Seleccionar página

En el mundo de la avicultura, la producción de huevos se ha consolidado como una actividad con un gran potencial económico, tanto para pequeños productores como para grandes empresas. Muchas veces se escucha que "las gallinas ponedoras son rentables" y que "es rentable producir huevos", ya que, con un manejo adecuado, se pueden generar buenos ingresos mes a mes. La rentabilidad de criar gallinas ponedoras depende de diversos factores que influyen directamente en la producción y en los costes de operación.

Para comenzar con la producción avícola, es esencial conocer la inversión necesaria y los costes fijos asociados:

  • Infraestructura: Construcción o adecuación de instalaciones adecuadas para albergar a las gallinas, con espacio suficiente y condiciones higiénicas apropiadas.
  • Equipamiento: Compra de comederos, bebederos, sistemas de iluminación y calefacción, y otros insumos necesarios para mantener un ambiente óptimo.
  • Permisos y licencias: Costes relacionados con la autorización de la actividad avícola, que varían según la normativa local.

Además de la inversión inicial, es fundamental tener en cuenta los costes operativos recurrentes, que pueden afectar significativamente la rentabilidad:

  • Alimentación: Uno de los gastos más altos, ya que la calidad y cantidad de alimento influye directamente en la producción de huevos.
  • Manejo y mantenimiento: Costes asociados al personal, el manejo diario del plantel y el mantenimiento preventivo de las instalaciones.

Entre las gallinas ponedoras más rentables se destacan la Leghorn, valorada por su alta productividad y eficiencia alimenticia; la ISA Brown y la Hy-Line Brown, que ofrecen una puesta constante y se adaptan bien a diferentes sistemas de manejo; y, en algunos casos, la Rhode Island Red, apreciada por su robustez y doble propósito (es ponedora y tiene carne de gran calidad).

Tamaño Óptimo del Plantel

Determinar el tamaño óptimo del plantel es un paso esencial para maximizar la rentabilidad. No se trata solo de aumentar el número de aves; se debe evaluar cómo el crecimiento del plantel incide en los ingresos, en la eficiencia operativa y en la capacidad para gestionar la producción.

  • Inversión y capital: Para un proyecto a pequeña escala en España, se estima una inversión inicial de entre 10.000 y 15.000 € que cubre la adecuación de las instalaciones, la compra de equipos básicos y la adquisición de un plantel inicial de unas 500-600 gallinas.
  • Espacio e infraestructura: Se recomienda mantener una densidad de 8 a 10 gallinas ponedoras por metro cuadrado para evitar el hacinamiento y garantizar el bienestar de las aves.
  • Capacidad de manejo y control: Contar con un equipo capacitado es crucial para monitorear la salud y la producción. En una operación pequeña es recomendable contar con al menos un técnico especializado.

El tamaño del plantel no solo influye en la producción total de huevos, sino también en la eficiencia operativa e ingresos generados.

  • Mayor diversificación en la producción, permitiendo ajustar la oferta frente a la demanda del mercado.

Sin embargo, es fundamental evitar el sobrecrecimiento, ya que esto podría derivar en problemas de manejo, mayores índices de mortalidad o la disminución en la calidad del producto final. El camino hacia la rentabilidad de un plantel de gallinas ponedoras es progresivo. Desde el montaje del plantel (semana 0), no se generan ingresos, ya que las aves requieren tiempo para crecer y alcanzar la madurez.

Generalmente, las gallinas comienzan a poner huevos alrededor de la semana 20, momento en el que empieza la producción. Sin embargo, debido a la inversión inicial y a los costes operativos acumulados durante el período previo, se necesita un tiempo adicional para recuperar esa inversión. De forma conservadora, se estima que tras unas 12 a 16 semanas de producción constante -es decir, aproximadamente en la semana 32 a 36 desde el montaje del plantel- es cuando se comienza a ver beneficios netos.

Existen distintos enfoques para comercializar los huevos y posicionar el negocio de gallinas ponedoras en el mercado. Cuando se piensa en la sostenibilidad a largo plazo, optimizar el proceso y buscar la escalabilidad se convierte en un factor decisivo. El avance tecnológico ha transformado la manera en que se gestiona la producción avícola.

En definitiva, si bien la producción de huevos con gallinas ponedoras requiere de una planificación meticulosa y una gestión constante, las ventajas son evidentes. Con las estrategias adecuadas y una visión a largo plazo, se puede afirmar que, efectivamente, las gallinas ponedoras son rentables y es rentable producir huevos.

