No es casual que en torno al liderazgo se hayan construido a lo largo de las décadas un sinnúmero de mitos. Un elemento central que cruza transversalmente todos ellos, tiene que ver con la propia esencia del significado del liderazgo y su práctica: liderar, básicamente es influir el comportamiento de otras personas, tanto en forma individual como colectiva. Mediante este artículo, desmontaremos las concepciones erróneas y los estereotipos comunes que rodean el concepto de liderazgo.
Mito 1: El Líder Nace, No Se Hace
Probablemente el más dañoso de todos los mitos es el que presenta al líder como poseedor de un don especial de nacimiento. Y aún hoy, seguimos escuchando como muchas personas siguen empleando expresiones tales como “líder se nace” y similares… No hay absolutamente ninguna evidencia científica que demuestre la existencia de una condición genética que determine las capacidades de liderazgo. En todo caso, la base del temperamento de una persona puede establecer algunas predisposiciones, que si no son objeto de una estimulación adecuada nunca se desarrollarán (como el habla o la motricidad fina).
El liderazgo se ejerce a partir de competencias (“un saber hacer situado”) que solamente se desarrolla a partir de un proceso de aprendizaje que requiere de incentivos ambientales y anclajes de influencia. El problema es que a la vez que contemplamos la posibilidad de que exista algo así como un “talento de cuna” que nos permite ser líderes o no (lo que nosotros llamamos el “paradigma del don” o el mito creacionista) terminamos excluyendo a muchas personas de inmenso potencial de una aventura de aprendizaje, que inevitablemente conducirá a su superación personal.
No es casual que muchas personas cuando les preguntamos si se sienten líderes (aún aquellas que en la práctica han demostrado habilidades como tales) respondan negativamente y casi con cierta resignación afirmen que “eso no es para ellos”: no existe ninguna garantía que una persona pueda liderar con eficacia, pero sin dudas creer que se es incapaz de hacerlo es la seguridad absoluta de nunca poder lograrlo. Contrariamente a la creencia de que el liderazgo es un rasgo innato confinado a unos pocos privilegiados, la realidad es que todos los individuos tienen la capacidad de desarrollar y encarnar cualidades de liderazgo.
Adoptar esta creencia abre la puerta a un enfoque del desarrollo del liderazgo más inclusivo y solidario. Reconoce que el liderazgo no está reservado únicamente a un segmento específico de la población, sino que es un potencial que puede cultivarse y aprovecharse en diversos contextos y circunstancias. Implica la autorreflexión, el aprendizaje tanto de los éxitos como de los fracasos, y la adaptación a diversos retos y entornos.
Cómo Ser un Buen Líder • 5 Estrategias de Liderazgo
Mito 2: El Liderazgo es un Estilo Único
También es bastante común escuchar hablar del “estilo” de liderazgo de uno u otro conductor. Si partimos de la premisa de origen acerca de lo que significa liderar (ejercer influencia sobre una persona o sobre varias), vemos claramente que sería insostenible pretender sostener en el tiempo un “estilo” para ello. Las personas son sensibles a la influencia de otros en función de variadas circunstancias: las condiciones del contexto que las rodea, la caracterización del grupo en que se inserta y las influencias culturales que recibe y, por supuesto también, la forma en la que se perciben a sí mismas en dichas circunstancias.
No importa con qué tipo de decisiones o cual tipo de conductas vinculares nos hagan sentir más cómodos: si se quiere liderar en serio hay que ser ante todo un administrador de momentos… Y hay momentos para utilizar la autoridad y momentos para promover el consenso, momentos para persuadir y momentos para discutir, momentos para dialogar y momentos para dar el ejemplo silencioso. Los mejores líderes se adaptan a la situación, a determinadas necesidades de ejecución, grado de urgencia particulares, etc. No están circunscritos por un conjunto de comportamientos más o menos doctrinarios.
Mito 3: El Liderazgo es un Fenómeno Meramente Emergente
“Una historia de vida cruzada por una circunstancia del contexto” es el axioma predilecto de aquellos que consideran que el liderazgo es ante todo un fenómeno emergente, sujeto a una dinámica social que condiciona cualquier vocación y deseo individual. Los líderes se ponen a prueba en situaciones límites… pero no es un problema de emergencia que se mide en el “durante”, sino que es la lógica consecuencia de haber cultivado el “antes” y estar emocionalmente preparado para el “después”. El punto de partida del liderazgo como fenómeno social siempre es individual y parte de una determinación personal.
Mito 4: El Líder es una Realidad Binaria
En muchas ocasiones se descalifica el proceso formativo de un líder porque se visualiza al mismo como un “producto” de acabado perfecto y única hechura. La verdad que el liderazgo siempre es un proyecto en desarrollo y a lo largo del trayecto los líderes van evolucionando, perfeccionando sus competencias y adquiriendo las capacidades para desempeñarse en contextos más complejos. Muchas personas no se auto perciben como líderes (o no perciben como tales a otros de su entorno cercano) porque tienen una imagen distorsionada de lo que significa la verdadera práctica del liderazgo.
Se observa como modelo a grandes líderes sociales, políticos o religiosos, empresarios de primera línea, personajes históricos de renombre y personalidades mediáticas… Se pierden así de vista a los que llamamos simbólicamente “los líderes cotidianos”: aquellos que cada día ejercen un humilde rol transformador desde las pequeñas instituciones y entornos comunitarios de la sociedad que habitamos o más aún, aquellos que inclusive desde su propio dominio personal derraman un ejemplo de superación personal frente a aquellos cercanos.
