era digital ha transformado la sociedad y la tecnología, exigiendo que el liderazgo educativo evolucione de manera radical. El desafío central de la innovación educativa es estratégico. Debemos ver la tecnología no como un fin, sino como una herramienta para mejorar los resultados de aprendizaje. Es crucial evitar el fetichismo de la tecnología, que a menudo impulsa decisiones apresuradas o basadas en modas y novedades. El enfoque debe estar en el uso pedagógico de la tecnología y en el desarrollo profesional docente para una pedagogía eficaz. En un entorno que se describe como VUCA o BANI, la toma de decisiones exige un arte de equilibrio.

Los líderes debemos tomar decisiones estratégicas que concilien las necesidades a corto, mediano y largo plazo. Para ello, la toma de decisiones debe ser participativa y fundamentarse en datos y evidencia. Comprender cómo la tecnología afecta el aprendizaje. La esencia de un liderazgo educativo exitoso radica en lograr un equilibrio fundamental: el balance entre lo tecnológico y los valores pedagógicos fundamentales. Nuestro propósito final es formar estudiantes que piensen de manera crítica, se adapten al mundo y sean felices.

Eficacia Colectiva Docente: Hargreaves y Fullan, en «Capital Profesional», destacan la eficacia colectiva docente como factor crucial para el éxito de la innovación. La innovación exige un aprendizaje constante por parte de todos los miembros del equipo. Seguridad psicológica: Hargreaves y O’Connor destacan la importancia de la seguridad psicológica en los equipos de trabajo.

En definitiva, el liderazgo sostenible en educación es un viaje continuo que requiere visión, compromiso, adaptabilidad y, sobre todo, un enfoque centrado en las personas.