El Caso de Éxito de Pazo de Vilane: De 50 Gallinas a un Negocio Millonario

Emprender es un camino pedregoso y en el que sólo alcanzan el verdadero éxito aquellos que visualizan grandes proyectos donde el común de los mortales no percibe nada. O, por ejemplo, sólo ven un huevo. Hoy, la empresa a cargo de los tres hermanos Varela-Portas, iniciada por su padre, se llama Pazo de Vilane y vende huevos de gallinas criadas de forma extensiva, o "huevos de casa", como los llaman ellos, a empresas de la talla de El Corte Inglés.

Esta idea, que hoy calificamos como sostenible y responsable, se catalogaba en aquel entonces de revolucionaria e insensata. De hecho, los comienzos no fueron nada fáciles para esta familia gallega. Precisamente esta finca es el pilar del proyecto que ha llevado al éxito a la familia Varela-Portas.

La tarea no era baladí. En aquel entonces, hace 26 años, los jóvenes lucenses emigraban a las ciudades (algunos deslumbrados por sus atractivos, otros obligados por la falta de trabajo) por lo que los pueblos del interior gallego perdían inexorablemente población e ilusión. Existían además otras dificultades añadidas. Sin embargo, la familia Varela-Portas creía en Pazo de Vilane y en su destino como centro agrícola y ganadero de la comarca de A Ulloa.

La avicultura tradicional se había abandonado a partir de los años 50 en nuestro país para dejar paso a una pujante industria avícola muy automatizada basada en gallinas enjauladas. Pero a través de su modelo extensivo, Pazo de Vilane se convertía en pionero del huevo campero en la España de finales de los 90, y demostraba que se podía llevar este alimento de calidad extraordinaria a todas las mesas.

Los comienzos fueron duros y llenos de incertidumbre. “No tuvimos mucho tiempo para pensar. Nada más alojar a las gallinas, comenzaron a poner huevos. Así que había que hacer algo con ellos. “El único secreto de nuestro producto residía (y aún lo hace) en el bienestar animal. Ese es el auténtico motor y razón de ser de Pazo de Vilane.

El sabor tan natural, tan 'a campo' de nuestros huevos es sólo fruto de nuestro modelo de crianza propio. El buen marketing también ayudó en el éxito de Pazo de Vilane. La elección del envase, su reconocida caja de cartón con la emblemática gallinita punteada en verde, fue todo un acierto. Su caja artesanal no sólo les brindó una imagen memorable y reconocible por parte del consumidor, sino que llegó a marcar un hito en el lineal.

En la actualidad Pazo de Vilane factura más de ocho millones de euros al año y cuenta con 200.000 gallinas repartidas en sus fincas de la Comarca de A Ulloa. Tienen claro que el negocio puede crecer, pero despacio y sin cambiar la esencia: el bienestar animal frente a todo. Porque sólo las gallinas bien cuidadas y alimentadas, con pastoreo diario y con crianza controlada en gallineros pequeños, ponen los huevos más sabrosos.

Preparar la antigua nave para acoger 1.000 gallinas supuso un desembolso de 20.000 euros, se sumarían 150.000 euros para otro gallinero. En 1998 Nuria Varela-Portas se presentó en El Corte Inglés de La Coruña con una caja de huevos. La presentación rompía la imagen tradicional del lineal. Entonces El Corte Inglés tenía más libertad para apoyar economías locales, contactaron con las oficinas de Madrid y les dieron de alta el producto.

El primer pedido de diez cajas, 160 huevos, les asustó, ya que estaban acostumbrados a un máximo de una o dos cajas. Luego acudió al establecimiento de Vigo y... aceptaron. En la actualidad Pazo de Vilane distribuye el 30% de su producción mensual de huevos a centros de El Corte Inglés de toda España. Casi veinte años después, la impulsora de Pazo de Vilane reconoce que esto fue el escaparate perfecto para dar alas a una explotación de 50 gallinas.

Una historia con final feliz que empezó en un trozo de papel que Nuria encontró entre las cosas de sus padres cuando éstos fallecieron. El 17 de febrero de 1994 les escribió una carta desde Londres. Les contaba que la ciudad no era para ella: "¿De dónde venimos? De la tierra, de la tierra que poseemos y a la que pertenecemos. Nuestras raíces, vosotros, esa es la razón de ser, de continuar apegado a la vida, porque el asfalto está muerto y aquí me es difícil encontrar el porqué".

