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La historia de Ángel Mariscal es una de superación y transformación. Un incidente infantil, que pudo haber marcado su vida de forma negativa, se convirtió en el motor de su vocación y su éxito. Mariscal, originario de Madrid, ha dedicado su vida al adiestramiento canino, alcanzando reconocimiento mundial y creando un proyecto para proteger a mujeres víctimas de violencia de género.

Un pastor belga malinois, raza comúnmente utilizada en el adiestramiento de perros de seguridad y protección.

El Inicio Inesperado

De niño, Ángel Mariscal tenía un compañero de juegos canino llamado 'Llorón'. Su presencia era pacificadora y terminaba con las trifulcas. Sin embargo, un día, un incidente inesperado cambió el rumbo de su vida: incitó a ladrar a su amigo peludo, este le envió al hospital de un bocado. La confusión que le provocó aquel ataque le hizo más daño que la dentellada.

De Víctima a Entrenador Profesional

En cuanto pudo, se formó como entrenador profesional de perros y como docente de guías caninos. Desde entonces, Ángel Mariscal (Madrid, 1972) ha ganado cuatro veces el campeonato de España y una el mundial de 'mondioring' -una exigente disciplina con canes basada en ejercicios de obediencia, agilidad y protección-. Y ha abierto Security Dogs, una empresa especializada en capacitar perros de seguridad para grandes acontecimientos, detección de drogas o explosivos y protección personal.

Security Dogs: Más que una Empresa de Seguridad

De su finca de Navalcarnero, a 37 kilómetros al suroeste de Madrid, salen los operativos que velan por mantener el orden en el Bernabéu los días de partido -incluido el que blindó el estadio con 56 ejemplares durante la Copa de Libertadores, hace seis semanas- y, también, un escuadrón de fieles guardianes que adiestra de forma desinteresada para la autoprotección de mujeres víctimas de violencia de género.

No se trata de una fría labor de encargo, sino de un trabajo en red con psicólogos, trabajadores sociales, adiestradores, etólogos, figurantes y policías, todos voluntarios, que ha logrado sacar a 60 mujeres de toda España del inframundo al que les abocaron sus agresores y devolverles las riendas de sus vidas. Otras 25 están en el camino.

El 'Proyecto Pepo': Una Esperanza para las Víctimas

El 'proyecto pepo' es una iniciativa que va más allá del simple adiestramiento canino. Se trata de un programa integral que busca empoderar a las mujeres, devolviéndoles la confianza y la seguridad que la violencia les arrebató. Cuando su psicóloga le habló del 'proyecto pepo' y Mariscal puso en su mano la correa de Megara, «por primera vez, me sentí fuerte». «Cada vez que entrenábamos juntas, ella a protegerme y yo a manejarla, mi autoestima empezó a recuperarse. También mi físico. Ya no me duele todo el cuerpo, porque ya no vivo en permanente alerta.

El Gobierno de esa comunidad autónoma es la primera institución pública española que ha dado luz verde al ensayo de un servicio de acompañamiento de perros para tres mujeres víctimas de violencia de género. «En sólo seis meses de intervención asistida con perros, las mujeres reducen de manera significativa el daño psicológico provocado por la situación de violencia». Es una de las principales conclusiones del trabajo de fin de grado de un estudiante de Psicología del Centro Universitario Villanueva, adscrito a la Complutense de Madrid, titulado 'Eficacia del 'proyecto pepo' en adiestramiento canino para mujeres víctimas de violencia de género'. son las mujeres asesinadas en España por sus parejas o exparejas desde que en 2003 se empezaron a contabilizar los crímenes machistas. A ocho de ellas les han arrebatado la vida en lo que va de 2019.

Jesús M. Después de acoger a más de ochenta mujeres «destruidas» y en situaciones de «alto riesgo», sabe que cualquier proceso rehabilitador de estas características comienza siempre con el mismo desafío: «lograr que te miren a los ojos». «Llegan encogidas, no pueden levantar la mirada y menos sostenerla ante un hombre. Les ponemos un perro grande y fuerte a su lado, y lo consiguen enseguida. Primero te miran tres segundos, luego cinco... Más tarde han de ser capaces de hacerlo sin el animal».

