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Para entender el liderazgo de Adolf Hitler, es crucial analizar su pasado y el contexto en el que surgió. Nacido en 1889 en Braunau, Austria, creció en un entorno de clase media. A los 17 años, su pasión por las artes lo llevó a intentar ingresar a la Academia de Bellas Artes de Viena.

Tras la muerte de su madre, Hitler se estableció en Viena. Aunque sus primeros años fueron económicamente difíciles, logró cierta estabilidad gracias a sus habilidades como pintor. Sin embargo, Hitler describió Viena como un capítulo oscuro de su vida, donde desarrolló odio y antisemitismo, aunque también encontró el camino hacia su futuro éxito.

Adolf Hitler en un discurso en 1938.

El estallido de la Primera Guerra Mundial marcó un punto de inflexión en su vida. Hitler se unió como voluntario al ejército alemán. "No estoy avergonzado de decir que, arrastrado por mi entusiasmo, me arrodillé y agradecí al cielo desde el fondo de mi corazón por haberme permitido vivir en ese tiempo", declararía después.

En 1920, se unió al Partido Nacional Socialista, donde desarrolló una filosofía nacionalista y racista. Buscaba la empatía de su gente a través de la imposición de sus ideas, y una de sus principales características era su carisma.

Gobernó bajo circunstancias políticas y económicas adversas. Era convincente y rígido en sus ideas. Adolf Hitler (1889-1945) fue un político, militar, pintor y escritor alemán, de origen austríaco; canciller imperial desde 1933 y Führer (líder) de Alemania desde 1934 hasta su muerte. Llevó al poder al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán o Partido Nazi, y lideró un régimen totalitario durante el período conocido como Tercer Reich o Alemania nazi.

Características del Liderazgo de Hitler

Adolf Hitler tenía un fuerte carisma mediante el cual imponía sus ideas al equipo, en lugar de permitir a los demás integrantes hacerse responsables de sus propias conductas, no permitiéndoles con ello, ser independientes. Tenía una gran personalidad y era firme en sus convicciones.

Tomaba decisiones críticas aun teniendo consecuencias devastadoras. No se dejaba influencias por las opiniones y juicios de otros. Era inflexible y le gustaba ordenar. Fue un verdadero destructor de la creatividad de los demás miembros de su equipo. El fin justificaba los medios. El resultado estaba por encima de las personas.

Por todo ello, podemos concluir afirmando que el estilo de liderazgo de Adolf Hitler era el autocrático o autoritario. Todo gira alrededor del líder, considerado como la única persona capaz de tomar decisiones: marca objetivos, toma decisiones, controla los procesos, no delega responsabilidades. Tiene la creencia de que los colaboradores necesitan de alguien que les guíe asumiendo al ciento por ciento este rol.

El Carisma y la Retórica

El punto de partida es que nadie hubiera podido imaginar en 1913 que aquel joven pintor austríaco pobre, huraño y poco agraciado se convertiría en apenas dos décadas en el "futuro líder carismático de Alemania". Su único sello distintivo (que se mantendría en los años siguientes) era su "capacidad para odiar". Su participación en la I Guerra Mundial le reforzó en su concepción de la vida como "lucha constante y brutal".

Para Rees su "triunfal ascenso al poder" se basó en sus "habilidades retóricas". Sin olvidar que otra clave de su éxito era que "predicaba para gente que estaba desesperada". Su nacionalismo regenerador encandilaba a los jóvenes, que consideraban que era el momento de "forjar una nueva Alemania". Su maniqueísmo y aparente seguridad en sí mismo contagiaba a sus seguidores de confianza en las propias fuerzas y agresividad contra los "extraños", en particular los judíos, pronto convertidos en responsables de los males de la nación.

Consiente de los resortes para encandilar a las masas, Hitler se construyó un "pasado heroico" y se presentó, con respecto al futuro, como un visionario, un profeta. Ofreció a sus compatriotas algo tan importante como esperanzas de mejora y plenitud en una etapa de crisis total. La consecuencia fue que una considerable parte del pueblo alemán se mostró dispuesta a seguirle, a sabiendas de que su objetivo era "destruir el sistema democrático" y desarrollar "actos de violencia criminal".

La Fórmula del Éxito Inicial y el Declive

Rees disecciona las características peculiares del liderazgo de Hitler: su hábil manejo del odio, sus decisiones solitarias, su radicalismo, la puesta en escena de los mítines, su conexión con las masas, su audacia, etc. El autor resume en una fórmula muy expresiva esa tendencia del Führer: lo suyo era una "apuesta a lo grande".

