El liderazgo educativo se constituye como un factor esencial para inspirar y transformar vidas desde escenarios en los que el propósito educativo marca la pauta en el dinámico mundo de la educación. No se trata solo de gestión, reservado para directores o quienes tienen responsabilidades y altos cargos institucionales.
El objetivo del artículo es conocer, describir y explorar competencias y/o prácticas utilizadas en el ejercicio del liderazgo directivo, relacionadas con buenas prácticas educativas en centros docentes de orientación inclusiva. El presente artículo es parte de los resultados de un proyecto de investigación más amplio financiado por el Ministerio de Educación de España en el marco del Plan Nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i).
A partir de un diseño de investigación de estudios de casos, se analizan las percepciones de los directores, equipos directivos y profesionales de la educación de tres centros de Educación Secundaria Obligatoria en España, seleccionados por las propias características de los centros. Las técnicas utilizadas para la recogida de la información fueron el análisis documental, entrevistas en profundidad y grupos de discusión.
La Importancia de la Inclusión Educativa
Es en este contexto de heterogeneidad donde surge la inclusión como un movimiento orientado a transformar los sistemas educativos para responder a la diversidad del alumnado y hacer efectivo el derecho a la educación con igualdad de oportunidades; todo ello se relaciona con el acceso, la permanencia, la participación y los logros de todos los estudiantes, con especial énfasis en aquellos que por diferentes razones están excluidos o en riesgo de ser marginados.
Resulta complicado encontrar en la literatura especializada un acuerdo unánime y definitivo sobre la idea o el concepto de “inclusión educativa”, en cierto modo debido a que el propio marco teórico de la inclusión educativa se encuentra en constante revisión y reformulación. En esta línea, podemos definir un centro educativo de orientación inclusiva como aquel que garantiza el acceso, la plena participación y el aprendizaje de todos y cada uno de los estudiantes, independientemente de sus diferencias personales y su procedencia social y cultural (UNESCO, 2009), evitando de forma efectiva que se acrecienten las desigualdades educativas entre los que plantean mayores retos de aprendizaje y los “privilegiados” que carecen de tales dificultades (Ryan, 2006).
Desarrollar centros educativos de calidad con carácter inclusivo es un reto de la educación contemporánea. La construcción de centros educativos de orientación inclusiva se convierte en una aspiración a la que apuntan los esfuerzos de grupos organizados de docentes, así como programas y proyectos nacionales e internacionales.
Características de las Escuelas Inclusivas
Aunque está claro que las distintas organizaciones educativas son únicas, comparten, en mayor o menor medida, una serie de rasgos que hacen posible definir el perfil de escuelas que desarrollan prácticas inclusivas.
- Lejos de plantearse como organizaciones burocráticas mantienen un sentido de comunidad, con una misión clara que suele apoyarse en la existencia de todo un proceso de construcción conjunta y reflexiva del proyecto educativo de centro.
- La escuela inclusiva puede ser vista en la conjunción de esfuerzos, recursos, procesos y sueños de su comunidad, como una de las modalidades de educación con calidad y equidad que se gesta y consolida desde la actuación de quien la dirige.
Liderazgo Directivo en la Educación Inclusiva
Hoy día, nadie pone en duda que el ejercicio de la dirección en un centro escolar es uno de los pilares básicos sobre el que se asienta toda la dinámica organizativa del centro, desde el desarrollo curricular hasta la innovación y la evaluación (Lorenzo Delgado, 2004). Junto al liderazgo que ejercen, en la calidad de los procesos educativos escolarizados cuenta también el liderazgo que desarrollan el cuerpo docente y las familias, actores todos ellos esenciales en la concertación de esfuerzos y sinergias escolares para apoyar la educación de los niños.
Han sido muchos los autores que han delegado la responsabilidad de los éxitos y los fracasos educativos a aquellos que se ocupan de llevar las riendas del centro educativo, ubicando en un lugar central a quienes lo ejercen de una manera atractiva, creativa y dinámica (Bolívar, 2008; Luengo y Ritacco, 2010; UNESCO, 2009; Álvarez, 2010; Coronel et al., 2012), favoreciendo y potenciando buenas prácticas educativas.
