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El liderazgo es un tema recurrente en la literatura y en la vida cotidiana. A través de cuentos y ejemplos, podemos comprender mejor las cualidades que definen a un buen líder y cómo estas cualidades impactan en los equipos y en la sociedad.

Autoestima y Liderazgo: Cuentos para Reflexionar

La autoestima es fundamental para un liderazgo efectivo. Existen muchísimas definiciones de este término, y seguro que tú tienes la tuya propia. Para simplificarlo, la palabra recoge en sí misma la unión de dos términos: Auto y estima, así que parece claro cuál es su significado, ¿verdad?

A continuación, presentamos tres cuentos para reflexionar y mejorar la autoestima, cualidades esenciales para un líder inspirador.

Cuento 1: El Jardín Mustio

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó: ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?

No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a TI mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona.

Cuento 2: El Valor del Anillo

- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?.

El maestro, sin mirarlo, le dijo: - ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas.

- E… encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.

- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. ¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro!

- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste.

- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: - Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.

- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.

Cuento 3: El Elefante Encadenado

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?

Cuando tenía 5 o 6 años yo creía todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?

Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Resiliencia y Liderazgo: El Poder de No Rendirse

La resiliencia es la capacidad de superar la adversidad y salir fortalecido. Un líder resiliente inspira a su equipo a perseverar ante los desafíos. A continuación, un cuento motivacional que ilustra este concepto:

Cuento: La Rana que no Quiso Morir

Había una vez un grupo de ranas que viajaban por el bosque, dos de ellas cayeron en un gran agujero mientras caminaban. El agujero era tan profundo que parecía imposible salir de el.

Las demás ranas que les acompañaban en el viaje se acercaron al hoyo y les dijeron que no podrían salir y que debían prepararse para la muerte.

Las dos ranas aunque asustadas no hicieron caso de lo que las de arriba les estaban diciendo y empezaron a saltar con todas sus fuerzas… probablemente nunca habían dado unos saltos así. Aún así por mucho que lo intentaban no conseguían salir del hoyo.

Las otras ranas desde arriba no paraban de decirles que era inútil… que nunca conseguirían salir de allí y de nuevo les decían que debían prepararse para morir.

Una de las dos ramas escuchando lo que decían las demás se rindió… de repente se desplomó y murió. La otra rana sin embargo siguió saltando sin cesar, tan fuerte como podía y sin rendirse.

El resto de ranas seguía con su discurso sobre aceptar la muerte y le aconsejaban que dejase de sufrir. Pero la rana no solo no se rendía sino que cada vez saltaba mas fuerte, tanto que al final en uno de los saltos consiguió salir del hoyo.

Cuando salió las otras ranas le preguntaron: ¿Por qué no nos hiciste caso y aceptaste la muerte sino que además saltabas más fuerte?

Las rana les explicó que era sorda y que no había escuchado nada de lo que decían… al verlas asomadas al rededor del hoyo pensó que la estaban animando para salir del hoyo.

Moraleja: Muchas veces lo que dicen los demás sobre nosotros o incluso lo que pensamos sobre nosotros mismos influye en nuestro rendiemiento. Si crees que vas a fracasar es probable que fracases, si crees que vas a triunfar inconscientemente harás todo lo posible porque eso suceda.

“La rana sorda"🐸 Una lección de resiliencia para la vida 🌱🌄

Si crees que vas a fracasar es probable que fracases, si crees que vas a triunfar inconscientemente harás todo lo posible porque eso suceda. Igual sucede con lo que dicen o piensan los demás sobre nosotros. Muchas veces no lo hacen para hacernos daño sino para protegernos. Los envidiosos o falsos amigos te dirán que no lo lograrás por envidia, pero tu familia te dirá… «Es muy difícil», «tu ya estás bien como estás», «veo complicado que lo consigas», etc. En realidad no quieren que fracases pero con esas frases y su intención de protegerte te están llevando poco a poco al fracaso .

Os voy a contar la teoría científica sobre esto, se llama Efecto Pigmalión y Profecía Autocumplida El Efecto Pigmalión es justo el claro ejemplo del cuento de la rana, sobre como las creencias que tienen los demás sobre nosotros hacen que nuestro rendimiento varíe.

La Profecía Autocumplida es el mismo concepto pero pasa con lo que uno piensa sobre si mismo. Es tener una expectativa que hace que al final actúes en consonancia a ella y al final se vuelva cierta.

Por eso es tan importante ser positivo en la vida, si yo creo que las cosas me van a ir bien, mi inconsciente mandará impulsos que se convertirán en acciones para que al final eso suceda de verdad.

Comunicación Asertiva y Liderazgo: El Arte de Decir las Cosas

La comunicación asertiva es esencial para un liderazgo efectivo. Un líder asertivo expresa sus opiniones de forma clara, directa y respetuosa, fomentando un ambiente de confianza y colaboración.