"Emprender requiere pasión, emoción y mucho impulso y, sobre todo, un sueño que cumplir". A los seis años dejó Lugo, y con 25 y su carrera de economista bajo el brazo -es licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid- y un MBA -Escuela Europea de Negocios-, regresó para transformar las 40 hectáreas del pazo familiar, situado en la comarca de la Ulloa, en un agrovivo: "Un proyecto innovador que pudiésemos controlar y dar personalidad. Las vacas o plantar una huerta es habitual. Lo difícil es hacer un producto con personalidad".

Nuria recuerda que su padre tenía iniciativa y ambición: "Era muy creativo. Sabía que si nos enfrentábamos a un producto que ya estaba explotado no llegaríamos al mercado. El huevo era un producto básico pero muy valioso". Ése fue el punto de partida de un periplo de año y medio para conseguir financiación hasta que "el gerente de una SGR de aval recíproco se enamoró de la idea y nos avaló".

Esos 20.000 euros dieron para rehabilitar una antigua nave de producción que "hace años acogía a becerros y que se adaptó para la cría de gallinas, compramos 50 por 300 euros". Así comenzó la producción de huevos camperos de gallinas en libertad y la marca Pazo de Vilane. Nuria no ha olvidado lo difícil que fue convencer al pequeño comercio para vender huevos de calidad. Ahora cuenta con una plantilla de 30 personas que atienden un total de 100.000 aves que ponen 2,5 millones de huevos al mes que se pueden encontrar en El Corte Inglés, Alcampo, Carrefour, Gadis y en los centros Eroski de Galicia. En 2016 facturaron más de 5 millones de euros.

Pazo de Vilane también produce y comercializa mermeladas de frambuesa y arándanos y de tomate ecológico, y el jugo de frambuesa. Aumentar la producción de estos productos, que ahora suponen el 10% de su facturación, es su reto. Nuria comenta que no buscaron esta diversificación: "Aprovechamos una iniciativa de desarrollo agrario de la zona para cultivar frambuesas. Utilizamos el estiércol de las gallinas y plantamos dos hectáreas. Al principio las vendíamos, pero luego decidimos producirlo y comercializarlo nosotros. La mermelada tiene un origen trazable y un porcentaje de fruta más elevado que uno industrial. El objetivo es devolverle al pazo su actividad económica ".

¿El futuro? Elaborar zumos deshidratados de productos ecológicos, "pero no tenemos prisa", asegura.

"En Vilane no fabricamos huevos, cuidamos gallinas". El eslogan de Pazo de Vilane resume cómo ha familia Varela-Portas hace los negocios. Nuria dice que la mejor manera de crecer es hacerlo poco a poco y bien, "hay que pensar en la marca y en tu misión. Tenemos propuestas para crecer en el ámbito internacional, pero queremos hacer las cosas bien y asentar el mercado. En el mundo de la empresa el 'leitmotiv' es la facturación para repartir dividendos. Ése no es nuestro caso. Lo que nosotros necesitamos es ser rentables.

Acabamos de ampliar la oficina y le recordaba a mis hermanos que antes en ese mismo lugar había un burro. Es un edificio del siglo XVIII. Trabajamos y vivimos en el campo el sueño de muchas personas. Creo que tenemos un proyecto muy bonito y fácil de vender. Mi padre decía que 'Vilane es como un cuadro y hay que pintarlo'. Contar un sueño es fácil".

Una de las cosas que pintó el artífice de este sueño fue el logo de Pazo Vilane, la ya famosa gallina punteada que ilustra las cajas de huevos: "Vió el logo de Tour Galicia y enseguida quiso contactar con el diseñador. Pepe Barro nos entendió tan bien que creó ese logo que desde entonces nos acompaña. Y lo mantenemos. Mi padre decía que "cuando se hacen las cosas bien y funciona mejor no tocarlas".

Pazo de Vilane cerró con una facturación importante, un porcentaje más que el año anterior. Estiman una facturación aún mayor para los próximos años. El proyecto inició su andadura en 1996 con la adquisición de 50 gallinas por 300 euros; poco después invertirían 6.000 euros en la compra de 1.000.

