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En el imaginario colectivo, la figura del empresario a menudo se asocia con connotaciones negativas. Esta percepción plantea una pregunta crucial: ¿quién es realmente el "malo" en la relación entre el empresario y el Estado? Este artículo explorará esta dicotomía, analizando la percepción social del empresario, su rol en la economía y los desafíos que enfrenta en el contexto actual.

El Rol del Estado y la Empresa

Es difícil que coexistan empresas privadas y públicas en un mismo mercado, porque si a la pública no le interesa la rentabilidad, entonces su mecanismo de toma de decisiones será distinto y podrá crear distorsiones que en definitiva comprometerán la calidad del producto o servicio, y a la larga su continuidad. Las empresas en manos del Estado se convierten en instrumentos de política y en vehículos de subsidios.

Las políticas deben ser parejas para todos, y los subsidios deben declararse abiertamente como tales, como transferencias directas, y no como reducciones de precio en bienes o servicios. Sin desconocer que existen áreas de servicio en las cuales el estado debe dar un subsidio por precio, pero debe dárselo a todos, a las empresas públicas y a las privadas. Algunos ejemplos son el transporte subterráneo y las empresas de servicio eléctrico residencial, que siempre requerirán un subsidio en el precio, ya sea que las empresas sean públicas o privadas.

Porque una empresa en manos del Estado siempre, en nuestro caso venezolano, terminará perdiendo dinero y hasta quebrada. Podrá pasar por algún período de buena gestión, pero, casi sin duda, terminarán mal… y tenemos a la vista cualquier empresa del Estado que tomemos al azar… incluso Pdvsa, que a estas alturas podemos decir que estar en manos del Estado, a la larga o a la corta, siempre terminarán quebradas, o como eternas sobrevivientes.

Aquí es bueno hacer un recuento histórico de cómo el Estado se convirtió en empresario cuando: las necesidades de capital para el desarrollo del país no podían ser cubiertas por el sector privado, nacional o extranjero, pues en sus etapas iniciales no había seguridad sobre la rentabilidad de los proyectos; y sí había una necesidad de intentarlo, la baja rentabilidad de la actividad dejó desatendidas áreas sociales y geográficas, y la característica monopólica de la actividad generaba vulnerabilidad.

Así asumió las rutas del transporte aéreo y creó industrias básicas, asumió los servicios telefónicos y todos los demás servicios públicos, y creó empresas para todo aquello que creyó necesario para impulsar al país en una época dada. Era una época en la cual casi todos los países europeos y en desarrollo (como nos llamaban) estaban en una misma línea y por consiguiente no se generaban distorsiones: la figura del consumidor, y del cliente como tal, aún no habían nacido.

Pero los tiempos cambiaron, los mercados se hicieron más complejos y la actividad empresarial privada se sofisticó, a tal punto que los estados tuvieron que optar entre participar, corriendo desde atrás, en los mercados comerciales, o privatizarlas, focalizándose en: definir políticas y estrategias, desarrollar la infraestructura física, y ejercer el control y regular.

Para todos por igual, para las empresas públicas y para las privadas. Se dio cuenta que dejar libre a unas y controladas a otras, impediría maximizar el uso de los recursos y posicionar al país en una situación privilegiada. Por eso, en el equilibrio del manejo empresario, hay que guiarse por el axioma de “Competencia cuando es posible, regulación cuando es necesaria”. Y así, seguro tendrá unas guías, sobre qué se debe hacer, pero principalmente que es lo que no se debe hacer.

Porque lo que hemos visto es que el hecho de que el Estado decida ser empresario, no anula las leyes del mercado, simplemente se le aplican a él también, y no está preparado… porque son características conflictivas: uno controla y dicta las políticas, y el otro debe cumplirlas. Porque a partir de allí, el privado que decida invertir en esas empresas, cualquiera sea la figura asociativa, sabe que está expuesto a que cualquier golpe de timón político lo puede hacer perder la inversión.

Un Estado empresario tiene por principio, un poder extraordinario sobre el mercado, por lo cual debe autolimitarse, y lo más que puede intentar es tratar de simular una situación de competencia. Pero no se puede lograr, porque en realidad se trata de una ficción… la empresa cambia sus prioridades, y en vez de tener como objetivo la rentabilidad económica, comienza a ser medido por la rentabilidad política… y en esa línea de pensamiento, por la corrupción y el saqueo. Porque la simulación planteada pretendería inducirle a la empresa una competitividad que, al no ser genuina, nunca se convertirá en una empresa excelente.