Todo eso permitió que Alemania desencadenara la guerra sin que apenas se resintiera su liderazgo. De hecho, el "punto álgido de su carrera" puede datarse en junio de 1940, tras la aplastante victoria militar contra los países limítrofes. En ese verano, después de supervisar la capitulación de Francia, Hitler recibe en Berlín el más rendido baño de masas de su carrera.

El momento de máximo esplendor acoge en el subsuelo las semillas del declive. La seguridad del dirigente nazi en sí mismo -su megalomanía- le llevó a cantar victoria antes de tiempo. "Es un momento que ejemplifica a la perfección las ventajas y los inconvenientes de un liderazgo carismático", apunta Rees, porque las mismas cualidades que le llevaron a la cima precipitaron su caída.

La resistencia británica desconcertó a Hitler. Siguiendo a Ian Kershaw, Rees sostiene que la decisión suicida de invadir la URSS fue el resultado de un propósito que hoy resulta rocambolesco: conseguir la rendición de Londres noqueando a Moscú en otra edición de la guerra relámpago. El aura carismática del dictador contuvo casi todas las críticas.

Hitler había conseguido inculcar a su alrededor un principio movilizador de proporciones hercúleas: todo era posible. "Nosotros somos un pueblo extraordinario". En ese contexto, la persecución de los judíos revela que buena parte de las decisiones del Führer estaban basadas más en prejuicios, impulsos y odios que en un análisis racional y una "estrategia meticulosa".

Y confirma otra consecuencia del liderazgo carismático: una vez que el líder ampara o promueve una iniciativa, no hace falta que entre en los detalles, pues ya se encargan los subordinados de ejecutar estos pormenores con la máxima eficiencia para complacer al dirigente máximo. Hitler contagió así su odio antisemita y su deseo de aniquilación brutal hasta el último eslabón de la cadena de mando.

El Culto a la Personalidad

El culto a la personalidad de Adolf Hitler fue una característica destacada de la Alemania nazi (1933-1945), que comenzó en la década de 1920 durante los primeros días del Partido Nazi. El mito de Hitler como un genio infalible multifacético con cualidades heroicas, casi sobrehumanas, se acercó a la deificación.

A partir de los primeros años del partido Nazi, la propaganda Nazi describió al líder nazi Adolf Hitler como una figura icónica que era la única persona capaz de salvar a Alemania. Después del final de la Primera Guerra Mundial, el pueblo alemán sufrió mucho durante los primeros años de la República de Weimar y, según los nazis, solo Hitler como mesías podría salvarlos y restaurar la grandeza de Alemania, que dio lugar al mito del "culto al Führer".

Unos días después de la "Marcha sobre Roma de Benito Mussolini el 28 de octubre de 1922, un orador del partido Nazi anunció a una multitud de la cervecería que "el Mussolini de Alemania se llama Adolf Hitler", dando así un impulso al culto a la personalidad que apenas estaba comenzando. Tras el fracaso del Putsch de la Cervecería en 1923, se propuso construir una imagen de sí mismo que apelaría a todos los sectores del pueblo alemán.

Rally de Nuremberg en 1935, un ejemplo del culto a Hitler.

La representación de Hitler en Mein Kampf ("Mi lucha") de que durante su estancia en Viena aprendió sobre el sindicalismo y el marxismo mientras trabajaba en una obra de construcción, fue un mito que creó sobre sí mismo. Los nazis eligieron deliberadamente el nombre de su partido, el "Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes", como una forma de atraer a los alemanes que eran tanto de izquierda como de derecha.

Cuando se hizo cargo del partido como su "Führer" ("líder") en 1921, insistió en agregar "nacionalsocialista" al nombre del partido, que hasta ese momento había sido el "Partido de los Trabajadores Alemanes". El periódico del jefe de propaganda nazi Joseph Goebbels, Der Angriff, jugó un papel importante en la creación del mito del Führer. Durante cinco campañas electorales en 1932, el periódico nazi Völkischer Beobachter ("Observador del Pueblo") describió a Hitler como un "hombre que tenía un movimiento de masas unido detrás de él, un hombre cuya única misión era salvar a Alemania" quien era el "Líder de la Alemania venidera".

Durante las campañas, Hitler adquirió un estatus cuasirreligioso dentro del partido. A medida que la crisis económica de Alemania -provocada por el inicio de la Gran Depresión- continuaba y crecía, y mientras los nazis iban ganando poder político en virtud del número de escaños que ocupaban en el Reichstag, la máquina de propaganda de Goebbels creó una imagen de Hitler que personificaba la ira del pueblo por la incapacidad de la República de Weimar para resolver sus problemas.

