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El empresario desempeña tres funciones principales: dirige la empresa, asume el riesgo financiero, e impulsa el negocio, actuando como factor de creatividad e innovación. De ellas se derivan algunas otras: asumir el riesgo implica por una parte capacidad para pronosticar, autoridad para decidir y habilidad para poner en práctica esas decisiones, coordinando y organizando los recursos disponibles. También implica la expectativa de obtener una compensación, que sin entrar por ahora en detalles, identificamos con el beneficio. Actualmente la noción de empresario ha vuelto a identificarse con la de emprendedor.

El origen etimológico de esta palabra es la voz latina prendere (que tiene varias acepciones centradas en torno a las ideas de poseer, coger o agarrar) pero su sentido financiero aparece claramente relacionado con el término francés entrepeneur, que empezó a utilizarse en el siglo XVI en referencia a quienes se entregaban aventuras inciertas y arriesgadas. Es una época de descubrimientos y viajes en la que el mundo se ensancha repentinamente para los europeos; con el paso del tiempo pasó a describir también describir la voluntad de superación de lo desconocido (o la ruptura con lo convencional), y es aquí donde adquiere su sentido empresarial.

Una consecuencia de todo ello es que la acepción dominante de empresario tiende a enfatizar los roles relacionados con la creatividad, la innovación y la flexibilidad. Al margen de los factores ideológicos que puedan (o no) existir, esta nueva perspectiva también parece compatible con algunos cambios recientes en el entorno empresarial, en particular con las características distintivas que parecen definir a las empresas que convencionalmente denominamos "exitosas".

En Cantabria, la importancia del empresario es innegable. En Cantabria el sector privado da empleo a cerca del 83% de la población activa.

El Empresario como Motor de la Economía

Enrique Conde, presiente de CEOE CEPYME Cantabria, señala que “nosotros defendemos que las empresas son el motor de la economía y la base del progreso de una Comunidad”. Conde señala que “hoy en día ya no hay debate sobre que el crecimiento económico y la creación de empleo dependen de los empresarios. Estas afirmaciones son realidades que los ciudadanos, más allá de proclamas o consignas políticas, conocen y entienden bien.

En CEOE CEPYME Cantabria hemos tomado la iniciativa de visibilizar y poner en valor la importancia del empresario y la empresa como motor económico y social y la celebración de hoy refuerza esta convicción. El empresario asume ante la sociedad la responsabilidad de producir los bienes y servicios prometidos, en condiciones satisfactorias de calidad, cantidad y precio; las actividades que se han de desarrollar para ello están sometidas a indeterminaciones, en el sentido de que no son perfectamente controlables, de manera que una función empresarial básica es la asunción de riesgos.

No es simplemente que el empresario deba asumir eventualidades imprevistas: entre sus responsabilidades está la planificación de las actividades, la búsqueda de tecnologías y/o procedimientos más eficientes, el desarrollo de nuevos productos y servicios, la implantación de nuevos métodos de trabajo y organizativos, y de manera general la identificación de oportunidades para mejorar la eficiencia o la eficacia de las funciones productivas.

Historia del emprendimiento

Confianza en las Empresas

Cada año la multinacional de la comunicación Edelman publica su Barómetro sobre el Estado de la Confianza en la que mide y pondera cual es el nivel de confianza que despiertan entre la ciudadanía las diversas instituciones y persona que conforman la vida pública. En la edición de este año hay un dato que marca un cambio de tendencia: En 2024 la institución en la que más confían los españoles son las empresas, por encima de los medios de comunicación, las ONGs y el gobierno de la nación. Los ciudadanos reconocen en las empresas una fuente de confianza que no ven en otras instituciones.

El pasado mes de noviembre CEOE CEPYME Cantabria presentó los resultados de un estudio realizado para valorar cual era la opinión que tenía la ciudadanía de Cantabria sobre el papel de los empresarios y la importancia de las empresas en la vida de la región. Los datos de los estudios mencionados más arriba también nos hacen ver que los empresarios tenemos hoy una responsabilidad adicional: liderar la sociedad civil.

Evolución del Entorno Empresarial

Desde la postguerra, y durante décadas, el factor esencial que determinaba la competitividad empresarial era la dimensión, de la cual se derivaban las ventajas en costes (economías de escala) y el dominio de los mercados; las grandes empresas tenían acceso a más y mejor financiación, ocupaban la mayoría del "espacio" disponible para la publicidad y lideraban el esfuerzo de innovación.

Pero en una buena parte de los sectores esta situación ha cambiado y vemos cómo pequeñas empresas no solo ocupan nichos protegidos, sino que consiguen reducir significativamente la cuota de mercado incluso en sectores protegidos por barreras de entrada teóricamente insalvables, como las telecomunicaciones o los servicios financieros. La característica distintiva de estas empresas es la innovación, la habilidad para descbrir oportunidades y desarrollar nuevos productos de forma rápida y eficiente - consumiendo menos recursos, y en menos tiempo que una gran corporación -.

Roles Personales en las Empresas

En algunos casos el propietario ejercía las funciones últimas de gestión, pero las actividades diarias estaban a cargo de agentes que actuaban en su nombre. Como señala Fernández Pirla, "... La casuística es extremadamente heterogéna. Con frecuencia los socios de las pymes participan en la gestión diaria o tienen al menos una cierta implicación personal en el negocio.

En lo que respecta a los roles personales, algunas sociedades están histórica y funcionalmente ancladas a una persona en particular, quizá porque fue su creadora o porque les imprimió parte de su carácter (considere el caso de Apple o Microsoft); otras son controladas por grupos familiares, sin perjuicio de que posean centenares o miles de accionistas y estén cotizadas en Bolsa (Banco Santander puede ser un ejemplo de ello); en las sociedades públicas solo suele existir una motivación fundada en los intereses colectivos y el bienestar de la sociedad (ésta aporta la financiación y asume el riesgo); también son muchos los casos en los que el poder real de control y decisión de los propietarios es virtualmente nulo, por ejemplo porque el accionariado está muy fragmentado.