Superado ese primer paso, Mariscal adjudica un cachorro a cada «usuaria» y se cerciora de que ambos establezcan un «vínculo» que garantice su futura fusión en lo que llama un «binomio». A partir de ahí, alterna las clases de teoría con ejercicios dirigidos a «empoderarlas estimulando el instinto de protección de los perros».

Es hora de ir «a pista». Es decir, a una pradera a cielo abierto donde los vigilantes se ejercitan con sus perros de seguridad y ellas, con sus perros de protección. «No son lo mismo. Un perro de seguridad sale detrás del agresor. Un 'pepo' nunca me va a abandonar porque su función es quedarse y protegerme para que nadie me haga daño. Soy como su chachorro», explica bien aleccionada Tati, otra treintañera titular de una realidad estremecedora: vive a ochocientos metros de quien ha sido su agresor durante quince años, padre de sus dos hijos mayores.

«Trabajamos sobre una cosa novedosa, que es el control de la protección», explica el criador. «Una vez que aflora ese instinto en el perro, la usuaria es quien le dice cuándo quiere que la proteja y cuándo no; el perro no decide en ningún caso quién es un agresor potencial o quién no. En caso afirmativo, se lo comunica con tres acciones: una, verbal ('cuídame', 'protégeme' o la orden que se haya entrenado); otra, mecánica, al agarrar el arnés. La tercera se desencadena cuando el perro detecta que ella se ha quedado bloqueada, incapaz de moverse o hablar, algo que ocurre con frecuencia a las personas que han sufrido un estrés postraumático», detalla el adiestrador.

La psicóloga lo refrenda. «Los efectos asombrosos que ejercen sobre estas mujeres los 'pepos' no solo se derivan de su capacidad para protegerlas, sino también del cariño que les brindan y de las obligaciones que les imponen, y que pasan por sacarles de su aislamiento. Vienen a un lugar en el que no se les juzga y en el que reciben apoyo de todo tipo. Incluso hay policías que se acercan una o dos veces al mes para enseñarles nociones de defensa personal.

Infografía sobre la violencia doméstica y sus consecuencias.

Derribando Barreras Legales

Cada vez que tiene la ocasión, ya sea en una charla ante trabajadores sociales en La Casa Encendida de Madrid o en una conferencia TEDx, Mariscal promociona el «recurso» de los perros en la recuperación de mujeres maltratadas y en su protección. Hoy lo hace ante los responsables del Instituto de la Mujer de la Comunidad de Madrid que visitan su finca, a quienes va a pedir que «empujen» el desarrollo normativo para el reconocimiento del derecho de acompañamiento de estos 'pepos' a las mujeres víctimas de la violencia machista.

Esto es, que la ley equipare estos perros a los lazarillos, utilizados por las personas invidentes, de manera que no se les vete el acceso a lugares públicos. «A menudo, de ellos depende la vida de estas mujeres», enfatiza Mariscal. - El riesgo cero no existe pero le aseguro que es infinitamente inferior en un 'pepo' que en cualquier otro perro que va de la correa por la calle.

Historias de Superación

Aún no ha amanecido en Madrid y el interior del coche de Paula está oscuro. El sexto sentido nos informa de una presencia inesperada a la altura de la nuca. Un hocico. Detrás, un pastor belga malinois. «Tranquila, Megara, es amiga», le certifica su dueña. El animal da media vuelta y desaparece en el maletero del coche. «No te has dado cuenta pero, en cuanto se te ha acercado, me ha mirado buscando que le dijera qué debía hacer. Es mi 'pepo' (perro de protección)», anuncia sonriente al tiempo que pone rumbo a Navalcarnero. La presentación del can lleva implícito el desnudo de su drama. Uno espeluznante. Paula es el nombre ficticio de esta mujer de 42 años que hace uno tuvo que seccionar de cuajo su vida por recomendación de la Mesa del Menor de la Comunidad de Madrid para abandonar su ciudad y ponerse a salvo en Barcelona. Ella y sus dos hijas adolescentes. Su exmarido tenía para todas. «En una visita en el punto de encuentro con ellas, le desgarró la mandíbula a la pequeña», cuenta mientras conduce con suavidad por la M-40. Regresaron hace seis meses y les instalaron en un piso social de un pueblo a las afueras de Madrid. Apenas media docena de personas conoce estos datos. Nadie más debe saberlo. Aunque se divorciaron hace una década, «el mes pasado me embargaron el sueldo porque me llegan sus multas de tráfico y su facturas de agua y de luz. Busca que le denuncie para así localizarme. Hasta que se muera, no va a parar.

