La historia del empresario sevillano Luis Portillo es una de contrastes, un viaje desde codearse con las figuras más influyentes del Ibex hasta gestionar un conglomerado de pequeños negocios en torno a una gasolinera en Dos Hermanas, Sevilla. Portillo, un símbolo de los excesos del boom inmobiliario de principios de siglo, ha experimentado un resurgimiento en los últimos años, aunque lejos de las cifras que manejó en su época de gloria.
Tras años fuera del radar, en 2022 las empresas de su familia han disparado sus activos, y en los últimos meses Portillo ha pasado a compartir cargos en varias sociedades junto a dos viejos conocidos del ladrillo, en un aparente acercamiento al mundo de la energía, en pleno boom de las renovables.
Muchas de las empresas de Portillo están domiciliadas en un área de servicio con una gasolinera de BP en Dos Hermanas. En 2022, esta firma multiplicó sus resultados, con un beneficio de 4,65 millones, un 1.972% más, por la aportación de la partida de enajenaciones de instrumentos financieros, que superó los 4,9 millones. Con tres empleados, Lasaga Inversiones disparó sus activos en 2022 un 76%, hasta algo más de 19 millones. Estos comprenden inversiones en más de 15 empresas.
También pertenece a Lasaga Inversiones el 50% de Always Ready Corporation, que explotó una discoteca (Bandalai) en un emblemático edificio en Sevilla (el pabellón de la Expo del 29). El local acabó cerrando y arrastrando impagos de más de medio millón de euros con Hacienda.
En ella la empresa de los Portillo tenía un 40% a cierre de 2022, junto a Mariano Miguel y Juan Luis López Cardenete. El consejo de administración de Gestiones y Proyectos Tajo lo completa una empresa de un médico, empresario, sociólogo y politólogo muy relacionado con el negocio de la sanidad privada, Tomás Merina.
Desde este año, y tras una ampliación de capital de cerca de 400.000 euros, también es administrador de Royal Inmobiliario Uno SL junto a otro viejo nombre de la burbuja, el manchego Domingo Díaz de Mera, promotor del fallido aeropuerto de Ciudad Real.
Otra de las sociedades de la familia Portillo es la inmobiliaria AEP Real Estate Spain, con sede en una zona de abolengo en Madrid, calle Velázquez, cerca de la milla de Oro. Tras una reorganización societaria, en 2022 multiplicó sus activos, que pasaron de algo menos de 2 millones a más de 16,8 millones.
AEP es también la dueña del 100% de las acciones de Alminar SL, la deficitaria propietaria del Colegio Alminar de Dos Hermanas. La leyenda dice que, en los años del boom, Portillo compró este exclusivo centro privado bilingüe en la urbanización La Motilla, de esa localidad cerca de Sevilla, para que pudieran estudiar en él sus hijos, y colocó a su esposa como directora de Administración.
Ascenso y Apogeo
Se dice que hubo un tiempo en el que en España no eras nadie si no te espiaba José Villarejo. Portillo, el hijo de un albañil que se incorporó a la empresa paterna al acabar el bachillerato, se hizo de oro gracias a su olfato para los negocios con las obras de la Expo 92. A principios de siglo, en plena fiebre inmobiliaria, llegó a codearse, a golpe de OPA y gracias al dinero barato que le prestaban las entidades financieras, con Emilio Botín o las hermanas Alicia y Esther Koplowitz.
En su apogeo, Portillo fue primer accionista individual de BBVA, dueño de un 15% de FCC y presidente y máximo accionista de Colonial. En 2007 anunció, en una rueda de prensa en Madrid junto a Mariano Miguel, que le habían ofrecido entrar en Iberdrola. Se barajó entonces que compraría un 1% de la eléctrica. No consta que lo hiciera.
Unos meses después, junio de 2007, planteó otra OPA por Riofisa y a las pocas semanas llegó la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos que precipitó el reventón inmobiliario español.
En apenas dos años ha adquirido Inmocaral, Colonial, Riofisa y el 15% de FCC, elevando la deuda de su compañía a más de 8.000 millones de euros. Su olfato para rastrear las operaciones más rentables y su espíritu abierto e inquieto, compensaron su falta de estudios superiores.
Su solidez, además, le permitió participar en las obras de la Expo de Sevilla en 1992. No fue hasta 2002 cuando se puso en boca de todos los corrillos inmobiliarios tras la compra del 5,6% de Metrovacesa y más aún con la compra en verano de 2005 del 100% de Inmocaral.
La Familia y los Negocios
Luis Portillo ha contado con el apoyo de su esposa María Jesús Valero durante la aventura que ha supuesto la creación de la actual Colonial. El empresario sevillano lanzó en 2005 la opa sobre Colonial a través de dos sociedades, Inversiones Empresariales Tersina, presidida por Portillo, y Desarrollo Empresarial Quetro, controlada por Valero.
Quienes lo conocen de cerca no dudan en afirmar que su salto al estrellato tras la toma de control de Inmocaral y la revelación de sus cuantiosas participaciones accionariales en los dos primeros bancos del país no le debe de agradar lo más mínimo.
Pese a la fortuna que se le puede calcular sólo en acciones, Portillo sigue viviendo en la misma casa familiar de La Motilla, una barriada nazarena, convenientemente remozada aunque sin descollar en exceso del resto de chalés de la zona. Justamente otra de las claves de su personalidad que puede explicar su éxito en los negocios: una austeridad «hasta el extremo de llamar la atención» que sólo se permite romper con el mismo modelo de Austin Martin que James Bond conducía en la película Muere otro día.
