Desde el inicio de la crisis, se ha ensalzado el emprendimiento y a los emprendedores. Sin embargo, las ventajas que vende el discurso pro-emprendimiento cuentan siempre con una contrapartida de carácter económico que invita a pensar fríamente si merece la pena lanzarse a la piscina del mundo empresarial. Emprender tiene un lado oscuro que a menudo se omite del discurso.
El Método INFALIBLE para Emprender sin Miedo al Fracaso! | Fabián Tejada
Las duras realidades del emprendimiento
1. El alto índice de fracaso de las startups
Es un hecho, si creas una Startup cuatro de cada cinco veces fracasarás. No se trata de una estadística aislada. La mayoría las escuelas de negocio coinciden en esta cifra. Además, más de un 30% de los autónomos echan el cierre de su negocio antes de que termine ese primer año.
2. La corta vida de las empresas
Es decir, 8 de cada 10 empresas ya habían muerto durante su primer año. De las dos que habían conseguido sobrevivir, una de ellas (el 50%) habrá desaparecido durante el año siguiente. El 90% de ellas ya no sobrepasan los dos años.
3. El largo camino hacia la relevancia
Aquellas que consiguen sobrevivir a los dos primeros años y no tiran la toalla, tardan un mínimo de 8 años en conseguir un cierto grado de relevancia. Según explica el fundador de coches.com en su blog, Iñaki Arrola, algunas empresas que han triunfado en Internet como Milanuncios, Tripadvisor, Fon, Idealista, Privalia o Softonic han tardado al menos una década en hacerse relevantes. Hasta 12 años en ser "relevante".
4. La soledad en tiempos difíciles
El ecosistema emprendedor es profundamente darwinista y superficial. Cuando a una nueva empresa parece irle bien, todo el mundo llama a su puerta y los inversores llaman a su puerta. Sin embargo, cuando atraviesa un momento delicado, nadie parece escucharlas. Si tu empresa pasa una mala racha, nadie te ayudará.
Este comportamiento obedece a la lógica clásica del mercado porque los inversores buscan ganar dinero con tu startup. "Cuando te dedicas a Venture Capital tienes que maximizar la inversión en compañías que van bien y no ayudar a mantener compañías que están sufriendo. Es duro pero es así", asegura Arrola.
5. El riesgo de ruina personal
Uno de los mantras que rodean el ecosistema emprendedor es que emprender sale muy barato. Esto en gran medida depende de préstamos, avales, deudas y el tipo de sociedad o categoría de autónomo al que se encuentre adscrito el emprendedor. Puedes arruinarte hasta perder tu casa.
Frente a la creencia popular de que emprender sale prácticamente gratis, que de hecho tampoco es cierta ya que en España es el cuarto país de la UE en el que sale más caro emprender.
6. La exigencia de más horas de trabajo
Los trabajadores por cuenta ajena, los asalariados, trabajan una media de 36,5 horas semanales. Mientras tanto, los trabajadores por cuenta propia lo hacen hasta lo hacen 45,1 horas, según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Es decir, los emprendedores trabajan el equivalente a una jornada de trabajo extra a lo largo de la semana. Más horas de trabajo.
7. Un entorno poco favorable en algunos países
España es el país que peor se posiciona de todo nuestro entorno en la UE para abrir un nuevo negocio. Por delante se encuentran países como Macedonia, Letonia o Georgia, según el índice elaborado por el Banco Mundial, Doing Business. España no es un buen lugar para abrir una empresa.
Responsabilidades y realidades poco conocidas
Este no es un post para convencerte de por qué no ser autónomo. Lo que yo quiero es que sepas las responsabilidades que tendrás que asumir y que te prepares para ellas. Son cosas que muchas veces no sabemos y nos encontramos cuando, felizmente, decidimos tirar adelante un proyecto. Pero, lo dicho, me gustaría que esto te sirviera para poder hacer una evaluación y encontrar tu manera de organizar y afrontar estas partes menos agradecidas. A mí me hubiera encantado que me hubieran preparado para esto, la verdad.
Impuestos y gestiones
Este es un tema que detesto. No porque no me guste cumplir con mis deberes como ciudadana, porque yo soy una de esas extrañas personas que están a favor de los impuestos. Es más, cuando intentas informarte, nadie te explica nada claramente. Todo son vaguedades. El caso es que tienes que estar muy pendiente de lo que tienes que presentar y como. Cada tres meses el IVA, una vez al año la cuenta de resultados y la Renta.
