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Tras 16 años en el poder, Angela Merkel (Hamburgo, 1954) dejó la cancillería gozando de una gran popularidad en Alemania, con un índice de aprobación que alcanzó el 66 %, el respeto de sus rivales políticos y la admiración generalizada en el mundo. Su marcha dejó un gran vacío entre los alemanes, porque encarnaba la estabilidad, la seguridad y la confianza que tanto valoran, más allá de representar a un partido o una ideología concretos. Merkel dejó una vacante difícil de cubrir al frente del país germano tras decidir no concurrir en las elecciones.

Gobernando durante casi 16 años la primera economía de Europa con un estilo de liderazgo pragmático y sin estridencias, la alemana marcó la agenda europea e internacional hasta encarnar en el extranjero la imagen misma de su país y ser etiquetada como “la mujer más poderosa del mundo”.

Una Figura Insólita Desde el Principio

La primera mujer canciller de la historia de Alemania fue una figura insólita desde el principio: mujer, científica y procedente de la antigua RDA. Angela Merkel es una figura insólita, y lo era ya en sus comienzos: mujer, científica y procedente del este. Nacida en Hamburgo el 17 de julio de 1954, Angela Kasner se crió y maduró en la República Democrática Alemana (RDA). Siendo ella un bebé, su padre, pastor luterano, se mudó con la familia al este comunista por vocación evangelizadora.

Inicios en la Política

Un mes después de la caída del Muro y sin haber mostrado antes inclinación pública por la política, Angela Merkel ingresó en el movimiento Demokratischer Aufbruch (Despertar Democrático), que en agosto de 1990 confluyó en el partido que ella acabaría liderando, la Unión Cristiana Demócrata (CDU). En marzo de 1990 Merkel se convirtió en viceportavoz del único y breve Gobierno de la RDA elegido democráticamente, presidido por el democristiano Lothar de Maizière; el 3 de octubre Alemania se reunificó; y en las elecciones de diciembre ella logró escaño en el Bundestag (cámara baja del Parlamento).

Mientras, se abría paso en el partido con discreción hasta ser elegida secretaria general en noviembre de 1998, dos meses después de que los conservadores perdieran las elecciones que hicieron canciller al socialdemócrata Gerhard Schröder. Poco después, en abril del 2000, fue elegida presidenta del partido en sustitución de Wolfgang Schäuble, también tocado por el escándalo.

Características Clave del Liderazgo

Sobria, incluso en su vestir, siempre con una especie de uniforme (chaquetas abotonadas de color y pantalón negro), serena, pragmática, cautelosa, conciliadora, austera, reservada, incluso fría, negociadora incansable, paciente, obsesa del consenso, tenaz, competente y, en definitiva, alguien de fiar.

Ana Carbajosa, autora de Angela Merkel. Crónica de una era (Península), destaca que en la RDA forjó su personalidad, «aprendió a escuchar, a ser ambigua, a leer entre líneas y, sobre todo, a esperar», lo que sería clave para su supervivencia política. En una ocasión dijo que la frase que siempre la acompaña es «la fuerza está en la calma». Solo enseña sus cartas cuando le conviene.

«Su estilo político austero, modesto y con un ego casi invisible ha sido muy apreciado dentro y fuera de las fronteras de Alemania, ha logrado transmitir a los votantes la sensación de que con ella estarían a salvo, que les protegería de las turbulencias exteriores», explica Carbajosa.

«Es una política sosegada, dialogante, que escucha y busca siempre el compromiso; ha ocupado el centro político de su país tratando de dar respuesta a los intereses y preocupaciones de la mayoría social», afirma Carbajosa.

Cristina Manzano, directora de Esglobal, explica: "Merkel ha sabido generar consenso en un mundo político dominado por hombres y personalidades fuertes y apabullantes. Siempre ha trabajado las relaciones de manera discreta, tomando distancia de las decisiones y buscando salidas con el mayor apoyo posible".

"Siempre defendió sus principios por encima de las circunstancias. Y eso, aunque está muy devaluado en la política, la ciudadanía lo valora", añade Manzano. Uno de los casos más claros en los que Merkel tiró de valores fue durante la crisis de los refugiados de 2015.

Verónica Fumanal, politóloga y presidenta de la Asociación de Comunicación Política (ACOP), explica: "Hay momentos determinados en los que la figura de la mujer en política no es el principal reclamo, como en el caso de Merkel, y eso hace que el valor subjetivo pierda importancia".

