En el siglo XXI, tanto en España como en Europa, se observan con frecuencia tensiones entre poder y autoridad en los ámbitos político, empresarial y cultural. Estas fricciones no son meramente superficiales: la distinción entre *potestas* y *auctoritas* -entre poder formal y legitimidad moral- sigue siendo clave para comprender por qué ciertos líderes logran respeto y colaboración, mientras que otros imponen su voluntad sin conseguir lealtad ni reconocimiento.La verdadera autoridad, según Edmund Burke, filósofo político del siglo XVIII, podría entenderse como aquella a la que uno puede someterse libremente y sin humillación. Con esta idea, Burke subraya que la autoridad genuina no se impone por la fuerza, sino que se funda en el respeto y el consentimiento de quienes la reconocen.
Orígenes y Significado en la Antigua Roma
Los romanos compartían una comprensión semejante: la *auctoritas* no residía en el poder legal ni en la coacción, sino en la legitimidad moral. El concepto de autoridad en Roma se apoyaba en derecho, tradición y prestigio personal, presente tanto en la vida política como en la familiar y militar.La *auctoritas* implicaba influencia moral, vinculada a la reputación, la prudencia y la integridad, y podía ser reconocida incluso por quienes ocupaban cargos superiores. La *auctoritas* romana se originaba en la *dignitas* -el prestigio acumulado por una vida honorable y fiel a los valores romanos- y se fortalecía mediante el respeto al *mos maiorum*.
Roma valoraba que la autoridad formal estuviera respaldada por legitimidad social, pues un magistrado con poder coercitivo, pero sin *auctoritas*, podía ser obedecido por obligación, aunque difícilmente con lealtad. Como sugiere Tácito al comienzo de los Annales, cuando el poder se apoya solo en el temor termina generando rechazo. Actuar sin reconocimiento moral rompía con el *mos maiorum*, pues se interpretaba como arrogancia o impiedad política.
El Peligro del Poder sin Legitimidad
Este fenómeno tiene raíces antropológicas profundas: el poder (*potestas*) que carece de legitimidad no suele percibirse como auténtico y tiende a neutralizar a quien posee autoridad reconocida, considerándolo su mayor amenaza. La diferencia puede ilustrarse también mediante la imagen simbólica de la espiga de trigo: la que está llena de grano, por su peso, se inclina hacia la tierra; la espiga casi vacía permanece erguida.El poder carente de autoridad resulta, por naturaleza, restrictivo de la libertad. Tiende a neutralizar la autoridad legítima mediante artimañas, agresiones o campañas de desprestigio. Este fenómeno se observa repetidamente en episodios históricos: desde la condena de Sócrates en Atenas hasta las purgas intelectuales del estalinismo en la URSS.
La autoridad auténtica suele ser serena y sobria, inclinándose con humildad porque la virtud que la sostiene tiene consistencia propia. Esto permea, en muchas ocasiones, la política contemporánea y el liderazgo empresarial.
Reto 2 de tu liderazgo: equilibrio entre empatía y autoridad
La Mediocridad y el Liderazgo
En la política, con cierta frecuencia, ascienden a cargos de responsabilidad personas carentes de virtud o experiencia. La esfera cultural tampoco escapa a estas dinámicas. La mediocridad, promovida por estructuras jerárquicas o tendencias de popularidad, tiende a eclipsar y devaluar lo genuinamente innovador o sobresaliente.Ortega y Gasset, en *España invertebrada*, ofrece una imagen sugerente de este fenómeno al señalar que, en ocasiones, no son las personas más refinadas o cultivadas quienes marcan el tono social, sino otras menos exigentes que terminan imponiendo sus gustos. Sin dejarnos llevar por una visión excesivamente pesimista, cabe aspirar a un modelo meritocrático en el que la autoridad verdadera se corresponda con sus signos y no se superponga lo mediocre a lo excelente.
Potestas vs. Auctoritas: Una Comparación Detallada
Ya en la Roma clásica existían tres maneras de diferentes de interpretar el poder: *imperium*, *auctoritas* y *potestas*. Mientras que el primero era un poder absoluto ejercido fundamentalmente por cónsules y en el que no me voy a detener más, si me parece muy importante hablar de los otros dos: la “potestas” era el poder político que imponía sus decisiones mediante la coacción y la fuerza y que devenía del cargo ostentado. Por el contrario, la “auctoritas”, era más un poder moral que se basaba en el reconocimiento y prestigio de una persona; es decir, a priori no era un poder vinculante, pero sí socialmente reconocido e influyente.Actualmente, oímos hablar mucho de liderazgo. Un concepto que en ocasiones puede confundirse con el hecho de ostentar un puesto de mando. La “auctoritas”, por el contrario, era un poder moral, no vinculante, basado en el reconocimiento o prestigio de una persona. Es decir, estaba socialmente reconocida. La “auctoritas” eran los estudiosos, respetados por su sabiduría y justicia.