Acuérdate de pedir factura de los gastos, pero cuidado con lo que te puedes y no te puedes deducir. Las leyes que cambian cada dos por tres. Mi recomendación es que tengas un gestor o asesor desde el primer día y que lo contrates siempre por recomendación de otra persona que también confía en él. Este es, para mí, un gasto ineludible como emprendedora.
Inversión inicial y gestión económica
Este es un apartado especialmente delicado para los que tienen un negocio físico, una tienda que requiera stock, o algún tipo de trabajo que requiera herramientas específicas o contratación. Haz siempre, siempre, siempre, un plan de empresa en el que puedas preveer la inversión inicial y a medio plazo de tu negocio. Debes estar preparado económicamente. No vivas ni de créditos ni de subvenciones: tu negocio debe mantenerse por sí mismo. Lo otro, son ayudas y nunca están mal. Pero no cuentes con ellas.
Multitarea y gestión del tiempo
Especialmente cuando empiezas, tendrás que dedicarte a mil cosas que no tienen que ver con el trabajo que desempeñas. Aunque tengas gestor, el que tiene que juntar y pedir facturas eres tú. Debes gestionar al equipo, si lo tienes. Eres jefe de compras, comercial, community manager y asistente de tu propio negocio.
Responsabilidad total
Cuando decides ser emprendedor nadie nunca más te pone horarios o vigila que trabajes. Nadie. Sólo tienes que rendir cuentas contigo mismo. Si no haces las cosas, nadie te va a decir nada ni a nadie le va a importar. Es muy, muy difícil, levantarse por las mañanas, marcarte objetivos y cumplirlos y todas esas cosas básicas en las que nunca pensamos cuando es otra persona la que nos pone las pilas.
En mi anterior post te comentaba que la libertad requiere una responsabilidad en consecuencia. Tendrás que dar la cara por todo lo que tenga que ver con tu negocio. A veces por cosas que no son culpa tuya. Si hay pérdidas, tú las asumes. Si el cliente no está contento, tú te comes el marrón. Si haces una web y el proveedor de hosting manda a la mierda sus servidores, aunque no sea tu culpa, eres responsable tú. Debes responder por todo lo que ocurra.
Presencia online y gestión de la marca
Las redes sociales son algo relativamente nuevo y todavía no nos han enseñado a gestionarlas bien. Esto provoca que haya un poco de descontrol y nosotros mismos no seamos conscientes del alcance de las mismas. Si decides ser emprendedor y quieres llegar a algún sitio con tu negocio, tienes que tener una presencia pública. Tienes que existir. La gente no se fía de la gente que no existe en redes sociales o en los buscadores.
Pero, cuidado, esto no quiere decir que tengas que publicar tu vida. Tienes que trabajar tu marca para preparar lo que publicas en redes sociales según lo que le convenga a tu negocio. No soy nada partidaria de la censura extrema. Para mí es un filtro muy importante el dar mis opiniones personales en redes y que la gente las encuentre. Así me conocen, pueden empazatizar (o no, ahí está el filtro) conmigo, ven a la persona tras la diseñadora.
Quieras o no, si tienes un negocio, tu presencia online es una consecuencia directa. Puedes gestionarla y darle la forma que te conviene o dejarla libre y que sea lo que Dios quiera. Advertido quedas.
Iniciativa y creatividad
Si tú no haces las cosas, nadie las va a hacer por ti. Esta es la máxima suprema del emprendedor. Si eres una persona que no tiene ideas, que siempre es otro el que le tiene que dar un empujón para que se le ocurran cosas, si no sabes ser creativo para salir de las situaciones, para evolucionar o no te salen las soluciones de manera natural, amigo, no te metas a esto. No te hagas autónomo dependiendo de que otra persona te eche un cable.
Derechos laborales limitados
Esto es un problema de este país, no en todos funcionan igual. Pero tienes que saber que, aquí, hay muchos derechos que no vas a tener. Las bajas por enfermedad, son de aquella manera. No tienes paro. Incluso, aunque pagues el correspondiente suplemento en la cuotal para tenerlo, a la hora de la verdad, tendrás que cumplir con doscientas condiciones y, aunque lo acabes consiguiendo, la cuantía es una miseria y el tiempo de la misma irrisorio. No existen las vacaciones pagadas, ni los asuntos propios. Lo que no trabajas, no lo cobras.
