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Esteban Rivas Martín, un madrileño castizo, es recordado como un veterano transportista que falleció a los 81 años, dejando un legado imborrable en el sector del transporte en Madrid. Su vida, marcada por el esfuerzo y la visión empresarial, lo convirtió en un referente en la industria del autocar.

Un cobrador de autobús que trabajó con él en los años 50 lo bautizó como «Un viajero eterno». Sin duda, un veterano transportista que falleció a los 81 con las botas puestas, como se suele decir, como consecuencia de varias enfermedades que desgastaron su cuerpo. Sufría Alzheimer y tuvo un cáncer.

Madrid, ciudad donde Esteban Rivas construyó su imperio empresarial.

Primeros Pasos y Vocación

Aunque se crió entre dificultades económicas, en el seno de una familia humilde de la posguerra española, no tardó en descubrir cuál era su vocación: conducir autobuses. Sus primeros pinitos fueron como cobrador, junto con su buen amigo Enrique Gonzalo -precisamente, el padre de aquel joven que lo calificó como «un viajero eterno»-.

De Cobrador a Empresario: El Comienzo de un Imperio

El primer autocar de Esteban fue de segunda mano y con prestaciones muy limitadas, comprado a duras penas. Sin embargo, su espíritu de empresario le llevó a convertirse en el máximo competidor del tranvía de Madrid. Llegó, incluso, a comprarle a su amigo Enrique su empresa de autobuses Auto Centro Tour.

Su éxito empresarial fue tal que se alzó en pocos años como uno de los referentes del negocio del transporte madrileño. Es más, se situó a la vanguardia del sector del autocar.

Infografía del sector transporte español.

Reconocimiento Profesional

«Su vigoroso espíritu emprendedor ha sido la base del éxito de un proyecto empresarial al que fue sumando atributos». Su profesionalidad ha sido reconocida con creces a lo largo de su vida, siendo agasajado con reconocimientos por parte de instituaciones públicas y de empresas privadas.

En 2002, la revista Actualidad Económica le otorgó el Premio Trayectoria Profesional.

Legado Familiar

Antes de emigrar como su golondrina, este incansable viajero dejó los pilares de su negocio bien asentados en manos de su único hijo varón, Esteban Rivas Vázquez. La saga de los Rivas continuará, ya que también dejó un nieto, Esteban, entre los siete que le regalaron sus tres hijos.

Madrileño de los más castizos, el patriarca del imperio Esteban Rivas emigró como la golondrina que preside su flota de autobuses. Ese pájaro querido por todos, que cada verano regresa al hogar, como cada día Esteban visitaba su empresa, pese a la enfermedad.