Hay que reconocer que, si se le induce a una empresa toda la carga de control y fiscalización estatal, o bien la saca de mercado, o bien la obliga a tener pérdidas. Esto implica sacarlas de la esfera de los ministerios o entes tutelares o de adscripción (para evitar la contradicción de los manejos administrativos, niveles salariales, carreras, bonos por producción, métodos de contratación, corrupción y sistemas de control, entre otros que se han evidenciado en los últimos veinte años).

También debe asegurarse que los nombramientos en esas empresas, a todos los niveles, sean basados en un esquema de carrera por mérito y resultados, y que los más altos cargos se decidan por concurso de credenciales y con la aprobación de una comisión especial del Congreso/ Asamblea, debiendo durar en sus cargos el tiempo que establezcan los estatutos. De esa forma se independizaría el ámbito político (de alta influencia a nivel de Gobierno) del ámbito empresario.

Una empresa pública debe poder quebrar y solo permitir reposición de capital cuando las condiciones de rentabilidad y nicho de mercado a mediano plazo, lo aconsejen. Porque debería haber una separación formal entre la generación de políticas sectoriales y la gerencia de la empresa. Esto es, que la actividad se regula en su conjunto, y las empresas, las públicas y las privadas, las cumplen. Esto debe reflejarse en la independencia de las juntas directivas con respecto a la acción de Gobierno.

De otra manera se estarán enviando señales negativas a los empresarios privados, por aquello de que, si una empresa juega con reglas distintas a las de perseguir la rentabilidad económica, entonces se perjudican las que sí lo hacen pues por seguir un marcador de competencia, podrían tener que asumir pérdidas y tener que abandonar la actividad. Por eso las señales son importantes para atraer o espantar al inversionista.

El proceso de toma de decisiones empresarias se mueve en un plano totalmente distinto al de la toma de decisiones de Gobierno. Si un gobierno quiere que las empresas (públicas y privadas) tomen decisiones alineadas con su política de Estado, debe crear las condiciones económicas para que así sea. Lo que es bueno para el Gobierno, no puede ser malo para la empresa, y viceversa.

No hay que olvidar que un Estado, por definición, no persigue fines de lucro, mientras que una empresa sí. Si el Estado va a intervenir como empresario, debería haber aislado a sus empresas del ámbito de lo “sin fines de lucro”, para permitirles operar en igualdad de condiciones en los diferentes mercados en los que actúen, cosa que no se ha hecho en estos años, mezclando la política con las empresas.

Es como pagarse y darse el vuelto… es muy difícil que alguien se controle a sí mismo. El Estado y la empresa son lo mismo… y resulta difícil ocultarlo cuando el presidente de la empresa suele ser el mismo ministro de la cartera de adscripción; y esa fue una de las razones que dieron pie al concepto de alter ego.

Los gobiernos se han caracterizado por una orientación a la eficiencia, con poco éxito en la efectividad; mientras que las empresas, sin dejar de lado la eficiencia, deben consolidar la efectividad, pues si ellas no lo hacen, su competidor lo hará.

Sin embargo, la ambición desmedida o el cansancio pueden desviar este proceso. Cuando los empresarios se convierten en rentistas y en extractores de riqueza que generan otros en lugar de impulsores de la eficiencia, la competencia y la innovación se convierten en un lastre para la economía y el bienestar.

Y están ciegos los empresarios que creen que los enemigos de las empresas son los trabajadores o el gobierno cuando, en realidad, son otras empresas -las financieras y las que tienen poder de mercado- las que ahogan a la inmensa mayoría. Su consecuencia, o la de que los empresarios se engañen a sí mismos, es que desprecian a todo aquello que justamente precisan para que sus empresas salgan adelante.

Si bien la oposición masiva alineada detrás de María Corina Machado y su candidato presidencial Edmundo González Urrutia, luce unificada, no hay que perder de vista que algunos de los dirigentes que ahora la apoyan, no están contentos haciéndolo. Cada uno de ellos sigue creyendo, fantasiosamente, que ellos o los suyos deberían haber sido los elegidos, y guardan un resentimiento interno que los lleva a ser potencialmente más peligrosos que alguien que los adverse de frente y al descubierto. Estos, están ocultos, deseando que fracase, y preparándose para, si no fracasara, buscarle errores y resaltarlos… nunca directamente, y siempre a través de vías indirectas.

