¿Hay personas que nacen para liderar? Si observamos a los grandes líderes del pasado, como Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, la reina Isabel I y Abraham Lincoln, descubriremos que parecen diferir de la gente común en varios aspectos. Lo mismo aplica a líderes contemporáneos como George W. Bush y Mahatma Gandhi. Sin duda, poseen altos niveles de ambición, junto con visiones claras de adónde quieren llegar.
Estos líderes son considerados grandes líderes por naturaleza, con un conjunto de cualidades personales que los convirtieron en líderes eficaces. Incluso hoy en día, la creencia de que los grandes líderes nacen es común. Altos ejecutivos, personalidades del deporte e incluso políticos a menudo parecen poseer un aura que los distingue del resto. Según los teóricos contemporáneos, los líderes no son como los demás. No necesitan ser genios intelectuales ni profetas omniscientes para triunfar, pero definitivamente deben poseer las cualidades necesarias, algo que no está presente por igual en todas las personas. Esta orientación expresa un enfoque del estudio del liderazgo conocido como teoría del gran hombre.
La búsqueda de liderazgo empresarial es uno de los objetivos para muchas empresas en la actualidad. Esta habilidad social, siendo una de las habilidades más valoradas en las empresas, no es fácil de encontrar. Debido a ello, las teorías de liderazgo buscan dar respuesta al éxito de los líderes o a cómo realizar la búsqueda de estos roles.
Las teorías de liderazgo buscan explicar el cómo y por qué ciertas personas se convierten en grandes líderes. Aplicado a las empresas, algunas teorías de liderazgo proponen que poseer ciertos rasgos en el carácter y personalidad de los trabajadores ayudan a que estos se conviertan en líderes por naturaleza. Por lo que las empresas deben identificar estas características para potenciar el talento.
Como indican otras teorías, no todos los líderes nacen, algunos “se hacen”. La experiencia de los empleados y algunas variables pueden jugar también un papel fundamental. Conoce las principales teorías de liderazgo, lo que podrá ayudarte a identificar cuál llevar a cabo en tu empresa a la hora de identificar y adquirir talento.
Supuestos de la Teoría del Gran Hombre
La teoría del liderazgo del gran hombre establece que algunas personas nacen con los atributos necesarios que las distinguen de los demás y que estos rasgos son responsables de que asuman posiciones de poder y autoridad. Un líder es un héroe que logra objetivos contra todo pronóstico para sus seguidores. La teoría implica que quienes ostentan el poder merecen estar allí debido a sus cualidades especiales. Además, sostiene que estos rasgos se mantienen estables a lo largo del tiempo y en diferentes grupos.
Por lo tanto, sugiere que todos los grandes líderes comparten estas características, independientemente de cuándo y dónde vivieron o del papel preciso que desempeñaron en la historia.
Los supuestos principales de esta teoría son:
- Los líderes nacen y no se hacen.
- Poseen ciertos rasgos que fueron heredados.
- Grandes líderes pueden surgir cuando hay una gran necesidad.
Anteriormente, el liderazgo se consideraba una cualidad asociada principalmente a los hombres, por lo que la teoría se denominó la teoría del gran hombre. Pero más tarde, con el surgimiento de muchas grandes mujeres líderes, la teoría fue reconocida como la Teoría de la gran persona.
Origen e Historia de la Teoría
La teoría del gran hombre procede del siglo XIX, e indica que la historia se justifica en gran medida por el impacto de grandes hombres, o héroes, prestos a definirse como individuos altamente influyentes que, gracias a su carisma personal, inteligencia, sabiduría, o dotes políticos, utilizaron su poder de tal manera que éste tuvo un impacto histórico decisivo. Gran parte del trabajo sobre esta teoría se realizó en el siglo XIX y suele vincularse con la obra del historiador Thomas Carlyle, quien comentó sobre los grandes hombres o héroes de la historia diciendo que «la historia del mundo no es más que la biografía de los grandes hombres». Según él, un líder es aquel que posee cualidades únicas que cautivan la imaginación de las masas.
La teoría se hizo popular en la década de 1840 por el autor escocés Thomas Carlyle. Carlyle expresó que «la historia del mundo no es sino la biografía de grandes hombres», dando a conocer su creencia de que los héroes forman la historia a través de sus atributos personales y de alguna inspiración divina. El libro Los héroes, el culto de los héroes y lo heroico en la historia, del mismo Carlyle, esclarece su percepción de que la historia gira según las decisiones de los héroes, agregando al texto un análisis sobre la influencia de aquellos como Mahoma, Shakespeare, Lutero, Rousseau, Pericles, Napoleón, y Wagner. Desde luego, el autor sintió que el estudio de los grandes hombres era «lucrativo» para el lado heroico de uno mismo.
El estadounidense Frederick Adams Woods también mostró apoyo a la teoría del gran hombre.
