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La vida de Marcos Sagrera ha estado ligada, en cierta medida, a la crónica social española debido a su matrimonio con Leticia Giménez-Arnau, hija del conocido periodista Jimmy Giménez-Arnau y nieta de Francisco Franco.

Francisco Franco, abuelo de Leticia Giménez-Arnau.

Un Enlace en el Pazo de Meirás

Leticia Giménez-Arnau se casó con Marcos Sagrera en noviembre de 2008 en el Pazo de Meirás. La boda se mantuvo alejada de los medios, en contraste con el mediático enlace de sus padres, que fue el primer reportaje gráfico vendido en España.

Pazo de Meirás, lugar emblemático para la familia Franco y escenario de la boda de Leticia Giménez-Arnau y Marcos Sagrera.

La ausencia de Jimmy Giménez-Arnau en la boda de su hija fue un claro indicativo de la distante relación que mantenían. El periodista, escritor, abogado y tertuliano de televisión, falleció a los 80 años sin haber llegado a un entendimiento con su única hija, Leticia.

Jimmy Giménez-Arnau se casó con Merry Martínez-Bordiú, una de las nietas de Francisco Franco. Fruto de su amor llegó al mundo Leticia Giménez-Arnau Martínez Bordiú, que actualmente tiene 45 años. El matrimonio entre el polémico periodista y la nieta de Franco duró tan solo tres años. Cuando Leticia no había cumplido el primer año de vida, la pareja decidió separarse. El matrimonio se declaró nulo en el Tribunal de la Rota en el año 1993. Tras el divorcio, se inicio una la batalla legal por la custodia de la niña, que finalmente ganaría la madre de la pequeña. Fue al cumplir los doce años cuando la relación entre padre e hija desapareció; algo de lo que siempre se lamentó el periodista en muchas de sus declaraciones públicas. Leticia se ha mantenido en un discretísimo segundo plano y siempre alejada de los focos. Comprensible, dado que casi todas las veces que su padre la mencionaba en las tertulias en las que participaba era para insultarla, en los excesos de la telebasura de las últimas décadas.

Jimmy Giménez-Arnau no se encontraba entre los 300 invitados a la boda de Leticia Giménez-Arnau y el empresario Marcos Sagrera en el Pazo de Meirás, en noviembre de 2008. Era la última confimación para el periodista, fallecido hace unas horas en Madrid a los 80 años, de que no había posibilidad de reconciliación con su única hija, nacida en 1979, dentro del breve matrimonio entre Giménez-Arnau y María del Mar Martínez-Bordiú, Merry. La vida de la primogénita de Jimmy ha estado siempre centrada en el anonimato. Sin embargo, nunca se dio un acercamiento entre padre e hija.

Tal y como Jimmy contó a Bertín Osborne, estuvo viendo a su hija "hasta los 12 años, luego ya no más". "Nos divertíamos muchísimo, pero no lo voy a forzar. Me aconsejaron que hasta que Leticia cumpliera los 18 años luchara para que no me dijera nunca que la había abandonado. Gané todos los pleitos aquí y en Estados Unidos para verla. Pero su madre no hacía caso a los juzgados ni a nada", dijo. Leticia Giménez tiene 45 años y ya no mantiene relación con su padre. Está casada con el empresario salvadoreño Marcos Sagrera y ella no invitó a su padre a la boda.

Después de la boda, se instalaron en una casa-palacio -Canto del Pico- propiedad de la familia en Torrelodones, que había sido el regalo de novios que les hicieron los padres de María del Mar. Solamente se casaron porque querían contentar a Carmen Polo, abuela de la novia, y esta convivencia duró solo dos años. Después de separarse, Jimmy se dedicó a airear públicamente cómo había sido su matrimonio con Merry, así como varias intimidades sobre la familia Franco.

Jimmy Giménez-Arnau, padre de Leticia Giménez-Arnau.