Por ejemplo, el estar buscando una grieta entre María Corina Machado y Edmundo González, como si cada uno tratara de imponerse sobre el otro, es una manera de socavar las bases y complicarle el camino hacia la presidencia que con tanto esfuerzo y sacrificio ha ido construyendo María Corina Machado. Porque ponerse a criticar ahora, antes de la elección, puede leerse como “un palo en la rueda”, el cual no detiene, pero complica. Y si los alacranes y escorpiones ya quedaron a la vista y no tienen cómo ocultarse o mimetizarse, esta nueva “especie de artrópodo” sigue oculta tratando de horadar desde adentro, para beneficio de la continuidad del chavismo.

Les queda poco tiempo para actuar, porque si se llega a la elección, y si esta es ganada por la oposición, pues no revelaran su posición, y trataran de aprovechar la nueva etapa. Pero si se convencieran de que el chavismo continuará, entonces deberán sacarse la máscara para no quedar expuestos y continuar en una posición cómoda. Porque no es que apoyen a un lado o a otro… solo se apoyan a sí mismos y tratan de quedar parados lo mejor posible… pase lo que pase.

Sigue prevaleciendo la duda en la sociedad sobre si dejarán competir a Edmundo González Urrutia, lo cual puede darse desde una inhabilitación especial, o la salida de la tarjeta de la MUD del tarjetón… o cualquier otra opción vía el TSJ, como la solicitud que hizo un alacrán en estos días de suspender las elecciones hasta que se levanten las sanciones… y tantas posibilidades más que solo pueden ser usadas cuando alguien, como el chavismo gobernante, con el poder absoluto sobre vida y muerte fronteras adentro (y algo también fronteras afuera).

En una gran parte de ese emigrado venezolano no hay una nostalgia dulce por lo dejado atrás en forma casi forzada, sino una especie de rabia interna y desesperanza sobre el futuro y el destino de su país: “A esto no lo arregla nadie, Maduro y los suyos se quedarán el tiempo que quieran, y serían estúpidos en entregar el poder, cuando allí están muy cómodos, y saliendo del poder corren riesgos hasta de la propia vida”.

Tienen rabia porque el venezolano no se rebela y cada uno se asume parte de esa crítica, pero no están dispuestos a sacrificarse. A eso, yo les respondo que el país ha cambiado y que ahora existe esa esperanza de cambio más tangible que en el pasado, pero ellos creen que no… que se ilusionaron las primeras dos veces, pero, en esta, la tercera, no caen...

El Espíritu Emprendedor y la Evolución del Empresario

Tras años de observación y colaboración con diversos proyectos empresariales, se comprende que no todos están destinados a ser emprendedores. No todos los emprendedores llegan a convertirse en empresarios, ni todos los empresarios logran construir empresas sólidas. Son estados distintos de un proceso evolutivo que no todos completan.

INNOVACIÓN: Es la capacidad personal de buscar, imaginar, analizar e intentar objetivos nuevos o caminos alternativos a los tradicionales. No siempre la fuente de innovación es propia, lo importante es reconocerla, valorarla y hacerla realidad.

Para identificar el espíritu emprendedor, es crucial observar la capacidad de equilibrar la innovación y el optimismo. Sin embargo, ser emprendedor no garantiza ser empresario. El empresario nace y crece entre los emprendedores. Nunca se ha visto a un empresario que no fuera previamente un emprendedor.

Liderazgo y autoridad: Claves del empresario

LIDERAZGO: Es la capacidad natural para que los demás reconozcan la superioridad.

AUTORIDAD: Es el poder que gobierna o la capacidad de ejercer el mando, de hecho o de derecho.

Los emprendedores que logran convertirse en empresarios tienen la capacidad de movilizar a otros para alcanzar los objetivos propuestos. El equilibrio entre liderazgo y autoridad es fundamental para lograr que sus ideas se materialicen involucrando a muchas personas.

Pero esa movilización social que arrastra la figura del empresario, no siempre conduce a la gestación y construcción y crecimiento de una empresa.

¿Qué son los Agentes Económicos?

Empresa: Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos.

ADMINISTRACIÓN: Capacidad del colectivo de realizar sus trabajos dentro de las normas establecidas.

ORGANIZACIÓN: Capacidad del colectivo para realizar sus trabajos estructurados, coordinando personas y medios para lograr un fin.

La empresa la hace el empresario, pero no todos los empresarios hacen empresas. Solo un grupo selecto de empresarios son capaces de construir esas estructuras sociales que llamamos empresas. Esto se logra trabajando en un equilibrio entre la necesidad de organizar y administrar.

El Entusiasmo como Motor del Éxito Empresarial

Pero ese proceso que parece tan natural, solo fluye rectilíneo si se encuentra empujado o arrastrado por una fuerza positiva fundamental: El ENTUSIASMO.