Hitler era, decía la propaganda, el único hombre que podía salvar a Alemania y crear un nuevo orden social, la "comunidad del pueblo" (Volksgemeinschaft); Hitler era "la esperanza de millones", la instancia de carne y hueso de la salvación nacional. Según el historiador Ian Kershaw, "[La gente] proyectada sobre Hitler sus propias creencias, deseos y anhelos. El mito también dio lugar al concepto detrás del dicho "Si tan sólo el Führer supiera": cuando el pueblo alemán estaba insatisfecho con la forma en que se manejaba el país, culpaba a los peces gordos nazis pero eximía a Hitler de la culpabilidad. Creían que si Hitler sabía lo que estaba sucediendo, arreglaría las cosas.

La Noche de los cuchillos largos en 1934 -la purga de Hitler contra sus oponentes en el seno del Partido Nazi y dentro de su brazo paramilitar, las Sturmabteilung (SA), así como en muchas otras secciones- fue presentada al público como si Hitler hubiera impedido el caos de un próximo intento de "golpe de estado".

El culto al líder se puso de manifiesto en las películas de propaganda nazi de Leni Riefenstahl, como el "Triunfo de la voluntad de 1935", que Hitler ordenó que se hiciera. La película mostraba el Rally de Nuremberg de 1934, al que asistieron más de 700 000 simpatizantes, y es uno de los primeros ejemplos del mito de Hitler filmado y puesto en plena vigencia durante la Alemania nazi.

El misticismo fue evidente desde el principio cuando Hitler comenzó a descender de las nubes en un avión, y cuando el mitin terminó con un clímax uniendo a Hitler, el Partido Nazi y el pueblo alemán cuando Rudolf Hess dijo, "El Partido es Hitler. Pero Hitler es Alemania, así como Alemania es Hitler. ¡Hitler!

En 1934, el sucesor elegido por Hilter, Hermann Göring dijo: "Hay algo místico, inexpresable, casi incomprensible en este hombre... Amamos a Adolf Hitler porque creemos, profunda y firmemente, que fue enviado a por Dios para salvar a Alemania... No hay ninguna cualidad que él no posea en el más alto grado..." El libro del historiador británico Kershaw El "Mito de Hitler": Imagen y realidad en el Tercer Reich se publicó en 1987.

El Führerprinzip

El Führerprinzip («principio de líder») fue la base fundamental de la autoridad política en la Alemania nazi. Este principio puede entenderse más sucintamente en el sentido de que «la palabra del Führer es ante todo ley escrita» y que las políticas, decisiones y oficinas gubernamentales deben trabajar hacia la realización de este fin.

Al Führerprinzip se le dio crédito durante la Noche de los cuchillos largos en 1934 cuando Hitler ordenó una serie de ejecuciones extrajudiciales debido a un supuesto golpe inminente por parte de las SA bajo Ernst Röhm -el llamado «Röhm Putsch»-.

El "Mito del Führer" utilizó propaganda y el "Führerprinzip" para retratar a Hitler como un genio infalible que estaba por encima de la política de partidos y estaba totalmente dedicado a proteger y salvar al pueblo alemán de las fuerzas externas insidiosas, como el "bolchevismo judío", y de factores internos como la política conservadora, centrista y liberal y los políticos que apoyaron la democracia y fueron la columna vertebral de la República de Weimar.

Durante la década de 1930, la popularidad de Hitler se debió en gran parte a que la mayoría de los alemanes aceptaba el mito del Führer. Hitler mismo -junto con Joseph Goebbels- fue un contribuyente significativo a la creación del mito. El pueblo alemán debería examinar una vez más lo que mis compañeros y yo hemos hecho en los cinco años desde la primera elección al Reichstag en marzo de 1933.

Joseph Goebbels dijo a los funcionarios del Ministerio de Propaganda en 1941 que sus dos mayores logros fueron "el estilo y la técnica de las ceremonias públicas del Partido; el ceremonial de las manifestaciones masivas, el ritual de la gran ocasión del Partido" y la "creación del mito”.

El mito del Führer, junto con el "Führerprinzip", ayudó a frenar las crisis internas dentro del Partido Nazi, como dijo el propio Hitler en 1935: "No, señores. El Führer es el Partido y el Partido es el Führer". El mito del Führer fue un fenómeno de doble cara. Por un lado, la propaganda nazi trabajó continuamente para transmitir una imagen de Hitler como una figura heroica que tomó todas las decisiones correctas.