Detrás de ese destino llegaron otros nuevos como las Islas Vírgenes y Miami, donde actualmente reside la hija del colaborador de televisión y escritor. Siempre alejada de los focos, Leticia se ha mantenido en un discretísimo segundo plano. Y reconocía que en el momento de nacer su hija ellos ya llevaban "9 meses separados". En aquel momento, Jimmy reconoció en el sofá de Bertín que la quiso mucho y la estuvo viendo "hasta los 12 años". En una entrevista al diario ABC, el escritor explicaba que no tiró la toalla y siguió "ganando los pleitos, aquí y en Estados Unidos, hasta que cumplió los 18 años, y la logré rescatar un par de veranos. Después de eso, desapareció". Resignado explicaba que poco más podía hacer porque "Ella no quiere. Yo respeto la libertad que ella tiene para elegir con quién estar. Ella ha elegido no verme, pues yo respeto mucho eso. Pero no puedo estar mendigando cariño". Así lo contaba visiblemente contrariado en el programa de Bertín Osborne en Telecinco: "Murieron mis padres y ella no vino a ninguno de los entierros. No sé dónde vive, ni me importa.

La Familia Franco y las Nuevas Generaciones. Más allá de Luis Alfonso de Borbón, otros jóvenes representan la nueva camada de la familia Franco. No les gusta aparecer en las revistas y la mayoría se dedica al mundo del derecho y la empresa.

Algunos de los Bisnietos de Franco

  • Luis Alfonso de Borbón: Bisnieto de Franco e hijo de Carmen Martínez-Bordiú. Heredero legítimo del trono de Francia.
  • Daniel Martínez-Bordiú Toledo: Hijo de Cristóbal Martínez-Bordiú y Jose Toledo.
  • Diego Martínez-Bordiú Toledo: Hijo de Cristóbal Martínez-Bordiú.
  • Javier Ardid: Hijo de Mariola Martínez-Bordiú y Rafael Ardid. Estudió Administración de Empresas.
  • Jaime Ardid: Está relacionado con la empresa Didra, que dirige su padre, Rafael Ardid.
  • Francisco Franco Suelves: Hijo de Francis Franco y María Suelves.
  • Juanjo Franco Suelves: Hijo de Francis Franco y María Suelves.
  • Jaime Martínez-Bordiú: El bisnieto más joven del «clan Franco».
  • Álvaro Martínez Bordiú Guisasola: Hijo de Francis Franco y Miriam Guisasola.
  • Cynthia Rossi: Hija de Carmen Martínez- Bordiú.
  • Miriam Franco Guisasola: Hija de Francis Franco y Miriam Guisasola.
  • Letizia Giménez-Arnau: Hija del televisivo Jimmy Giménez Arnau. Se casó con Marcos Sagrera en el Pazo de Meirás en 2008.
  • Francisco de Borja Ardid: Uno de los más desconocidos del clan.

Algunos miembros de la familia Franco durante la exhumación de los restos de Francisco Franco.

Los Franco han copado las portadas del «papel cuché» desde tiempos inmemoriales.

En 1979, un par de años después de pasar por el altar en una ceremonia oficiada en Pazo de Meirás, en Galicia, nacía Leticia, el único descendiente de la entonces feliz pareja. Cuando la pequeña no había cumplido el primer año de vida, la pareja decidió separarse.

Es importante destacar que la primera boda que se celebró en Meirás no fue de ningún miembro de la familia Franco. Fue en 1910 y la prensa aún no lo llamaba pazo, sino Las Torres de Meirás. Sus dueños, los condes de Bazán, preferían referirse a esa casa de veraneo como La Granja. En 1868 se había casado en la capilla la hija de los nobles, la que acabaría siendo la escritora más relevante de su tiempo: Emilia Pardo Bazán, pero ese no era el pazo, granja o torre que hoy conocemos. El actual, ayudó a idearlo y construirlo la propia autora, que lo convirtió en un lugar muy conocido por las fiestas que allí organizaba.

Una de las más sonadas fue aquella primera boda, la de Blanca Quiroga, nieta de la entonces condesa, Amalia María de la Rúa-Figueroa y Somoza, e hija mediana de la escritora, que tenía un vástago mayor y una más pequeña, Jaime y Carmen . El prometido era el oficial José Cavalcanti. Tanto él como Blanca eran unos novios algo mayores para los tiempos: basta echar un vistazo al censo de aquel año para ver que la media de edad de las mujeres que se casaron en España en 1910 era de 25 años y de casi 28 para los hombres. Blanca tenía 31, José 39.