  • ENTUSIASMO: Estado afectivo de excitación estimulante provocado por la fe en algo o la adhesión a alguien, que se manifiesta con viveza o animación con que se habla de la cosa que lo provoca o en el afán con que se entrega uno a ella.
  • AMBICION: Deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama.
  • CANSANCIO: Falta de fuerzas que resulta de haberse fatigado. Hastío, tedio, fastidio.

Cuando el entusiasmo impulsa, el emprendedor se convierte en empresario y este hace crecer la empresa, contagiada también por el entusiasmo.

El Empresario en el Punto de Mira

En España, ser empresario no es fácil. Existe un trasfondo cultural y social que influye en la percepción del emprendedor. Algunos pueden ver esto como algo positivo, mientras que otros no. Pero, con esta visión del que emprende, del que apuesta por montar y llevar adelante una empresa, la salida de la crisis puede ser difícil.

Las juventudes del partido en el gobierno pueden lanzar campañas contra la figura del empresario, creando un enemigo para eludir responsabilidades en la crisis. Los sindicatos pueden alentar acciones contra instituciones, generando un clima de criminalización. Este tipo de acciones pueden legitimar moralmente actos criminales contra empresarios.

Es crucial recordar que, como dijo el jefe de los GRAPO, mantener un perfil empresarial hacía difícil justificar disparar solo en la pierna, debido a los conflictos laborales que había tenido.

La Imagen del Empresario en la Ficción

"Ahora que ya eres grande hace falta que hablamos de cosas serias, no de chicos: inversiones, extorsiones, despidos masivos...". Esto es lo que el personaje del Señor Plano decía hace pocos días a la Patio Plano en una emisión del Súper3, el club infantil de la Televisión de Cataluña. El Señor Pla es el malo, y es empresario.

En series de televisión y películas, los empresarios a menudo son representados como los "malos". Esto puede influir en la percepción de los jóvenes, quienes podrían no querer ser empresarios si se les presenta una imagen negativa.

En La Riera, por ejemplo, se pueden encontrar personajes como Claudi, Lídia o Balló, empresarios implicados en tramas corruptas, sin escrúpulos y dispuestos a contratar sicarios o poner cámaras ocultas para extorsionar.

Sin embargo, también hay empresarios buenos en la ficción, como Sergi y Ernest, que abren restaurantes. La ficción utiliza a personajes turbios como Claudi porque dan más juego dramático, tienen contactos con más gente y mueven dinero.

La Necesidad de Reivindicar la Figura del Empresario

Es fundamental reivindicar la figura del empresario y potenciar su imagen en la sociedad. Hacer un país competitivo significa valorar a quienes triunfan, hacen dinero y lo reinvierten creando puestos de trabajo.

Es necesario construir series alrededor de la figura del emprendedor y el empresario, mostrando los retos que afrontan y cómo generan valor para la sociedad. Debemos constatar la importancia de tener empresarios comprometidos con la sociedad civil para crear un país competitivo.

A pesar de esto, Judith Viader, de Frit Ravich, reconoce que "tenemos que ser autocrítics. Cuando hay un caso de corrupción es muy mediático, y desde la parte de los empresarios no hemos reivindicado bastante la importancia de esta figura".

¿Ética Empresarial vs. Búsqueda de Beneficios?

Mi amigo, el ilustre economista Emilio Sáinz de Murrieta, ha tenido el detalle de leer mi columna del pasado lunes en la que trataba de explicar cuál es el objetivo de cualquier proyecto empresarial, que no es otro que el de prestar servicio a la sociedad y contribuir al bien común en la espera de un rendimiento capaz de retribuir adecuadamente a todos los protagonistas del empeño. El gran Emilio me escribe el siguiente comentario: «Es verdad que los márgenes de las empresas de distribución son estrechos y que la competencia en el sector es feroz. Sin embargo, hoy estoy muy cabreado. Me he enterado de que a un pobre chaval colombiano de 23 años le hacen trabajar por 25 euros en negro 12 horas al día repartiendo y me he enterado también de que una tiendecita menor ha subido los precios de ciertos productos un 50% cuando es realmente imposible. Tengo unos amigos que tienen un pequeño naranjal en Valencia que heredaron de sus padres, les pagan a 0,25 € el kilo de naranjas, ¡vete a la frutería y mira a ver cuánto te cobran a ti! Yo creo que esa cadena es francamente ineficiente, pero es que sinvergüenzas los hay en todos los sitios. Tanto entre los trabajadores, como entre los empresarios».