Alicia, una camarera de 25 años, es una de las últimas mujeres en llamar a la puerta de Mariscal. Lo hizo hace tres semanas con 'Roko', su propia perra, una presa canaria, después de que la Policía le retirara el agente que durante un mes custodió la puerta de su casa, día y noche, por si regresaba su exnovio con ganas de golpearla. La están probando para ver si puede ascender de mascota a 'pepo'. Hace progresos.

Lidia, de 34 años, vive con su familia en otro pueblo de la comunidad de Madrid, cerca del pozo al que su ex le ha prometido tirarla para que salga «en las noticias». Deja en el coche la «petaca» (la pulsera telemática que le conecta a la de su agresor y que le informa de si ha rebasado la zona de exclusión). En su lugar saca a 'Bully', otro pastor belga malinois. Lleva las orejas plegadas hacia atrás y la cola entre las patas. Parece apocado. «Está en modo 'off'. Verás cómo se activa en cuanto le ponga el arnés y el bozal. Es su buzo de trabajo», anuncia su dueña. Mariscal se enfunda de nuevo el traje de maltratador, endurece su gesto y camina con decisión hacia ellas. «¡Acelera!», le pide a la joven.

No basta con tener dos hijos «maravillosos», una pequeña empresa que marcha y un marido «amoroso e incondicional» para superar los desgarros morales y psicológicos que generan dieciocho años de palizas, humillaciones y violaciones sistemáticas a manos de una pareja, su primer novio y padre de sus dos hijos. «Sin 'Sugui' no puedo salir sola a la calle. Aunque vaya acompañada de alguno de mis hijos, entrar a un supermercado o a un centro comercial me pone muy nerviosa. Hay mucha gente, no puedo controlar a todas las personas, creo que va a aparecer entre la multitud y entro en pánico. A menudo las palizas me las daba en sitios públicos. No había detonantes. Una vez, en medio de una autopista, me bajó del coche, me quitó la ropa, me ató con dos bridas y me reventó una botella de cerveza en la cabeza. Entretanto, la niña, que entonces solo tenía dos añitos, iba sola caminando por la carretera... Nadie nos ayudó.

Con la legislación actual, la libertad de Silvia cabe en muy pocos metros cuadrados. Los de su oficina de trabajo, los de la farmacia de su barrio y el centro comercial, donde saben de su delicada situación y le permiten acceder con su perra guardiana, y los de su casa, de la que está a punto de emprender la enésima mudanza para borrar todas sus pistas. «Yo no puedo subirme a un autobús, quedar con mis amigas a tomar algo en una cafetería, cenar con mi pareja en un restaurante o irme de compras con mi hija en un centro comercial», se lamenta.

Silvia ha emprendido una recogida de firmas en la plataforma change.org -lleva más de 220.000- para pedirle al Parlamento de Navarra que considera a su pastor alemán como a un perro de asistencia o terapéutico. «Con la normativa actual, si 'Sugui' tuviera que defenderme de una agresión, podrían incluso denunciarme a mí. Necesito poder ir con ella a todos los sitios. No entiendo por qué no me dejan.

Por ahora, su reclamación ha caído en saco roto. A finales del año pasado, el Parlamento navarro convocó una sesión de trabajo en la que Silvia intervino para abordar la posibilidad de realizar la modificación legislativa necesaria para permitir el uso de perros de protección por parte de víctimas de violencia de género en la comunidad foral.

NombreEdadSituaciónPerro
Paula42Víctima de violencia de género, reubicada en Barcelona y luego en Madrid.Megara (pastor belga malinois)
Alicia25Camarera, exnovio con historial de violencia.Roko (presa canaria)
Lidia34Amenazada por su ex pareja.Bully (pastor belga malinois)
Silvia-Víctima de violencia doméstica durante 18 años.Sugui (pastor alemán)

Los Pepos, los perros que protegen a víctimas de malos tratos en España