Como recoge Isabel Burdiel en la biografía dedicada a Doña Emilia, el yerno era muy del gusto de la escritora: “No me extraña que Blanca esté tan ilusionada, porque el muchacho vale un Perú”, le escribió a su amiga Blanca de los Ríos sobre un coronel apodado el “héroe de Taxdirt” por su labor en las operaciones coloniales españolas en Marruecos. Los halagos al hijo político no se quedaban ahí. “Él dice que yo no soy su suegra, sino su suegro, a lo sumo”, decía con evidente satisfacción sobre un hombre que encajaba perfectamente su corrosivo y directo sentido del humor. Más que una boda Aprobado el novio, quedaba organizar la ceremonia, algo que Doña Emilia no esquivaba, pues sabía que un evento de ese tipo era más que una fiesta. Como recuerda la profesora Patricia Carballal Miñán de la Universidad de A Coruña en un artículo sobre el homenaje que en 1883 se hizo en Meirás a José Zorrilla, ni las veladas poéticas eran sobrias en casa de Doña Emilia. De hecho, las crónicas de aquella fiesta que recopila la investigadora recrean un ambiente más parecido al de una boda. Así describían a la dueña del lugar: “La condesa estaba radiante de esplendor y de belleza; vestía traje de raso color fresa y nutria con encajes de Inglaterra, valiosas joyas de diamante y perlas y ceñía su artístico cuello una sarta de perlas magníficas”. Y así a su hija y organizadora: “Emilia -la autora de Un viaje de novios y de La cuestión palpitante- ostentaba el traje más encantador que puede soñar un artista: falda de raso y moaré blanco; sobrefaldas de encajes costosísimos de Bruselas; cuerpo de terciopelo amaranto con encajes también de Flandes y deslumbradores broches de brillantes”.

Piedras preciosas tampoco faltaron en la boda de Blanca. “La desposada vestía traje de raso blanco cubierto de gasa y encajes y un antiguo ramo de azahar prendido con brillantes”, se lee en la crónica de La Vanguardia. Esa celebración, como todas las demás, la convirtió la madre de la novia en una exhibición de poderío económico y patrimonial, que incluía un legendario collar de siete hilos y 629 perlas cuyo paradero se desconoce. Era una de las piezas favoritas de la condesa madre, y aunque hay quien cree que podría ser parte de las propiedades que se quedaron los Franco, otras fuentes aseguran que finalmente se cumplió el deseo de su dueña y las cuentas de la joya se repartieron entre sus herederos.

Lo que tampoco faltaron fueron periodistas. En todos los artículos encontrados sobre el enlace, los cronistas destacan el buen trato y las facilidades ofrecidas a la prensa. Como recordaba Carballal sobre la fiesta de Zorrilla, esa tarea de relaciones públicas que tan bien desempeñaba Pardo Bazán obedecía a una necesidad de refrendar un estatus, el de la aristocracia de la que formaba parte.

Consciente del tirón legitimador que para la nobleza tenían fiestas y bodas, la periodista que fue Pardo Bazán siempre abrió las puertas de su casa para exhibir costumbres, riquezas y vestidos. Doña Emilia, que tenía 23 años cuando el Borbón Alfonso XII recuperó el trono de España. Y como recuerda el historiador Antonio Manuel Moral Roncal, aquel regreso supuso un tiempo de bonanza para los suyos: ”A comienzos del siglo XX, se mantenía vigente el sistema de la Restauración Canovista, donde la nobleza mantenía su lugar preeminente en la estructura social del país”. De hecho, en el periodo comprendido entre 1874 y 1931, se dieron 214 títulos de marqués, 167 de conde, 30 de vizconde y 28 de barón. Entre ellos, el que le dio el monarca al yerno de la escritora, marqués de Cavalcanti. También habla el profesor del enorme “atractivo que su cultura y estilo de vida ejerció sobre las restantes clases sociales". Muy consciente de ese tirón legitimador, la periodista que fue Pardo Bazán, siempre abrió las puertas de su casa para exhibir costumbres, riquezas y vestidos.

Es lo que hizo con la boda de su hija, donde no dejó nada al azar. Ni siquiera el sacerdote, pues la ceremonia la ofició Antolín López Peláez, obispo de Jaca y el religioso que dio la cara por la escritora cuando publicó el cuentoLa sed de Cristo y desató una polémica. En esas páginas, publicadas en El Imparcial de Semana Santa en 1895, la devota que era Doña Emilia no dudó en escribir un relato en el que define a María Magdalena ante la cruz de Jesús como “una idiota de dolor”. El texto formó parte de sus "cuentos sacroprofanos", con los que puso de manifiesto la hipocresía y la intransigencia de un sector importante del catolicismo español. Gtresonline.