Cómo INICIAR un Negocio Avícola con 20 GALLINAS SUPER RENTABLE

Tabla resumen de la evolución de Pazo de Vilane:

Año Hito Detalle
1996 Inicio Adquisición de 50 gallinas por 300 euros.
Poco después de 1996 Inversión Inversión de 6.000 euros en la compra de 1.000 gallinas.
2015 Facturación Facturación de 4,2 millones de euros.
2016 Facturación Facturación de más de 5 millones de euros.
Actualidad Producción 200.000 gallinas repartidas en sus fincas de la Comarca de A Ulloa.

Una Historia de Amor por el Campo

Hoy Nuria tiene 55 años y parece una mujer de campo, de toda la vida. Pero no siempre ha sido así. Ella vivía en Madrid, cursó la carrera de Ciencias Económicas en la capital e incluso se fue un año entero a Londres para estudiar el idioma. Era una mujer de ciudad, pero solo en apariencia.

“Londres es una urbe enorme llena de gente y allí identifiqué que no quería vivir en una gran ciudad y quería volver al campo, a mis orígenes, a la finca familiar de mi abuelo donde hace años hubo actividad agrícola. Siempre tuve un vínculo sentimental muy grande con Galicia, de pequeña quería aprender gallego y la vinculación de mi padre con esa tierra también la sentía yo. Viviendo en Madrid me sentía muy gallega y de alguna manera en mí estaba ese deseo de volver y ese sueño de darle vida al pazo y a sus fincas.

Puso en marcha el Pazo cuando estaba medio en ruinas. Con 26 años, cambió el ruido de los coches por el sonido de los árboles y los pájaros. Hizo la maleta y se trasladó con sus padres al Pazo de Vilane para emprender desde cero y producir huevos camperos.

“El pazo estaba más o menos mantenido pero no se había invertido nada en la finca en muchos años, había partes muy deterioradas, y toda la antigua explotación ganadera de vacas estaba vieja. Lo que hicimos fue emprender desde la nada. Fue muy complejo, tomar decisiones sobre qué hacer y ponerlo en marcha, mucha inversión y aprendizaje, de gallinas yo no sabía nada y ahora soy una experta.

Tres décadas en un proyecto familiar que ha resultado también ser muy rentable. Pero cocinado a fuego lento, progresivo y con obstáculos. “Vivimos momentos complicados en el año 2006 con la gripe aviar o la crisis financiera en 2008 pero nunca nos hemos dejado caer del todo, siempre poco a poco, ha sido una trayectoria larga y lenta que ha permitido un proyecto muy asentado y con decisiones prudentes en el ámbito empresarial sin hacer alardes ni grandes riesgos y con el foco muy claro: una empresa que retornara las rentas al territorio, que creara riqueza en el entorno, respeto al medioambiente, a los animales y personas y siempre buscando el producto de calidad.

Y muy importante: ser transparentes y honestos, siempre hacer lo que decimos que ... Si hay algo de lo que puede presumir Nuria Varela-Portas (Lugo, 1969) es de entusiasmo y de una pizca de orgullo por el valor de lo bien hecho.

"En 1998 me planté en El Corte Inglés de La Coruña con una caja de huevos. La presentación rompía la imagen tradicional del lineal. Entonces El Corte Inglés tenía más libertad para apoyar economías locales, contactaron con las oficinas de Madrid y nos dieron de alta el producto. El primer pedido de diez cajas, 160 huevos, nos asustó. Estábamos acostumbrados a un máximo de una o dos cajas. Luego acudí al establecimiento de Vigo y... aceptaron". En la actualidad Pazo de Vilane distribuye el 30% de su producción mensual de huevos a centros de El Corte Inglés de toda España.

De 50 a 100.000

Casi veinte años después, la impulsora de Pazo de Vilane reconoce que esto fue el escaparate perfecto para dar alas a una explotación de 50 gallinas. Una historia con final feliz que empezó en un trozo de papel que Nuria encontró entre las cosas de sus padres cuando éstos fallecieron.

El 17 de febrero de 1994 les escribió una carta desde Londres. Les contaba que la ciudad no era para ella: "¿De dónde venimos? De la tierra, de la tierra que poseemos y a la que pertenecemos. Nuestras raíces, vosotros, esa es la razón de ser, de continuar apegado a la vida, porque el asfalto está muerto y aquí me es difícil encontrar el porqué".