En líneas generales, la investigación sobre liderazgo educativo en la última década se ha centrado en formulaciones tales como las de liderazgo sostenible (Hargreaves y Fink, 2004), sistémico (Higham et al., 2009), distribuido (Spillane, 2006), para el aprendizaje (McBeath y Dempster, 2008); emocional (Boyatzis y Mckee, 2006); instruccional (Hallinger, 2008); transformacional (Leithwood et al., 2008) o inclusivo (Ryan, 2006). En todas estas aportaciones se destaca la importancia de un liderazgo participativo, comunitario y democrático que contribuya al desarrollo de la comunidad y, con ello, a la creación de escuelas de orientación inclusiva.
Trabajos sobre la gestión de la diversidad y el liderazgo de escuelas inclusivas a cargo de los equipos directivos (Leithwood, 2005; Ryan, 2006; Navarro, 2008; González, 2008; Murillo y Hernández, 2011) apuntan a que es necesario un liderazgo sostenible (Hargreaves y Fink, 2004), distribuido y colaborativo (Timperley, 2005; Harris, 2007, 2008; Hartley, 2007) para construir un verdadero liderazgo inclusivo (Ainscow y Kaplan, 2004; Ainscow, 2005; Essomba, 2006; Ryan, 2003, 2006) que tenga como propósito una “escuela para todos” desde la participación de todos y que ponga en práctica un liderazgo para la justicia social (Kugelmass y Ainscow, 2004; Murillo y Hernández, 2011; Stevenson, 2007; Theoharis, 2007; Taysum y Gunter, 2008; Ryan, 2010, entre otros).
Autores como Hargreaves et al. (2007) consideran que los seis principios de la sostenibilidad en el cambio y el liderazgo educativos son: profundidad, duración, justicia, diversidad, iniciativa y conservación. Estos principios nos parecen de gran interés, ya que desde este modelo de liderazgo lo más importante es la mejora educativa basada en la atención a todo el alumnado.
Unido a este concepto podemos hablar del liderazgo inclusivo y distribuido, ambos de vital importancia para gestionar la diversidad de nuestras escuelas. Essomba (2006) define el liderazgo inclusivo como un liderazgo donde el líder debe situar las relaciones humanas en el centro de su acción, por encima de las estrategias y los recursos. También debe percibir la comunidad educativa como un sistema abierto de relaciones interdependientes y complejas, y orientar la transformación hacia el entorno social, no sólo de puertas para dentro.
Así pues, en el caso de una “educación inclusiva”, un enfoque del liderazgo asociado a la institución, y por tanto, a la comprensión de las características particulares de las “organizaciones”, sus vínculos con el contexto, sus compromisos y necesidades, da importancia a la actuación de los docentes y directivos en contextos concretos, así como a la de todos los sujetos en la comunidad de la organización. En consecuencia, en un enfoque de educación inclusiva en el centro escolar se considera el liderazgo compartido y se requiere de una transformación de los procedimientos y actitudes de su comunidad.
Es también en este contexto donde el ejercicio del liderazgo por competencias ha sido objeto de estudio; consiste en dirigir provocando el compromiso de las personas mediante el desarrollo de un conjunto de competencias y capacidades que, según los autores que más han trabajado este modelo (Fullan, 2002; Levy-Leboyer, 2003; Goleman, 2004; Boyatzis y Mckee, 2006; Hargreaves et al., 2007; Leithwood, 2008) podrían resumirse fundamentalmente en cuatro competencias esenciales: competencia de pensamiento estratégico, competencia de gestión del aprendizaje, competencia de relaciones personales y competencia de la organización de los equipos de trabajo.
Debemos señalar que el liderazgo no necesariamente recae en aquellas personas que ostentan un cargo, sino que puede ser llevado a cabo por un colectivo de individuos que trabajan juntos, que toman y comparten iniciativas, y que responden y construyen la cotidianeidad del centro a partir de este trabajo colaborativo (Groon, 2003). Es decir, que las ideas e ideales que contribuyen a desarrollar pensamientos, actitudes y actuaciones equitativas, justas e inclusivas no están ligados únicamente a quien ocupa un rol formal o a un individuo en particular, sino que deben ser abordados con la comunidad educativa en su conjunto.
Los diferentes estudios llevados a cabo para dar pautas sobre algunos modelos y prácticas de liderazgo que parecen estar en la base de la concepción de liderazgo inclusivo coinciden en el hecho de que no hay unas prácticas especiales que caractericen a estos líderes, ni un tipo particular de liderazgo que sea la clave para la inclusión, sino que, por el contrario, es necesario estar dispuesto a cambiar de un estilo de liderazgo a otro y a tomar las estrategias que mejor funcionen de cada uno para hacer frente a los problemas que se presentan (Kugelmass, 2003; Muijs et al., 2007; González, 2008; Amores y Ritacco, 2011). Es en este contexto donde adquiere una gran relevancia el liderazgo situacional (Hersey, 1984).