Esta última afirmación me parece una verdad ineluctable. La naturaleza humana es así. A veces impetuosa, impredecible, pero creo que con tendencia a alcanzar la verdad y el bien. Lo que trataba de explicar a principios de esta semana es que, por fortuna, todavía son mayoría los buenos hombres de negocio, y que, en cualquier caso, el empresario -o mal llamado empresario- que busca el enriquecimiento rápido a cualquier precio, muchas veces incurriendo en el abuso con sus proveedores o sus trabajadores, o sencillamente incurriendo en el fraude y la ilicitud socava el fundamento básico de lo que cabalmente debe entenderse como una empresa.

Esta clase de comportamientos me recuerdan a mis comienzos como periodista, en los que pude comprobar actitudes poco correctas de gente bien, formando que por razones espurias sucumbió a la tentación de ganar cuanto más dinero mejor sin pararse en barras. Mi opinión es que, si bien el objetivo financiero de una empresa es la maximización del valor de sus acciones, dicho propósito debe estar supeditado siempre al fin primordial, que es generar riqueza no de cualquier manera, sino sirviendo a la sociedad, ofreciéndole los mejores productos y servicios al menor precio posible, lo cual se producirá inevitablemente cuanta mayor competencia haya, así como menos intervención pública en el mercado.

En segundo lugar, la maximización del valor de las acciones hay que lograrlo mediante comportamientos que respeten en todo momento y lugar las normas éticas, algo que no parece en los ejemplos de los que habla mi amigo y con el que todos nos topamos a diario. Decía que en los tiempos en los que ejercía el periodismo de trinchera, ciertos analistas financieros y consultores empresariales inventaron y vendieron con éxito la teoría según la cual el único fin de la empresa es crear valor para el accionista. Pero esta teoría siempre fue falsaria. Y sirvió en su momento, y quién sabe si todavía sigue pasando en algunos casos, para que gestores desprovistos de criterios morales hayan ignorado e ignoren que el valor de mercado de una acción no puede ser otro que el valor actual del flujo de beneficios esperados a lo largo de un horizonte dilatado; y eso descontado el coste del capital, que viene determinado por la rentabilidad que los accionistas esperan obtener de su inversión. Pues bien, en contra de este principal aserto, aquellos o algunos de los actuales gestores sin escrúpulos han preferido dedicarse a manipular resultados y expectativas, no sin la connivencia de ciertos analistas y bancos de inversión, todos ellos empeñados en una cotización ficticia de los títulos en bolsa de la compañía.

Entonces, en mis años mozos, el motivo es que parte de la retribución de los ejecutivos y acompañantes en la aventura de riesgo dependía del valor que alcanzasen las acciones, de acuerdo con los planes de stock options de aquella época, que siendo un correcto modo de lograr que el propósito de los gestores coincidiera con el interés de los accionistas acabó siendo deformado, dando lugar a abusos escandalosos. A lo largo de mi vida profesional he conocido a muchos empresarios. Todos ellos me han parecido seres excepcionales. Hechos de otra pasta. Gente en muchos casos que, habiendo fracasado repetidamente, ha sido capaz de levantarse de la lona e iniciar de nuevo el combate. Me encuentro entre los convencidos de que el empresario nace, no se hace. Y también, contra lo que piensan muchos de mis amigos desconocedores de estas cuitas, que el trabajo no es una característica exclusiva de las personas que prioritariamente llamamos trabajadores, ya que el empresario trabaja, y mucho, en la labor de dirección, sacrificando en la mayoría de las ocasiones la atención a la familia para perseguir sin desvelo el éxito de la última idea que ha concebido, que tiene poco que ver con el dinero que acabe ganando o el patrimonio que vaya acumulando, en caso de que todo vaya sobre ruedas. Que tiene que ver con que los clientes estén contentos, los trabajadores también y los accionistas vean recompensadas sus expectativas.

Por eso detesto a los malos empresarios. A los que abusan o delinquen, a los que tan poco respeto tienen por este ejercicio tan noble sin el que no sería posible que los países alcanzaran la prosperidad y la gloria.

Comparación: Estado Empresario vs. Sector Privado
Característica Estado Empresario Sector Privado
Objetivo Principal Rentabilidad política y social (a menudo ineficiente) Rentabilidad económica y eficiencia
Toma de Decisiones Influenciada por políticas gubernamentales Basada en análisis de mercado y rentabilidad
Eficiencia Generalmente baja, debido a burocracia y falta de competencia Potencialmente alta, impulsada por la competencia
Riesgo de Corrupción Alto, debido a la mezcla de política y negocios Presente, pero controlado por regulaciones y supervisión
Flexibilidad Baja, debido a la estructura burocrática Alta, adaptable a los cambios del mercado