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El mundo de las relaciones públicas incluye muchas áreas de acción, entre las que se encuentran la comunicación interna, las relaciones con los inversores y las relaciones con la comunidad. Sin embargo, existe un ámbito poco explotado en muchos países: el Lobbying.

El término surge en Estados Unidos en el siglo XIX, tras la continua presión a los políticos en el «lobby» o descansillo del hotel por parte de las empresas, de ahí el nombre. Se consideraba una actividad poco necesaria y muy mal vista, hasta nuestros días, en los que es entendida como una actividad que proporciona a los ciudadanos un arma de presión.

En la definición más simple presentada por la Real Academia Española (2025), el lobby es la “Actividad cuyo objetivo es influir en la toma de decisiones en el ámbito público o privado en favor de intereses determinados.”. Por ende, se comprende como una práctica que busca orientar e incidir en ciertas resoluciones en distintos ámbitos.

Esta actividad de presionar en favor de los intereses sirve para equilibrar las acciones de los cuerpos gubernamentales, locales, nacionales y autonómicos o federales, que influyen en el entorno económico y social de corporaciones y de organizaciones sin ánimo de lucro.

El lobby no es inherentemente bueno o malo: es un mecanismo de influencia que refleja la distribución de poder en ámbitos empresariales, ONGs, gobiernos, y sociedades. No obstante, en regiones como América Latina, donde las desigualdades son profundas y la corrupción estructural, el desafío es construir marcos normativos óptimos que garanticen un buen funcionamiento de esta herramienta, evitando el favorecimiento de pocos.

Imagine por un momento que el escenario político y empresarial es como una gran sala de reuniones donde se desarrollan importantes decisiones y dictámenes. En esa mesa se sientan los tomadores de decisiones estratégicos: empresarios, legisladores, trabajadores, ministros, presidentes, entre otros. De esta manera, representantes de interés empresariales, políticos o sociales, se reúnen con el fin de llevar a cabo conversaciones para ejercer influencia en la toma de determinaciones imperantes en favor de intereses específicos.

En estos espacios, se presentan sugerencias, consultas e intereses determinados tanto como para ámbitos privados, como públicos.

A lo largo del tiempo, el lobby ha sido presentado como una herramienta de comunicación estratégica, fundamental para entender los procesos de toma de decisiones y el debate democrático. No obstante, también ha sido objeto de fuertes críticas, al ser asociado con prácticas ilegítimas como el tráfico de influencias, lo que lo vincula con fenómenos de corrupción.

Actualmente, en democracias importantes como Estados Unidos, el lobby es una actividad que se ejerce desde hace décadas de manera legal por medio de regulaciones como la primera enmienda de la constitución norteamericana. Es aquí, en donde emerge el cuestionamiento sobre la línea difusa entre lo legítimo de intentar ejercer influencia en función de intereses propios pero, al mismo tiempo, poner en riesgo los beneficios públicos y derechos de la ciudadanía.

Capitolio de los Estados Unidos, un lugar donde a menudo se ejerce el lobbying.

Tipos de Lobbying

El lobbying se puede clasificar en varias categorías, dependiendo de su enfoque y de los actores involucrados:

  • Lobbismo directo e indirecto:
    • El lobbismo directo es el ejercido directamente ante los poderes públicos, sin actuar a través de la opinión pública o de los partidos políticos.
    • En las acciones de lobbismo indirecto, aunque se dirigen al decisor público como destinatario último, el público objetivo de los mensajes es ajeno al decisor (medios de comunicación, bases populares, otros grupos de influencia…).
  • Lobbismo de base y lobbismo de altura: El lobbismo de base reside en la movilización de la opinión pública (grassroots significa bases populares), mediante peticiones, correos electrónicos, tuits, cartas o llamadas del pueblo a los decisor es políticos, bajo la apariencia de espontaneidad.
  • Lobbismo corporativo y lobbismo grupal: El lobbismo corporativo es promovido por una gran compañía, nacional o multinacional, a título individual.
  • Lobbismo parlamentario y lobbismo administrativo: El lobbismo parlamentario es el lobbismo propiamente dicho, mientras que el lobbismo administrativo engloba las relaciones públicas gubernamentales.

Según la naturaleza de los grupos, se pueden diferenciar los siguientes tipos de lobbies:

  • Empresariales: Representan los intereses de compañías o sectores económicos determinados, como la banca, la energía, la automoción o las telecomunicaciones.
  • Profesionales: Trabajan para favorecer a colectivos de profesionales como médicos, abogados, ingenieros o arquitectos.
  • Sociales o ciudadanos: Integrados por ONG, asociaciones de consumidores, sindicatos o plataformas ciudadanas que defienden causas sociales.

¿Cómo Actúan los Lobbies?

Al proceso de influir en la toma de decisiones públicas por medio de estrategias y técnicas previamente planificadas se lo conoce como cabildear, e implica un trabajo constante de comunicación, negociación y persuasión para el que hay que estar muy bien formado.

La actividad de los lobbies se fundamenta en funciones como:

  • La interlocución con los responsables públicos.
  • La elaboración de informes.
  • La participación en consultas públicas.
  • La organización de eventos que puedan influir en la toma de decisiones.