En Inmocaral, nada más aterrizar, ha nombrado consejera a su mujer, María Jesús Valero Pérez, en representación de Desarrollo Empresarial Quetro, una sociedad limitada unipersonal. La misma figura societaria de Inversiones Empresariales Tersina en cuyo nombre se sienta él mismo como vicepresidente del consejo de administración.
En Sevilla, la mayor proyección pública de Luis Portillo le viene de la condición de propietario del colegio privado Alminar, enclavado también en La Motilla donde se sitúa su centro vital y empresarial.
A finales de los 80, compró las participaciones de sus socios hasta quedarse como único dueño; quienes le discutieron dentro del claustro de profesores acabaron saliendo del centro; e impulsó una concentración vertical (líneas de autobús, comedor, colonias de verano, escuela de música, museo interactivo de la energía en el antiguo pabellón de Hungría de la Expo) sin dejar margen alguno a la contratación externa muy similar a la que ha conseguido en el sector de la construcción.
Conexiones y Controversias
El PSOE siempre consideró al empresario Luis Portillo un aliado. Javier Caraballo, en su Matacán publicado el pasado 20 de septiembre, abundaba en las relaciones con el PSOE. “Si Portillo es relevante es porque es el símbolo de las componendas políticas y financieras que nos han precipitado a este agujero. La fortuna de Luis Portillo no se entiende sin sus conexiones con el poder socialista en Andalucía, y se entiende menos aún sin la relajación del sistema financiero en España”, relata Caraballo.
Jorge Francisco Castro García, esposo de la juez Mercedes Alaya y socio responsable de BDO Andalucía desde septiembre de 2010, es el administrador concursal del grupo Zent Inversiones, cabecera del holding patrimonial del empresario de la construcción Luis Portillo y su esposa, María Jesús Valero.
Portillo, que fracasó en la renegociación de su holding familiar, es natural de Dos Hermanas (Sevilla) y tras el hundimiento de Inmobiliaria Colonial, se exilió a Andalucía en 2008, “para olvidarse de los sinsabores de Madrid y empezar de nuevo con algo más de humildad, como cuando hacía obras para la Expo de Sevilla, o como cuando se levantaba de una reunión para entregar las llaves del piso a sus clientes”, según se cuenta en Los señores del ladrillo.
En los meses previos a la Exposición Universal de 1992, Portillo ha confesado alguna vez de sí mismo que era un hombre que no podía enfermar: prácticamente todas las grandes constructoras nacionales que habían obtenido los concursos acudían a su empresa para subcontratarla.
La Caída y Reinversión
La crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos precipitó el reventón inmobiliario español. De ahí al derrumbe de su complejo entramado de empresas, como Zent Inversiones, Grupo Portival, Expo An, Ábaco Grupo Financiero o Esterquiz, por citar algunas, con pasivos que llegaron a superar los 4.300 millones, en el caso de Ábaco.
En 2016, salieron a subasta en el concurso de Zent medio centenar de propiedades del sevillano, entre ellas la Casa Luca de Tena, un precioso palacio en la capital hispalense, obra del arquitecto Aníbal González, donde Portillo llegó a establecer la sede del grupo.
Tras años fuera del radar, en 2022 las empresas de su familia han disparado sus activos, y en los últimos meses Portillo ha pasado a compartir cargos en varias sociedades junto a dos viejos conocidos del ladrillo, en un aparente acercamiento al mundo de la energía, en pleno boom de las renovables.
Lo ha hecho después de que el holding que agrupa buena parte de las empresas de la familia Portillo, Lasaga Inversiones, se anotase en 2022 resultados récord, tras vender una de sus filiales de suelos en Dos Hermanas al multimillonario escocés Irvine Laidlaw. Con tres empleados, Lasaga Inversiones disparó sus activos en 2022 un 76%, hasta algo más de 19 millones. Estos comprenden inversiones en más de 15 empresas.
Desde este año, y tras una ampliación de capital de cerca de 400.000 euros, también es administrador de Royal Inmobiliario Uno SL junto a otro viejo nombre de la burbuja, el manchego Domingo Díaz de Mera, promotor del fallido aeropuerto de Ciudad Real.
A continuación, se presenta una tabla con las principales empresas del Grupo Portillo en concurso de acreedores en 2012:
Trampa alcista renueva incertidumbre
Vida Personal y Curiosidades
Casado y con tres hijos, Luis Portilla evita dar detalles de su vida, hasta el punto de que no es fácil encontrar una biografía de este empresario andaluz. El poco tiempo libre que tiene lo pasa en su finca de Córdoba y navegando con su barco, dejando a un lado fiestas sociales.
Familiares en el Mundo Inmobiliario
Luis Portillo ha contado con el apoyo de su esposa María Jesús Valero durante la aventura que ha supuesto la creación de la actual Colonial. El empresario sevillano lanzó en 2005 la opa sobre Colonial a través de dos sociedades, Inversiones Empresariales Tersina, presidida por Portillo, y Desarrollo Empresarial Quetro, controlada por Valero.
En Inmocaral, nada más aterrizar, ha nombrado consejera a su mujer, María Jesús Valero Pérez, en representación de Desarrollo Empresarial Quetro, una sociedad limitada unipersonal. La misma figura societaria de Inversiones Empresariales Tersina en cuyo nombre se sienta él mismo como vicepresidente del consejo de administración.
En el camino, por supuesto, se han quedado varios socios con los que rompió para volar en solitario, acaso el rasgo más definitorio de su perfil biográfico. Luis Portillo está prácticamente solo en el puente de mando de sus empresas.