Cuento del Sueño del Sultán

“Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. «¡Qué desgracia, Mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad», dijo el sabio. «¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Que le den cien latigazos!», gritó el Sultán enfurecido.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: «¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes».

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: «¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

El segundo sabio respondió: «Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.»

La comunicación asertiva significa expresar nuestra opinión de forma consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

Si reflexionamos, las quejas más habituales en el entorno empresarial están relacionas con la falta de comunicación y las relaciones tóxicas que se establecen con los demás y en muchas ocasiones esto nos provoca estados de tensión y ansiedad. Hay que aprender a relacionarse con los iguales, subordinados y superiores de manera asertiva, saber presentar solicitudes y demandas, saber pedir favores sin rebajarse y sin molestar, decir no cuando es necesario.

El Líder Visionario: Más Allá de la Rutina

El Cerdito Visionario entiende que las circunstancias son cambiantes y las adversidades pueden aparecer en cualquier momento. Sabe que aunque las circunstancias del día le son favorables, esto puede cambiar en cualquier momento. Necesita un lugar en el que descansar y en el primer claro de bosque que ve, construye rápidamente una cabaña de paja. Necesita un lugar más resguardado y una cabaña más consistente. Quizás lleguen lluvias, frío, podrían acechar peligros por la noche…

Su capacidad de visión le indica que la casa debe ser robusta.Además de verlo claro, está preparado para reaccionar cuando el peligro llega realmente, porque ha sido capaz de realizar con éxito el proyecto de la cabaña más robusta y resistente del bosque. Además, suele caracterizarse por tener carisma y sobre todo por su capacidad de transmitir su visión con su comunicación.

Un líder es un disparador. Has de ser capaz de romper la inercia de tu equipo, que en general, busca siempre la rutina, ¡vamos! Sin embargo, en pocas ocasiones son visionarios. Cuando insisto, es decir, le invito a soñar, y le planteo por ejemplo ¿cómo quieres que sea tu departamento dentro de 3 años? Existe un silencio delator.

Tabla: Características de un Líder Visionario

Característica Descripción
Visión de Futuro Anticipa los cambios y se prepara para las adversidades.
Capacidad de Reacción Actúa con rapidez y eficacia ante los peligros.
Carisma Inspira y motiva a su equipo.
Comunicación Efectiva Transmite su visión de forma clara y persuasiva.

La Importancia de Inspirar Confianza

Ante todo si hay una idea clave, es la capacidad de “inspirar confianza”. ¿Qué estoy yo proyectando que el equipo o el colaborador no me “devuelve compromiso”? ¿Es mi falta de confianza o incluso de compromiso con el otro (o equipo) lo que hace que ellos tampoco se comprometan?

El Gestor tiene que aprender a moverse con la incertidumbre. Tomar las mejores decisiones con la información de que dispone. El Visionario tiene que aprender a soñar a medio plazo, ya que en los momentos actuales pensar a largo plazo es muy complicado por el ritmo desenfrenado del progreso.

El Cuento del Hombre sin Forma: Una Búsqueda de Liderazgo

Con un mar de dudas en mi cabeza que nadie, hasta el momento, me ha sabido resolver, camino hacia la cueva del “hombre sin forma”, donde espero obtener respuestas. Estoy tan cargado de preguntas sobre el liderazgo que se me hace imposible seguir avanzando. El sendero se hace duro y no lo puedo disfrutar. El paisaje parece paradisiaco, pero mis preocupaciones no me permiten concentrarme en otra cosa. A medida que me acerco a mi destino, siento el ambiente más tenebroso, pero tampoco logro observarlo con detenimiento, tengo demasiadas preocupaciones.

Y, cuanto más cerca estoy, más dudas vienen a mi mente: “¿realmente en esa misteriosa cueva estará el famoso “hombre sin forma”? Muchos hablan de él, de todo lo que les ha hecho lograr, pero… ¿de verdad existe? Por fin he llegado. Estoy ante la cueva y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. ¿Será cierto todo lo que dicen sobre que en ella habita un hombre sin forma que ayuda a la gente? ¿Cobrará mucho por sus servicios?

- ¿Hola?, ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? - Todo está demasiado oscuro - ¿Alguien me puede ayudar? ¿Hola? Lo único que oigo es mi propio eco. El sonido se pierde a lo lejos.

- ¿De dónde viene esa voz? - La verdad es que no sé por dónde empezar. Necesito ayuda.

- Marcha por dónde has venido, no puedo ofrecerte dinero.

