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Para llegar a la Hacienda de San Antonio debemos adentrarnos en el corazón de Colima hasta Comala, un pueblo limítrofe al norte con Jalisco que dibuja en su horizonte la imponente silueta del volcán. Este gigante de fuego y ceniza no solo ha esculpido la geografía del lugar, sino también la vida y la historia de quienes habitan la región.

Comala es un aroma espeso de tatemado y cebolla recién cortada, humo y papas cocidas. En el pueblo de Pedro Páramo conviven el pasado de los vivos y el presente de los muertos y las mañanas siempre comienzan con el sonido del gallo y el borboteo del café recién hecho. La señora Lupita, con su delantal salpicado de harina, amasa maíz para las tortillas que humean en el comal, el olor del pozole mezclado con el del chile seco. Es 13 de junio y se celebra San Antonio. Las calles vibran con el sonido de guitarras y tambores, las mujeres espolean las calles con sus zapatos brillantes. La bailada al santo acaba con las peticiones y ponche. Todo en Comala hoy es una fiesta.

El paisaje se enreda entre la montaña al ascender hasta la Hacienda de San Antonio. La construcción emerge entre los fértiles valles con sus paredes rosadas, los techos de tejas y un acueducto de piedra volcánica negra, un subterfugio del pasado para suministrar agua a la casa principal y alimentar el generador que impulsaba la maquinaria del rancho.

Suite en Hacienda de San Antonio. Davis Gerber

El Legado del Volcán y la Leyenda del Rey Colimán

El coloso de fuego y ceniza no solo ha propiciado la fertilidad de la tierra, también ha alimentado sus supersticiones. Una leyenda relata que hace varios siglos, el rey Colimán, gobernador de la región, vivía en los terrenos colindantes al volcán con sus fieles doncellas y guerreros. Tras una discusión con el virrey español, éste asedió a Colimán cortando la provisión de víveres y agua. Ante la imposibilidad de escapar y para evitar ser capturado, se arrojó al volcán. Los lugareños afirman que este solo hace erupción cuando son maltratados los descendientes del rey Coliman. Y en las noches más claras, cuando el aire no carga lluvia, algunos aseguran ver cómo una hilacha de fuego trepa por el cráter.

La Hacienda de Santa Cruz: Un Tesoro Histórico

Enclavada en las frescas tierras altas de México, la histórica Hacienda de Santa Cruz es un tesoro histórico que data del siglo XIX. Fundada por el inmigrante alemán Don Arnoldo Vogel y su esposa mexicana, Doña Clotilde Quevedo, la construcción de la Casa Grande comenzó en 1879 marcando el inicio de una era dorada para la producción de café arábica en la región.

A caballo en la Hacienda de San Antonio. Davis Gerber

En su apogeo, la hacienda se extendía casi hasta la costa del Pacífico y era la calidad de su grano tan notable que se convirtió en proveedor del Waldorf Astoria de Nueva York y de la familia imperial alemana. En 1913, se construye la Capilla de San Antonio tras una erupción volcánica que amenazó las plantaciones. La devota Doña Clotilde hizo prometió al santo que si sus tierras se salvaban le alzaría un altar. Desde entonces, cada 13 de junio, la comunidad se reúne para rendir homenaje a San Antonio con bailes, música y una misa, perpetuando la tradición.

La propiedad se enfrentó a una época difícil durante la Revolución Mexicana, cuando muchas plantaciones fueron confiscadas. En la década de 1970, la propiedad se rescata gracias a un acaudalado boliviano conocido como el Rey del Estaño y un arduo trabajo de rehabilitación del arquitecto mexicano Mauricio Romano. Finalmente es adquirida por Sir James Goldsmith, el artífice de convertir lo que antaño fuera un espacio agrícola en el impresionante espacio que es hoy. La Hacienda es un proyecto llevado a cabo con amor por la hija de Goldsmith, Alix, y su esposo, Goffredo Marcaccini. Alix, tiene un sexto sentido para la decoración del hotel, con piezas de artesanía que ella misma selecciona con mimo en sus viajes mientras que su marido lidera las operaciones agrícolas en Rancho Jabalí con gran pasión y cuidado.

Hoy, la Hacienda no solo es un lugar que narra la rica historia del café en México, también un destino que invita a los viajeros a explorar sus raíces y disfrutar de su belleza arquitectónica entre campos de alfalfa, huertas de aguacates y árboles de macadamia.

Suite, Hacienda de San Antonio. Davis Gerber

Suites y Diseño Interior

Cuidadosamente decoradas por su propietaria y el diseñador de interiores Arman Aubery, las 22 Suites y 3 Grand Suites de la Hacienda de San Antonio combinan la arquitectura colonial con el espíritu de una Gran Casa Mexicana. Con sus laterales cubiertos de buganvillas de la casa y las habitaciones con vistas al jardín, al volcán o una terraza privada, las suites están ubicadas alrededor un patio central lleno de plantas y de colibríes que inundan las flores al ponerse el sol. Más abajo la piscina, escondida entre la espesa vegetación.

Decorada con alfombras de lana hechas a mano de Oaxaca y piezas de la colección personal de la familia, cada habitación tiene su propio carácter y la paleta de los exuberantes colores de México. Techos altos, chimeneas de piedra y azulejos se suman al encanto.

Hacienda de San Antonio. Vacaciones con historia, lujo, contacto con la naturaleza y gastronomía.