El culto al liderazgo que rodeaba a Hitler también sirvió para evitar que el Partido Nazi se fragmentara en facciones en guerra, especialmente después de que Hitler hubiera eliminado a sus rivales Ernst Röhm y Gregor Strasser en la purga de la Noche de los Cuchillos Largos de 1934.

Después de la Primera Guerra Mundial, la República de Weimar de Alemania fue duramente golpeada por la hiperinflación y la Gran Depresión que la siguió. Muchos alemanes tuvieron dificultades para separar la derrota alemana en la guerra de los efectos no relacionados derivados del colapso económico que siguió, y, en un país sin historia de democracia, tendieron a culpar a las condiciones impuestas por los Aliados en el Tratado de Versalles y la nueva forma gubernamental de democracia en una república por sus problemas económicos, en lugar de mirar la causa raíz, que era la economía mundial.

Sin los aparentes éxitos económicos de principios de la década de 1930, es muy poco probable que el mito de Hitler hubiera podido calar tan hondo en la sociedad alemana. Lo irónico es que los éxitos económicos ocurridos no fueron obra de Hitler. Aunque se desconoce cuántos alemanes creían genuinamente en el mito del Führer, incluso los alemanes que criticaban a Hitler y al régimen nazi creían en él a finales de la década de 1930.

Las declaraciones de política exterior del Führer también tocan la fibra sensible de muchos trabajadores; especialmente de los jóvenes. La postura firme que el Führer ha asumido sobre la ocupación de Renania ha causado una honda impresión. Mucha gente está convencida de que las demandas de política exterior de Alemania están justificadas y no pueden pasarse por alto. No hay duda de los enormes logros personales en credibilidad y prestigio que Hitler ha logrado, quizás principalmente entre los trabajadores. El hecho de que Austria haya sido subyugada por la fuerza ha tenido poco o ningún efecto hasta ahora en la forma en que se juzga el evento aquí. El punto crucial es que Austria ha sido anexionada, no importa de qué manera. Hasta 1938, el mito ayudó a convencer a la mayoría de los alemanes de que Hitler era un político de convicción que defendía los derechos de Alemania.

Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el mito del Führer estaba casi completado, pero aún le faltaba un rasgo importante: presentar a Hitler como un genio militar. Incluso antes del comienzo de la guerra, la máquina de propaganda nazi trabajaba con el fin de presentar esa imagen al pueblo alemán. Todo esto fue precedido por el mito del genio diplomático y de política exterior de Hitler, que fue engendrado gracias a sus triunfos en la Remilitarización de Renania, el Anschluss con Austria, la entrega del Sudetenland de manos de las potencias occidentales en Munich, y la ocupación alemana de Checoslovaquia (invasión y partición de Checoslovaquia).

A partir de 1934-35, el mito del Führer comenzó a determinar el derecho constitucional de la Alemania nazi. El Führer anunció que el nacionalsocialismo transformaría enormemente el sistema legal alemán en el programa del partido de 1920. Formulamos los primeros principios en ese momento, exigiendo el reemplazo de la ley que servía a una cosmovisión materialista ajena a nosotros y su reemplazo por Ley alemana. Ahora eso El Führer con su movimiento y partido han tomado el poder en el Reich alemán y sus provincias, es fundamental implementar los principios de justicia nacionalsocialistas.

Como en cualquier otro lugar del gobierno, el partido y sus ideas deben guiar la justicia, ya que es sólo un medio del Führer para la realización del nacionalsocialismo. Como líder de los profesionales del derecho alemán puedo decir que la base del Estado nacionalsocialista es el sistema legal nacionalsocialista, y que para nosotros nuestro líder supremo es también el juez supremo y que su voluntad es ahora la base de nuestro sistema legal.

El 26 de abril de 1942, Hitler pronunció un discurso ante el Reichstag en el que se declaró el juez supremo del pueblo alemán, la supervivencia del pueblo alemán no estaba sujeta a ningún asunto legal, intervendría cuando las sentencias lo hicieran. No puede haber duda de que el Führer debe, durante el tiempo actual de guerra en el que el alemán Volk está involucrado en una batalla por vida o muerte, tener el derecho que ha asumido, de hacer todo lo que sirva al logro de la victoria o contribuya a ello.

El Führer, por tanto, debe -sin estar sujeto a las normas legales vigentes-, en su calidad de Führer de la Nación, de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, de Jefe de Gobierno y de poseedor supremo de poderes ejecutivos, de supremo señor del poder judicial, y como Führer del Partido, en cualquier momento estar en posición de ordenar, si es necesario, a cualquier alemán, ya sea un soldado u oficial común, oficial o juez de clase baja o alta, ejecutivo o ministerial funcionario del Partido, obrero o patrono, con todos los medios que estime convenientes, para el cumplimiento de sus deberes y para visitarlo, en caso de incumplimiento de estos deberes, después de un examen de conciencia, con la pena que le corresponda, sin consideración alguna.