Esta teoría frecuentemente contrasta con una teoría que habla sobre eventos que ocurren en la totalidad del tiempo, o cuando una ola aplastante de pequeños eventos causa la ocurrencia de ciertos avances. El enfoque del gran hombre estaba más de moda con los historiadores profesionales del siglo XIX. Una obra popular de esta corriente es la undécima edición de la Encyclopædia Britannica (1911), la cual contiene biografías extensas y a detalle de los grandes hombres de la historia, pero muy pocas historias generales o sociales. Por ejemplo, toda la información del período de las grandes migraciones está compilada en la biografía de Atila, rey de los hunos.
Hegel, procediendo de la teoría providencialista, argumenta que aquello que es real es razonable y los individuos histórico-mundiales son agentes del espíritu mundial.
Debes admitir que el génesis de un gran hombre depende de una serie larga de influencias complejas las cuales han producido la raza en la que él aparece, y el estado social en el cual la raza ha ido creciendo lentamente... El hecho de que surja uno de éstos, precisamente éste y en un momento y un país determinados, es, naturalmente, una pura casualidad. Pero si lo suprimimos, se planteará la necesidad de remplazarlo, y aparecerá un sustituto, más o menos bueno, pero a la larga aparecerá.
Teoría del Gran Hombre y Teoría de los Rasgos
Teoría del Gran Hombre y Teoría de los Rasgos. Esta teoría considera que el liderazgo es un rasgo basado en la personalidad, por lo tanto, los líderes nacen con las características de forma innata. Algunas de estas características son el carisma, las habilidades, la confianza y la inteligencia para saber liderar equipos.
El término Gran Hombre refleja esta como una de las primeras teorías del liderazgo, cuando se consideraba una cualidad masculina y se aplicaba en términos militares. Por lo tanto, está muy alejada de la actualidad, pero sigue siendo una de las teorías bases.
Al ser una teoría que refleja que los roles del líder no se pueden aprender, las empresas deben buscar la identificación de estas cualidades entre sus equipos. Conocer bien a la plantilla y fomentar las actividades en equipo y la comunicación interna ayudará a saber si contamos con trabajadores que cumplan estas características.
En la línea de esta teoría existe la teoría de los rasgos que declara la existencia de rasgos de personalidad que contribuyen al liderazgo. Esta teoría hace especial hincapié en los rasgos de comportamiento que comparten los líderes y que lo diferencian de convertirse en un líder a ser un seguidor (aun poseyendo la misma personalidad).
Críticas a la Teoría del Gran Hombre
Muchos de los rasgos que se consideran importantes para ser un líder eficaz son típicamente masculinos. En la investigación contemporánea, se observa un cambio significativo en esta mentalidad.
El razonamiento lógico de Carlyle tenía una falla en su estructura. ¿Eran todos los líderes clasificables como hombres con cualidades natas?
El escocés Thomas Carlyle fue uno de los más destacados escritores y filósofos del siglo XIX, pero su nombre raramente aparecería hoy en un hit parade de los grandes pensadores universales. Sus ideas sobre acerca de la figura del líder y lo que le rodea, condensadas en la «teoría del gran hombre», continúan teniendo una enorme influencia entre buena parte de la clase dirigente actual (aunque esta raramente lo reconozca). El motivo de este olvido deliberado es, probablemente, la consideración que se haría hoy de los planteamientos de Carlyle: trasnochados y políticamente incorrectos, cuando no indeseables en algunas de sus aseveraciones.
Por ejemplo, aquellas que tienen claros tintes racistas (Carlyle creía que la raza negra era inferior), esclavistas y supremacistas (afirmaba la superioridad de las naciones germánicas). Ideas que lo hacen especialmente poco apetecible en términos intelectuales. Carlyle también guardaba un fuerte desprecio por los sistemas igualitarios y democráticos («la democracia es el caos provisto de urnas electorales») o su admiración por las figuras autoritarias, como Guillermo el Conquistador o Federico el Grande de Prusia, del que escribió una extensa biografía.
Según este pensador, convendría dejar las riendas de la evolución humana a estos «hombres fuertes», a los que consideraba superiores en inteligencia y capacidades al resto; solo ellos, según su perspectiva, podían salvar a la sociedad. Esta es la razón por la que el ensayista británico afirmaba que la historia de toda la humanidad es dictada por los actos de un puñado de grandes hombres: la sociedad progresa gracias a los golpes de timón de estos héroes y a su capacidad para arrastrar voluntades. Las últimas corrientes también siguen una dirección opuesta a Carlyle, abogando por desterrar el liderazgo unipersonal y mesiánico.
No hace falta atravesar siglos para encontrar contestación a los pronunciamientos de Carlyle. En su propia época, sus teorías fueron refutadas por el también británico Herbert Spencer (1820-1903), quien pensaba que atribuir la evolución de la humanidad a unos cuantos golpes de timón propinados por unos cuentos héroes era una visión demasiado simplista de la historia. Esos «grandes hombres» a los que tanta importancia concedía Carlyle no eran sino el coralario o producto de sus épocas, defendía Spencer.
