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El mundo del comercio está en constante evolución, con negocios que florecen y se marchitan a un ritmo vertiginoso. En 2025, Salamanca fue testigo de cierres inesperados y aperturas esperanzadoras, un ciclo que afectó tanto a negocios locales como a franquicias nacionales.

Entre los negocios que bajaron la persiana se encontraba la tienda de chuches 'Sweet Pirate', fácilmente reconocible por los barriles que presentan las gominolas. Frente a esta, el pasado verano se abrió una heladería: 'Esencia Valenciana'.

Tienda Sweet Pirate con sus característicos barriles de gominolas.

El Modelo de Negocio Pirata

Las boutiques de la gominola llegaron a España poco antes de la pandemia y han ido cogiendo tracción. Una incursión pirata en toda regla que tiene claro el botín: el dinero de los turistas. El modelo de negocio está a la vista. Se trata de sorprender a los viandantes con las mismas golosinas que conocen de toda la vida, solo que bien presentadas y en tamaño enorme.

Gracias al volumen que manejan, estas tiendas consiguen mercancía a precio competitivo y la venden a precio prohibitivo. "No te puedes imaginar lo rentable que este negocio", dice Enrique Viejo-Fluiters, abogado y miembro de Caigen Capital, un fondo que en 2020 compró el 50% de Captain Candy Shop.

"Compramos al por mayor grandes cantidades y obtenemos precios muy buenos. ¿Que si somos caros? Claro que sí. Pero no te voy a engañar: no aspiramos a que un cliente venga todos los días. Vivimos de los turistas, de la rotación, de la compra única", continúa. "Yo no quiero que un cliente venga a diario, sino que entren los turistas y compren".

Hay otro truco crucial que nos desvela la dependienta. "¿Te has fijado en que no hay precios? Aquí todas las chuches cuestan lo mismo, se paga al peso, la gracia es que los clientes no saben cuánto cuesta el kilo. De modo que, una vez están en la caja, pocos se echan atrás. Han tocado la mercancía con sus manos y, además, tendrían que devolver una a una cada gominola a su urna".

En estas tiendas el ticket promedio es de 12 euros. La misma cantidad que se gastan los clientes en un McDonald's o un KFC, pero con un porcentaje ínfimo de los gastos del fast food.

La Importancia de la Ubicación

Llegar a los turistas tiene una contrapartida: es necesario alquilar locales céntricos, que son los más caros. En ciudades como Málaga o Madrid, se pagan espacios en la calle Larios o Gran Vía a más de 35 euros el metro cuadrado, unas cantidades a los que normalmente solo pueden acceder las grandes franquicias.

Además, a menudo la rentabilidad se somete a estrés, ya que compiten entre ellas por los locales vacíos. "Las calles turísticas son la clave. Nosotros tenemos una tienda en la calle Goya, que no tiene apenas turismo, como experimento. Queríamos saber si el negocio funciona fuera del centro, y lo que hemos visto es que, bueno, se mantienen unas cifras de venta estables, pero los picos de venta solo se experimentan en el centro", afirma Viejo-Fluiters, de Captain Candy.

"Aunque son alquileres caros, se vende mucho y se rentabilizan rápido". Esta circunstancia, junto al hecho de que las tiendas apenas tienen unos barriles que sostienen las golosinas, hace que el negocio funcione de forma parecida a las tiendas flash. Aparecen de un día para otro y, si las ventas no alcanzan un mínimo, cierran y buscan otra ubicación.

En seis meses, o prueban su rentabilidad, o echan el cierre. La mercancia, el atrezzo y los empleados se reubican en poco tiempo en otra tienda.

La Competencia y el Origen Pirata

Piratear está en la naturaleza de los piratas, incluso si son de gominola. El mercado en España se lo dividen tres empresas que se copian entre ellas: Captain Candy, con más músculo financiero y presente en las principales ciudades; Sweet Pirate, que se ha especializado en localidades de menor tamaño como Segovia o San Sebastián, y Tesoro de Piratas, con base en Salou y que se ha extendido por toda la costa catalana.

Se han pirateado la imagen tanto entre ellas que, sin los logotipos, es imposible distinguir a las unas de las otras. Todas están decoradas como la bodega de un barco pirata y tienen las mismas gominolas sobre barriles. Incluso los empleados visten igual, de negro, con símbolos como la calavera de tibias cruzadas o la cimitarra pirata.

Para conocer el origen del concepto hay que viajar hasta una callejuela de Poreč, en la costa de Croacia. En 2008, el francés Guillaume Moustier, de ascendencia croata, decidió abrir una tienda de golosinas con ambientación pirata.

Tienda Captain Candy en la calle Larios, Málaga.

El Triángulo Albanokosovar

De aquel negocio surgieron tres cabezas albanokosovares que confluyen en Alicante. Una de ellas, liderada por alguien llamado Tony que no aparece en ningún registro, marchó a Praga y fundó Captain Candy en 2014 y ha abierto sucursales en Países Bajos, Alemania, Italia y Suiza. Es, además, la única que ha conseguido convertirse en una franquicia.

En paralelo, Bytyqi se asoció con su suegro y buscó un lugar de Europa donde hubiera turismo durante todo el año para abrir su tienda. "Miré muchísimo y al final me decidí por Benidorm", explica el empresario, propietario de la cadena Sweet Pirate. Al poco llegó el también albanokosovar de Porec Gjon Gjergji, que montó su Captain Candy en Benidorm.

Por último llegó a Benidorm el francés Moustier, que también abrió su Tesoro de Piratas en el centro de Benidorm. Juntos, los tres, dominan el mercado de la gominola en España, desplazando paulatinamente a clásicos como Belros, establecida en 1982.

La situación hará levantar la ceja a más de uno, en tanto que Alicante es uno de los epicentros europeos de la mafia albanesa. "Apenas nos conocemos, hemos terminado en Benidorm por casualidad. Yo no pensaba vivir aquí, pero la ciudad me encanta. Hay turismo y oportunidades de negocio, aunque tengamos las tiendas muy cerca el uno del otro. La competencia es buena, te hace sacar lo mejor de ti", concluye Bytyqi.

LA CASA DE LAS CARCASAS PERO DE CHUCHERÍAS | Captain Candy Shop