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Probablemente, Cristóbal Colón no fue el primero en llegar a las costas del continente americano. Sin embargo, este navegante del siglo XV ha pasado a la historia por descubrir América y transformar el mundo.

Cristóbal Colón

Para comenzar esta sesión vamos a situarnos en la Europa de finales del siglo XV, un momento de grandes cambios que impulsaron a los europeos a mirar más allá de sus fronteras. A finales del siglo XV, Europa vivía una etapa de transición. Tras la Edad Media, los reinos habían reforzado sus estructuras políticas y comenzaban a consolidarse como monarquías autoritarias, con un poder real más centralizado y con recursos suficientes para emprender grandes proyectos.

El contexto europeo y la búsqueda de nuevas rutas

España, Portugal y otros reinos europeos se vieron obligados a encontrar otro camino para llegar hasta allí. Castilla, Aragón, Portugal y, en menor medida, Francia e Inglaterra, competían por expandir sus dominios y su influencia. Sin embargo, los europeos se encontraban con un grave problema: el comercio con Oriente, del que procedían productos tan valiosos como las especias (pimienta, canela, clavo), la seda o piedras preciosas, estaba dominado por intermediarios que encarecían los precios.

Las rutas terrestres, como la famosa Ruta de la Seda, se habían vuelto peligrosas y costosas tras la expansión del Imperio otomano y la caída de Constantinopla en 1453. Por eso los reinos europeos pensaron: “Necesitamos nuevas rutas para llegar a Asia”.

Avances técnicos y motivaciones ideológicas

En este contexto, el conocimiento náutico y la tecnología experimentaron un gran avance. Se mejoraron las cartas de navegación y se difundieron instrumentos como el astrolabio, el cuadrante o la brújula, que permitían orientarse en alta mar. Entonces empezaron a construir barcos mejores. Inventaron mapas más exactos y usaban instrumentos nuevos como la brújula, el astrolabio y el cuadrante.

Las embarcaciones también evolucionaron: la carabela, ligera, rápida y manejable, permitió realizar viajes más seguros y prolongados, combinando velas latinas y cuadradas para adaptarse mejor al viento. Junto a los intereses económicos y técnicos, se sumaban motivaciones ideológicas y religiosas. Tras la Reconquista, culminada en 1492 con la toma de Granada, los Reyes Católicos aspiraban a extender el cristianismo más allá de Europa, combatiendo el avance del islam y evangelizando a nuevos pueblos.

Réplica de la Nao Santa María

También había un motivo religioso. Tras terminar la Reconquista, los Reyes Católicos querían que más pueblos conocieran el cristianismo. Todos estos motivos juntos hicieron que muchos exploradores se atrevieran a salir al mar y buscar nuevas tierras.

El proyecto de Colón y el apoyo de los Reyes Católicos

Colón pensaba que, si la Tierra era esférica, podría llegar hasta Asia navegando hacia el Este. Además, el viaje a las Indias por Este era una aventura muy cara y arriesgada. Fue en este marco cuando Cristóbal Colón, apoyado por los Reyes Católicos, presentó su proyecto de llegar a Asia navegando hacia el oeste.

Colón presentó su plan a varios reinos europeos, y finalmente fueron los Reyes Católicos de España, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, quienes decidieron apoyar su expedición. Colón, al dirigirse a Huelva y al monasterio de la Rábida, donde había recalado en la primavera de 1485 después de que los portugueses también hubieran desoído su propuesta, parecía a punto de renunciar al sueño que llenaba todos sus pensamientos desde hacía acaso una década: la travesía marítima hacia Asia a través del océano.

Es cierto que los reyes no le habían dado una negativa clara, pero no cesaban de postergar su decisión, absortos como estaban en las operaciones de la guerra de Granada y otras ocupaciones. No tenemos datos precisos sobre cómo se desarrolló el encuentro, pero cabe pensar que fue en aquel momento cuando entre el navegante genovés y la Reina Católica se fraguó una conexión que tendría un efecto trascendental en la aventura del descubrimiento.

Según afirmó, el viaje a la India permitiría llevar ayuda a los cristianos de aquel continente, trabajar por la conversión de los infieles y, además, utilizar los beneficios económicos de la expedición, que se preveían ingentes, para financiar una cruzada que liberara Jerusalén de los musulmanes, afirmación esta última ante la que los reyes no pudieron evitar una sonrisa.

En cualquier caso, los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, se dejaron convencer e incluso aceptaron, después de un amago de retirada por parte del genovés, las desorbitadas exigencias de éste en términos de autoridad personal, tal como quedaron plasmadas en las Capitulaciones de Santa Fe, suscritas el 17 de abril de 1492.

Sin duda debieron de pensar que poco importaban tales concesiones en una empresa de resultado tan incierto y, por otra parte, ésta tampoco les iba a resultar gravosa económicamente, pues el presupuesto, de unos dos millones de maravedíes, quedaba cubierto por un préstamo realizado por un funcionario del rey, Luis de Santángel, por la propia aportación de Colón (gracias a un préstamo particular) y por la contribución forzosa de la ciudad de Palos, que debió proporcionar dos de las tres carabelas de la expedición.

Capitulaciones de Santa Fe

  • Título de Almirante: En todas las islas y tierras que descubriera o ganara.
  • Prerrogativas: Iguales a las del Almirante de Castilla, hereditarias para sus sucesores.
  • Contribución: Podría contribuir con la octava parte en la armazón de navíos para negociar en las tierras descubiertas.
  • Título de Virrey: Se le reconoció este título, haciéndolo hereditario.
  • Categoría de "Don": Se le reconoció esta categoría.