Dependencia de la captación de clientes
Cuando entras a trabajar en una empresa, ellos ya tienen sus clientes y se encargan de conseguir otros nuevos. Tú solo tienes que atenderlos y hacer el trabajo que te toca para ellos. Pero lo que no pensamos cuando nos hacemos autónomos es que partimos sin ninguno. Tienes que encontrar, como sea, la manera. Bien contratando un comercial, bien mediante una buena estrategia de marketing y ventas. O buscando tu propio método, como hice yo. A mí se me da fatal vender y hacer contactos. Lo social no es lo mío. Pero soy muy buena en mi trabajo. Así que he decidido buscarme una red de trabajo de colaboradores. Busco a otros profesionales que necesiten de lo que yo hago, colaboro con ellos, les demuestro mi valía, y ellos se convierten en prescriptores.
Adaptación constante
Olvídate de tener una vida siquiera parecida a la de cualquier trabajador que pasa 50 años haciendo el mismo trabajo. Te diría que, como emprendedor, no deberías pasar más de 2 años haciendo lo mismo que cuando empezaste. Hay millones de emprendedores ofreciendo millones de cosas a las millones de personas que tienen millones de necesidades. Esto cambia cada día, tú mismo cambias cada día. O investigas y te educas en el mundo en el que vives, o, tarde o temprano, tu empresa morirá. Así que, parte de tu tiempo debes dedicarlo a actualizarte.
El miedo al fracaso y la importancia de la resiliencia
El emprendimiento es uno de los caminos más fascinantes y desafiantes que existen. La idea de crear algo desde cero, de ser dueño de tu tiempo y de tus decisiones, suena muy atractiva. Sin embargo, la realidad de emprender no es tan idealizada como parece. El fracaso es una de las principales barreras que enfrentan los emprendedores. Las probabilidades de fallar en algún punto del camino son altas, y el miedo a no tener éxito puede paralizar a muchas personas. Los emprendedores deben ser resilientes, aprender de sus fracasos y seguir adelante.
La incertidumbre y la toma de decisiones
El emprendimiento implica tomar decisiones sin tener garantías de éxito. Los emprendedores viven en un estado constante de incertidumbre, donde cada paso puede traer nuevas oportunidades o nuevos fracasos. Para algunas personas, esta constante incertidumbre puede ser abrumadora.
La carga de responsabilidad
Cuando se es emprendedor, todo depende de ti. Desde las decisiones estratégicas hasta la gestión del flujo de caja, el bienestar de tu equipo y la satisfacción de tus clientes. Esta carga de responsabilidad puede ser muy pesada, especialmente para quienes no están acostumbrados a tomar decisiones difíciles o a liderar un equipo bajo presión.
Adaptación al cambio
El mundo de los negocios está en constante cambio. La tecnología avanza, las preferencias de los consumidores evolucionan y las condiciones del mercado fluctúan. Los emprendedores deben estar dispuestos a aprender de forma continua, adaptarse a las nuevas tendencias y a encontrar soluciones innovadoras para los problemas que enfrentan.
Sacrificios personales
Detrás de cada éxito emprendedor, hay sacrificios. Muchos emprendedores sacrifican su tiempo personal, su estabilidad emocional y, en ocasiones, incluso su bienestar físico. El emprendimiento no es un camino fácil ni corto, y muchas veces los sacrificios personales pueden ser más grandes de lo que se imaginan.
Habilidades de liderazgo
Aunque todo el mundo puede aprender a ser un mejor líder, no todas las personas tienen las habilidades naturales o la inclinación a dirigir equipos. Un emprendedor necesita ser capaz de inspirar y guiar a su equipo, tomar decisiones difíciles y, a menudo, motivar a otros cuando las cosas no van bien.
La importancia del autoconocimiento
El emprendimiento no es para todos, y eso está bien. No hay una única ruta al éxito, y ser consciente de tus fortalezas y debilidades es una cualidad clave. Hay muchas formas de contribuir al mundo de los negocios y encontrar tu lugar en el ámbito laboral, ya sea como parte de un equipo o como colaborador.
Factores clave de fracaso empresarial
En su obra El libro negro del emprendedor: No digas que nunca te lo advirtieron, Fernando Trías de Bes trata de identificar posibles causas que pueden llevar al fracaso cuando arrancamos una idea de negocio. Este libro se aleja de los aspectos técnicos, legales o financieros ampliamente cubiertos en otros manuales de empresa, y pretende ser útil a todos los públicos que están interesados en emprender un negocio. No obstante, el propósito de este libro no es desalentar ni desmotivar a la persona que desee emprender, sino ayudarle a comprender las dificultades y obstáculos que suelen surgir para poder anticiparse a cualquier situación.