El Liderazgo Emocional en la Educación
El liderazgo emocional representa una faceta del liderazgo que prioriza la inteligencia emocional como piedra angular de la gestión y dirección de equipos. En esencia, el liderazgo emocional implica la habilidad de un líder para reconocer, entender, y manejar sus propias emociones, así como las de los miembros de su equipo, con el objetivo de dirigir de manera efectiva hacia el logro de los objetivos propuestos.
Este tipo de liderazgo es particularmente relevante en el ámbito educativo, donde la capacidad de influir positivamente en los estudiantes y colegas puede tener un impacto significativo en el ambiente de aprendizaje. El liderazgo emocional en la educación no solo busca alcanzar metas académicas, sino también fomentar el desarrollo personal y emocional de los estudiantes, preparándolos no solo académicamente, sino también como individuos emocionalmente inteligentes y resilientes.
La importancia del liderazgo emocional en la educación radica en su capacidad para transformar el ambiente educativo en un espacio donde prevalecen la empatía, el respeto y la motivación hacia el aprendizaje. En el contexto educativo, el liderazgo emocional facilita la creación de un clima de seguridad y confianza, donde los estudiantes se sienten valorados y comprendidos.
Además, el liderazgo emocional en la educación promueve la resiliencia y la adaptabilidad. Los líderes educativos que demuestran una alta inteligencia emocional pueden enseñar, a través del ejemplo, cómo gestionar las emociones de manera efectiva, cómo enfrentar los desafíos y cómo recuperarse de los fracasos.
El liderazgo que se centra en la comprensión y la gestión de las emociones puede ayudar a resolver conflictos de manera más constructiva, fomentar la colaboración y fortalecer los lazos entre estudiantes, docentes y administrativos. Esto contribuye a una atmósfera de trabajo en equipo y apoyo mutuo, elementos esenciales para el éxito educativo.
Los líderes que aplican principios de inteligencia emocional en su gestión inspiran a su personal a desarrollarse profesional y personalmente. Esto no solo mejora la satisfacción laboral y reduce el estrés, sino que también alienta a los docentes a adoptar prácticas pedagógicas más innovadoras y empáticas, beneficiando directamente a los estudiantes.
Coaching Educativo y Emocional
El coaching educativo es un proceso de acompañamiento y orientación dirigido a estudiantes, docentes, y en ocasiones a padres de familia, con el objetivo de maximizar el potencial educativo y personal de cada individuo. A través de técnicas y estrategias específicas, el coaching educativo busca desarrollar habilidades, mejorar el rendimiento académico, incrementar la motivación, y fomentar una actitud positiva hacia el aprendizaje y la resolución de problemas.
La base del coaching educativo consiste en elevar la conciencia, mejorar la auto-creencia y desarrollo de la responsabilidad, en primer lugar de cada docente y esta a su vez en el alumnado. Es decir, la consecución de estos tres objetivos, incrementar la consciencia, mejorar la auto-creencia, desarrollar la responsabilidad, unido a una actitud positiva son la clave para potenciar el desarrollo humano y conseguir un desempeño eficaz en cualquier actividad, incluida la docencia.
El coaching emocional y educativo también se enfoca en desarrollar la motivación intrínseca, es decir, la motivación que proviene del interior del individuo y no de recompensas externas. Fomentar esta forma de motivación en el entorno educativo impulsa a los estudiantes a aprender por el deseo de saber y crecer, lo que resulta en un aprendizaje más profundo y significativo.
Pilares del Coaching Emocional y Educativo
- Autogestión Emocional: Regular las propias emociones para responder de manera constructiva a diferentes situaciones.
- Conciencia Social: Comprender y empatizar con las emociones de los demás para crear un ambiente inclusivo y respetuoso.
- Habilidades de Relación: Establecer y mantener relaciones interpersonales saludables y positivas, comunicándose efectivamente y resolviendo conflictos.
- Motivación Intrínseca: Fomentar el aprendizaje por el deseo de saber y crecer, en lugar de depender de recompensas externas.
El desarrollo de la resiliencia es un componente clave. Un líder de un centro educativo debe tener perspectiva y ampliar su visión adaptando el proyecto educativo a los tiempos actuales. Gestionar los recursos humanos, fomentar la implicación de familias e instituciones e involucrar a las familias en el funcionamiento del centro y en la realización de actividades para conseguir una formación de calidad e integral son acciones importantes.