"Merkel, como Thatcher, son ejemplos claros en los que el feminismo no era parte del mensaje porque no tenían un discurso amenazante para el patriarcado, pero eso no implica que no hayan defendido el feminismo", añade Fumanal.

Momentos Decisivos y Giros Inesperados

Pero también ha sabido ser atrevida y jugársela en momentos decisivos, sorprendiendo a todos. Pero también ha sabido dar un giro de 180 grados cuando lo ha creído necesario. «En general es una política que todo lo medita y no opta por decisiones extremas; en el caso de la energía nuclear, cuyo cierre decretó en el 2011 tras el accidente de Fukushima, fue una decisión que sorprendió a todos», destaca Carbajosa. También ha cambiado en temas como el servicio militar obligatorio o el matrimonio homosexual, que hizo posible al dar libertad de voto a su partido (ella votó en contra).

Desafíos y Crisis Superadas

Merkel ha tenido que pasar grandes pruebas como canciller: la crisis financiera y económica, la de los refugiados y la de la pandemia. En el 2008 fue la apóstol intransigente de la austeridad, primando los intereses alemanes a los europeos y sometiendo a duras condiciones a los países del sur, sobre todo a Grecia. Aunque sus defensores consideran que salvó el euro.

Su decisión del 4 de septiembre del 2015 de no cerrar las fronteras a más de un millón de refugiados demostró su valentía al evitar una crisis humanitaria, sabiendo que era una medida impopular. Además, produjo el efecto colateral de la entrada de la ultraderecha de Alternativa por Alemania (AfD) en el Bundestag. Uno sus legados más importantes será su rechazo frontal a cualquier tipo de colaboración con la extrema derecha, a la que ha impuesto un férreo cordón sanitario.

Puntos Débiles y Críticas

Para Carbajosa, «Merkel deja atrás tres lustros de estabilidad política en Alemania y de crecimiento económico; el país sin embargo acumula numerosos retos pendientes». Explica que «la crisis del euro y las políticas de austeridad fueron un punto muy débil en su carrera, no haber modernizado al país y no haber sido capaz de dar respuesta a los retos ambientales o el retraso en digitalización que lastra la innovación son otros de sus puntos flacos». Según el semanario Der Spiegel, «la era Merkel es la de las ocasiones perdidas».

Héctor Sánchez Margalef, investigador de CIDOB, explica: "Todas las decisiones de la cancillera han estado enfocadas al beneficio de Alemania y siempre ha ido respondiendo a los inconvenientes al momento, no de forma visionaria. Siempre se recuerda su acción con los refugiados como algo que la honra, pero no olvidemos que el pacto con Turquía para mantener a los refugiados en países cuya seguridad es discutible es obra suya también".

"Del mismo modo ocurre con la extrema derecha. Mientras que a nivel interno puso una línea roja muy clara con Alternativa para Alemania, su tolerancia con el partido de Viktor Orbán por los intereses alemanes con Hungría fue muy criticada desde su propio partido", añade Sánchez Margalef.

"Su acción cortoplacista, sin visión de futuro y con contraposiciones deja muchos frentes abiertos a su sucesor tanto a nivel germano como europeo", explica el investigador de CIDOB.

Reconocimientos y Legado Internacional

Cuatro mandatos al frente de Alemania en algunos de los momentos de mayor crisis de las últimas dos décadas y dos presidencias del Consejo de la Unión Europea plagadas de decisiones duras con las que se ha mostrado firme y fiel a sus valores le han valido a la cancillera alemana, Angela Merkel, ser considerada como una de las políticas más influyentes del siglo. Con un estilo sobrio, sin estridencias y de consenso, 'Mutti' (madre en alemán, como la han apodado en algunos sectores) se ha convertido durante estos 16 años de mandato en una líder indiscutible con apoyos, no solo en su partido, sino en todo el espectro político.

El New York Times la llegó a llamar la “líder del mundo libre” y Barack Obama se refiere a ella en sus memorias. Obama revela cómo percibe a Merkel, quien después de de 15 años como canciller y más de 20 en la escena pública sigue siendo un misterio. Es difícil que exteriorice sus emociones. En 2015 la revista Time había nombrado a Angela Merkel «persona del año». Tras la crisis de los refugiados, había sido encumbrada como «la líder del mundo libre».

Cuando preguntaron a Obama si creía que Merkel debería optar a la reelección, fue claro: «Si yo fuera alemán, sería su seguidor. La imagen de sus dos manos, con las palmas hacia dentro y las yemas de los dedos apoyadas en las de la mano espejo, el denominado «rombo de Merkel», se ha ido anclando en el tiempo como símbolo de poder en equilibrio.