Hitler usó a menudo términos religiosos en sus discursos, como la "resurrección" del pueblo alemán y terminaba sus discursos con "Amén". El punto 24 del Programa Nacionalsocialista declaró que el Partido Nazi defendía un "cristianismo positivo", y Hitler enfatizó su compromiso con el cristianismo con el Partido del Centro para persuadirlos de votar a favor de la Ley de habilitación de 1933. En realidad, muchos nazis como Alfred Rosenberg y Martin Bormann se oponían profundamente a la religión y eran anticristianos.

Durante la década de 1930, Hitler comenzó a hablar en términos místicos cuando hablaba con "camaradas nacionales" alemanes. Después de la remilitarización de Renania nazi en marzo de 1936, Hitler declaró: «Voy por el camino que dicta la Providencia con la seguridad de un sonámbulo». En mayo de 1936 en Lustgarten, dijo: «Somos muy afortunados de poder vivir entre esta gente, y estoy orgulloso de ser su Führer. Tan orgulloso que no puedo imaginar nada en este mundo capaz de convencerme cambiarlo por otra cosa. Preferiría, mil veces antes, ser el último camarada nacional entre ustedes que un rey en cualquier otro lugar. Y este orgullo me llena hoy sobre todo».

Hitler se identificó con el pueblo alemán en septiembre de 1936 cuando dijo: «¡Que me hayas encontrado... entre tantos millones es el milagro de nuestro tiempo! Un aspecto clave del mito fue la obediencia personal al propio Hitler.

Después de la muerte del presidente alemán Paul von Hindenburg el 2 de agosto de 1934, Hitler decidió fusionar las oficinas de presidente y canciller, y se declaró a sí mismo como "Führer und Reichskanzler" ("líder y canciller del Reich"). Poco después, el ministro de Guerra Werner von Blomberg emitió una orden de que todo el personal militar, que había jurado previamente un juramento a Alemania, juraría en su lugar un juramento de lealtad y lealtad vinculante a Hitler personalmente.

Entre 1933 y 1945, aproximadamente 4.000 ciudades y pueblos convirtieron a Hitler en ciudadano honorario como una forma de mostrarle lealtad. Hitler mantuvo deliberadamente su vida privada alejada del público alemán como una forma de asegurar su popularidad, especialmente entre las mujeres alemanas. La propaganda nazi adoctrinaba a la juventud.

Tipos de Liderazgo y el Caso de Hitler

Existen diversos tipos de liderazgo, cada uno con sus propias características y aplicaciones. A continuación, se presenta una tabla con algunos de los tipos más comunes y cómo se relacionan con el estilo de liderazgo de Hitler:

Tipo de LiderazgoDescripciónRelación con el Liderazgo de Hitler
AutocráticoEl líder toma todas las decisiones sin consultar a los demás.Muy similar. Hitler tomaba decisiones unilaterales y no permitía la disidencia.
ParticipativoEl líder involucra a los miembros del equipo en la toma de decisiones.Opuesto. Hitler no fomentaba la participación ni la delegación.
TransaccionalEl líder utiliza recompensas y castigos para motivar a los empleados.Presente. Hitler utilizaba recompensas para sus leales y castigos severos para los opositores.
TransformacionalEl líder inspira y motiva a los empleados para alcanzar su máximo potencial.En cierta medida. Hitler inspiró a muchos alemanes con su visión de una Alemania poderosa, pero de manera distorsionada.
Laissez-faireEl líder delega la toma de decisiones a los empleados.Opuesto. Hitler controlaba todos los aspectos del gobierno y la sociedad.
EstratégicoEl líder define objetivos y estrategias a largo plazo.Presente. Hitler tenía una visión estratégica, aunque basada en ideologías extremas y destructivas.
Del EntrenadorEl líder desarrolla las habilidades individuales de los miembros del equipo.No aplicable. Hitler no se centraba en el desarrollo individual, sino en la obediencia y la lealtad al régimen.

Adolf Hitler en el Berghof, su residencia en los Alpes Bávaros.

Es crucial recordar que, si bien el liderazgo de Hitler tuvo un impacto significativo en la historia, sus acciones y políticas llevaron a la devastación y la muerte de millones de personas. Estudiar su liderazgo nos permite comprender mejor los peligros del autoritarismo y la importancia de defender los valores democráticos.

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