Todo se resume en que la potestas, o sea la ley, se basa en un poder que no se cuestiona, en una posición u organigrama; se tiene y se ejerce. Por su parte, la auctoritas no la concede la ley.
El Rol del Líder
Ser jefe o jefa, estar en una posición de *potestas*, requiere de una serie de habilidades y competencias profesionales concretas. Pero, junto al excelente desempeño de estas funciones, para ser respetado y querido por el equipo es imprescindible ser buena persona, humilde y cercana.Ser líder, a diferencia de lo que muchos pueden pensar, implica ser ejemplo, tomar las riendas. El líder lo es por el ejemplo, no hay tareas que no pueda hacer: desde hacer fotocopias hasta abrir la puerta. Y es que liderar es un privilegio. El o la líder ha de saber ver en su equipo a personas que tienen necesidades, que quieren ser escuchadas y tenidas en cuenta, valoradas y respetadas. Personas que necesitan sentir que pertenecen a un equipo y que se cuenta con ellas. Que su contribución es importante.
No olvides que liderar no es estar arriba en el organigrama. Ser líder implica darle la vuelta a la pirámide e invertirla. Porque es estar debajo de todos, al servicio de tu equipo. Humildad, perseverancia y mucho amor, además de unas competencias profesionales indiscutibles.
El líder invierte la pirámide, sirviendo a su equipo
Liderazgo y Cultura Empresarial
Que un equipo acate las decisiones de un líder o que las interiorice y las acepte va a depender mucho del estilo de liderazgo y la cultura empresarial que los promueve y, además, va a tener una influencia directa en el ambiente laboral. Pablo Folgueiras, mentor de CEOs y propietario de la empresa Lideraxis, lo resume.«Una cosa es el poder y otra la autoridad. El poder lo detento por la organización de la institución, es mi tarjeta de presentación y me viene dado», desarrolla, «mientras que la autoridad, algo muy distinto, es algo que me gano yo a partir de una actuación«.
«Hay gente que se confunde y cree que a partir de tener poder puede llegar a tener autoridad. Para Carme Castro, también experta en liderazgo y CEO de Kainova, los directivos que imponen su visión «son más ejecutivos que líderes» y «utilizan su autoridad para esconder sus carencias».
«Es habitual en los propietarios de empresas, mientras que un CEO suele tener más trabajadas las habilidades comunicativas y de participación», añade Castro, aunque reconoce que «si la cultura de organización es de un liderazgo impositivo, eso se va a transmitir en toda la cadena» y a la inversa: «Por mucho que los Recursos Humanos trabajen una cultura de organización, si un líder se comporta diferente poco se puede hacer».
El cofundador de la consultora en liderazgo y equipos Más Humanos, Fernando Segarra, reconoce que no es tan fácil tender a decisiones consensuadas porque «el líder que antepone el consenso se la está jugando porque la responsabilidad recae sobre él y no está ahí para recolectar ideas, sino para anteponer su experiencia y tomar decisiones».
Pero el líder que se gana esa autoridad moral, ese prestigio, con sus acciones y su estilo, «es capaz de cambiar de tono y ser rápido en las decisiones cuando una crisis lo requiere«, apunta Castro. «Al final, un líder tiene que ejecutar decisiones porque tiene un rol para ello y no se puede agradar a todo el mundo», completa Segarra.
Características de un Líder con Influencia
En la otra cara de la moneda, están los líderes con influencia y prestigio, que, describe Castro, «es inspirador porque tiene una aspiración más a largo plazo». «Son personas humildes, admiradas, que te ayudan y dan ejemplo con un comportamiento que genera bienestar. No tiene miedo a ser vulnerable, pero tiene un trabajo y unos resultados que le avalan.Para él, esa «auctoritas» se basa sobre todo en la confianza, que «es lo que determina las relaciones y permite avanzar». «La sinceridad se determina sobre todo a partir de la diferencia entre la conversación pública y la privada. En cuanto a la competencia, tiene que ver con la capacidad de hacer aquello para lo que se te contrata. Y por último, la fiabilidad es «la historia» que demuestra que esa competencia se ejecuta con compromiso y de acuerdo a lo pactado, «en tiempo y forma», completa Folgueiras.