La canciller alemana admite que se trata de una simetría deliberada que además le ayuda a mantener la espalda recta y los especialistas en lenguaje corporal sugieren que transmite el deseo de generar puentes. Pero para el común de los europeos es la imagen del liderazgo de continuidad en Europa y de una Alemania centrada que, durante ya 15 años, ha apuntalado las bases de la UE en la sucesión de crisis tras crisis, a lo largo de seis legislaturas.

«El día que la conocí, organizando sobre la marcha una rueda de prensa, en marzo de 1990, ella era portavoz de un grupo juvenil y no me pareció que llevase semejante bastón de mariscal en la mochila», recuerda ahora Thomas de Maizière, que después sería ministro de Merkel en varias carteras, « porque su liderazgo no se basa en el carisma, sino en el su pasión y su capacidad de trabajo».

Max Weber delimitó a tres las características de una destacada personalidad: pasión, sentido de responsabilidad y sentido de la proporción. Merkel se presentó a las elecciones tras el escándalo de las cuentas secretas de la CDU y cuando su partido no contaba con ganar. Por eso los barones lanzaron a «la chica de Kohl», a la que a todas luces habían infravalorado.

Se hizo discretamente con la herencia política de Kohl, que en ese momento nadie deseaba, y con la doctrina de la economía social de mercado de Konrad Adenauer, cuyo retrato lleva 15 años colgado en su despacho . Y con esos mimbres se lanzó a sanear la economía pública alemana, con una década de déficit cero en los presupuestos. Ha hecho falta una pandemia global para que prescinda de ese dogma.

El paro alemán rozaba el 15%, su nivel más alto desde la II Guerra Mundial, el PIB estaba estancado y Alemania llevaba tres años incumpliendo el Pacto de Estabilidad, con un déficit por encima del 3%. Desde el momento en que llegó al poder, tal día como hoy hace 15 años, ha lidiado a base de pragmatismo con las familias del partido, en las que nunca despertó gran afecto y entre las que mantuvo equidistancia .

De Maizière cree que es su empatía, lo que le permite ponerse en el lugar de todos esos machos alfa, entender lo que necesitan y, pacientemente, apaciguarlos. Y cuando se han vuelto especialmente molestos, nunca ha dudado en dar patadas hacia arriba, en dirección a Bruselas o incluso hacia la presidencia alemana.

Legisló un abandono de la energía nuclear, tras Fukushima, que adelantó por la izquierda y a toda velocidad las reivindicaciones de Los Verdes. Mantuvo con firmeza el timón de la austeridad en la crisis del euro y ha servido de plomada también en la crisis del Brexit y en la legislatura Trump, que Alemania y Europa han vivido como otra auténtica crisis.

Defendió contra todos la prioridad humanitaria, en la crisis de los refugiados y hoy sigue empeñada en una política europea común de inmigración , en la que sigue trabajando. Pero hasta hace un año confesaba que su crisis más difícil había sido la de Ucrania, de nuevo una guerra en suelo europeo.

Sus temblores la hicieron parecer agotada, seguramente en el momento más duro de su vida personal, que llevó con absoluta discreción, pero fue entonces cuando llegó la pandemia para volver a elevarla a la categoría de líder solvente europeo.

Pero en estos 15 años también ha habido fracasos. Su intento de organizar una sucesión ordenada al frente del partido terminó en un fiasco cuyas consecuencias solo serán mensurables con el paso de los años. Y el ascenso de un partido antieuropeo y antiextranjeros , que ha llegado incluso a ocupar escaños en el Bundestag, será sin duda parte de su legado.

Si se presentó a una cuarta legislatura, por aclamación general de su partido, fue en parte para tratar de enmendar esos asuntos pendientes, pero sus más estrechos colaboradores creen que está deseando que lleguen las elecciones.

Angela Merkel ha gobernado casi 16 años la primera economía de Europa con un estilo de liderazgo pragmático y sin estridencias.

Aquí hay una tabla que resume algunas estadísticas clave durante el mandato de Angela Merkel:

Indicador2005Último Año de Mandato
PIB Alemán2.288 billones de euros3.449 billones de euros
Desempleo4,86 millones de personas2,69 millones de personas
Usuarios de Internet37,5 millones66,4 millones
Emisiones de Gases de Efecto Invernadero993 millones de toneladas de C02805 millones de toneladas de C02

Claves del liderazgo de Merkel