¿Por qué muchas veces existe esa indiferencia en relación a esas pequeñas realidades tan cercanas? Sin lugar a dudas por ese concepto binario del liderazgo que hemos ido incorporando y que hace que al momento de reconocer a otro como líder busquemos la imagen e alguien poco común, un héroe o un salvador… Nada más alejado de la realidad del verdadero liderazgo: los líderes no son héroes, son personas comunes que se comprometen con su propia mejora y la de quienes los rodean, asumen un compromiso de servicio hacia la comunidad inmediata que lo rodea, no viene a “salvar” a nadie sino a cooperar para que los otros puedan canalizar mejor sus propios esfuerzos.
Mito 5: El Liderazgo Depende del Carisma
Directamente relacionado con la idea creacionista del liderazgo mucho es lo que se ha dicho sobre el carisma y la condición ineludible que el mismo representa para quien quiera ejercer el liderazgo. Partamos de una verdad evidente: es claro que existen personas que tienen especialmente desarrollada su simpatía (literalmente su capacidad de agradar a los demás) pero al igual que ocurre con otras capacidades humanas la misma solamente se desarrolla ante determinados estímulos que van moldeando su carácter. Por una cuestión básica de supervivencia nuestra especia es gregaria y nuestra conformación cerebral nos prepara para desarrollar gestos y acciones que nos acercan y generan vínculos con los demás: si alguien va perdiendo a lo largo de su desarrollo esta cualidad es producto de su propia historia de vida, de las vivencias que ha atravesado, los estímulos recibidos o dejados de recibir.
También cabe el interrogante si es realmente necesario contar con este atributo para poder ejercer el liderazgo. En este sentido, la respuesta más sincera sería evitar los absolutos: en todo caso depende del tipo de agregado social sobre el que se trate de actuar: en grupos relativamente pequeños, donde el contacto habitual es cara a cara, el diálogo interpersonal y la proximidad son muchos más valiosos que el poder de seducción; en contrapartida, en grupos más numerosos, donde lo habitual es que no exista ese contacto cotidiano entre el líder y sus seguidores, seguramente cobra mayor importancia el valor de una personalidad carismática como símbolo.
Por último, vale aportar un elemento más a esta controvertida cuestión: recientes investigaciones de prestigiosos centros científicos sobre la naturaleza del carisma, asocian el mismo a la cualidad de poder testimoniar con actos valores que usualmente son reconocidos como meritorios por todas las culturas: la integridad, el optimismo, la perseverancia, la visión, la seguridad personal y el buen humor son habitualmente los más reconocidos en este sentido como atributos de aquellas personas a las que habitualmente reconocemos como “carismáticas” y como se observa ninguno de ellos parece ser algo propio de elegidos o superdotados.
Mito 6: El Mito del “Equipo” Autogestionado
Las más grandes realizaciones del género humano se han basado en el trabajo cooperativo y todos nos sentimos entusiasmados ante la perspectiva de formar parte de un gran equipo. En nuestro modelo de trabajo, de hecho, la capacidad para formar y desarrollar equipos es una de las competencias centrales a desarrollar por todo líder. Partamos ante todo de una premisa irrefutable: ningún equipo (que funcione verdaderamente como tal) se forma de una manera espontánea: en todos los casos se necesita la figura de un líder para aunar voluntades, extraer los mejores talentos de cada individuo y complementarlos en forma eficaz con el conjunto, establecer una visión y crear un sistema de valores compartidos.
Algunos imaginan que una vez alcanzada esta etapa el rol del líder se hace prescindible (hasta inclusive dañoso, piensan algunos) y se abrazan a ideas tales como la un equipo “autogestionado” o de un liderazgo rotativo. La tarea constructiva de un líder es permanente y no puede sustituirse, habrá momentos en los que el equipo pueda funcionar de una manera autónoma y el rol del líder será mantener su cohesión a partir de la identificación y el testimonio que su ejemplo brinde como “un miembro más” del grupo, pero inevitablemente sobrevendrán otros momentos en los que el colectivo sea ineficiente, afloren conflictos y se desencadenen crisis insospechadas: ningún grupo es autogestivo bajo cualquier circunstancia y los reclamados “liderazgos rotativos” no serán capaces de resolver estas situaciones.
Otros Mitos Comunes Sobre el Liderazgo
- El liderazgo se equipara a un título o cargo formal: El verdadero liderazgo va más allá de un título profesional o un cargo de autoridad, y se ejemplifica a través de las acciones, la influencia y la capacidad de efectuar cambios positivos.
- Los líderes deben tener todas las respuestas: Los líderes eficaces reconocen el valor de la humildad y de reconocer sus propias limitaciones.
- El liderazgo es sinónimo de dar órdenes: El liderazgo eficaz se centra en la colaboración, el empoderamiento y la facilitación de una visión y un propósito compartidos.
Ejemplos de Liderazgo Exitoso
Si bien algunas personas pueden poseer capacidades, experiencias y comportamientos que les dan alguna ventaja, la mayoría de las personas pueden adquirir las habilidades y competencias necesarias para ser un buen líder, e incluso para ser un líder excelente. Los ejemplos más conocidos, que siempre provienen de EEUU, son verdaderamente heroicos: Lee Iacocca durante los años de Chrysler, Steve Jobs en Apple, Lou Gerstner en el resurgimiento de IBM, o el propio Bill Gates con Microsoft, aparecieron en el momento correcto, en el lugar correcto y con el temperamento correcto.
Conclusión Parcial
Desmitificar estas falsas creencias es fundamental para fomentar un desarrollo del liderazgo más inclusivo y efectivo. Al reconocer que el liderazgo es un conjunto de habilidades que se pueden aprender y cultivar, se abre la puerta a que más personas asuman roles de liderazgo y contribuyan al éxito de sus organizaciones y comunidades.