A partir de esos tres pilares, pueden surgir las preguntas que determinan si existe esa auctoritas o confianza o no. «Si no confías en alguien, ¿en cuál de esos pilares falla? Si dentro de los líderes con auctoritas existe el matiz de que no siempre se puede actuar de forma ejemplar y ejerciendo influencia en función de las circunstancias, de la misma forma que existen líderes que ejercen poder sin ganarse el prestigio existen líderes con prestigio que no tienen cargo alguno.
Castro apunta a que «hay trabajadores muy valiosos que no son líderes y sería adecuado desvincular salario y cargo«. O sea, que un buen empleado pueda tener un cargo equiparable al de un líder si su aportación es relevante. Ejemplo de ello son aquellos trabajadores que ejercen un rol de bienvenida a un nuevo empleado o a un estudiante en prácticas y asumen su formación, a veces sin extra de remuneración.
Desarrollando tu Auctoritas
El consejo que doy a mis alumnos-líderes es aprenderse muy bien el puesto que ocupan, el sector, los operadores, los grupos de interés y sus entresijos. Tener un amplio conocimiento de su ámbito de actuación es muy importante, pero no lo único. Cuando se es nombrado hay que hablar con todo el equipo, tanto en plenario como en privado. Escuchar mucho, aprender, hacerse una composición de lugar y trazar un plan, serán buenos mimbres para los comienzos.Para tener autoridad es imprescindible tener criterio propio y esto sólo se formará si conocemos muy bien nuestro negociado. También es indispensable marcar objetivos y empeñarse en cumplirlos. Yo empezaría por tres objetivos que generen los mayores rendimientos, como máximo cinco; que sean verdaderamente impactantes en la mejora de nuestra actividad. Cuando una persona conoce el terreno, escucha, acuerda objetivos con su equipo y persiste en su cumplimiento (porque son importantes) empieza a ganar autoridad.
Hay pequeños símbolos de autoridad que la fomentan: una vestimenta adecuada o formal (difícil ganar autoridad en camiseta de tirantes), un despacho ordenado, saber mantener la calma, hablar de manera adecuada a la dignidad del cargo o gestionar la formalidad según el momento del que se trate. Desde muy joven mi madre me recomendó ir siempre de chaqueta y corbata al trabajo, es una costumbre que decae en nuestros tiempos pero que a mí me ha servido para distinguirme en el ejercicio de mis cargos, aunque llevar una corbata anudada al cuello no sea lo más cómodo. Cuando además se trata al equipo con máximo respeto y cordialidad, éstos serán recíprocos.
También tenemos que ser fuertes en los momentos malos, manteniendo la calma. Por cierto, hay un buen termómetro de medir la autoridad: cuando uno habla, los demás instintivamente callan, miran y escuchan con atención.
Analizar las primeras declaraciones públicas de ministros (y ministras) recién nombrados permite augurar qué tal les irá al frente de sus carteras. Si los ves titubeantes a la par que sonrientes o nerviosos, se puede vaticinar que no tendrán la autoridad suficiente para llevar con holgura el cargo. Si hacemos la prueba de recordar los nombres de los miembros de anteriores Gobiernos, quizá se nos vengan a la memoria cuatro o cinco, cuando son decenas. La degradación política se traduce en el ascenso de personas jóvenes e inexpertas, incapaces de formular políticas de Estado. Infunden poco respeto cuando se enfrentan a la ardua tarea de dirigir un país.
Características de un Líder con Auctoritas
Si pensamos en alguien que «tiene autoridad», nos evocará palabras como: respeto, dignidad, templanza, experiencia, seriedad, elegancia, competencia, veteranía, trayectoria, sobriedad, prestigio o tantas otras.- Respeto: Ganado a través de la integridad y el trato justo.
- Experiencia: Conocimiento profundo del campo de actuación.
- Integridad: Coherencia entre palabras y acciones.
- Empatía: Capacidad de comprender y conectar con los demás.
- Visión: Habilidad para inspirar y guiar hacia un futuro mejor.
| Característica | Potestas | Auctoritas |
|---|---|---|
| Origen | Cargo o posición | Reconocimiento y prestigio |
| Naturaleza | Poder formal y vinculante | Poder moral e influyente |
| Base | Coacción y fuerza | Respeto y legitimidad |
| Duración | Temporal (ligada al cargo) | Persistente (ligada a la persona) |