En resumen, la Europa de finales del siglo XV era un espacio de innovación, ambición y búsqueda constante. Las dificultades para acceder a los productos orientales impulsaron la búsqueda de nuevas rutas marítimas, y la unión de intereses económicos, políticos y religiosos creó el escenario perfecto para emprender grandes viajes. Entre ellos estaba Cristóbal Colón, que propuso llegar a Asia navegando hacia el oeste. Ese viaje cambiaría para siempre la historia del mundo.

Los Viajes de Cristóbal Colón - Resumen | Contexto histórico, rutas y encuentro con América.

Las carabelas de Colón y la travesía

El 3 de agosto de 1492, Cristóbal Colón zarpó del puerto de Huelva con tres navíos: la Niña, la Pinta y la Santa María. El 3 de agosto de 1492, Colón y su tripulación zarpaban del puerto de Palos de la Frontera en tres naves: la Niña, la Pinta y la Santa María.

Representación de las tres carabelas de Cristóbal Colón: La Niña, La Pinta y La Santa María.

Estas carabelas, pequeñas pero robustas, estaban preparadas para enfrentar los desafíos del vasto Atlántico. Una de las principales ventajas de las carabelas era su capacidad para navegar contra el viento, una habilidad vital para explorar rutas oceánicas que no siempre estaban a favor de los vientos y corrientes predominantes.

Cristóbal Colón emprendió su primer viaje al Nuevo Mundo con tres naves que hoy son icónicas en la historia de la exploración: La Niña, La Pinta y La Santa María.

  • La Niña: Originalmente llamada Santa Clara, era la más pequeña de las tres. A pesar de su tamaño reducido, era conocida por su agilidad y rapidez. La Niña era una carabela de aproximadamente 50 toneladas de desplazamiento y tenía una tripulación de unos 24 hombres.
  • La Pinta: Comandada por Martín Alonso Pinzón, era la más rápida de las tres naves y jugó un papel crucial en la exploración de las aguas del Nuevo Mundo. Al igual que La Niña, La Pinta era una carabela, aunque algunas fuentes la describen más grande en tamaño, con un desplazamiento que podría alcanzar hasta 60 toneladas.
  • La Santa María: La nave insignia de Colón, era la más grande de las tres y se clasifica a menudo como una nao más que como una carabela. Tenía un desplazamiento de aproximadamente 100 toneladas y transportaba la mayor parte de los suministros y el equipamiento. Su tamaño y estabilidad la hacían ideal para llevar cargas pesadas, aunque era menos maniobrable que sus compañeras más ligeras.

Estas tres naves no solo eran medios de transporte, sino también herramientas esenciales que permitieron a Colón y su tripulación emprender uno de los viajes más emblemáticos de la historia humana, abriendo un puente permanente entre Europa y las Américas.

La preparación de las carabelas de Colón para su viaje al Nuevo Mundo fue una tarea meticulosa que implicaba asegurar suficientes provisiones y equipamiento para enfrentar un largo periodo en alta mar. Secos y salados: La carne y el pescado salados eran esenciales por su larga durabilidad. La carga total tenía que estar perfectamente balanceada y bien distribuida entre las tres naves para maximizar la estabilidad y la seguridad en el mar.

Cada artículo se seleccionaba con el objetivo de maximizar la eficiencia del espacio y asegurar la autosuficiencia del grupo durante meses. La selección y formación de la tripulación era un proceso riguroso que requería no solo habilidades navales sino también una fuerte capacidad de adaptación y resistencia física y mental.

Durante el largo viaje a través del Atlántico, la vida a bordo de las carabelas de Colón se regía por rutinas diarias estrictas, diseñadas para mantener el orden, la seguridad y la operatividad de las naves. Turnos de guardia: La vigilancia era una tarea constante y se organizaba en turnos que rotaban regularmente. El timonel, guiado por las órdenes del capitán o los oficiales, mantenía el curso de la nave.

El regreso y las consecuencias

Ocho meses después de la partida de Colón desde el puerto de Palos el 3 de agosto de 1492, llegó a la corte castellana la noticia de su retorno. Desde Lisboa, donde había recalado su navío, en marzo de 1493 Colón enviaba una carta a los Reyes Católicos en la que les anunciaba su sensacional gesta: había completado su viaje a través del océano hasta llegar a las costas de Asia, la misma zona que Marco Polo había recorrido dos siglos antes.

El viaje del Almirante hasta la Ciudad Condal causó sensación. Colón llevaba siete indígenas americanos, así como papagayos, otros animales y plantas y frutos diversos, de modo que «la gente corría a los caminos para verle y a los indios y otras cosas y novedades que llevaba », según escribía un cronista. Aunque las fuentes no lo precisan, debió de producirse entonces un encuentro personal entre Colón y la reina que dejó honda impresión en el Almirante, pues ocho años más tarde, en una carta a la soberana, escribiría en tono rendido: «Yo soy siervo de vuestra alteza. Las llaves de mi voluntad yo se las di en Barcelona [...] Yo me di en Barcelona a Vuestra Alteza sin desar de mí cosa».

El éxito del viaje de 1492 le valió a Colón no sólo el consiguiente momento de fama, sino también una posición privilegiada en la corte real, como experto navegante y cartógrafo al que los soberanos pedían a menudo consejo.

Colón ha dado nombre a ciudades, regiones e incluso un país (Colombia). Cristóbal Colón murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506.