Es evidente que el liderazgo en educación es primordial. El liderazgo educativo tiene una responsabilidad histórica en la vida de todos sus destinatarios, de acá que es importante que tenga una visión clara de su aporte en el contexto donde se desempeña.
Mientras que un líder político se centra en la implementación de políticas y la gestión de recursos a gran escala, desde el ejercicio del poder; el liderazgo educativo, por su parte se focaliza más en el impacto directo sobre los estudiantes y el personal docente, la visión es otra.
Desde una perspectiva humanista, el liderazgo educativo no se aplica desde el dominio y la imposición sino desde la empatía que en el fondo implica que comprendas y compartas los sentimientos de estudiantes y colegas para con ello construyas relaciones fuertes y un ambiente de confianza que genera sentido de identidad y arraigo.
Además de ello, te debes comprometer con el aprendizaje continuo, más allá de un paradigma, metodología o modelo didáctico, lo más relevante será asumir el aprendizaje que es para toda la vida; pero, por supuesto, como líder educativo debes estar siempre al tanto de la metodologías, tecnologías y conocimientos emergentes para que se apliquen de manera adecuada y movilicen las mejores experiencias de enseñanza y aprendizaje.
La formación continua es común en el liderazgo educativo y el empresarial; aun así, mientras que el liderazgo empresarial se centra en el logro de objetivos económicos y la eficiencia operativa, que son necesarios; el liderazgo educativo se enfoca hacia el desarrollo integral de las personas, considerando no solo su enfoque para contar con competencias y habilidades laborales que respondan al mercado.
Ahora, motivar en el ámbito educativo tiene una trascendencia especial, porque no se trata solo de cumplir los intereses crematísticos, lograr metas pragmáticas o alcanzar los KPI del mes; acá se trata de impactar profundamente en personas concretas que se sientan inspiradas, no a cumplir una tarea funcional, por más legítima que sea, sino de elevar el ánimo de estudiantes y colegas para que sus vidas sean transformadas y a la vez vehículos de transformación; imaginen lo crucial de esta habilidad para una persona comprometida con el propósito educativo.
No se puede dudar que la integridad es la base fundamental de cualquier forma de liderazgo efectivo, pero mucho más en el ámbito de la educación ¿Cómo educas sin principios, sin axiología, sin ética, sin honestidad? ¿Cómo desarrollas seres humanos probos si no ha honestidad en tus acciones como líder de un aula o una institución educativa?
Todas las decisiones éticas y la transparencia con que actúes te permitirán ganar respeto y la confianza de la comunidad educativa y podrás hacer valer los principios que te rigen como persona y los valores que identifican a tu institución, con un impacto metahistórico en cada una de las personas que lo experimentan.
El liderazgo educativo es la capacidad de guiar a una comunidad educativa hacia objetivos comunes, mejorando la calidad del aprendizaje, la convivencia y la organización del centro.
El liderazgo educativo no es innato. Las actividades complementarias y extraescolares también reflejan el liderazgo del centro.
Características Adicionales del Liderazgo Educativo
- Tener perspectiva y ampliar su visión adaptando el proyecto educativo a los tiempos actuales.
- Gestionar RRHH.
- Fomentar la implicación de familias e instituciones.
- Involucrar a las familias en el funcionamiento del centro y en la realización de actividades para conseguir una formación de calidad e integral.
- Evaluar.
- Tener pensamiento positivo.
- Ser perseverante.
- Prever.
- Comunicar objetivos de forma adecuada.
- Tomar decisiones eficaces.
- Fomentar la mejora contínua.
Las ideas negativas pueden ser una enorme fuente de problemas en el ámbito escolar en el que la motivación es esencial. Las estrategias puestas en marcha necesitan del tiempo suficiente para florecer y dar sus frutos.
El liderazgo educativo, entendido en toda su trascendencia, es multifacético y requiere una combinación de visión, empatía, aprendizaje continuo, motivación e integridad. Aunque comparte características con otros tipos de liderazgo, su enfoque es único y privilegiado, en el desarrollo integral y el bienestar de los estudiantes y el personal docente lo distingue y lo hace indispensable en el ámbito educativo; por eso está reservado a personas excepcionales que deben ser capaces de comprender, en este tiempo, todas esas dimensiones y asumirlas.
Cultivar estas cualidades te permitirá no solo liderar con éxito, sino también inspirar y transformar vidas, especialmente de los niños y jóvenes que estén bajo tu responsabilidad.