Unos años más tarde, la psicología colectiva, representada por pensadores como Gustave Le Bon o Escipión Sighele, también relativizó el papel de los grandes hombres en el devenir de unas sociedades que definían a sus propios líderes. Hoy, las últimas corrientes del liderazgo también siguen una dirección opuesta a Thomas Carlyle, abogando por desterrar el tipo de liderazgo unipersonal y mesiánico para reivindicar una visión del mismo más coral en la que cada miembro de la organización contribuya con su aportación a la gestión del proyecto, ya se trate este de una comunidad de vecinos, una empresa o el gobierno de una nación.
Su razonamiento es que, frente a los caudillos solitarios y falibles, es mucho más efectiva una dirección compartida en la que todas las voces son escuchadas y actúan como contrapeso las unas de las otras. De este modo, se evitan posibles derivas dictatoriales, decisiones arbitrarias nacidas de egos descontrolados o la inacción por miedo al error que a veces atenaza a este tipo de líderes.
El mito del héroe, sin embargo, lleva presente entre nosotros desde mucho antes que Carlyle, lo que hace que resulte difícil desembarazarse de él. Puede que hoy no resulte muy políticamente correcto erigirse en caudillo de nada, pero muchos líderes actuales siguen aspirando secretamente, como sostenía el autor escocés, a cambiar el curso de la historia con un golpe de genialidad que les garantice una página en la misma.
Esta nostalgia del liderazgo de rasgos heroicos es especialmente patente en el ámbito político, donde se practica abiertamente el culto al líder mediante actos multitudinarios y discursos grandilocuentes (y donde a medida que se acerca el final de una legislatura crece el riesgo de un golpe de efecto o decretazo que deje huella palpable del paso de una determinada administración), pero también es una realidad -aunque más sutil- en las empresas.
El discurso oficial dirá que la organización se rige por un sistema democrático de toma de decisiones en el que todos sus miembros son importantes y tienen la oportunidad de aportar sus ideas, pero es preferible no engañarse: en la intimidad del despacho, muchos siguen teniendo como modelo el de Steve Jobs, Elon Musk o Mark Zuckerberg; es decir, el de genios-tiranos que, de haber sido contemporáneos de Thomas Carlyle, habrían hecho las delicias del autor, proporcionándole una séptima categoría (la de «empresarios») para su taxonomía de héroes que trazan el curso de la historia.
Algunos argumentan que la teoría del gran hombre es demasiado simplista y no tiene en cuenta otros factores importantes, como el contexto en el que se desarrolla el liderazgo y la interacción con los seguidores.
Evolución de la Teoría del Gran Hombre
Carlyle desarrolló su teoría del gran hombre en una serie de conferencias, recopiladas más tarde en un libro: Sobre héroes, adoración a los héroes y lo heroico en la historia. El pensador estableció seis categorías de héroes, ejemplificadas en grandes figuras: Odín (divinidad); Mahoma (profeta); Dante y Shakespeare (poetas); Lutero y Knox (sacerdotes); Johnson, Rousseau y Burns (escritores), y Napoleón y Cromwell (caudillos).
El Liderazgo en la Actualidad
Hoy sabemos que el “gran hombre” es, en realidad, un “gran equipo”. El liderazgo moderno se basa más en la empatía, la escucha activa y la colaboración que en la fuerza individual. Sin embargo, conocer esta teoría nos ayuda a entender por qué a veces seguimos esperando que “alguien más” llegue a salvarnos, en lugar de asumir nuestro propio liderazgo cotidiano.
Según estudios de la Universidad de Oxford, el liderazgo efectivo actual depende en un 80% de la inteligencia emocional y la capacidad de adaptación al entorno, más que de rasgos heroicos predeterminados.
La teoría del gran hombre en el liderazgo es una perspectiva que sostiene que los grandes líderes nacen, no se hacen. Se argumenta que ciertas personas poseen características innatas y rasgos de personalidad que los convierten en líderes excepcionales. Según esta teoría, los grandes líderes tienen características que los distinguen de los demás. Estas características pueden incluir habilidades de comunicación efectiva, carisma, inteligencia emocional, visión, determinación y capacidad para tomar decisiones difíciles.
La teoría del gran hombre también sostiene que los líderes excepcionales son raros y únicos. No todos tienen la capacidad de ser líderes destacados, ya que se requiere un conjunto particular de rasgos y cualidades para ejercer un liderazgo efectivo.
Impulsados por la teoría del liderazgo del gran hombre y el creciente interés por comprender qué es el liderazgo, los investigadores se centraron en el líder: ¿Quién es un líder? ¿Cuáles son las características distintivas de los líderes grandes y eficaces?