A este respecto, Fernando Trías establece 14 factores clave de fracaso empresarial que se agrupan en 5 áreas: la naturaleza de la persona que emprende, los socios, la propia idea de negocio, la situación familiar de la persona emprendedora y la gestión del crecimiento.
Tabla: Factores clave de fracaso empresarial según Fernando Trías de Bes
| Área | Factores clave |
|---|---|
| Naturaleza del emprendedor | Motivación insuficiente, falta de capacidad de sufrimiento y reacción, necesidad de soledad. |
| Socios | Falta de honradez, complementariedad y valores compartidos, no definir procedimientos de desvinculación. |
| Idea de negocio | Mala implementación, desconocimiento del sector, sector poco atractivo o saturado. |
| Situación familiar | No adaptar la situación familiar a los beneficios del negocio, no diversificar fuentes de ingresos. |
| Gestión del crecimiento | No asumir el impacto sobre el equilibrio vital, falta de sostenibilidad y equilibrio financiero a largo plazo. |
El simple motivo para emprender o la propia idea del negocio no es suficiente de por sí para proporcionar el éxito, ya que debe haber una motivación personal detrás de un emprendimiento. Emprender no es simplemente montar un negocio, sino una forma de hacer frente al mundo, de disfrutar de la presión, la incertidumbre e inseguridad propias del acto de iniciar un proyecto de empresa.
La vida de una persona emprendedora está llena de imprevistos y contratiempos. Debemos tener capacidad de sufrimiento y reacción ante las dificultades que puedan interponerse en nuestro camino. En numerosas ocasiones nos asociamos por miedo a iniciar una aventura empresarial en solitario, sin ser conscientes de que el acto de emprender implica soledad. Esa soledad nos permitirá tener total libertad y velocidad a la hora de tomar decisiones.
A la hora de escoger a nuestros socios debemos asegurarnos de su honradez y complementariedad con nuestro carácter. Para lograr una unión eficaz, los valores y ambiciones deben ser compartidos. Además, es fundamental que sean personas capaces de ofrecer soluciones. Antes de iniciar una relación profesional con un socio, es necesario definir el procedimiento a seguir en caso de una desvinculación del negocio o una separación entre los integrantes. Esto nos permitirá evitar futuros conflictos y sus molestas consecuencias.
Cada elemento que un socio aporta a nuestra empresa se debe valorar de manera justa. Las desavenencias y choques entre socios suelen producirse por los siguientes motivos: (1) sensación de desequilibrio en cuanto a las aportaciones de cada integrante, (2) distintos ritmos de trabajo entre socios, (3) diferentes estilos profesionales y formas de actuar y, finalmente, (4) falta de confianza.
Una gran idea de negocio no servirá de nada si no la implementamos correctamente. Nuestra idea no tiene que ser revolucionaria, sino que debe contar con una buena ejecución. Es fundamental conocer a fondo el sector de actividad en el que deseamos emprender. Nuestra elección no puede ser casual ni improvisada.
En caso de no conocer el sector, es recomendable hablar con personas que dominan ese entorno o trabajar en él por cuenta ajena durante un tiempo antes de lanzarse a la creación de un negocio. En definitiva, hemos de dedicar el tiempo necesario para descubrir los entresijos del sector. Para garantizar que un sector de actividad sea rentable ha de ser atractivo y poco saturado. Es preferible elegir un sector en crecimiento, con poca competencia y que no requiera una alta inversión inicial. Además, puede influir notablemente encontrarnos en una situación económica favorable o en una zona geográfica en plena expansión.
Nuestra situación familiar y personal se tiene que adaptar a los beneficios que el negocio genere. Se recomienda diversificar las fuentes de ingresos e incluir nuestro sueldo dentro del plan de negocio. Además, hemos de ser cautos con nuestras ganancias desde el principio e intentar proteger la economía familiar. Cuando ponemos en marcha una empresa, conciliar nuestra vida familiar y profesional se convierte en una tarea dífícil. A menudo los problemas que surgen en el negocio se trasladan a nuestra vida personal. A pesar de tener sensación de libertad, el tiempo que podemos dedicar a nuestra familia se suele resentir.
Para que una empresa sea sostenible, debe producir beneficios a corto plazo o, al menos, cubrir los gastos que se producen. La sostenibilidad y el equilibrio finaciero a medio y largo plazo son más importantes que el crecimiento inmediato. Mientras un emprendedor se centra en el proceso creativo y la puesta en marcha del negocio, el empresario se enfoca en gestionar y hacer crecer el proyecto.