"Emprender requiere pasión, emoción y mucho impulso y, sobre todo, un sueño que cumplir"A los seis años dejó Lugo, y con 25 y su carrera de economista bajo el brazo -es licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid- y un MBA -Escuela Europea de Negocios-, regresó para transformar las 40 hectáreas del pazo familiar, situado en la comarca de la Ulloa, en un agrovivo: "Un proyecto innovador que pudiésemos controlar y dar personalidad. Las vacas o plantar una huerta es habitual. Lo difícil es hacer un producto con personalidad".

Recuerda Nuria que su padre tenía iniciativa y ambición: "Era muy creativo. Sabía que si nos enfrentábamos a un producto que ya estaba explotado no llegaríamos al mercado. El huevo era un producto básico pero muy valioso". Ése fue el punto de partida de un periplo de año y medio para conseguir financiación hasta que "el gerente de una SGR de aval recíproco se enamoró de la idea y nos avaló".

Esos 20.000 euros dieron para rehabilitar una antigua nave de producción que "hace años acogía a becerros y que se adaptó para la cría de gallinas, compramos 50 por 300 euros". Así comenzó la producción de huevos camperos de gallinas en libertad y la marca Pazo de Vilane. Nuria no ha olvidado lo difícil que fue convencer al pequeño comercio para vender huevos de calidad. Ahora cuenta con una plantilla de 30 personas que atienden un total de 100.000 aves que ponen 2,5 millones de huevos al mes que se pueden encontrar en El Corte Inglés, Alcampo, Carrefour, Gadis y en los centros Eroski de Galicia. En 2016 facturaron más de 5 millones de euros.

El Futuro

Pazo de Vilane también produce y comercializa mermeladas de frambuesa y arándanos y de tomate ecológico, y el jugo de frambuesa. Aumentar la producción de estos productos, que ahora suponen el 10% de su facturación, es su reto. Nuria comenta que no buscaron esta diversificación: "Aprovechamos una iniciativa de desarrollo agrario de la zona para cultivar frambuesas. Utilizamos el estiércol de las gallinas y plantamos dos hectáreas. Al principio las vendíamos, pero luego decidimos producirlo y comercializarlo nosotros. La mermelada tiene un origen trazable y un porcentaje de fruta más elevado que uno industrial. El objetivo es devolverle al pazo su actividad económica ".

¿El futuro? Elaborar zumos deshidratados de productos ecológicos, "pero no tenemos prisa", asegura.

Cómo se cuida un negocio que crece despacio

"En Vilane no fabricamos huevos, cuidamos gallinas". El eslogan de Pazo de Vilane resume cómo ha familia Varela-Portas hace los negocios. Dice Nuria que la mejor manera de crecer es hacerlo poco a poco y bien, "hay que pensar en la marca y en tu misión. Tenemos propuestas para crecer en el ámbito internacional, pero queremos hacer las cosas bien y asentar el mercado. En el mundo de la empresa el 'leitmotiv' es la facturación para repartir dividendos. Ése no es nuestro caso. Lo que nosotros necesitamos es ser rentables.

Acabamos de ampliar la oficina y le recordaba a mis hermanos que antes en ese mismo lugar había un burro. Es un edificio del siglo XVIII. Trabajamos y vivimos en el campo el sueño de muchas personas. Creo que tenemos un proyecto muy bonito y fácil de vender. Mi padre decía que 'Vilane es como un cuadro y hay que pintarlo'. Contar un sueño es fácil".

Una de las cosas que pintó el artífice de este sueño fue el logo de Pazo Vilane, la ya famosa gallina punteada que ilustra las cajas de huevos: "Vió el logo de Tour Galicia y enseguida quiso contactar con el diseñador. Pepe Barro nos entendió tan bien que creó ese logo que desde entonces nos acompaña. Y lo mantenemos. Mi padre decía que "cuando se hacen las cosas bien y funciona mejor no tocarlas".

Pazo de Vilane cerró 2015 con una facturación de 4,2 millones de euros, un 27% más que el año anterior. Estiman 5,6 millones de euros para fin de 2017. El proyecto inició su andadura en 1996 con la adquisición de 50 gallinas por 300 euros; poco después invertirían 6.000 euros en la compra de 1.000. Cada mes se recogen 2,5 millones de huevos, 99.000 diarios.

Preparar la antigua nave para acoger 1.000 gallinas supuso un desembolso de 20.000 euros, se sumarían 150.000 euros para otro gallinero.