- ¡Oh no, espera! No me has entendido bien, yo no vengo a pedirte dinero. El dinero no es la principal causa. Es que, bueno, yo… Me esfuerzo en darlo todo, en planificar, organizar, controlar, les digo a mis empleados lo que tienen que hacer y cómo, y en qué plazo, y lo importante que es para la empresa que lo hagan bien. Les digo que su sueldo va en ello y que tienen que trabajar más y mejor. Todos me contestan: “sí, Señor Director”, pero cada uno va a la suya, hacen lo justo y trabajan sin alegría. El trabajo es una carga para ellos. ¡Después de todo lo que les doy! ¡Y con el sueldo que cobran! ¿Cómo hacer para que me hagan caso? ¿Cómo convencerles de que la empresa es lo primero? ¿Cómo hacerles entender que si no lo hacen bien no hay beneficios, y sin beneficios, no hay aumento de sueldo?

- ¿Qué si me gusta el té? No he venido aquí para tomar té. Te cuento todos mis problemas, me sincero contigo y tú ¡ni me escuchas! - ¡Vamos! ¿Qué broma es ésta? ¿Pretendes reírte de mí? No quiero té, sino que me ayudes. ¿Es que no lo entiendes?

- Está bien.

- Pero si tomo té todos los días.

- Está bien, está bien, te escucho.

- Pues en todos los problemas que me quedan por resolver y que cada día, en lugar de solucionarlos, me surgen más. Pienso en todo aquello que debo decir a los empleados, a los proveedores, a los clientes.

- Mmmh! Un hombre cuya mente no está donde él está.

- ¿Cómo?

- ¡Escucha!

- ¿Para qué?

- A partir de ahora beberás té observando el acto de tomar té. ¡Contempla todo lo que acontece en ese instante! ¡Recuerda, ese instante!

- Pero… ¿qué dices? ¿Ésa es tu ayuda? ¿Qué pretendes? ¿Me tomas por necio?

El sonido vuelve a perderse en el vacío. Retrocedo sobre mis pasos y la oscuridad se va convirtiendo en luz cegadora que molesta a mis ojos. Debo acostumbrarme de nuevo a la luz. Me siento un poco aturdido. “Tomar una taza de té cada día, durante treinta días”. Una receta de locos. ¿Cómo puede pensar que así se van a resolver todos los problemas que tengo? Tengo la sensación de que no ha aclarado ni una sola de mis dudas, pero bueno, no tengo nada que perder.

- Hombre sin forma, estoy aquí, he vuelto, ¿me recuerdas?

- Pues en realidad no lo sé. Me dijiste que viniera pasado un mes, pero que abuses de mi credulidad por segunda vez no me hace ninguna gracia. La empresa va peor, los empleados están tensos y preocupados, y no me ayudan. Hacen lo justo y se van a sus casas. No me has solucionado nada.

- Sí, lo he hecho.

- ¿Y tus problemas? ¿Dónde estaban tus problemas?

- La verdad es que en ese momento no estaban.

- ¿Yo?

- ¿Y el té?

- ¿Luego? Pues… saboreaba el té. Había días que lo encontraba dulce y le añadía algo de agua. Otros días estaba amargo y le añadía azúcar. Otros días estaba en su punto y me lo tomaba tal cual.

- No sé… me sentía bien. El tiempo transcurría a una velocidad natural, ni lento ni rápido. La taza se iba vaciando sorbo tras sorbo, y se quedaba lista para el siguiente día. El té estaba bueno y me saciaba.

- ¡Oh, muy interesante!

- En su vacío. Si la taza de té no está vacía no puede ser útil. ¿Si no, cómo podría contener el té y servir de algo?

- ¿Cómo? ¡Aún no me has ayudado a resolver mis preguntas!

- ¡Quédate vacío como una taza de té! Rompe tus prejuicios, tus ideas, tus esquemas y modelos, tus conceptos sobre cómo dirigir. ¡Vacíate! Deja de hablar y hablar a tus empleados imponiéndoles soluciones, de pensar y pensar. ¡Vacíate! Escucha a tus empleados, atiende a sus problemas, obsérvales, contémplales. Esto es muy importante porque, ¿cómo les vas ser útil y beneficioso si no te vacías primero? ¿Cómo pretendes que viertan sobre ti su té, si estás lleno hasta el borde de ideas preconcebidas, de obsesiones sobre la empresa, de obsesiones sobre ti mismo. ¡Deja de mirarte el ombligo! ¡La empresa sois todos! Vacíate y ellos verterán su té sobre ti. ¡El beneficio está en el té de tus empleados!

- Quieres decir que les escuche, les conozca y les entienda. Que comprenda cómo son y que de esa manera podré unirlo todo en una sola fuerza, en un solo té, en una sola dirección, ¿no? Creo que lo voy entendiendo pero, son muchos, ¿cómo escuchar a todos, cómo aunar sus fuerzas?

- ¡Cada día un sabor y a cada sabor una acción!

- ¡Oh, entiendo, ahora lo veo con claridad! ¿Cómo agradecer tu ayuda?