Lobbistas Famosos

Tradicionalmente, se identifica a un lobista como una persona con una buena red de contactos y dotada de una gran capacidad persuasiva. Pero no son solo estas dos características las que hacen un buen lobista. Para dedicarse profesionalmente al mundo del lobbying son necesarias otras cualidades y conocimientos, por ejemplo:

  • Dotes de comunicación e interpersonales. Saber comunicar eficazmente sus mensajes, tanto oralmente como por escrito, es clave para un lobista. Además, tiene que tener facilidad para establecer contactos y relacionarse con todo tipo de personas: los políticos, en primer lugar, pero también con funcionarios, miembros de otras organizaciones o representantes de medios de comunicación.
  • Capacidad de análisis. Un buen lobista debe ser observador, capaz de procesar y analizar información valiosa de diferentes fuentes para tomar sus decisiones.
  • Capacidad de diálogo. Ya que implica tener mano izquierda para negociar, y ser capaz de llegar a acuerdos y consensos.
  • Saber cómo funciona la política. Estar familiarizado con el funcionamiento de las instituciones, los partidos políticos y los procedimientos legislativos.
  • Visión estratégica. Para trabajar como lobista para una organización o grupo hay que tener claro qué es lo que se quiere conseguir y el camino para lograrlo, algo que requiere planificación y estrategia.
  • Proactividad, capacidad de adaptación y de aprendizaje. Para afrontar constantemente retos y problemas, por lo que se valora tener iniciativa, estar siempre dispuesto a aprender y a adaptarse a las novedades y cambios.
  • Principios éticos. En el lobbying no todo vale, por ello, es necesario que el lobista respete unos principios éticos para ejercer la profesión con honestidad.

Aprende Política Desde Cero | EP4: ¿QUÉ ES un LOBBY POLÍTICO? - SIGNIFICADO y TIPOS | Es.Política

Infografía sobre el Lobbying.

Legislación Relacionada con los Lobbies

La diferencia más importante, y por la que existen diferentes percepciones de la actividad lobbista, es que en países como Canadá, Estados Unidos o Reino Unido existe una legislación en materia de regulación del lobbying. Esta regulación se basa en la transparencia que se debe llevar a cabo por parte de los profesionales del lobbying y de los políticos.

La legislación europea, desde el 20 de mayo de 2021, cuenta con el Acuerdo Interinstitucional entre el Parlamento Europeo, el Consejo de la Unión Europea y la Comisión Europea sobre un Registro de transparencia obligatorio.

En España, el Gobierno ha avanzado en el nuevo proyecto de Ley de transparencia e integridad de las actividades de los grupos de interés, donde se introducen novedades clave en la forma de actuar de los lobbies.

El principal objetivo es la creación de un registro obligatorio de grupos de interés de la Administración General del Estado, para garantizar la transparencia y la integridad de las actividades que dichos grupos desarrollen en sus relaciones con el personal público.

Estos son algunos de los principales cambios propuestos, según el texto publicado en el Boletín Oficial de las Cortes Generales:

  • Cualquier grupo de interés que quiera interactuar con el personal público de la Administración General del Estado (AGE) deberá inscribirse en el Registro Central de Grupos de Interés.
  • Se define claramente grupo de interés, abarcando tanto personas físicas como jurídicas, plataformas, foros y redes que realicen actividades de influencia, independientemente de su forma jurídica.
  • Los lobbies deberán garantizar la publicidad de las reuniones y contactos mantenidos con el personal público susceptible de influencia.
  • Todos los proyectos normativos deberán incluir un informe de “huella legislativa”, que recoja las actividades de los lobbies que hayan influido en la elaboración de la norma.
  • El anteproyecto prohíbe que el personal público ejerza actividades de lobby durante los dos años posteriores a su salida de la administración en materias relacionadas con sus competencias previas.
  • Se establecen diferentes niveles de sanciones para los lobbies que incumplan la normativa.
  • El control y la gestión del registro recaerán en la Oficina de Conflictos de Intereses, que actuará como autoridad independiente para garantizar el cumplimiento de la ley y la transparencia en las relaciones entre lobbies y administración.

Este nuevo marco legal supone un avance importante en la profesionalización y legitimación de la actividad de los lobbies en España. La exigencia de un registro, la trazabilidad de las influencias y la publicidad de las reuniones contribuirán a fortalecer la confianza ciudadana en sus instituciones públicas y a garantizar la transparencia.

Ejemplos de Lobbying en Diferentes Países

Para ilustrar la relevancia del lobbying, es útil observar ejemplos de su aplicación en diferentes países:

  • Colombia: Durante el trámite del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, los gremios ganaderos y comerciales realizaron un intenso cabildeo político.
  • Brasil: El caso Odebrecht reveló una red de relaciones corporativas donde el lobby jugó un papel sofisticado como un sistema de sobornos empresariales, lavado de activos y manipulación gubernamental.
  • Perú: En el sector de la minería, ciertas normas han sido influenciadas por lobbies que limitan la fiscalización tributaria y ambiental del Estado.
  • México: La reforma eléctrica impulsada por el entonces presidente Andres Lopez Obrador (AMLO) evidenció el papel significativo del lobby empresarial, y como este puede influir en el ámbito político de un Estado.

En conclusión, el lobbying es una herramienta compleja con el potencial de influir significativamente en las decisiones políticas y económicas. La transparencia y la regulación son cruciales para asegurar que esta práctica se realice de manera ética y en beneficio del interés público.