Muchos de los ataques por ese cuento -como los que tuvo que aguantar cuando solicitó una silla en la Real Academia de la Lengua Española y Juan Varela llegó a decir que no se la daban porque a Doña Emilia no le cabría el culo- los recibió por ser mujer. Su lucha en ese sentido fue feroz y fueran del calibre que fueran los insultos, estaba convencida de que una mujer no debía esconder sus talentos y exigir lo que considerara justo. Como indica Purbiel en su biografía, Doña Emilia creía que “la humildad y la modestia en las mujeres conscientes de sus méritos no eran una virtud sino una forma de sumisión a los estereotipos más asentados sobre la feminidad respetable”.

Esa "feminidad respetable" fue uno de sus caballos de batalla: "La mujer en España sigue reducida a aquellas KKK tradicionales: Kinder Küche y Kirche. Niños, cocina e iglesia", escribió una señora para quien “la educación actual de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión”. ¿Qué habría dicho de haber visto ocupada su Granja por Francisco Franco, el hombre que auspició la Sección Femenina y un modelo de mujer que Pardo Bazán aborrecía?

Ni lo vio ni lo conoció aunque compartió con él haber casado tras esas paredes a un ser querido. Ella murió en mayo de 1921, por lo que no vio cómo su hija Blanca, la que casó en la granja que ella misma imaginó, construyó y amplió, y su nuera Manuela Esteban Collantes firmaban los papeles de venta de la casa a las autoridades franquistas para que éstas pudieran regalárselas a Franco. El día de la boda, un 8 de agosto, una comparsa de la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica de A Coruña simulaba otra fiesta nupcial con gente disfrazada que incluía a un manifestante caracterizado como el bisabuelo de la novia. Pedían a la familia que devolvieran la casa. Dentro, 300 personas, incluidos los novios, celebraban la unión de los jóvenes con las puertas cerradas a cal y canto y los jardines llenos de carpas para evitar ser vistos. Nada que ver con las fiestas de Pardo Bazán.

Tampoco con la que organizaron los padres de Leticia Giménez-Arnau, donde se coló Hola previo pago de un millón de pesetas por la que fue la primera exclusiva de una boda en España y donde según contó la hermana del dictador, Pilar Franco, los invitados bebían y fumaban marihuana sin control. Sin embargo, aquel enlace de 1977, ya fue un retroceso en cuanto a exhibicionismo y quedó muy lejos en relevancia social y mediática con la que había tenido lugar sólo cinco años en la misma familia: la de Carmen Martínez-Bordiú con Alfonso de Borbón, con Franco como padrino y celebrada en El Pardo.

Las razones de que su boda tuviera menos brillo las resumió así Giménez-Arnau en La vida jugada (Arzalia Ediciones, 2020): "El mundo social, ensombrecido y omnipotente, se iba apartando de los Franco parara intentar hacer sus maniobras en el nuevo universo que estaba creando la incipiente democracia. Las falsas alabanzas habían elegido nuevos derroteros y no valía la pena apostar por un clan en pleno proceso de derribo”.

Al derrumbe al que hace referencia Giménez-Arnau, contribuyó el dictamen de la jueza Marta Canales, que en 2019 consideró "fraudulenta" y "simulada" aquella venta que puso en manos del dictador la casa de Pardo Bazán y ordenó la devolución de la finca al Estado. De ese modo, la legitimidad que tan bien buscó y encontró Emilia Pardo Bazán con bodas y actos sociales, quedaba vetada para los Franco del siglo XXI.

El periodista, escritor, abogado y tertuliano de televisión, Jimmy Giménez-Arnau, moría ayer a los 81 años sin haber llegado a un entendimiento con su única hija, Leticia, fruto de su matrimonio con la nieta de Francisco Franco, Merry Martínez-Bordiú, hermana de Carmen Martínez-Bordiú. En 1979, un par de años después de pasar por el altar en una ceremonia oficiada en Pazo de Meirás, en Galicia, nacía Leticia, el único descendiente de la entonces feliz pareja. Cuando la pequeña no había cumplido el primer año de vida, la pareja decidió separarse.

La vida de Marcos Sagrera, por lo tanto, permanece en un ámbito privado, enfocado en sus actividades empresariales y su familia.

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